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Content analysis adopted in this study

5.10 Content analysis as a form of textual analysis

5.10.2 Content analysis adopted in this study

Los dos suicidios considerados ejemplares en la obra son los de Arca- landa y Felina. En ambos el carácter pagano está fuertemente marcado.

Como se ha dicho, el pensamiento católico se mostraba comprensivo con el suicidio en aras de mantener la fidelidad conyugal o la virginidad. Asimismo, los repertorios de mujeres ilustres proponían como ejemplares los suicidios de aquellas damas que pretendían defender su propia virgini- dad. Por ello, no ha de extrañar que en un momento en que el suicidio estaba expresamente condenado, nombres como Lucrecia o Camma fue- ran invocados como modelos de comportamiento.

Los casos de Arcalanda y de Felina muestran ciertas semejanzas, pero también se observan diferencias: ambos suceden en Tinacria, las dos don- cellas comparten su deseo de mantener su honra y castidad por encima de todo, se suicidan utilizando una espada y ofrecen su vida a la diosa Diana.

Felina ha sido violada. Aunque uno de los héroes del libro acaba con la vida del violador, la doncella decide suicidarse (II, 3). Felina es conscien- te de su suerte. Sabe que ella no puede ser culpada de su violación («Poca culpa tengo, diosa mía, en no aver guardado mi castidad, pues forçada me fue robada en esta sobria floresta»), pero al mismo tiempo sabe que la muerte de su violador no evita que haya perdido su honra del todo y para siempre: («¡Ó, triste Felina!, ¿qué te aprovecha esta vengança para tu per- dida honra? Si por morir el robador d’ella la uviera de cobrar, gran bien para mí fuera»). Todo ello la lleva a considerar rápidamente, como en un

rapto de locura, su propia muerte: («No será parte nadie para que yo por mi mano no me dé el castigo que merezco»). Tras lo cual se suicida «en sacrificio dándose a Diana». Su actitud resulta paradójica: Felina no puede ser culpada de su violación, pero al mismo tiempo ella se considera culpa- ble. Y ello porque su belleza provocó la situación en que se halla y su cuer- po sigue siendo prueba de la pérdida de su honra. Felina desea, por una parte, borrar toda huella de su desgracia y, por otra, castigar a todo culpa- ble: puesto que su hermoso cuerpo es uno de los causantes de dicha des- gracia, su ira también va dirigida contra sí misma.276

Arcalanda representa una visión igualmente trágica, pero la imagen que ofrece es más suntuosa y digna, como corresponde a la diferencia de estados de las dos doncellas: Felina es hija de un noble, mientras que Arca- landa es nada menos que la reina de Tinacria. Los vasallos de Arcalanda pre- tenden que acepte la propuesta de matrimonio de un temible gigante. La soberana preferirá morir antes que perder su virginidad, que ha consagrado a la diosa Diana. Por otra parte, Arcalanda no se enfrenta a una violación, ya que el terrible gigante —llamado Bramidoro— está verdaderamente enamorado de ella; el gigante no pretende satisfacer unos meros instintos sexuales; al contrario, muestra un amor verdadero y apasionado, incluso tras la muerte de la doncella, hasta el punto de que pierde la razón y cae en una especie de locura transitoria que lo convierte en cruel asesino.

En definitiva, los casos de Arcalanda y Felina se muestran como dos ejemplos de suicidio positivo a causa de su motivación: la pérdida de su vir- ginidad o el deseo de mantenerla. Ambos se sitúan en un reino pagano para que sus comportamientos no sean condenados, sino admirados; de esa forma, tal como afirmaba Pedro Mexía, «en mucho se deven tener y ser notados».

3.3.

El suicidio por un amor imposible: Garrofilea

El suicidio por amor es una de las constantes en la literatura univer- sal. La imposibilidad de consumar el amor, ya sea por motivos externos y ajenos a los amantes, ya sea por rechazo de uno de ellos, es una de las cau-

276 No deja de ser representativo que Felina se suicide con la espada de su violador. Hay que recordar la espada de Eneas, con la que Dido se suicidó, motivo que ha estudia- do Lida de Malkiel en su obra sobre la huella del mito de la reina de Cartago en nuestras letras. Vid. M.ª R. Lida de Malkiel, Dido en la literatura española. Su retrato y defensa, Lon- dres, Tamesis Books, 1974, pp. 36-43.

sas más frecuentes de suicidio tanto dentro como fuera de la ficción. En el caso de ser rechazado, el amante coacciona con una amenaza de suicidio que a veces no lleva a cabo.277

Ése es el caso de Garrofilea, que parece utilizar el suicidio como chan- taje para conseguir el amor de Trebacio, que la rechazaba. No importa si hubiera sido capaz de llevarlo a cabo o no: con ello consiguió su propósi- to de conmover al caballero.

