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CONSTRUCTING DATA WAREHOUSE FROM NON-OPM

Para Román (1990, 1998), uno de los aspectos que más ha evolucionado en los últimos años dentro de la actividad defensiva es el comportamiento de los jugadores con una mayor iniciativa defensiva. En próximos apartados se dedicará un minucioso análisis a este aspecto del juego, aunque se ha creído igualmente oportuno reflejar dentro del aprendizaje técnico y táctico la necesi- dad de considerar el papel del defensor y cómo puede mejorarse éste junto con los habituales elementos técnicos.

Para facilitar el desarrollo de la iniciativa defensiva se han propuesto tres consideraciones:

1. La discriminación e interpretación de informaciones contextuales más espe- cíficas.

2. El planteamiento de un rol defensivo activo, no exclusivamente reactivo. 3. El diseño de tareas con dificultad de decisión variando los elementos que

aparecen.

La discriminación e interpretación de informaciones

contextuales más específicas

Si en otros capítulos se ha defendido la necesidad de plantear un en- trenamiento basado en la discriminación de los elementos relevantes que pueden afectar el comportamiento defensivo (trayectorias, orientaciones para el lanzamiento o el pase, espacios en los que juegan los atacantes, etc.), consideramos que para permitir una actividad defensiva con inicia- tiva el defensor debe conocer perfectamente las situaciones en las que puede anticiparse y las informaciones específicas las que debe atender. Para ello, se propone que el entrenamiento en estas etapas se realice

ENTRENAMIENTO EN BALONMANO

atendiendo informaciones más concretas que en las etapas de iniciación, donde es complicado para el jugador inexperto acertar en la discrimina- ción de información específica (como ya se ha señalado, en esas primeras etapas el objetivo será que el jugador identifique las informaciones de ti- po general).

En el transcurso del juego se observa cómo en ocasiones algunos defenso- res ignoran el comportamiento del atacante realizando siempre la misma ac- ción defensiva. Una situación que aparece con cierta frecuencia es la origina- da por una trayectoria hacia el punto fuerte de uno de los laterales en posesión del balón. El defensor que tiene dificultades para interpretar la información que se le presenta suele contactar siempre con el atacante para realizar golpe franco. El defensor que es capaz no sólo de discriminar la trayectoria sino también la orientación para el lanzamiento que ese lateral tiene, podrá inter- pretar esto y, en consecuencia, adaptar su actividad defensiva (presionando al atacante sin falta para que tenga problemas en el pase, facilitando el lanza- miento ya que tiene una mala orientación para el mismo, etc.).

Fotografía 34.Trayectoria incorrecta del atacante que es interpretada por los defensores para cerrar las posibles líneas de pase.

Otro ejemplo sería la actividad defensiva de los segundos defensores de un sistema 6:0 al que atacan con desdoblamiento de un primera línea, y cómo el defensor que se encuentra en la zona contraria del balón ante una trayectoria muy profunda del atacante con balón en el lado contrario tiende a permane- cer “pegado” a la línea de 6 metros, sin entender que su actividad en ese mo- mento debe intentar dificultar el pase con el otro primera línea (figura 39).

Figura 39.Actividad defensiva del lateral (3) ante una trayectoria profunda del lateral contrario con balón.

Algunas investigaciones sugieren que los sujetos pueden acceder a las in- formaciones generales sobre el juego de forma autónoma, sin ser entrenados específicamente en la adquisición de esas informaciones (García, 2001). A pesar de que esto puede ser posible en relación con informaciones de carácter general, no creemos que el proceso para la obtención de información de tipo específico sea el mismo. En este caso, al tratarse de informaciones asociadas a situaciones de juego muy concretas, se aconseja que el entrenador oriente la obtención de información del defensor para evitar que tenga problemas a la hora de discriminar esas informaciones. Por esto, se considera que el papel del entrenador sobre estas cuestiones es trascendental, debido a que será el encargado de conseguir que el jugador pueda alcanzar esas informaciones y manejarlas para ampliar su comportamiento defensivo.

