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Dynamic mode decomposition: recent applications and studies

Como se ha observado, diversos autores han considerado a distintos niveles los aspectos cognitivos de los mapas, siendo probablemente MacEachren (2004) quien ha conseguido catalizar mejor en el diseño de los mapas los conocimientos provenientes de las diversas ramas

científicas. A esta línea de investigación, Blades y Spencer (1986) la denominan Cognitive mapping (Diseño cognitivo de mapas), y se caracteriza por usar conceptos y procedimientos de la Psicología

Cognitiva para extraer la información geográfica que tienen en cuenta los individuos. Esta disciplina forma parte del concepto global de

Cartografía Cognitiva.

El diseño cognitivo de mapas se basa, entre otras, en la Psicología Cognitiva que habla de los procesos de pensamiento, experiencia previa y memoria que permiten comprender y aprender, a partir de la existencia de representaciones, que son la forma concreta en la que se almacenan los conocimientos (Mandler, 1998). En este contexto, Issmael y Menezes (2011) definen el conocimiento como la información que ha sido totalmente procesada y guardada de forma cognitiva, y que ha pasado desde la percepción a finalmente el almacén en la memoria permanente. Según Anderson (2004), hay métodos para la representación del conocimiento en Psicología Cognitiva que son aplicables a la información geográfica. Los usuarios del mapa poseen una serie de representaciones que componen su conocimiento previo y que cuando se enfrentan a la lectura e interpretación del mapa van a emplear. Existen varios tipos de representación, que en la Psicología Cognitiva se emparejan de forma clásica como alternativas de la siguiente forma (Mandler, 1998; Byrnes, 1999; Pozo, 2001):

- Conocimiento proposicional y conocimiento de imágenes: trata del formato y naturaleza de las representaciones con que trabaja nuestra mente. Las proposicionales son de tipo abstracto y reflejan conceptos y las relaciones existentes entre ellos; están vinculadas a códigos lingüísticos. Un segundo formato de representación son las imágenes, como réplicas de percepciones y se adaptan mejor a información concreta.

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- Conocimiento procedimental y conocimiento declarativo: las representaciones declarativas almacenan conocimientos descriptivos del mundo “saber qué” y las procedimentales almacenan secuencias de acciones, habilidades, etc. para actuar sobre el mundo “saber cómo”.

- Conocimiento explícito y conocimiento implícito: aquí la diferencia reside en el grado de accesibilidad a la conciencia que tiene la información representada. El conocimiento implícito es poco elaborado conscientemente, requiere poca atención y es casi automático. El explícito es accesible a la conciencia y requiere atención consciente (Villar, 2003).

El conocimiento existente en la mente del usuario del mapa, las

representaciones, se emplea para interpretar las escenas visuales a través de esquemas de conocimiento o esquemas cognitivos que actúan de interfaz entre lo que el ojo ve y lo que el cerebro entiende (Sluter, 2001). Los esquemas organizan y relacionan cierto conjunto de información sobre el mundo que contiene información relacionada y se activan en momentos específicos, guiando nuestro comportamiento.

El conocimiento se estructura u organiza en nuestra mente de diversas formas; Mandler (1984) diferencia tres esquemas de conocimiento: 1. Eventos o guiones: conjunto de unidades de representación

organizadas jerárquicamente que hacen referencia a un conocimiento generalizado acerca de determinado acontecimiento o secuencia de acontecimientos familiares.

2. Escenas: se trata de conocimiento organizado jerárquicamente sobre lugares o escenas familiares, pero no de forma temporal, sino espacial.

3. Historias: estructura subyacente a las historias que permite formarnos expectativas y predecir lo que va a pasar en ellas.

Sluter (2001) y MacEachren (2004) aplican estos conceptos y estructuras a la Cartografía, proponiendo tres tipos de esquemas cognitivos cartográficos: el esquema proposicional, el esquema de evento o suceso, y el esquema de imagen; siendo éste último el más útil para la comprensión de la mayoría de tipos de mapas, ya que los mapas son un elemento basado en el mismo vocabulario geométrico, simbólico y minimalista.

