Los beneficios de la guerra para aquellos que participaban a menudo estaban formados por otros elementos aparte de los reembolsos en moneda. Incluso podía darse el caso en que las retribuciones en metálico fueran una parte minoritaria del conjunto de beneficios de estos contingentes, tanto romanos como orientales. En relación con estos pagos no monetarios a las tropas se pueden encontrar, entre otros conceptos, las compensaciones en especie (principalmente comida para hombres y animales, y otras necesidades logísticas, incluyendo vestimenta y equipamientos), los acuartelamientos invernales y especialmente el botín de los saqueos. Estos tres tipos de pagos no monetarios son especialmente relevantes por su impacto, muchas veces negativo, sobre las poblaciones locales. En parte, estos requerimientos logísticos eran aportados por los reinos y poleis de Oriente; había ciudades que contribuían a las necesidades militares romanas pagando con grano, aceite o ayudando a construir carreteras302. Un sistema
300 SEAR 1997, 283; SHEPPARD 2008, 49, 77. Ver también p. 67. Otros reinos orientales de efímera
existencia, como el de Cilicia bajo Tarcondimotus, emitieron también moneda con iconografía de Niké y el busto real. Tarcondimotus, monarca nombrado por M. Antonio, moriría en la batalla de Actium. Ver SEAR ibid., 292. Igualmente conocemos la amplia difusión de la simbología de la victoria que se extiende por todo Oriente en torno al 37/36 a. C., lo que puede estar ligado a las expectativas creadas por la campaña parta de M. Antonio. Obviamente estas expectativas no se cumplieron. Ver ibid., 300.
301 Sobre la moneda de plata: GRANDJEAN 1999, 144-145. Sobre la moneda de bronce: GRANDJEAN
1997, 122; KROLL 1997, 122-123. También hay que tener presente que al mismo tiempo aparecían las monedas de bronce romanas de las nuevas colonias militares de Corinto y Dyme. Sobre el caso de Esparta: ibid., 128-129. Debe verse aquí la influencia de las "monedas de la flota". Sobre los cospeles preformados: ibid., 125-126; GRANDJEAN 1999, 143.
302 Los gobernadores tenían derecho a exigir grano para su propio mantenimiento, pero que también podía
incluir las necesidades militares. Este grano se podía convertir en moneda si lo requerían las circunstancias (por medio de la adaeratio): HOLLANDER 2007, 60-61, 93-94. Dentro de estos mecanismos fiscales los publicani tenían un papel clave. Dado que empleaban la adaeratio, gran parte de lo que cobraban era en forma de grano o bien aceite, lo que requería grandes almacenes. Es posible que las instalaciones logísticas de los publicani y su importancia militar fueran un motivo relevante para Mitrídates Eupator para provocar la matanza de itálicos en Asia del 88 a. C.: ibid., 94-95.
militar que destaca por su organización, especialmente en Egipto, era la klêrouchia, que recompensaba a los mercenarios en tierras, de modo que se establecía un vínculo firme a largo plazo entre estos y el estado que requería sus servicios; sin embargo es un sistema poco generalizado en Oriente, y menos para contingentes bajo control romano303.
La práctica de obtener beneficios bélicos en especie tenía amplia tradición en el mundo helenístico, donde incluso se estipulaba en las contrataciones de mercenarios o tratados de alianza. Estos desembolsos podían formalizarse de otra forma en estados que cuidaban con especial celo sus actividades militares, como Rodas. Allí el estado financiaba la comida de las clases populares, lo que le permitía obtener unos remeros bien alimentados, vitales para su flota. Por parte romana, las entregas de comida, a deducir del sueldo en metálico, también eran usuales para los legionarios. Por lo tanto, aunque no contamos con ninguna prueba directa de la retribución en especie a los contingentes locales por parte romana, es un hábito que seguramente existía en mayor o menor medida304. El acuartelamiento de tropas en invierno era una práctica que,
dependiendo del comportamiento de estas, podía estar más cerca de los pagos en especie o bien del saqueo y la obtención de botín de guerra. De hecho, en más de una ocasión este acuartelamiento fue planteado como sustituto del saqueo en sí mismo; como una compensación para las tropas que no habían cubierto sus expectativas de botín de guerra. El ejemplo más claro fue la decisión de hacer invernar en Asia por parte de las legiones de Sila. Después de saquear El Pireo y Atenas, estas tropas se quejaron de la Paz de Dárdanos entre Sila y Mitrídates Eupator, que los privaba de posteriores saqueos. Por tanto, Sila los calmó sustituyendo este saqueo por una guarnición invernal muy provechosa para los legionarios en Asia, que de esta manera tenían meses de plazo donde extorsionar a placer los habitantes locales. Incluso sin este expolio (que dependía del libre albedrío de cada legionario), los asiáticos estaban obligados a alimentar las tropas, pagarles dieciséis dracmas diarias y dos vestidos305. El ya comentado epígrafe de Amatokos nos muestra otro tipo de acuartelamiento, en cuyo caso los habitantes de Queronea agradecieron públicamente al comandante tracio el buen comportamiento de sus hombres durante su estancia en la ciudad, contrastando con una guarnición anterior de comportamiento mucho más agresivo. Quizás la necesidad de plasmar por escrito este agradecimiento da a entender que un comportamiento depredador era lo que era de esperar de una guarnición militar306.
