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Construction of the dynamic propensities

An industry perspective

Annex 2. Construction of the dynamic propensities

El general Juan O`Donojú fue nombrado virrey de la Nueva España y al llegar a Veracruz se encontró con que todo el virreinato se encontraba ya en poder de los

insurgentes que habían sido fortalecidos por el Plan de Iguala, proclamado por Iturbide. En esos momentos Santa Ana asediaba a la amurallada Plaza de Veracruz, solicitando permiso para hablar con O´Donojú, quien se lo concedió. Santa Ana logró convencer a O`Donojú que aceptara la entrada del ejército insurgente, pues no contaban con las fuerzas armadas necesarias para combatir a dichas fuerzas. O´Donojú aceptó ser llevado por Santa Ana a Córdoba para entrevistarse con Iturbide. Ahí se firmaron los tratados que reconocieron la autonomía política de México (Pasquel, 1980: 62-63).

Poco tiempo después Iturbide entró a la capital, pero el Gobernador de Veracruz, José Dávila, no aceptó el acuerdo y se refugió en la Fortaleza de San Juan de Ulúa. Santa Ana fue nombrado Comandante Militar de Veracruz y el brigadier Francisco Lemaur sustituyó a Dávila (Ibíd.: 63).

La situación entre Veracruz y Ulúa cambió cuando Lemaur trató de imponer leyes a la ciudad, en menosprecio de la soberanía nacional. Él mismo prohibió izar la bandera mexicana en los baluartes de Veracruz y que no se disparara un tiro de cañón si su autorización (Lavalle, 1985: 18), lo anterior provocaba que los buques de guerra extranjeros que llegaban a la Isla de Sacrificios, vieran a las autoridades del puerto como descorteses

Al parecer la tensión entre Veracruz y la San Juan de Ulúa, aún ocupado por españoles, aumentó después de un incidente en la Isla de Sacrificios donde un pescador mexicano fue víctima de abusos por la tripulación de un bote de Ulúa. Lemaur se negó a resolver este problema, argumentando que estaba fuera de la jurisdicción de la plaza de Veracruz, dando por entendido que el bote que venía de Ulúa actuó dentro de sus dominios, a lo que el gobierno mexicano negó totalmente ya que San Juan de Ulúa estaba ocupado por la fuerza y no podían extender sus dominios más allá del alcance de sus cañones (Ídem).

Las exigencias de Lemaur, como era de esperarse, no fueron atendidas por el gobierno mexicano por deshonrar el honor nacional y la mayor parte del pueblo veracruzano sintiéndose agredido por los actos de Lemaur y los ocupantes de la Fortaleza se reunieron en la plaza de armas el 21 de septiembre de 1823 (Ibíd.: 18-

19) para pedir a las autoridades que cerraran el muelle por donde recibían víveres los de la Fortaleza. Fue entonces cuando vino el bloqueo de la Fortaleza, pues el coronel Villaurrutia, quien quedó al mando de Veracruz, se vio presionado por el pueblo, accediendo a cerrar el muelle y mandó a construir una batería para cuatro morteros apuntando a Ulúa. Al ver esto, los de la Fortaleza también montaron toda una artillería apuntando al puerto.

El 24 de septiembre 1823, los españoles que ocupaban la Fortaleza pidieron que se retirara el armamento del puerto y se le permitiera tomar víveres, de lo contrario romperían fuego sobre la ciudad de Veracruz. El ayuntamiento trató de hablar con Lemaur que ya habitaba en la Fortaleza, pero no hubo arreglo alguno y a la hora fijada Ulúa rompió fuego sobre Veracruz. Esto provocó que muchas personas abandonaran el puerto al día siguiente, esperando que cesara el fuego.

Guadalupe Victoria estaba en Xalapa, al enterarse de la situación se trasladó rápidamente a Veracruz en su defensa, envió lanchas cañoneras lo más cerca posible a la Fortaleza para disparar, pero su ataque no logró hacerle daño a la Fortaleza (Ibíd.: 21).

Para 1824 la situación en Ulúa era grave, había 160 enfermos de escorbuto por falta de alimento fresco. Esto y la fuga a nado del personal de Ulúa, hacían evidente la efectividad del bloqueo (Ibíd.: 23).

El gobierno mexicano destinó todos los recursos de la nación para combatir a Ulúa y ordenó se comunicaran la nuevas órdenes al comandante de la marina y se utilizaran todos los buques en condiciones de servicio para este fin.

En enero de 1825 Lemaur fue relevado del mando de Ulúa por el brigadier José Coppinger y el 27 de julio de del mismo año, el comandante de marina de Veracruz fue sustituido por Pedro Sainz de Baranda, quien llegó al puerto el 16 de agosto decidido a reorganizar la escuadrilla que ya se encontraba instalada en la Isla de Sacrificios bloqueando por mar a la Fortaleza (Ibíd.: 25).

Por los alrededores ya se encontraban buques nacionales preparados para comenzar la acción en contra de la escuadra española. Mientras que Baranda integraba nuevos

buques traídos de Inglaterra que consiguió el ministro Mariano Michelena; quedando una flota compuesta por ocho naves. Pero el 5 de octubre se presentó un convoy en ayuda de la escuadra española, compuesto por cuatro embarcaciones cargadas con víveres y relevos de la guarnición procedentes de La Habana (Ibíd.: 27).

El día 6, tras enterarse la escuadrilla mexicana, zarpan desde la Isla de Sacrificios al mando de Baranda, auxiliado por Carlos Smith, marino inglés al servicio de México, dispuestos al combate, quedado frente a frente con la escuadrilla española, pero al llegar la noche y fuerte temporal, se dispersaron ambas flotas.

Fue hasta el día 10 que Baranda logró reunir de nuevo sus buques en la Isla de Sacrificios, para posteriormente situarse en el canal de entrada a la Fortaleza, quedando de nuevo frente a frente con la flota española. Tras cuatro horas de permanecer en la misma posición, la flota española decide retirarse rumbo a La Habana, pues le parecieron más poderosas las fuerzas mexicanas. (Ibíd.: 27-28). Posteriormente, tras recibir los españoles semejante intimidación y perder la esperanza del regreso de La Habana de las fuerzas españolas, Coppinguer procedió al arreglo de la capitulación, redactada en un documento fechado el 13 de noviembre de 1825.

“En apego a lo estipulado en el artículo 14 de la capitulación, los coroneles Ciriaco Vázquez y Barbosa pasaron al castillo, y los dos oficiales que nombró Coppinger quedaron en la plaza de Veracruz como rehenes para garantizar el cumplimiento a los mutuos acuerdos” (Ibíd. 28).

Posteriormente se trasladaron los enfermos a hospitales de Veracruz y se entregaron todas las embarcaciones, carruajes, artillería y armas a las autoridades mexicanas. El día 21 Coppinger embarcó junto con su Estado Mayor y los rehenes, a bordo del bergantín de la Armada de México y junto con otros dos buques fletados por el gobierno mexicano cargados con soldados, el día 23 de noviembre de 1825, zarparon rumbo a La Habana. Mientras tanto, según lo convenido en el pliego de capitulación, a las once horas, cuando el convoy de los capitulados estaba a tres millas de Veracruz, el general Miguel Barragán izó la bandera de México, que fue saludada con triple salva de artillería de Ulúa y de la plaza de Veracruz (Ibíd.: 29)