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1. El esquema proposicional, en términos geográficos, puede entenderse como el conocimiento declarativo o enunciativo acerca de objetos geográficos, atributos de esos objetos y atributos de lugares. Este esquema tiene una parte “fija” correspondiente a características que son verdaderas o ejemplares, y una parte “variable” encargada de aquellas características probablemente únicas para los individuos (Rumelhart y Norman, 1985). Un ejemplo de este tipo de esquema que propone MacEachren es para la interpretación de un icono que representa una actividad del mapa del U.S. National Park Service (fig. 56). La parte fija podría involucrar el concepto de pequeño, negro, símbolo cuadrado, etc. La parte variable trataría con la forma interior del símbolo con un posible sub-esquema para categorías que tienen apariencia similar (por ejemplo camping).

Figura 56. Posible diagrama esquema para la interpretación de los símbolos puntuales usadas por el U.S. National Park Service. Fuente: MacEachren, 2004 (traducción libre).

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2. El esquema suceso o acontecimiento es un conocimiento procedimental de la secuencia de pasos necesarios para llegar de un lugar a otro. Son estructuras que ponen su énfasis en el tiempo, secuencia y proceso, empleando múltiples esquemas para construir estructuras jerárquicas que interpelan entre el mundo exterior y varios tipos de

representación cognitiva. Estos esquemas son muy utilizados en mapas de “cómo llegar” y se basan en explicaciones del tipo:

“…para ir al centro de interpretación, tengo que salir del aparcamiento por el camino de la derecha, bordear la fuente y seguir recto por el sendero con árboles…” o “…la calle que une mi casa con la panadería es la avenida”.

Es probable que los esquemas suceso incluyan sub-esquemas de imagen o proposicionales, pero se describen independientemente porque tienen objetivos propios y se basan en relaciones primarias con tipos de representaciones de conocimiento diferentes.

Los esquemas suceso se emplean básicamente para la comprensión de mapas que representan procesos dinámicos, mapas para iniciar o guiar un proceso (como la orientación), o mapas que emplean símbolos dinámicos o la interacción como herramienta para revelar características y relaciones entre los datos (MacEachren, 2004). 3. El esquema de imagen representa la organización configuracional del

conocimiento acerca del espacio y de las relaciones espaciales entre los elementos de un espacio. Por ejemplo “tras una colina viene una vaguada” o “la zona más baja es la costa”. Estos esquemas

proporcionan un formato para codificar información visual y

lingüística simultáneamente (Lakoff, 1987). Partiendo de la suposición de que la afirmación de Lakoff de que los esquemas de imagen estructuran nuestras percepciones es cierta, entonces este esquema ocupa un lugar más importante a la hora de llevar a cabo mapas. Los esquemas de imagen se originan a partir de las relaciones experienciales con el entorno y según Sluter (2001), los tipos más comunes de esquemas de imagen son:

3.1. Contenedor: tiene límites definidos y todo lo que guardan suele ser homogéneo en su naturaleza (tienen poca variación en la composición, textura, etc.). En un mapa se relaciona con las

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categorías de información representadas por la simbología. Por ejemplo: “la información fluvial incluye cauces, cascadas, lagos, meandros, etc.

3.2. Arriba-abajo: presenta una componente jerárquica y cuantitativa, de modo que la dirección ascendente tiende a indicar más alto y/o más grande, o simplemente más cantidad, mientras que la descendente más bajo y/o más pequeño o menos cantidad. Por ejemplo: “la catedral es más grande que la ermita” o “un río es más ancho que un riachuelo”.

3.3. Parte-todo: también presenta componentes jerárquicos pero esta vez en términos de algo que es parte de otro más grande, que junto con sus otras partes hacen el todo, como un árbol que forma parte de un bosque.

3.4. Delante-detrás: entendido en términos absolutos en relación a los atributos del objeto. En los mapas este esquema tiene que ver con la relación de figura-fondo.

3.5. Vínculo: es la estructura relacional entre las cosas; éstas pueden unirse para crear una estructura mayor, como una red

hidrográfica.

3.6. Centro-periferia: representa la estructura radial en categorías. Algunos objetos tienen atributos con una graduación desde el centro al borde, como la madera desde la médula hasta la corteza o las curvas de nivel de un mapa topográfico, o un mapa de isobaras para estudiar el tiempo.

3.7. Orden lineal: este esquema se deriva de las matemáticas lineales básicas, en las que a un número bajo le sigue uno mayor. En los mapas este esquema tiene relación fundamentalmente con la información cuantitativa.

Las personas compartimos una estructuración esquemática de imagen común de las experiencias ya que todos tenemos orden lineal,

contenedor y otros esquemas básicos de imagen y, probablemente, estos son los que apliquemos inicialmente a un registro sensorial. Según nuestro sistema visual y cognitivo, se va procesando un registro, se aplican progresivamente series de esquemas cada vez más específicos, siendo en esta etapa cuando se evidencian las diferencias significativas que existen entre los esquemas escogidos por diferentes individuos (Lakoff, 1987).