A C

D

B E

ENTRENAMIENTO EN BALONMANO

El entrenador debe facilitar la identificación de informaciones específicas mediante un proceso de entrenamiento que permita al jugador adquirir esa experiencia en el juego. Sin este entrenamiento, sólo los jugadores que autó- nomamente consigan entender estas situaciones (y captar la información rele- vante) serán capaces de comportarse con iniciativa defensiva.

Una segunda cuestión relacionada con la interpretación de informaciones durante el juego es la capacidad de los defensores de estudiar al atacante pa- ra descubrir las acciones que suele ejecutar. Algunos atacantes tienden a reali- zar un repertorio de acciones que repiten sistemáticamente. De igual forma, en el juego se aprecia cómo hay defensores que son desbordados por su opo- nente con una misma acción sin percatarse de que la está repitiendo. El defen- sor que sea capaz de analizar a su oponente y averiguar cuáles son las accio- nes que tiende a repetir podrá desarrollar una actividad defensiva más eficaz. Para Czerwinski (1994, pág. 36), el jugador de élite no sólo debe captar el comportamiento de un oponente, sino que además: “debe también prever las

acciones que es capaz de realizar en los momentos siguientes”.

Esta capacidad de análisis del oponente puede igualmente entrenarse con tareas defensivas, tras las cuales el jugador debe responder a una serie de preguntas sobre las acciones que ha realizado su oponente directo. Estas pre- guntas para facilitar el estudio del atacante pueden orientarse hacia: los espa- cios que suele ocupar el atacante, los tipos de fintas, trayectorias o lanzamien- tos que tiende a realizar, los momentos de intervención que tiene, etc.

Figura 40.Entrenamiento de la discriminación e interpretación de la información específica para la actividad defensiva.

Informaciones inespecíficas Informaciones específicas Informaciones inespecíficas Transferencia al juego SITUACIÓN DE JUEGO REAL Entrenamiento de la discriminación e interpretación de la información específica

útil para la actividad defensiva

El planteamiento de un rol defensivo activo, no exclusivamente

reactivo

Una de las teorías cognitivas que más ha influido en los últimos años en la adquisición de conocimiento y destrezas ha sido la teoría ACT (Adaptative

Control of Thought, Control Adaptativo del Pensamiento), propuesta por An-

derson (1982, 1983). Esta teoría propone que los sistemas de producción de- sarrollados por Newell y Simon (1972) son los mecanismos en los que se sus- tenta el conocimiento procedimental sobre las acciones. La idea básica de estos sistemas es que el conocimiento se almacena en forma de producciones o pares de condicción-acción. De esta forma, las producciones adoptan una for- ma condicional: “si…, entonces…”.

Para Anderson (1982) y Chi y Rees (1983), la estructura del conocimiento procedimental se conceptualiza en términos de sistemas de producción (ésta y otras concepciones del aprendizaje han sido profusamente tratadas en la pri- mera parte del libro). Las producciones son pares de estímulos-respuestas ge- neralizados y están compuestas por una condición y una o varias acciones asociadas. Al parecer, las evidencias experimentales que confirman la existen- cia de los sistemas de producción se han obtenido comparando protocolos verbales de expertos y principiantes en el transcurso de la solución de proble- mas (French y Thomas, 1987).

Esta forma de adquisición de conocimiento de manera condicional también está siendo empleada en el aprendizaje deportivo, de manera que el diseño de tareas para el entrenamiento respeta básicamente esta estructura condicio- nal o “algorítmica” (Collinet, 1994) (ver el apartado dedicado a la organiza- ción de la percepción en la primera parte del libro).

En nuestro caso, un ejemplo de una tarea que pueda emplearse en las se- siones de entrenamiento bajo esta forma condicional sería:

– Condición: “si el atacante realiza una trayectoria hacia su punto fuerte, – Acción: realizar un marcaje en proximidad.”

Evidentemente, tanto la condición como la acción pueden tener más de un elemento característico. Así, nuestro ejemplo quedaría de la siguiente manera: - Condición: “si el atacante realiza una trayectoria hacia su punto fuerte,

orientado hacia la portería y en zona eficaz de lanzamiento, - Acción: realizar un marcaje en proximidad.”

