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3. TRANSFORMING AN OPERATIONAL SYSTEM MODEL TO A DATA

3.3. Evaluating techniques for data warehouse model construction from an

3.3.2 Techniques evaluation

LA AUTOCURACION Sugestionarse de algo es activar una bomba dentro del organismo, en

nuestro caso, una bomba contra la enfermedad. La sugestión proviene de dos fuentes: la que viene de afuera, de los demás, de las lecturas y de lo que se ve. La autosugestión de dentro es la que uno mismo se induce a través de pensamientos y órdenes mentales. Sugestionarse equivale a convencerse uno mismo.

Un fuerte estado de sugestión se logra por la hipnosis; es tal su poder de acción que basta decirle al hipnotizado que está haciendo mucho frío y sus poros se contraen y la persona comienza a tiritar, no obstante estar haciendo calor.

Esta evidencia nos da a entender que es fácil mover las palancas del organismo para que produzca efectos altamente benéficos en cuestión de salud.

La sugestión nunca falla cuando se trata de curar y de arreglar las cosas internamente. Reparaciones orgánicas que ningún médico podrá hacer, y sanaciones «imposibles» se l ogran por medio de la sugestión. Lejos de ser milagros, son hechos biológicos entendibles científicamente. La sugestión obra para bien o para mal. Los brujos de la selva matan a través de conjuros y supersticiones que lanzan contra algunos miembros de la tribu que quieren aniquilar. Es tal la creencia en el brujo que, la persona a quien fue dirigida la maldición, enferma y muere. Obviamente su cuerpo no tenía enfermedades pero la sugestión las causó.

En el proceso inverso, los brujos curan enfermedades graves, que los médicos no pueden curar, ejerciendo el poder absoluto de la sugestión. En el principio de este libro se hizo notar que, hoy día,

los médicos especializados. Muy sencillo, porque el médico confía más en los fármacos que en la sugestión; en cambio el brujo confía más en la sugestión que en los fármacos.

El brujo moderno y los curanderos, saben que sus brebajes, rezos, inciensos, conjuros y pases mágicos, son inocuos en sí, pero muchas veces hacen que el paciente crea profundamente en esos encantamientos. Cree haber sacado de su cuerpo los malos espíritus que causaban la enfermedad; desbloquean la mente del cándido paciente, lo convencen y su cuerpo, en muchos casos, inicia la etapa de recuperación.

Lo mismo ocurre con la uroterapia: la gente cree firmemente en ella, siente que está mejor y da testimonios. No obstante sufrirán daños irreparables en los riñones y el resto de su organismo. En estos casos «se cura» más fácilmente la gente ignorante y supersticiosa que la gente instruida, pues estos últimos no se dejan convencer tan fácil.

Tú no tienes que ir donde el brujo para que te sugestione. Hazlo tú mismo. Da órdenes a tu mente, afirmaciones positivas y ella las aceptará al pie de la letra. Si las siguientes sugestiones se ponen en práctica antes del sueño, o en el día en momentos adecuados, pueden bastar para hacer retroceder una enfermedad aguda, no importa su gravedad. Convencido del gran poder de la autosugestión, repite con profundo convencimiento:

Mi cuerpo fue creado por una sabiduría infinita y yo tengo la libertad de dirigirme a ella para que actúe de inmediato en la recuperación de mi organismo.

La armonía y la confianza regresarán a mi ser. Cada una de mis células está recibiendo mi llamado y se reanimará de nuevo; ellas saben cómo actuar. Una sola de ellas fabricó mi cuerpo y todas saben hacer lo mismo. Les quedará fácil arreglar los daños y poner la casa en orden. Actuando milímetro a milímetro, expulsarán los agentes del mal y sanarán hasta el más profundo rincón de cada uno de mis órganos.

Es conveniente, al mismo tiempo que se utiliza el poder de la autosugestión, combinarlo con la imaginación. Visualiza en tu mente cómo innumerables células obreras van a sitios con problemas y reparan daños. Mira cómo limpian escombros y llenan vacíos con nutrientes para la reconstrucción de lo que estaba dañado.

Siente cómo todo tu cuerpo hierve de vidas pequeñas pero poderosas que quieren tu salud. Tú les estás ayudando y por eso están contentas, ellas también necesitan la confianza y el amor del guía principal que eres tú.

Esto va a dar resultados inmediatos. La mente infinita fue la que construyó tu cuerpo y, en este momento, realiza el proceso de autocuración. Continúa hablándole con firmeza y decisión: da

órdenes amorosas y precisas. Demuestra tu firme decisión de sanar. Continúa…

He descubierto que no existen enfermedades incurables, sino gente que no se sabe curar. Por

mi parte ya encontré lo que buscaba, tengo medios, me voy a curar; algo ocurre en mi interior: la enfermedad está retrocediendo, ya no le doy más cabida en mi cuerpo; ¡fuera de mí!