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Asimismo, si tenemos en cuenta la investigación antropológica acerca de las diferencias en las categorías que existen entre culturas, es de esperar que, tanto el desarrollo de esquemas como su selección (para una entrada sensorial dada), sean influenciados por factores culturales de la misma forma que por factores individuales. Sin embargo, más allá de las influencias culturales y los límites individuales en los esquemas disponibles, algunas evidencias sugieren que, lo que podríamos llamar “estilos cognitivos globales”, pueden influir en el ajuste entrada visual- esquema.

Además de diferencias culturales del usuario, el desarrollo de esquemas y su selección, también están influidos por la edad del mismo ya que representa un límite cognitivo. A este respecto, Sobel (1998), identificó cuatro estadios diferentes en el aprendizaje de mapas:

- 5-6 años: a esta edad son apropiados los mapas que se centran en el entorno inmediato, en el que los niños pueden ver y experimentar directamente. Los niños pequeños tienden a visualizar su mundo desde una vista frontal, más que cenital. Los mapas deben parecerse más a cuadros, fotos o modelos tridimensionales.

- 7-8 años: estos niños pueden visualizar áreas algo más extensas, como una manzana de la ciudad o su campamento. Empiezan a incluir caminos parciales cuando dibujan mapas y a visualizar su mundo desde una posición un poco más elevada.

- 9-10 años: a esta edad los niños ya pueden comprender áreas mayores como comunidades o cuencas. Pueden conectar caminos en redes y entender conceptos más abstractos como la escala del mapa. Los niños visualizan áreas como combinación de vistas frontales y cenitales. Los mapas panorámicos que simulan la observación de un área desde un punto elevado como una colina son apropiados. Bailey (2009) sugiere que los mapas turísticos se diseñen acorde con el nivel cognitivo de esta edad.

- 11 o más años: a partir de esta edad es cuando las personas

entendemos la geografía regional y mundial. Ya se puede desarrollar la capacidad de lectura y navegación con mapas y es cuando emerge la capacidad de visualizar un área desde un punto cenital o aéreo.

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Además de influencias culturales y de edad, el esquema que se aplica a un registro sensorial particular también depende de cómo se nos presenta la información y en qué escala (Antes y Mann, 1984), y esto es lo que más importa a los cartógrafos, dado que evidentemente poseen más control sobre cómo se presenta la información que sobre los esquemas disponibles para el lector (Eastman, 1981). En este sentido, cabe destacar el experimento desarrollado por DeLucia y Hiller (1982) que proporcionaron dos tipos diferentes de leyenda de color para representar el relieve de una zona en tintas

hipsométricas. La primera que es la estándar, compuesta por muestras del color en una caja rectangular con sus correspondencias de cota (fig. 57), evoca los esquemas de orden lineal (más arriba más altitud), por lo que resulta muy útil para tareas de adquisición de datos. El segundo tipo de leyenda, la leyenda natural, representa una pequeña porción del terreno que tiene todas las categorías posibles. En las tareas de adquisición de datos no fue tan eficiente, pero en cuanto a la visualización esta leyenda natural obtuvo mejores resultados entre los encuestados, lo que sugiere que el diseño invoca a los esquemas de enlace y de centro-periferia, pues los contornos del relieve se representan en anillos concéntricos que además son secuenciales en cuanto al valor de elevación que representan.

Figura 57. Ejemplo de leyenda estándar, a la derecha, y leyenda natural, a la izquierda. Fuente: DeLucia y Hiller (1982).

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Se puede concluir este apartado recordando que conocer el

funcionamiento de los esquemas cognitivos ayudará a los diseñadores a mejorar los mapas y es imprescindible para poder incorporar la

interpretación en un mapa. Las presentaciones visuales serán más eficientes cuando el diseñador emplee un esquema visual para organizar la presentación que sea el mismo que luego emplee el lector; es decir, el diseñador debe proporcionar las indicaciones adecuadas que ayuden al usuario a seleccionar el esquema correcto para la comprensión del mapa. En definitiva, los mapas serán más eficientes desde el punto de vista interpretativo cuando los diseños cartográficos se correspondan más con los esquemas de conocimiento de los usuarios.

5.4. UN EJEMPLO ILUSTRATIVO DEL PROCESO DE