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La Revolución apoyó, canalizó y se comprometió con un torrente de movimientos revolucionarios que tenían sus raíces y razón de existencia, en las luchas de sus pueblos, en la internalidad de la explotación y la opresión oligárquica imperialis- ta. En 1959, el Año de la Liberación, la Revolución Cubana inició su colaboración con los patriotas latinoamericanos y apoyó a los revolucionarios del Movimiento de Liberación Dominicana que se enfrentaban al tirano Rafael Leónidas Trujillo en la preparación y ejecución de la expedición insurreccional que arribó a su país en junio de ese año.11 Así mismo en esos días se prestó colaboración a los nicaragüenses que

organizaban la columna guerrillera «Rigoberto López Pérez».12

9 Véase Declaración de La Habana, Segunda Declaración de La Habana y Declaración de Santiago, Editora Política, La Habana, 1965.

10 Los datos de la colaboración cubana han sido tomados de: Dirección de Colaboración In- ternacional: «Antecedentes de la cooperación cubana en el mundo», Doc. MINREX, Cuba, 2008.

11 Véase Delio Gómez Ochoa: Constanza, Maimón y Estero: La victoria de los caídos, Editora Alfa Omega, Santo Domingo, 1998.

12 Carlos Fonseca Amador: Obras: bajo la bandera del sandinismo, Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1982, t. 1, p. 435.

Cuba: solidaridad e internacionalismo socialistas

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167 El extraordinario apoyo internacionalista que la Unión Soviética brindó para la sobrevivencia de la Revolución, y la justa admiración y respeto que creció en Cuba por la URSS, el partido y el pueblo de ese multinacional Estado,13 tuvo como con-

secuencia que, en determinado momento, predominaran en la percepción políti- ca cubana, tesis y criterios similares a los soviéticos, y se introdujeran parte de los presupuestos del llamado socialismo real, pero ello no fue suficiente para minar la tradición de autoctonía, el espíritu soberano y el histórico compromiso internacio- nalista y latinoamericanista de los revolucionarios de la mayor de las Antillas. En los años sesenta y setenta, mientras dentro de las fuerzas revolucionarias cubanas el dilema sobre los marxismos posibles, se manifestaba en fuertes debates entre unas y otras concepciones de desarrollo económico y sociopolítico, siempre fue unánime la posición alrededor de los deberes de los patriotas cubanos para con sus hermanos de luchas en América y el mundo. Así la praxis internacionalista y solidaria de la Revolución Cubana, no pudo ser frenada por las visiones adversas al apoyo a los movimientos guerrilleros que se fabricaban desde Moscú.

En franco desacuerdo con los criterios del partido soviético,14 Cuba asumió sus

deberes para con la lucha antimperialista en los ámbitos latinoamericano y mundial. El apoyo al movimiento guerrillero y a las fuerzas y organizaciones que resistían por la vía armada a las dictaduras militares, la realización del proyecto insurreccional del Che Guevara en Bolivia, la Conferencia Tricontinental (1966) y dentro de esta, la creación de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAL), y un año después de la Organización Latinoamericana de Solida- ridad (OLAS),15 fracturaron las relaciones con varios partidos comunistas latinoa-

mericanos que sostenía acríticamente los criterios soviéticos, y acercó a los cubanos a la izquierda marxista que había salido de esos partidos, y también a la izquierda cristiana, a Camilo Torres, a los sacerdotes y cristianos por el socialismo, la Teología de la Liberación, las comunidades eclesiales de base y los educadores populares.

La política solidaria e internacionalista de la Revolución Cubana fue una conse- cuencia de la propia historia compartida con los pueblos latinoamericanos. Y en tal realidad histórica, el mito de «exportar la revolución», en tanto campaña propagan- dística creada por el Gobierno de los Estados Unidos, no se sustenta.16 Si fue muy útil

para justificar la completa alineación contrarrevolucionaria del imperio, justificar el 13 Véase s/a: 20 años de amistad y solidaridad inquebrantables, Editora Política, La Habana,

1980.

14 Desde el XX Congreso del PCUS en 1956 se había adoptado la vía pacífica al socialismo, la que fue asumida también por los partidos comunistas de la región.

