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CHAPTER 3 , PROBLEMS WITH PERVASIVE COMPUTING

3.4 The Way Forward in this Research

3.4.3 What Do We Compute in PCEs and Why?

La imagen de la familia tradicional, reunida en torno al fuego en las noches de invierno, evoca la transmisión de historias, de cuentos, de leyendas, de historias de miedo, de todo un universo artístico verbal. La Ribera no ha sido una excepción, casi todos nuestros informantes se han referido a esas historias que se contaban anteriormente, antes de la llegada de la televisión, en la que se compartía al amor de la lumbre todo tipo de conocimiento. Sin embargo, la calificación de «cuentos de cocina», que uno de nuestros informantes (ver 310-[60523]) aplica a cierto tipo de conocimiento y su transmisión, nos da alguna de las claves para el estudio de este tipo de manifestaciones: En primer lugar la concisión, de la que hablaremos más adelante, bastan tres palabras para resumir muchas noches. En segundo lugar, la descalificación, el rechazo que de forma consciente —el inconsciente, como ya veremos, sigue su camino— manifiestan los propios hablantes, incluso las personas mayores, ante este tipo de tradición. Y en tercer lugar la elección de los componentes del sintagma, cuento y cocina, que conviene también analizar por separado.

Quedémonos en la cocina y de ella salgamos a la calle, otro de los escenarios en los que tradicionalmente tenían lugar esas muestras de literatura popular. Llegado el buen tiempo, tiempo que empezaba ya con las tradicionales cruces de mayo,192 los vecinos se reunían en

la calle a disfrutar de las noches apacibles. Allí, sentados en los poyos o en sillas bajas, a veces quemando algún trasto viejo,193 iban desgranando cuentos, leyendas, chascarrillos, 192 La cruz de mayo, que no hay que confundir con el pino mayo, está formada por una guirnalda de flores , completada con alguna estampa, imagen o elemento religioso, que ese coloca en lo alto de un gran poste y este se erige en las plazoletas de los distintos barrios el día 3 de mayo, festividad de la Santa Cruz (Invención), permaneciendo hasta el 14 de septiembre (Exaltación de la Santa Cruz). Durante todo el mes de mayo era costumbre que los vecinos se reunieran todas las noches para pasar la velada juntos alrededor de la cruz. Normalmente se cantaban canciones, los vecinos aportaban algún instrumento, generalmente panderetas. También, con la llegada de la radio, si algún vecino disponía de ella, la incorporaba a la reunión abriendo las ventanas de su casa. Otros aparatos musicales, tipo gramófono, o más sofisticados como las pianolas, pianillos en la zona, quedaban reservados para las tabernas y los salones de baile.

adivinanzas y juegos de ingenio para los más jóvenes, a la vez que las voces más templadas intercalaban coplas y canciones.194

A su vez, los corros de niñas jugando en la calle nos evocan los juegos y canciones infantiles; las mujeres en el lavadero, o cosiendo en las solanas, nos dejan canciones, chistes y chismes, cuentos y chascarrillos...; los hombres subidos encima del trillo entonan canciones de todo tipo, puede que algunas aprendidas durante la mili: «el tío cantaba mucho trillando», comenta alguna de las informantes.

La salida del pueblo de los varones jóvenes para realizar el servicio militar no solo revitalizaba cada año una tradición de canciones y coplas, petitorias, de ronda, de despedida..., sino que también significaba tanto para el mozo como para el pueblo su salida al mundo. Los quintos volvían al pueblo llevando en sus maletas no solo regalos para la familia y la novia, sino también una serie de conocimientos entre los que se encontraban sin duda, nuevos y viejos chistes, cuentos, canciones y más de un refrán oído en la larga temporada pasada fuera de casa (ver Gutierrez Macías, 1984).

Hablando de espacios, es preciso mencionar las bodegas y merenderos, con gran arraigo y tradición en la Ribera. A la bodega se va no solo a merendar y a beber vino, se va a pasar el rato, a estar con los amigos, a cantar y a compartir. En las bodegas se canta, se recuerdan anécdotas, se renueva la tradición continuamente, algunos de nuestros textos han sido grabados en una de esas bodegas convertidas ahora en merenderos, y es preciso anotar que en buena parte de la Ribera, sobre todo en aquellos lugares en los que las bodegas ocupan un barrio aparte, las bodegas subterráneas tienen a la entrada un espacio llamado contador, que Martín Criado (1999: 91) lo define como «Espacio o habitación que hay a la entrada de muchas bodegas con paredes de piedra, y techo de maderos, piedras y tierra». A este espacio, cuyo nombre proviene, como ya apuntamos, de la función que tenía antiguamente, pues era el espacio donde el arromanador repartía el mosto entre los diferentes propietarios, hoy la etimología popular le da un origen diferente: 'espacio donde se cuentan historias', lo que nos da una idea de la importancia que sigue teniendo este sitio dentro de la cultura popular de la zona.

El espacio doméstico seguía siendo de las mujeres, que mientras realizaban las labores solían cantar todo tipo de canciones. «Mi madre cantaba unas canciones preciosas, pero eran ya mundiales... —nos dice nuestra informante Angelines de Diego de Fuentecén—. Las casas eran las radios, porque estaban todas las señoras cantando. Mi madre cantaba mientras hacia las camas, hacía la comida...».

Hablando de la radio, y aunque en la mayoría de los hogares tardara en llegar, era frecuente que el que la tenía la compartiera con los vecinos, al igual que pasó más tarde con la llegada de la televisión. No hay por tanto que minusvalorar la importancia que la radio tuvo en la generación de nuestros padres y abuelos, y su incidencia, por tanto, en la incorporación de nuevos elementos populares a los elementos de la tradición local. Diversos informantes nos han dejado testimonio de estas audiciones radiofónicas en las que las canciones —la copla andaluza fue sin duda la reina— ocupaban un lugar destacado.

en esa localidad que en las noches de agosto se hicieran por los barrios con paja de garbanzos, hogueras, luminarias, alrededor de las cuales los vecinos se reunieran a hablar hasta bien entrada la noche.

194 Como hemos explicado anteriormente en las grabaciones orales, hemos tenido la oportunidad de recoger fragmentos de alguna de estas tertulias que todavía tienen lugar.

En el ámbito del cancionero también hay que destacar la importancia que las orquestinas, con las que todo el pueblo contaba al llegar las fiestas, representaban en la propagación de las canciones que se han ido haciendo populares. No era de extrañar que en cada pueblo niñas precoces como nuestras informantes Paula Gómez de Villalbilla de Gumiel y Justa Ruiz de Hontoria de Valdearados se aprendieran esas canciones para repetírselas después a sus paisanos.

De la llegada al pueblo de jornaleros provenientes de otras tierras, cuando llegaba la época de la recolección del cereal, de la vendimia, o cuando se realizaban obras importantes, también suponía la llegada de nuevos materiales que se iban incorporando al acervo local. Paula Gómez nos habló en repetidas ocasiones de que los jornaleros que habían llegado a su casa le enseñaron muchas de las coplas que se sabe.

Vemos, por tanto, que los espacios no tienden a cerrarse, sino a abrirse, a salir de las casas, de las cocinas, a inundar la calle y más allá, en un viaje de ida y vuelta de la mano de los quintos.

Como ya dijimos en su momento, la Ribera no es un lugar aislado, sino abierto, y además de tránsito. Muchos de sus hijos llevan décadas viviendo fuera, aunque vuelvan al pueblo todos los años, y todo ese ir y venir, no solo la denostada televisión, va dejando su huella poco a poco en la lengua.