DEL OLOR DE LA COCINA
Penetrante fragancia de la cocina. Olor inconfundible de la trasmutación; que lo crudo hiede y el arte consiste en convencer a la gente por el olfato. El alimento entra 'por la nariz. Nadie come lo nauseabundo: la vista es secundaria y mero lujo. ¿A qué huele? ¿Qué se guisa? ¿Qué se sancocha? ¿Qué se estofa o sofríe? Algo se churrusca o ahuma. ¡Cómo viene el olor despertando apetencias! ¡Qué gana! La lengua restriega los dientes y sale a relucir, puntera, a remojar levemente los labios. ¿Qué se saltea, rehoga o soasa?
Los batiborrillos pierden lo fundamental, sólo cuajan los olores de lo sencillo. Alimento de la sartén, con el aceite hirviendo que, en un instante, convierte lo crudo en comestible. Enrique percibe el vaho, por algo tienen ventanas las narices, y aun alas para transmitir velocísimas, el ardimiento al estómago. Ventea la comida, se le hace la boca agua. Se deja penetrar por el agradable aplacimiento. Suave conformidad del presente del aire con el futuro tangible, del olfato con el gusto. ¡Qué bien huele! ¡Cómo se introduce e interna el aroma hasta los ojos, figurando lo servido, mientras el oído, a su servicio, atiende al ligero crepitar de lo que se fríe!
Con el olor no hay engaño, lengua universal, pupila siempre abierta, sin tacto que valga: Llega, envuelve, se introduce, penetra, embarga, asciende al cerebro, se anuda en la garganta llevando en pos de sí a los demás sentidos. ¿A qué huele? Huele a pescado frito, huele a carne asada. Regodeo papilar que desciende hacia la entraña, recubriendo las paredes del estómago con el ansia venturosa del apetito.
Max Aub. La uña
Ahora que ya has viajado por tu vida, ya tienes la materia prima para elaborar un autorretrato con las fragancias de tu vida: has rescatado sustantivos, adjetivos y verbos referidos al olor.
Cierra los ojos y trata de viajar hasta un momento de tu vida…intenta recordar a las personas que están allí…ahora céntrate en una persona o en alguna cosa que quieras recordar…trata de evocar su tacto, su voz, su olor… presta mucha atención a este último aspecto…
Cuando termines, anota todas las sensaciones olfativas que hayas recuperado, a continuación, escribe un texto en el que aparezcan estas sensaciones olfativas.
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5. EL OLOR Y EL SEXO
Te acercas a mí con el olor del pasto matinal
recién cortado: mis pezones se endurecen.
Yuko Kawano
El olfato resulta esencial en nuestras emociones, en nuestras relaciones interpersonales y, por supuesto, en la atracción sexual. Algunos autores como Helen Fisher sugieren que lo que llamamos enamoramiento podría estar desencadenado por el olfato. Existe una especie de sensor en nuestras fosas nasales capaz de detectar ciertas señales químicas que proporcionan información sexual. Son las llamadas feromonas, elementos claves en la atracción sexual en diversas especies animales.
El cuerpo humano, sobre todo durante la excitación sexual, emana un olor marítimo similar al de los mariscos y pescados. El sentido del olfato es tan importante en la atracción sexual y en el deseo que en algunas regiones del mundo la palabra besar significa oler. El olor de los genitales y de las axilas provoca señales químicas que viajan directamente a nuestro cerebro desde el órgano vomeronasal (situado justo detrás de las fosas nasales, en el tabique de la nariz) que es el receptor de esas señales. Las feromonas parecen ser las desencadenantes de la atracción sexual.
Aunque actualmente los científicos han estudiado poco las feromonas, ya los griegos, los chinos o los hindúes conocían el poder de las mismas y las utilizaban en los perfumes, porque el deseo empieza en la nariz.
El olor de cada persona es inconfundible y exclusivo, como las huellas dactilares o la forma del iris. Este olor único desencadena emociones diferentes en cada persona, una “química” invisible que nos hace reaccionar ante ella:
Fumaba un cigarrillo tras otro. Entonces fumaba unos cigarrillos ingleses muy fuertes, de tabaco opiado, cuyo humo me mareaba un poco. Pero ese olor también le pertenecía, como la fragancia de heno del armario donde tenía su ropa interior; le gustaba que le aromatizaran toda la ropa con esa amarga esencia inglesa de heno ¡Cuántos pequeños detalles forman a un a persona!
Sandor Márai. La mujer justa
Me gusta, por ejemplo, el olor marronoso del pelo de las mujeres cuando reclama un lavado. Mi hija, una solterona maniática –ay, estoy convencido de que nunca se casará-, no huele a nada, al menos que yo haya notado. Esta es otra de las numerosas cualidades que la diferencia de su madre, cuyo hedor a animal, para mí la fragancia a estofado de la vida misma, y que ni el perfume más fuerte podía disimular, fue lo primero que me atrajo de ella, hace tantos años. Ahora, misteriosamente, en mis manos hay trazas del mismo olor, su olor, no puedo librarme de él, por mucho que me las retuerza.
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A las tres de la mañana, después de una de esas intempestivas duchas calientes que sólo ayudan a fijar la desesperación y el cansancio, me tendí en la cama de Lo, que olía a castañas y rosas, a menta, a ese delicado y peculiar perfume francés que le había permitido usar hacía poco. Sólo entonces fui capaz de asimilar el hecho de que por primera vez en dos años estaba separado de mi Lolita.
Vladimir Nabokov. Lolita
La fragancia de la amada
Es de noche. Llueve. En la casa desierta (ella me ha dejado hace un año), ordenando el arcón de los trajes, surgen de golpe de uno de ellos
flores rojas de malvavisco, su perfume personal de magnolia. Y la vuelvo a encontrar entre mis brazos,
me acaricia con esa leve fragancia
que me repite las palabras de amor de un tiempo. Llueve más fuerte: hace frío.
Intento dormir con la huella de su perfume Que la ha hecho revivir unos instantes para mí.
Po Chu I