Como se aprecia en los dos ejemplos, el defensor tiene que realizar un marcaje en proximidad, pero mientras que en el primero sólo debe centrarse en la trayectoria del atacante (un punto de información), en el segundo debe

ENTRENAMIENTO EN BALONMANO

atender tres informaciones (trayectoria, orientación y zona en la que se en- cuentra el atacante). La primera situación presenta menor dificultad perceptiva que la segunda, ya que ésta reclama al defensor discriminar una gran canti- dad de información del atacante (tres ítems o puntos de información exacta- mente).

Existe cierta controversia sobre la conveniencia o no de presentar las ta- reas deportivas bajo esta estructura, observándose posturas claras tanto a favor (Anderson, 1982; Chi y Rees, 1983; Simon 1984; Collinet, 1994; Rink, French y Graham, 1996) como en contra (Temprado, 1994; Temprado y Famose, 1999) de la administración de estas situaciones en las etapas de aprendizaje.

Cuando en el entrenamiento de los contenidos defensivos (u ofensivos) se plantean este tipo de tareas, se pretende que los defensores identifiquen una in-

Fotografía 35.Marcaje en proximidad ante una trayectoria hacia el punto fuerte del atacante y orientado para el lanzamiento.

formación determinada del atacante (situación, orientación, trayectoria, etc.) y la relacionen con una respuesta o grupo de respuestas que puedan contrarres- tar esa acción del atacante. Aunque en la etapa de iniciación el número de in- formaciones a atender no debe ser muy elevado, en la etapa de perfecciona- miento los defensores pueden trabajar sobre varios puntos de información, y en función de éstos ajustar su respuesta. Este tipo de actividades debe flexibilizarse para adaptarse tanto a las informaciones las que hay que atender como a las capacidades individuales defensivas de los jugadores. Es decir, a una misma acción de un atacante, no todos los defensores tienen que responder de la mis- ma forma, ya que sus capacidades individuales condicionarán el tipo de res- puesta a desarrollar.

Figura 41.Flexibilización del comportamiento en el juego en función de las características de los jugadores.

El conocimiento que el jugador extrae de este tipo de tareas le orientará de forma general respecto a cuáles son las mejores opciones en cada momento, puesto que si consigue interpretar las informaciones que el atacante (o sus compañeros) le ofrece, tan sólo tendrá que manifestar la opción técnico-táctica que haya trabajado durante los entrenamientos. Pero… ¿exclusivamente este tipo de comportamiento garantiza un dominio técnico-táctico individual defen- sivo?

Entender el entrenamiento exclusivamente desde esta perspectiva implica asumir que los jugadores siempre se comporten de manera reactiva; es decir, el jugador debe analizar primero la información del entorno, y una vez anali- zada la procesará hasta identificar los elementos relevantes, e inmediatamen- te responder a lo que se ha procesado.

INFORMACIÓN A ATENDER (adaptada al nivel de los jugadores)

JUGADOR 1 Jugadores de diferentes características Respuestas adaptadas a las características de los jugadores RESPUESTA 1 RESPUESTA 2 JUGADOR 2

Si bien parece que el comportamiento reactivo (entendido éste como un comportamiento “a la espera de la actuación del contrario”) puede emplearse en distintos momentos del juego (quizá las primeras etapas de aprendizaje), desde diferentes ámbitos del control y del comportamiento motor empiezan a plantearse serias dudas sobre la metáfora del procesamiento de la informa- ción y las respuestas reactivas que este enfoque genera (Davids, Handford y Williams, 1994; Temprado y Famose, 1999).

Estas inquietudes también han llegado al mundo del entrenamiento en ba- lonmano, en el que diferentes autores coinciden en señalar al jugador experto hábil como un sujeto que tiende a no depender tanto del entorno, sino que la conducta de estos sujetos se basaría en una dependencia relativa de los ele- mentos que aparecen en el juego, para generar así acciones en las que la ini- ciativa viene a ser el elemento principal (Antón 2000a; Ávila, 1999a; Espar, 1993; García, 1999; Torrescusa, 1997). El estudio de Czerwinski (1994) en el que se analizan 115 partidos de los mejores equipos del mundo entre los años 1988-1992 confirma parcialmente esta idea. Para Czerwinski (1994), la acti- vidad de los jugadores en defensa puede ser considerada generalmente como reactiva, aunque igualmente existen acciones anticipatorias mediante las que se intenta recuperar el balón.

