An industry perspective
3. Empirical framework
3.3 Explanatory variables
El inesperado suceso antes narrado, con el que se encontró a su llegada a la Nueva España preocupó al nuevo Virrey, quien se encargó de inmediato de reforzar las escasas condiciones de seguridad de la isla, se interesó por dotarla de un buen estado de defensa que hiciera frente a los ataques de los enemigos.
Al momento de la sorpresiva llegada de Hawkins no había muchos cambios desde las obras hechas por Antonio de Mendoza y posteriormente por García de Escalante y Gomodel; esto lo indica la carta que Juan de Ubilla dirigió al rey el 16 de septiembre de 1568, donde habla de la necesidad de terminar “la muralla que está comenzada”, así como la de concluir la torrecilla comenzada en la parte Oeste. Entre otras cosas, el mismo Ubilla propone la construcción de otra torre en la parte del este, una atarazana o almacenes pegados a la muralla, para facilitar la descarga de las naves (Calderón, 1984: 11-12).
No fue sino hasta la llegada del General Cristóbal de Eraso que se comenzaron a ejecutar los proyectos de Escalante y Gomodel, con quienes Ubilla compartía algunos criterios. Una vez en San Juan de Ulúa, Eraso avisó al virrey que esperaba su orden para poner en ejecución el modelo y traza que traía consigo, haciéndole saber
además, que por el motivo de no contar con la cantería necesaria para la obra, fue preciso enviar por ella a Campeche, ocupándose por el momento en terminar el baluarte de la Torre Vieja, en el cual dejaría montada la artillería, así también concluiría con la obra del lienzo de la muralla y que de contar con la cantería suficiente podría dejar comenzado el otro baluarte (Ibíd.: 13).
En respuesta a Cristóbal de Eraso, el 8 de junio de 1570 el virrey Martin Enríquez publicó un pliego que contenía las condiciones para la asignación de la obra de fortificación de Ulúa, cuyos trabajos consistían en la construcción de la muralla y al final de ésta un baluarte, y sobre él, un caballero. Además de las especificaciones de las obras, modos de cobro y restricciones del contrato, el pliego contiene las condiciones a las que se encuentra sujeto el contratista, así como las instrucciones que deberá seguir en cada uno de los procesos de la obra (Ibíd.: 13-15).
El fraile Alonso Ponce desembarcó en el puerto de San Juan de Ulúa en 1584 y de la impresión que obtuvo del puerto, puede deducirse que la mayoría de las condiciones manifestadas en el pliego del virrey Enríquez se habían llevado a cabo, ya que dice
que en Ulúa “hay hecha una plaza cuadrada” y que los lienzos de la plaza “son casas hechas de tabla”. Entre otras cosas menciona que la “Fortaleza tiene dos torres, una a Oriente y otra a Poniente, y entre torre y torre un lienzo o adarbe muy largo, labrado todo de cal y canto con mucha Fortaleza, por lo cual se pasa de una torre a otra; la que está al poniente es pequeña y no de muy buena piedra, que el salitre del agua de la mar va comiendo poco a poco; aunque con todo esto es fuerte: la de oriente es mayor y más capaz, tiene una sala de armas muy grande y un caballero... hay muchas
y muy gruesas piezas de artillería” (Ibíd.: 13).
Pero la Corona lamentaba la cuantiosa inversión de “pesos en oro” que se habían gastado hasta el momento y que de acuerdo a la cantidad invertida, lo existente no satisfacía las expectativas que debía representar semejante gasto; deduciendo así, que la mayor parte del monto destinado a las obras hasta entonces fabricadas, había enriquecido las haciendas de quienes habían estado a cargo de éstas (Ibíd.: 17). En el informe que se tiene de Don Diego de Velasco en 1587, sobre el estado de la Fortaleza de Ulúa, además de expresar la insuficiencia de la plaza para asistencia de
su gente en caso de que sea necesario repeler un ataque, Velasco critica la poca calidad de los materiales empleados en la construcción, resaltando la flaqueza de la muralla, así como el daño que ha provocado el agua sobre la misma (Ídem).
En estos tiempos la importancia de Veracruz como única vía comercial para el tráfico mercantil que mantenía Europa con Filipinas y las Indias Orientales, así como con la zona del Pacifico meridional, constituían a Veracruz como el principal puerto de la Nueva España, hecho que obligaba a la Corona en tomar medidas conjuntas y coordinadas que permitieran el establecimiento de mejores sistemas defensivos (Ídem).
En 1590 llegó a la Nueva España el virrey Don Luis de Velasco, quien haciendo caso a la encomienda de su predecesor y en espera del nuevo ingeniero que estaría a cargo de las obras de defensa, se dispuso en realizar el reconocimiento del fuerte de San Juan de Ulúa, la traza del muelle, así como la del camino que se abría hacia la ciudad de México (Ibíd.: 17-18).
El 19 de enero del mismo año llegaba a Ulúa el ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, a quien de manera concreta por real cédula, se le comisionó el estudio de las costas americanas, así como la facultad para el trazo de las plantas de las Fortalezas que en ella considerara levantar; disponiéndose de inmediato a la ejecución de los planos y plantas de los reparos del proyecto que él pretendía realizar en la Fortaleza (Ídem).
Considerando la poca consistencia que existía en el fuerte de San Juan de Ulúa, Velasco se vio obligado a plantear la necesidad de realizar un reparo provisional que a su vez pudiera dar continuidad a la obra general de la Fortaleza. Con el reparo, Velasco pretendía resolver rápidamente los problemas que presentaba el edificio, procurando además la obtención de grandes ahorros, mediante el empleo de los negros residentes de la isla, dedicados a la descarga de las flotas, mientras que el acopio de la piedra se haría de la existente en la misma isla, al igual que el de la madera, preocupándose solo por el suministro de la cal (Ibíd.: 18).
El 12 de marzo de ese año, Bautista Antonelli presentó a Velasco el proyecto del reparo, cuya cantidad planteada para la obra era de cuatro mil pesos que se invertirían
en la construcción de dos baluartes a una altura de 22 pies con muros en talud, para la protección de los ya existentes. Los baluartes llevarían el nombre de Santiago y San Felipe. A decir de Antonelli, esta obra consistía en un reparo inmediato y sencillo debido a que solo complementaría lo existente (Ibíd.: 18-19).
Aunque no se sabe con certeza si esta obra se llegó a realizar, es posible que por el bajo costo y el corto tiempo que requería su construcción, sea lo único que se hizo de lo proyectado por Antonelli en aquel tiempo. A pesar de los esfuerzos que manifestó en cada uno de sus diseños, para lograr un proyecto más completo que el del reparo que delineó a su llegada a San Juan de Ulúa, sus intenciones de dotar de una mejor plaza a este puerto y un mayor estado de defensa, fueron siempre relegadas debido a los costos y tiempo de fabricación de los mismos, así como por las diversas opiniones y críticas que encontró en sus criterios, tal fue el caso de la controversia que enfrentó con su compañero de viaje, el Capitán Pedro Ochoa de Leguizamón, sobre el proyecto del reparo (Ibíd.: 20-25).