Posteriormente, Garrofilea enviará una misiva a su amado Trebacio en la que le reprocha su abandono y le conmina a que vuelva, de lo contrario amenaza con darse muerte y procurar la de él. Esta amenaza epistolar no puede tomarse tan en serio como su primer intento, en la cámara del caba- llero, cuando tenía el arma en la mano. Aunque Garrofilea no se suicida, sí lo hace, ante todos, la doncella mensajera. La doncella, antes de suici- darse, acusa a Trebacio de injusto y desleal y ofrece su castidad a los dio- ses para que ellos venguen a su reina:

¡Ó, mis gratos dioses, recebid el sacrificio de mi castidad en pago de la vengança que de vuestros altos cielos tengo de ver hecha en este falsario sin fe! Hazed que mi sangre vertida por estas aras muestren la limpieza de amor de Garrofilea, hasta que con semejante solennidad sea rompido el coraçón del causador de su deshonra.278

No deja de resultar paradójico que una doncella ofrezca su vida y cas- tidad a causa del amor (y la consecuente falta de honestidad) de su señora Garrofilea. La forma de cometer suicidio es la más frecuente en la obra, utilizando una espada cuyo pomo se asienta en el suelo para arrojarse de pechos sobre la punta. La doncella, con el ofrecimiento de su vida y de su virginidad, conmociona a toda la corte, en especial al emperador, que se retrae a sus aposentos sin querer hablar con nadie.

El episodio del acoso de Garrofilea a Trebacio, así como la amenaza de suicidio, guarda bastantes paralelismos con sendos episodios del Ama-

277 Vid. A. Campos García Rojas, «Formas y estrategias de la persuasión en la narra- tiva medieval hispánica: consejos y suicidios en los libros de caballerías», comunicación presentada en el XI Congreso Internacional de la Asociación Española de Semiótica, Valencia, 30 de noviembre al 2 de diciembre, en prensa. Agradecemos al autor la amabilidad de habernos facilitado el texto de su comunicación.

dís y de la Demanda del Sancto Grial.279En concreto, con la escena en que

la hija del Conde de Selandia acosa a Perión de Gaula, en la obra de Garci Rodríguez de Montalvo, y el momento en que la hija del rey Brucos inten- ta conseguir el amor de Galaz, en la Demanda. En este último caso, el sui- cidio se lleva a cabo a pesar de que Galaz, ante la inminente muerte de la doncella, parece acceder a satisfacerla. Sin embargo, la incontinencia de la dama se evidencia en su respuesta:

«Sabed, cauallero señor, que tarde me lo dexistes». Entonce alço el espa- da, e firiose tan gran ferida por medio de los pechos, assi que la espada passo de la otra parte, e cayo muerta en tierra.280

En otras obras de carácter artúrico también se encuentran ejemplos de doncellas que, tras haber sido rechazadas por el héroe, terminan suici- dándose. Tal es el caso de Belisenda, quien, al ser rechazada por Tristán,

tomó luego la espada y púsola derecha contra el coraçón, y la mançana en la tierra, y cargó fuertemente sobre ella, assí que le passó de la otra parte.281

El suicidio de la dama desdeñada también lo encontramos en otros libros de caballerías españoles, como el Clarián de Landanís: Liselda con- funde el verdadero sentido de las palabras corteses de Clarián, de forma que, cuando éste se marcha, se siente abandonada y desdeñada, por lo que se arranca los ojos (que la hicieron enamorarse del caballero) y, tras solici- tar que junto con su corazón le sean entregados a Clarián, se suicida. De nuevo, el amor de una dama hacia un caballero es tan fuerte que hace que le culpe injustamente. En el caso de Liselda, el suicidio sí se lleva a cabo, lo que no sucede en el caso de Garrofilea, quien, tras ser perdonada por sus súbditos, acepta sus obligaciones como reina y su comportamiento como tal resulta intachable (salvo su actitud hacia Trebacio, actitud que sus vasallos no comparten, aunque aceptan la voluntad de su señora).

Dentro de las muertes por amor, Lidia merece una mención especial. Esta doncella muere —al ser rechazada por el ingrato Breño de Lusita-

279 Vid. el apartado dedicado a fuentes de la obra.

280 Cito la edición de A. Bonilla y San Martín, La demanda del Sancto Grial, en Libros

de caballerías I, Madrid, Bailly-Baillière, 1907 (Nueva Biblioteca de Autores Españoles, 6).

281 Tristán de Leonís y el rey don Tristán el Joven, su hijo (Sevilla, 1534), ed. de M.ª L. Cuesta Torre, México, Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacio- nal Autónoma de México, 1997, pp. 115-116.

nia— sin llevar a cabo ningún ataque contra sí misma. Cuando ella y su amante fueron capturados por malvados gigantes, la dama se enfrentó a ellos y consiguió que la liberaran para que buscara quien pudiera comba- tir contra ellos. Ella entonces buscó a Trebacio, que mató a los gigantes y rescató a Breño, pero el lusitano, sin razón aparente, comienza a dar muestras de desagrado por la doncella, hasta el punto de dejarla abando- nada, como un nuevo Teseo, en una isla desierta. Tanta ingratitud fue demasiado para el corazón de la delicada doncella, que poco después muere sin otra causa que el rechazo de su amor. No se trata, por tanto, de suicidio. La causa es idéntica, el rechazo de su amante, pero las conse- cuencias no: el suicidio, siempre reprobable, se sustituye por una muerte en la que Lidia no puede ser culpada. Su comportamiento resulta inta- chable hasta el final. El retrato de esta doncella supone el espejo de toda doncella enamorada.

3.4.

El suicidio por la muerte del amado: Tarsina, Breño,