Mi poderoso sistema inmunológico se fortalece cada vez más, se prepara para la gran batalla, ¡ya comenzó! Mi liberación del dolor está cerca. Lo imposible se volvió realidad; soy uno más de los

millones que le ha ganado al mal. Sanaré y la enfermedad nunca más volverá a mí.

No solamente tendré fuerzas para sanarme sino que sanaré a otros utilizando esta misma sabiduría.

EL PODER DE LA FE

(Subpotencia)

Todos los científicos, artistas, inventores y conquistadores han logrado sus proezas gracias a que siempre estaban acompañados de una gran fe. Creyeron que podían y lo lograron. Cuando no se

ven las salidas a un problema inmenso, la fe es la que alumbra el camino.

Los alpinistas que han llegado a conquistar cumbres «imposibles», siempre han acordado en decir que gracias a la fe pudieron lograr el triunfo. Sin fe no se puede lograr nada.

Cristo realizó curaciones asombrosas pero exigió a sus fieles gran fe. El Divino Maestro predicaba

grandes verdades y sus enseñanzas siempre estuvieron acompañadas por el ejemplo. Tal hecho fue lo que convenció a toda la humanidad. Jesús demostraba siempre lo que decía. Nunca obligó a nadie a que creyera con fe ciega sino que ponía ejemplos vivos; demostraba y convencía que sus enseñanzas eran buenas y daban resultados excelentes.

A pesar de ello, la historia está llena de falsos s eguidores de Cristo que inventaban falsas doctrinas, tendientes a conseguir dinero, y obligaban a los incautos a creer en ellas por pura fe ciega: l as ceremonias y oblaciones sin sentido, oraciones repetitivas trilladas por el costumbrismo, inciensos, velas y todo lo que Jesús, el Cristo, no utilizó ni predicó (ver libro Las enseñanzas de Jesús… que nos ocultaron).

Dios no nos obliga a creer por fe ciega pues, entonces, ¿para qué nos dio el poder de discernir y la facilidad para investigar? Estamos suficientemente capacitados para cerciorarnos, por cuenta propia, de qué es conveniente, qué da resultados y qué es perjudicial. Fe es creer en nosotros mismos. Por tanto uno no debe creer algo simplemente porque alguien muy importante lo dijo, porque data en un libro muy antiguo, por la tradición, o porque lo anuncia un artista famoso. Solamente se debe creer algo porque, cuando por medio de la reflexión profunda en determinado caso, uno mismo lo considera verdadero o falso.

La fe ciega, aquello que es impuesto a la fuerza por una autoridad, sin explicaciones suficientes, no sirve para nada… la mente no lo acepta, porque siempre queda la espinita de la duda.

De ahí la diferencia entre unos que se han curado por medio de una fe completa, obtenida por el claro conocimiento y la demostración, y los que han fracasado por pretender tener una fe débil acompañada de la duda.

Decir simplemente «me voy a curar» no tiene efecto alguno. Esto es positivismo infundado el cual enseñan algunos libros que no dan sustentaciones. En estos casos la mente pregunta ¿por qué me voy a curar, y sobre la base de qué? Ahí queda la dudilla y esta clase de fe no obra.

La Medicina Fractárica ha hecho el esfuerzo por demostrar y sustentar cada uno de los poderes. Explica el porqué con ejemplos sencillos para que el lector, utilizando su inteligencia y el sabio discernimiento, se convenza de que esto va a dar resultados porque aplicaré los principios aquí enseñados. Automáticamente aparece la fe verdadera, la confianza, y los efectos benéficos no se hacen esperar.

LA FE MUEVE MONTAÑAS

También cura el cáncer, la osteoporosis, la artritis, la gota, los problemas del estómago, del corazón y de toda la lista de enfermedades incurables, siempre y cuando el cuerpo responda; y, para que responda, es necesario acompañarlos del resto de las potencias.

Las palabras de Jesús nunca han fallado y ahora, en tu caso, que ya posees fe verdadera, no van a fallar. La fe profunda en que vas a sanar la obtuviste con claridad. No sólo estás utilizando un poder sino muchos. Nunca antes lo habías hecho. Ahora las cosas son distintas.

No tienes que hacer ejercicios de fe. tienes razones, ya la obtuviste, sabes que vas a sanar y ya has comenzado a realizar y a sentir un gran cambio.

Alégrate y regocíjate pues la nube negra de las dudas se está despejando. Es posible que te

encuentres a un paso de una curación sorprendente, pero no va a ser por simple suerte ni

milagro. Todo está ocurriendo porque a la Naturaleza no se le vence contradiciendo sus leyes,

sino uniéndonos a Ella con amor y fe verdadera.

Ten fe y te sanarás.

—Cristo

EL PODER DE LA ORACIÓN