Para Durand, Geoffroi y Jacquemond (1999, pág. 166), el jugador exper- to hábil, lejos de comportarse siempre de manera reactiva (esperando a que aparezcan informaciones y respondiendo a ellas), suele ser él mismo el que tiende a generar incertidumbre (tomando la iniciativa en las acciones), para obligar al adversario a estar dependiendo constantemente del comportamien- to del rival.

“Aunque haya estilos de juego construidos sobre la defensa, los jugadores expertos procuran, por lo general, encontrarse lo menos posible en situación de reacción.”

Al parecer, ya se han desarrollado estudios experimentales que empiezan a confirmar la opinión de que el jugador experto hábil intenta comportarse lo menos posible de forma reactiva (Veronesse, 1998). Estos estudios confirman la idea de que el experto, al menos en las situaciones iniciales de la confronta- ción, prefiere ser él quien lleve la iniciativa (a pesar de que luego su comporta- miento pueda ser reactivo nuevamente en función de cómo actúe el contrario).

Desde esta perspectiva, la orientación del entrenamiento individual defen- sivo no sólo se relacionaría con la identificación de los elementos relevantes del entorno para su posterior procesamiento y manifestación de una conducta adaptada a las circunstancias presentes (posiblemente, el principal objetivo en las etapas de iniciación), sino que se trataría de entrenar al jugador para que provoque en el contrario respuestas que al defensor le puedan interesar en ca-

da momento y, de esta forma, alcanzar la iniciativa en el juego (aunque, una vez conseguido esto, también pueda desarrollar un comportamiento reactivo). De la misma forma, un comportamiento defensivo activo exigiría al defensor el estudio de su oponente para averiguar las acciones más frecuentes que éste suele realizar e intentar obtener ventaja en su enfrentamiento directo.

Espar (1993) identifica tres niveles en el comportamiento táctico individual: 1. En este primer nivel, el jugador se comporta de forma reactiva (si…, enton- ces…). Puede resolver gran parte de las situaciones que aparecen en el jue- go siempre y cuando consiga reconocerlas.

2. El segundo nivel implicaría el desarrollo de las acciones con intención, es decir, el jugador intenta provocar un determinado comportamiento en el contrario.

3. En el tercer nivel, el jugador condiciona su actuación no sólo respecto al oponente, sino que las condiciones externas (momento del partido, resulta- do, estado del equipo, etc.) influyen igualmente en el comportamiento. Se- ría un nivel en el que la táctica individual tiene una directa relación con la estrategia.

Figura 42.Niveles del comportamiento defensivo eficaz.

Según Espar (1993), los tres niveles tienen la misma importancia, es decir, el entrenamiento deberá recoger un trabajo sobre las tres posibilidades: – ofrecer un marco de actuación general,

COMPORTAMIENTO CONSIDERANDO LAS VARIABLES PRESENTES Y NO PRESENTES COMPORTAMIENTO REACTIVO COMPORTAMIENTO ACTIVO COMPORTAMIENTO DEFENSIVO EFICAZ

ENTRENAMIENTO EN BALONMANO

– provocar un comportamiento poco eficaz en el contrario y anticiparse a esa conducta, e

– interpretar los condicionantes internos y externos del juego.

Al parecer, la mayoría de los jugadores expertos tienen un entrenamiento notable sobre tareas en el primer nivel, aunque demuestran igualmente un déficit considerable en el entrenamiento de actividades en el segundo y tercer nivel (Espar, 1993). Siguiendo a Antón (2000b), si el jugador es incapaz de poder manifestar comportamientos eficaces en el segundo nivel, estará nota- blemente limitado para desarrollar opciones defensivas relacionadas con la iniciativa y la anticipación. Del mismo modo, diversos autores coinciden en señalar que para acceder a este “novedoso” perfil defensivo es imprescindi- ble dominar correctamente las opciones reactivas (Antón, 2000b; García, Damas y Fuentes, 2000).

