7. METHOD EVALUATION
7.3. Real Life Case Study
Una vez que el jugador se encuentra en las etapas de perfeccionamiento, las limitaciones en su rendimiento pueden deberse al escaso desarrollo de sus capacidades motrices y condicionales (López, 1997). En estas etapas (cadetes y juveniles) el jugador ya es capaz de realizar distintas acciones técnicas con bastante fluidez, aunque igualmente es frecuente encontrar jugadores que son incapaces de manifestar algunas habilidades técnicas por falta de fuerza o por limitaciones en otras capacidades condicionales. Por ejemplo, al inicio de la etapa cadete hay jugadores con buenos recursos defensivos que presentan algún problema en situaciones de uno contra uno por falta de fuerza en el tren inferior.
Estas limitaciones en el rendimiento no son en absoluto preocupantes; sen- cillamente, un trabajo bien diseñado que desarrolle estas capacidades en los jugadores conducirá invariablemente a un aumento del rendimiento durante el juego.
Para facilitar el entrenamiento tanto de las capacidades motrices como de las capacidades condicionales se han diferenciado tres aspectos:
1. Un trabajo motriz orientado hacia las necesidades del balonmano. 2. El desarrollo de las capacidades condicionales.
3. El aumento de las cargas de entrenamiento tanto en calidad como en canti- dad.
Un trabajo motriz orientado hacia las necesidades
del balonmano
Desde las etapas de iniciación los sujetos implicados en un proceso de for- mación balonmanística han debido de pasar por un trabajo motriz general que permita asentar adquisiciones más específicas en posteriores momentos (ver apartado dedicado al aprendizaje de la técnica y la táctica individual de- fensiva en las etapas de iniciación). Cuando se llega a las etapas de perfeccio- namiento, ese trabajo general debe transformarse en un entrenamiento clara- mente orientado hacia las necesidades propias del balonmano (esto no significa que en momentos puntuales de la temporada el trabajo pueda tener un carácter general).
El entrenamiento debe planificarse en este punto atendiendo las caracterís- ticas que presentan individualmente los jugadores; así, es frecuente en estas etapas encontrarse jugadores con carencias concretas en el plano motor: falta de coordinación, escasa fluidez en los desplazamientos, gestos o acciones con demasiada rigidez, etc. Es durante estas etapas cuando el entrenamiento debe empezar a individualizarse respetando dos cuestiones básicas: las caracterís- ticas de los jugadores y el puesto específico en el que van a jugar.
En cuanto a las características de los jugadores, el entrenador debe ser consciente de que al jugador en esta etapa le quedan muchos años de entre- namiento por delante, y que dedicar parte del entrenamiento a la mejora mo- triz, lejos de perjudicar al jugador, le dotará de la base sobre la que asentar una mejor asimilación del entrenamiento técnico. Algunos jugadores jóvenes con óptimas características antropométricas se ven relegados a determinados puestos, quizá por un trabajo insuficiente de los parámetros relacionados con el desarrollo de la motricidad.
En el segundo apartado (relación del entrenamiento con el puesto), es el momento de matizar el entrenamiento motriz en función del puesto específico, para de esta forma adaptar el trabajo a diferentes grupos de jugadores. Co- mo ejemplo, podría proponerse el entrenamiento sobre elementos coordinati- vos que pueden plantearse para los defensores centrales y para los porteros, en el cual la exigencia de las tareas se desarrollará atendiendo las necesida- des que cada puesto específico va a presentar.
ENTRENAMIENTO EN BALONMANO
El desarrollo de las capacidades condicionales
En la categoría cadete comenzaría el desarrollo de las capacidades condi- cionales propiamente dicho, aunque esto no significa que en las etapas ante- riores no se haya podido realizar algún tipo de trabajo para mejorar alguna de estas capacidades. En este sentido, cada vez más autores se muestran par- tidarios de realizar un entrenamiento apropiado de la fuerza en edades pre- puberales (García, Navarro y Ruiz, 1996; Ozmun y cols., 1991; Sewal y Mi- cheli, 1986; Ramsay, 1990; Romero y cols., 2001). En cualquier caso, el trabajo en las etapas de perfeccionamiento se desarrollará manejando tanto medios específicos como medios básicos de entrenamiento (Alvaro, 1997; Latyshkevich, 1991).