El elemento más destacado de los pagos no monetarios, aunque obviamente podía incluir moneda, era el saqueo de ciudades y campamentos enemigos. Lógicamente esta práctica contaba con una larga tradición en todo el mundo antiguo. En época helenística la obtención de botín de guerra era generalizada, pero todo parece
303 LAUNEY 1987, 392; BAKER 2005, 378.
304 Sobre los contractos de mercenariado: CHANIOTIS 2005, 124. Sobre los alimentos en Rodas: Strb.
652-3.14.2.5; RHODES 2007, 286. Sobre los pagos legionarios: Pol. 6.9.7; McGING 1986 141; HOLLANDER 2007, 98-99.
305 Ap. Mith., 61-63; Plut. Sul., 25.3-4; KALLET-MARX 1995, 264; HAYNES 2001, 237; ÑACO 2001,
63-90; CAGNIART 2007, 83.
indicar que la llegada del ejército romano provocó un incremento en la magnitud y brutalidad de estos saqueos. Algunos de estos fueron especialmente famosos por su brutalidad, llevando a la eliminación total de la ciudad víctima, como Corinto o Cartago. En otros casos los romanos saquearon a sus propios aliados a traición, como hizo Fimbria con Cyzicus e Ilion durante la Primera Guerra Mitridática307. A veces el saqueo era una cuestión detalladamente regulada en los contratos de mercenariado, como ocurría con los tratos entre Rodas y los mercenarios cretenses de Hierapytna. Igualmente, existían las compensaciones económicas por la falta de saqueo, que los comandantes romanos también suplían con acuartelamiento invernales, como hemos visto con Sila. También se prometía a los soldados asaltos a ciudades sin otro motivo militar que la obtención de botín de guerra, como hizo Bruto con sus tropas antes de la batalla de Philippi308. En otros casos, ante la rendición de una ciudad, como en el caso
de Rodas justo antes del asalto romano del 43 a. C., se podían pactar importantes sumas de moneda a pagar, a fin de compensar las tropas privadas del saqueo, con lo que la ciudad podía quedar generalmente arruinada, pero evitaba la brutalidad, la destrucción y las violaciones que usualmente acompañaban al saqueo309. La falta de obtención de botín por parte de las tropas podía tener consecuencias: Sila lo evitó permitiéndoles extorsionar las ciudades asiáticas durante el acuartelamiento de invierno. Por el contrario, en el caso de Lucullus sus tropas llegaron a amotinarse debido a que en varias ocasiones consideraron que su comandante no les permitía la obtención de los beneficios esperados; por ejemplo, el ejército pasó por Asia obligado por su comandante a respetar las propiedades locales. Finalmente, el excesivo interés de las tropas para la obtención de botín de guerra comportaba graves desventajas para el ejército, ya que se rompía la disciplina, al primar los soldados el saqueo por encima de las órdenes de sus superiores. Un ejemplo muy claro de esto lo dieron las tropas romanas enviadas a ayudar a Herodes a conquistar Jerusalén el 40 a. C. No tan solo un primer asalto contra la ciudad fracasó por los legionarios amotinados, sino que la posición política de Herodes quedó en entredicho ante sus propios compatriotas judíos debido a los saqueos incontrolados, por parte de tropas legionarias, en la zona de Hemmaús. Parece que los comandantes romanos también recibieron sobornos de los enemigos de Herodes, dificultando la consecución de los teóricos objetivos militares310.
307 Sobre los saqueos en general: McGING 1986, 133-134, 147; KALLET-MARX 1995, 227; WEBBER
2001, 13-14. Sobre el incremento de los saqueos con la llegada de los romanos a Grecia: JOLLIFFE 1919, 22; Chanioti 2005, 133. Sobre el saqueo de Corinto: ENGELS 1990, 15-16. Sobre Fimbria: Diod. 38.8.3; SHERWIN-WHITE 1984, 243. La dependencia creciente del saqueo, y la extorsión política a la república por parte del ejército romano fue resultado de su pauperización; César probó de arreglar el problema aumentando el sueldo a los legionarios, pero no fue hasta Augusto que se reformó en profundidad el ejército romano. Ver WATSON 1958, 113-120; en especial la p. 120. Ver también ALSTON 1994, 113-123.
308 Sobre los contratos de mercenariado: Staatsverträge 551; Austin 1981 nº51; CHANIOTIS 2005, 83,
135. Sobre las compensaciones por falta de saqueo: KALLET-MARX 1995, 264. Sobre las promesas de botín: Ap. BC, 4.117; Plut. Brut., 43.5; Dio 47.47.2; KEAVENEY 2007, 50.
309 Sobre el caso de Rodas: BERTHOLD 2009, 217-218.
310 Sobre Lucullus: VAN OOTHEGEM 1959, 89-90; KEAVENEY 1992, 126-127. Sobre los romanos en
A modo de colofón, se puede afirmar que las tropas romanas y locales podían obtener beneficios económicos de la guerra de diversas maneras: cobrando en moneda, en especie, recibiendo acuartelamientos temporales, generalmente invernales, y finalmente pero no último en importancia, por medio de la extorsión y el saqueo de las poblaciones que habitaban en las proximidades del teatro de operaciones. Ha quedado claro que el hecho de que estas poblaciones fueran aliadas o enemigas no era excesivamente relevante a la hora de regular esta violencia provocada por los conflictos militares.