Uno de los objetivos para el defensor experto es generar un determinado comportamiento en el contrario. El jugador experto intenta falsear sus verda- deras intenciones para que el contrario obtenga índices (preíndices en térmi- nos de control motor), con la intención de provocar una conducta en el rival que pueda serle ventajosa. Quiere esto decir que la conducta exclusivamente reactiva en el juego se vuelve ineficaz por estar continuamente condicionada por el comportamiento del adversario, aunque esta misma conducta reactiva es imprescindible como criterio general de actuación.

Al igual que sucedía en el apartado anterior, todos los entrenadores van a esperar de sus defensores un papel activo en el juego; pero de la misma forma que antes, es necesario dotar al jugador de las herramientas técnico-tácticas que le permitan desarrollar ese comportamiento activo, ya que entrenar siempre de forma reactiva y esperar luego que el defensor se anticipe y tenga iniciativa parece que no va a ser un planteamiento idóneo en el entrenamiento defensi- vo.

El falseo de intenciones tácticas defensivas (Antón, 2001) facilitará el com- portamiento defensivo no exclusivamente reactivo, ya que el jugador, entre otras, podrá desarrollar las siguientes intenciones tácticas defensivas: disuadir líneas de pase o disuadir la ocupación de espacios, ofrecer líneas de pase u ofrecer la ocupación de espacios, acosar o aparentar acoso o ausencia. Igual- mente, pueden emplearse combinaciones o encadenamientos de estas inten- ciones entre sí junto con otros elementos técnicos: disuadir e interceptar, ofre- cer espacios y marcar, ofrecer espacios y ocupar, etc. Por otro lado, es necesario señalar que muchas de estas intenciones tácticas no pueden mani- festarse de forma anárquica por parte de los jugadores, sino que generalmen- te la actividad defensiva falseando intenciones debe estar precedida de un acuerdo de colaboración con otro u otros compañeros, de tal forma que el en- trenamiento táctico individual defensivo se transformaría en entrenamiento táctico colectivo defensivo. De esta manera, aparecerían coordinaciones entre

Fotografía 37.Colaboración defensiva para cerrar espacios ofrecidos previamente por un compañero.

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compañeros tales como: disuadir al impar para que un compañero intercepte, ofrecer un espacio para que un compañero realice un blocaje, ofrecer un es- pacio para que un compañero provoque falta en ataque cuando el atacante llega a esa zona, etc.

Esta colaboración entre compañeros en el desarrollo de intenciones tácticas defensivas ha provocado que en los últimos años hayan aparecido variantes de los sistemas defensivos tradicionales en los que se contempla este tipo de comportamiento defensivo como parte integrante del propio sistema (sistemas de presión sobre pares e impares).

Antón (2001) propone una clasificación de la actividad defensiva (y de los tipos de defensores que corresponden a cada actividad) que va desde el de- fensor espectador que no sabe a quién defender y no se sitúa entre el oponen- te y la portería, hasta el defensor hiperactivo (recuperador) que sería el juga- dor que toma iniciativas defensivas, provoca reacciones en el oponente, invade espacios del oponente directo e indirecto, etc. Entre estos dos tipos de defensores encontraríamos al defensor pasivo, al defensor reactivo (protector) y al defensor reactivo (recuperador) que presentarían distintos grados de ini- ciativa defensiva.

Figura 43.Aspectos a considerar en la concepción del defensor como un jugador activo. Actitud defensiva determinadas por adquiridos mediante DEFENSOR ACTIVO CON INICIATIVA Contenidos técnico- táctico individuales defensivos Un entrenamiento contextualizando las exigencias defensivas reales Intenciones tácticas defensivas y falseo de estas intenciones Propia iniciativa (1 defensor) Pautas de colaboración por parejas, tríos, etc. (2

o más defensores) El sistema defensivo (todos los defensores)

Junto con las intenciones tácticas defensivas formuladas anteriormente (y el falseo de las mismas), el comportamiento defensivo activo pasa igualmente por conseguir que el jugador manifieste una actitud defensiva intensa. Si el ju-