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Por citar tres casos significativos que ilustren las tendencias recién descritas, en primer lugar tenemos el concepto de collage que a lo largo de su extensa obra crítica literaria Saúl Yurkievich desarrolla y luego vincula con la poética de Julio Cortázar57. Asimismo la noción

del gran desorden58 de Cortázar que Barrenechea glosa también en sus estudios como el desorden central. Del mismo modo están las variantes conceptuales que generan los críticos con base en las nociones de Cortázar, por ejemplo, la visión caleidoscópica o modelo

caleidoscópico o caleidoscopio verbal que utiliza Malva Filer59 o el

mosaico caleidoscópico60 al que hace mención Yurkievich.

En segundo lugar, también de Barrenechea, tenemos los conceptos de matriz y de núcleo generador, externos a la poética de

57 Cortázar hace uso de la noción collage puntualmente en el capítulo 115 de Rayuela.

O en las reflexiones que expone respecto a dejar de entender la novela como un género: hay novelas que son poemas, hay poemas que son novelas; hay novelas que

son collages.

Cfr. Ernesto González Bermejo. (1978). Conversaciones con Cortázar. Op. cit., p. 86.

Además hay que tener en cuenta la entrevista que Pierre Lartigue hace a ambos y las diferencias que se establecen entres las concepciones de Cortázar y de Yurkievich no sólo con relación a la noción de collage.

Pierre Lartigue. (2007). “Contar y cantar: Julio Cortázar y Saúl Yurkievich entrevistados por Pierre Lartigue. en: Saúl Yurkievich. (2007) A través de la trama:

sobre vanguardias literarias y otras concomitancias. Madrid: Ed. Iberoamericana, pp.

142-154.

58 Barrenechea no señala que la siguiente anotación que ella hace glosa,

principalmente las reflexiones de Oliveira en los capítulos 18, 36, 48 y 56: El gran desorden es una veces metáfora de su concepción del absurdo de nuestra existencia,

pero otras es el camino que debe seguirse, pues sólo con su instauración podrá — quizás— llegarse al orden y a la unidad anhelada, como sólo la excentración violenta permitirá volver a encontrar el camino que nos conduzca al centro.

Ana María Barrenechea. (1992). “Rayuela, una búsqueda a partir de cero”. Ibidem. p. 679.

59 Malva Filer. (1986). “El texto, espacio de la vida y de la muerte en los últimos

cuentos de Julio Cortázar” en: CENTRE DE RECHERCHES LATINO-AMERICAINES. Université de Poitiers. Coloquio Internacional: Lo lúdico y lo fantástico en la obra de

Cortázar. tomo I. Madrid: Editorial Fundamentos. Colección Espiral Hispano- americana. pp. 225-232.

60 Saúl Yurkievich. (1994). “Salir a lo abierto” en: Julio Cortázar: mundos y modos.

Cortázar pero directrices estructurales en el análisis sobre Rayuela y el

Cuaderno de bitácora de Rayuela, las dos obras puntuales sobre las que

Barrenechea centra su producción crítica en torno a la obra de Julio Cortázar.

En tercer lugar, la noción de ritmo que Goloboff61 asume desde

la perspectiva de Cortázar y luego vincula con la concepción visual y espacial que el formalismo ruso de Tinianov y de Schlovsky tiene del concepto de ritmo.

61 Mario Goloboff*. (1986). El “hablar con figuras” de Cortázar. en: C

ENTRE DE RECHERCHES LATINO-AMERICAINES. Université de Poitiers. Coloquio Internacional:

Lo lúdico y lo fantástico en la obra de Cortázar. (1986). tomo I. Madrid: Editorial Fundamentos. Colección Espiral Hispano-americana. pp. 241-255.

0.1.3

RECURRENCIAS ENDÉMICAS DE LA CRÍTICA SOBRE

J

ULIO

C

ORTÁZAR Y SU OBRA

L

as páginas que siguen plantean una serie de recurrencias endémicas por parte de estudiosos de Cortázar o sobre la obra de Cortázar. La principal recurrencia endémica que comete un notable número de críticos —y que ocasiona el resto de ellas—, es la confusión de la voz de Cortázar con la propia del crítico en cuestión. Aunque esta con-

fusión —entendida aquí como una tangible pérdida de distanciamiento— comienza en la trayectoria crítica de muchos de ellos como un expreso homenaje al discurso cortazariano y como una voluntad de reconocerse partícipes o cómplices62 termina generando

confusas atribuciones de la propia poética de Cortázar al crítico. Es decir, la falta de distanciamiento académico ocasiona que el marco conceptual de Cortázar acabe por ser absorbido en el discurso crítico del investigador. El problema es que esta situación genera a menudo, que la crítica de la crítica refiera equivocadamente una cita, y entonces no adjudica el razonamiento a Cortázar sino al crítico en cuestión. Entonces, la lección de economía y de rigor63que Cortázar profesa a lo largo de su obra y de la que se originan nociones medulares significativas queda disuelta. Por mi parte dichas nociones constituyen, precisamente, una especie de compendio de palabras clave que vertebran el cuerpo de mi investigación.

62 Los capítulos 79, 62, 97, 99, 109 y 116 de Rayuela son en los que centralmente

Cortázar se dedica a la noción de lector cómplice en contrapartida del lector-hembra o pasivo: Hacer del lector un cómplice. […] Simultaneizarlo. […] Así el lector podría

llegar a ser copartícipe y copadeciente de la experiencia por la que pasa el novelista, “en el mismo momento y en la misma forma”.

Cfr. Julio Cortázar. (2004). Capítulo 79, Rayuela. Op. cit., p. 413.

63 Ernesto González Bermejo. (1978). Conversaciones con Cortázar. Op. cit., p. 23.

0.1.3 Recurrencias endémicas de la crítica