Para Latyshkevich (1991, pág. 58), la preparación física general permitirá formar en el deportista una base amplia sobre la que asentar el trabajo técni- co y táctico, así como el posterior entrenamiento específico. Igualmente, la pre- paración física especial sería “el proceso por el que se tiende a desarrollar óp-
Fotografía 32.Grupo de jugadoras cadetes realizando una tarea para la mejora de la coordinación más una actividad defensiva posterior.
timamente las cualidades y capacidades más importantes de cada deporte”.
Las posibilidades de intervención del entrenador en esta parcela del juego pa- san por analizar el bagaje previo de sus jugadores respecto al entrenamiento para mejorar las capacidades condicionales, diseñando y adaptando las car- gas a esas experiencias anteriores. Del mismo modo, el entrenamiento especí- fico deberá ir precedido de una formación general previa, sin la cual el entre- namiento específico provocará más perjuicios que beneficios en los jóvenes jugadores.
Sea como fuere, el proceso de entrenamiento de las capacidades condicio- nales en los jóvenes deportistas debe entenderse como un proceso dinámico, proceso en el que la maduración y el momento de desarrollo en el que se en- cuentran los sujetos deberá considerarse junto con los principios del entrena- miento (Añó, 1997).
Asumiendo que las cargas de entrenamiento generarán un proceso en el que se rompa el equilibrio interno del sujeto (homeostasis), será necesario ajustar esas cargas para facilitar el reequilibrio y la posterior adaptación a las mismas.
El entrenamiento de la fuerza en estas edades es una de las principales in- quietudes que manifiestan los entrenadores. Para García, Navarro y Ruiz (1996, pág. 241), cuatro deben ser los objetivos que se persigan al diseñar un entrenamiento de fuerza con jóvenes deportistas:
1. Lograr un desarrollo muscular armónico. 2. Conseguir una buena postura corporal.
3. Conseguir una adecuada adaptación muscular que nos permita eliminar riesgos de lesiones.
4. Crear las bases que permitan en el futuro acceder al alto rendimiento de- portivo.
Finalmente, es necesario señalar que el desarrollo de las capacidades con- dicionales permitirá no sólo un aumento del rendimiento en el juego, sino tam- bién un incremento del volumen de entrenamiento y una mejor asimilación del mismo.
Aumento de las cargas de entrenamiento tanto en calidad como
en cantidad
Conseguir cotas de rendimiento elevadas ya no depende exclusivamente del tipo de entrenamiento al que se someta al jugador. El tiempo de entrena- miento va a constituirse como una variable limitante o potenciadora a la hora de alcanzar niveles notables de juego (Antón, 1997b). Por consiguiente, la ca-
ENTRENAMIENTO EN BALONMANO
lidad del trabajo sin un mínimo tiempo de práctica no garantizará la consecu- ción de las adquisiciones programadas.
El tiempo de entrenamiento debe aumentarse cuando el jugador accede a la categoría cadete, estimándose que cuatro entrenamientos semanales de una hora y media de duración más un partido será un volumen apropiado para esta categoría (Antón, 1990). Se está suponiendo aquí que el jugador que se encuentra en estas etapas ha tenido un número de experiencias de entrena- miento y de competición como para poder asimilar las cargas de trabajo a las que se va a ver sometido; si los jugadores anteriormente no han tenido ese tiempo de entrenamiento, las cargas deberán adaptarse y progresivamente llegar al volumen señalado anteriormente.
La problemática dentro de la categoría juvenil es notablemente diferente a la categoría cadete. Poder conseguir un mínimo tiempo de entrenamiento es una cuestión de la que se lamentan la gran mayoría de los entrenadores que desarrollan su trabajo con estos jugadores. En esta edad, los jóvenes empie- zan a tener más compromisos y actividades que en etapas anteriores (estu- dios, otras actividades de ocio, trabajo, etc.), por lo que conseguir ese tiempo mínimo de entrenamiento no es una tarea fácil.
Fotografía 33.El trabajo de las cualidades físicas permitirá mejorar el rendimiento individual defensivo.
Junto con esto, no es infrecuente encontrar jugadores en la categoría ju- venil que compatibilizan el entrenamiento con tres y hasta cuatro grupos di- ferentes (el primer equipo de su club, el equipo juvenil, la selección territorial y la selección nacional), por lo que el volumen de trabajo debe controlarse especialmente en estos jugadores con el fin de evitar descompensaciones o lesiones musculares.
En cualquier caso, en estas etapas se necesitará tanto un entrenamiento de calidad donde se desarrollen los contenidos propios de cada categoría, como una cantidad de trabajo suficiente para que esos aprendizajes puedan conso- lidarse y poder aplicarse en el juego real.