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7 Design and Verification of a Framework for Planning and Engineering Control

7.2 The Design Phase

Cada voz es un himno destruido

Cioran

Hay sonidos que pueden producir terror si nuestra mente está alterada o si nos encontramos rodeados en la oscuridad total aunque esos ruidos sean familiares y nos acompañen durante el día. Pensemos en los ruidos de pasos en la noche, o en el crujir de las maderas, en estas situaciones, nuestro aparato auditivo se pone en máxima alerte y es el primer sentido que reacciona ante un sonido no esperado.

El escritor francés Guy de Maupassant titulado La noche en el que el escritor, un reconocido noctámbulo hace un paseo por París en plena noche y, lo que iba a ser un placer, se convierte en una pesadilla cuando, ante los ojos del paseante se van desvaneciendo las personas, las luces se apagan y el personaje entra en una atmósfera opresiva y terrorífica. Vamos a reproducir un momento, al final del cuento en el que al paseante sólo le queda el silencio, como un presagio de muerte, que envuelve toda la ciudad.

(…) Una vez más me perdí. ¿Dónde estaba? ¡Qué locura apagar tan pronto el gas! Ningún transeúnte, ningún rezagado, ningún vagabundo, ni siquiera el maullido de un gato en celo. Nada.

¿Dónde estaban los agentes de policía?, me dije. –Voy a gritar y vendrán.- Grité, no respondió nadie.

Llamé más fuerte. Mi voz, sin eco, débil, ahogada, aplastada por la noche, por esa noche impenetrable.

Grité más fuerte: ¡socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!

Mi desesperada llamada quedó sin respuesta. ¿Qué hora era? Saqué mi reloj, pero no tenía cerillas. Oí el leve tictac de la pequeña pieza mecánica con una desconocida y extraña alegría. Parecía estar viva. Me encontraba menos solo. ¡Qué misterio! Caminé de nuevo como un ciego, tocando las paredes con mi bastón, levantando los ojos al cielo, esperando que por fin llegara el día; pero el espacio estaba negro, completamente negro, más profundamente negro que la ciudad. ¿Qué hora podía ser? Me parecía caminar desde hacía un tiempo infinito, pues mis piernas desfallecían, mi pecho jadeaba y sentía un hambre horrible.

Me decidí llamar a la primera cochera. Toqué el timbre de cobre, que sonó en toda la casa; sonó de una forma extraña, como si este ruido vibrante fuera el único del edificio.

Esperé. No contestó nadie. No abrieron la puerta. Llamé de nuevo; esperé…nada.

Tuve miedo. Corrí a la casa siguiente, e hice sonar veinte veces el timbre en el oscuro pasillo donde debía dormir el portero. Pero no se despertó, y fui más lejos, tirando con todas mis fuerzas de las anillas o apretando los timbres, golpeando con mis pies, con mi bastón o mis manos todas las puertas obstinamene cerradas.

Y de pronto, vi que había llegado al Mercado de les Halles. Estaba desierto, no se oía un ruido, ni un movimiento, ni un vehículo, ni un hombre, ni un manejo de verduras o flores. Estaba vacío, inmóvil, abandonado, muerto.

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Un espantoso terror se apoderó de mí. ¿Qué sucedía? ¡Oh, Dios mío! ¿Qué sucedía?

Me marché. Pero ¿y la hora? ¿Y la hora? ¿Quién me diría la hora?

Ningún reloj sonaba en los campanarios o en los monumentos. Pensé: “Voy a abrir el cristal de mi reloj y tocaré a aguja con mis dedos”. Saqué el reloj…ya no sonaba… se había parado. Ya no quedba nada, nada, ni siquiera un estremecimiento en la ciudad, ni un resplandor, ni la vibración de un sonido en el aire. Nad. Nada más. Ni tan siquiera el rodar lejano de un coche, nada.

Me encontraba en los muelles, y un frío glacial subía del río. ¿Corría aún el Sena?

Quise saberlo, encontré la escalera, bajé… No oía la corriente bajo los arcos del puente…Unos escalones más…luego la arena…el fango… y el aguahundí mi brazo, el agua corría, corría, fría, fría, fría… casi helada…casi detenida… casi muerta.

Y sentí que ya nunc tendría fuerzas para volver a subir… que iba a morir allí abajo… yo también, de hambre, de cansancio, y de frío.