15 Caridad Masson y Ana Monroy: «Cuba en la trinchera de su política exterior (1959-1975)», Cuadernos Cubanos de Historia, Instituto de Historia de Cuba, La Habana, 2008, p. 78. 16 Véase Fidel Castro Ruz: Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet, Oficina de

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Felipe de J. Pérez Cruz

criminal bloqueo a Cuba, y dirigir la ofensiva reaccionaria de alcance hemisférico y mundial. La Entente conservadora que orquestó contra el gobierno revolucionario, se caracterizó por su naturaleza terrorista, tanto por medio de la utilización de las fuerzas «contrainsurgentes», como de planes de internacionalización del secuestro, la tortura y el asesinato político, del que tipo de la llamada Operación Cóndor, en el que articularon a contrarrevolucionarios de origen cubano, miembros de los cuerpos de inteligencia de los gobiernos latinoamericanos y agentes de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA).17

La percepción que ha intentado generalizar el imperialismo de la actividad so- lidaria e internacionalista de la Revolución Cubana en América Latina, es la de una promoción constante de la guerra y la violencia. Nada más lejos de la realidad. El apoyo a la lucha armada siempre fue una cooperación con la decisión soberana que tomaron los revolucionarios de cada país. El grueso del trabajo de solidaridad de Cuba ha sido y es una obra de paz y amistad. Se amplía con múltiples acciones que realizan sus instituciones estatales y no gubernamentales.

La Casa de las Américas fue creada el 28 de abril de 1959 y es uno de los primeros proyectos culturales de la Revolución Cubana. Su labor ha sido insustituible en la creación de lazos de amistad y colaboración entre los profesionales de América. La Casa ha recibido a lo mejor de la intelectualidad latinoamericana y caribeña, y sus eventos teóricos y concursos han sido tribuna para la defensa y promoción de la cultura latinoamericana, sus valores estéticos, estilísticos y lingüísticos. En ella han encontrado atención las manifestaciones de nuestros pueblos originarios, y de las minorías explotadas y subvaloradas por la cultura oligárquica y proimperialista.

Desde los primeros días del triunfo revolucionario, comenzaron a llegar a nues- tro país, intelectuales, artistas, parlamentarios, estudiantes, campesinos y obreros, integrantes y representantes de agrupaciones progresistas, quienes, procedentes de los sitios más recónditos del planeta, para atender a todos estos compañeros, nu- clearlos alrededor de la Revolución y propiciar sus relaciones con los más amplio sectores de la sociedad cubana, se creó el 30 de diciembre de 1960, el Instituto Cuba- no de Amistad con los Pueblos (ICAP).

El movimiento popular y democrático de Salvador Allende, que llegó al gobier- no de Chile por el voto electoral en septiembre de 1970 —la entonces denominada vía pacífica—, recibió de inmediato la entusiasta colaboración del pueblo cubano.18

Cuando fue derrocado y asesinado Allende, con el golpe fascista en complicidad con los Estados Unidos, los refugiados chilenos encontraron en Cuba una segunda patria y los patriotas de la resistencia armada y política, recibieron toda nuestra 17 Véase Martín Almada: Paraguay: La Cárcel Olvidada. El país extraviado, Encuentro Interna-

cional por la Verdad y la Justicia, La Habana, 2005.

Cuba: solidaridad e internacionalismo socialistas

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169 colaboración. A tal proceso se sumó un amplio movimiento de solidaridad entre los cubanos y cubanas. También el archipiélago antillano fue una patria generosa donde encontraron paz, trabajo y estudios centenares de perseguidos por las dictaduras militares instauradas en Brasil, Uruguay, Bolivia y otros pueblos suramericanos.

Los internacionalistas cubanos apoyaron a la Revolución Popular Sandinista de Nicaragua desde su etapa insurreccional, y tras el triunfo revolucionario de julio de 1979 realizaron su aporte de paz a la reconstrucción económica y el desarrollo social. También Cuba acudió en apoyo de la Revolución en Granada cuando en el propio 1979, el pueblo trabajador de Granada, encabezado por Maurice Bishop y el Movi- miento de la Nueva Joya, derrocó al régimen dictatorial. Junto a los revolucionaros del pequeño país, constructores y trabajadores civiles cubanos resistieron la artera invasión realizada por las tropas estadounidenses en 1983.19

A finales de 2007, a raíz de las negociaciones para la liberación por decisión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) del niño Emmanuel, su mamá Clara Rojas y la ex diputada Consuelo González, cautivos de esta organiza- ción durante varios años, Cuba volvió a ratificar su solícita posición a favor de una solución pacífica al prolongado conflicto interno en ese hermano país.20