Guy de Maupassant. La noche. Cuentos fantásticos del XIX. Vol. I. Italo Calvino. Siruela / bolsillo Madrid

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En este maravilloso relato, Guy de Maupassant maneja el tono, el ritmo y el lenguaje de manera magistral para describir una atmósfera cada más opresiva que culmina con la oscuridad y el silencio como las mayores privaciones que un ser humano pueda tener para mantener su cordura por el miedo a la muerte. Fijémonos en la utilización del lenguaje: “...mi voz voló, sin eco, débil, ahogada, aplastada por la noche, por esta noche impenetrable.”… “Oí el leve tictac de la pequeña pieza mecánica con una desconocida y extraña alegría…”toqué el timbre de cobre, que sonó en toda la casa: sonó de una forma extraña, como si este ruido vibrante fuera el único del edificio…”

La propuesta de escritura consiste en cambiar el narrador de los acontecimientos. Imaginemos que quien narra esta parte de la historia es el

reloj, o el llamador de la puerta o el río Sena que observan al paseante y

cuentan lo que ven desde su punto de vista. ¿Qué dirían? ¿Qué pensarían? ¿Cómo usarían su propia voz para indicarle al protagonista una salida para su angustia?

Haz una lista de verbos, adjetivos y frases que reflejen lo que se le quiere transmitir al paseante protagonista del cuento.

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Describir una ciudad a través de sus sonidos es otra propuesta de escritura. Para ello, tomaremos un ejemplo del libro Las ciudades invisibles, de Italo

Calvino. En este libro, Marco Polo le va describiendo a Kublai Kan, en los

paseos que los dos comparten, las ciudades maravillosas que ha visitado en sus largos viajes. Veamos un ejemplo de una de esas ciudades.

Las ciudades y los cambios. I

A ochenta millas de proa al viento maestral el hombre llega a la ciudad de Eufemia, donde los mercaderes de siete naciones se reúnen en cada solsticio y en cada equinoccio. La barca que fondea con una carga de jengibre y algodón en rama volverá

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a zarpar con la estiba llena de pistacho y semilla de amapola, y la caravana que acaba de descargar costales de nuez moscada y de pasas de una ya lía sus enjalmas para la vuelta con rollos de muselina dorada. Pero lo que impulsa a remontar ríos y atravesar desiertos para venir hasta aquí no es sólo el trueque de mercancías que encuentras siempre iguales en todos los bazares dentro y fuera del imperio del Gran Kan, desparramadas a tus pies en las mismas esteras amarillas, a la sombra de los mismos toldos espantamoscas, ofrecidas con las mismas engañosas rebajas de precio. No sólo a comprar y a vender se viene a Eufemia sino también porque de noche junto a las hogueras que rodean el mercado, sentados sobre sacos o barriles o tendidos en montones de alfombras, a cada palabra que uno dice – como “lobo”, “hermana, “tesoro escondido”, “batalla”, “sarna”, “amantes” – los otros cuentan cada uno su historia de lobos, de hermanas, e tesoros, de sarna, de amantes, de batallas. Y tú sabes que en el largo viaje que te espera, cuando para permanecer despierto en el balanceo del camello o del junco se empiezan a evocar todos los recuerdos propios uno por uno, tu lobo se habrá convertido en otro lobo, tu hermana en una hermana diferente, tu batalla en otra batalla, al regresar de Eufemia, la ciudad donde se cambia la memoria en cada solsticio y en cada equinoccio.

Italo Calvino

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Como dice este pequeño relato, en Eufemia, la memoria se cambia en cada solsticio y en cada equinoccio. Imaginemos que el viajero vuelve a la ciudad después de un tiempo y transforma la ciudad con músicas que trae de lejanos lugares. ¿Cómo sería esa ciudad? ¿Qué música habría en sus mercados, en sus plazas, en los templos? Trabaja la Interrogación Divergente a fondo para obtener ideas sobre la ciudad y luego, reescribe el texto para reinventar esta ciudad de nuevo.

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Describe una ciudad que esté dedicada a la música; que haya música en el aire, en las casas; que sus edificios estén construidos de manera que suenen… y muchas cosas más. Busca imposibles.; hazte preguntas como éstas: ¿Qué pasaría si la ciudad de la música tuviera edificios musicales? ¿Qué pasaría si el viento rozara estos edificios? ¿Qué lengua hablarían sus habitantes?...etc. Incluimos una tabla con ejemplos para trabajar la descripción.

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