4.2. Defining Euphemism in English
4.3.3 al-Tltf as a Euphemistic Tool
4.3.3.5 Understatement and overstatement
Es bien sabido que los elementos mágicos y maravillosos tienen una especial relevancia en los libros de caballerías. Estos elementos, por su carácter espectacular, son utilizados con profusión para captar la atención del lector, así como causar su asombro y su admiración. En la Segunda
parte de Espejo de príncipes y caballeros, en ocasiones el eje que vertebra
todo un episodio es un acontecimiento mágico o sobrenatural. En una de las aventuras, Rosicler, uno de los héroes, ha de liberar a sus amigos de horribles torturas provocadas por un encantamiento. Por otra parte, tres episodios desarrollan el tema del castillo encantado, aunque resuelto de maneras distintas. En estos tres episodios se puede vislumbrar un esquema similar:
1. Llegada a un castillo,
2. en cuyas puertas hay un escrito que anuncia que 3. para entrar es necesario tocar un cuerno o «bocina», y 4. que en el interior se encontrará una serie de pruebas;
5. una vez dentro, el héroe se encuentra con elementos de carácter extraordinario, que en ocasiones llegan a poner en serio peligro su vida;
6. un sabio interviene en el episodio.
139 Vid. H. L. Sharrer, «La fusión de las novelas artúrica y sentimental a fines de la Edad Media», El Crotalón, I(1984), pp. 147-157, y V. Blay Manzanera, «La convergencia de lo caballeresco y lo sentimental en los siglos XVy XVI», en Rafael Beltrán (ed.), Literatura de
Encontramos esta estructura en a) el episodio del castillo de los seño- res de las Islas Belleas, en b) el del castillo del Rey de Arabia —protagoni- zados por Claridiano— y en c) el episodio del castillo en que permanece encantado Alpatrafio, la primera de las aventuras que la reina Arquisilora de Lira encuentra en su errancia caballeresca.140
En estos episodios, Pedro de la Sierra recoge tradiciones diversas, como el viaje al Más Allá paradisíaco, el descenso a los infiernos o la gale- ría de personajes ilustres mostrada por un ser sobrenatural. Además, todos estos tópicos se vinculan con el motivo de la cueva como puerta del otro mundo, aunque los castillos de nuestro texto no sean ámbitos subterrá- neos. Las cuevas pueden representar el infierno o un edén, y esta misma ambivalencia se verá en los castillos de los episodios que estudiamos: mien- tras que la aventura protagonizada por Arquisilora presenta un claro carác- ter edénico, los episodios de Claridiano se vinculan con la idea de descen- so a los infiernos.141
El carácter mágico de estos episodios va desde el mero engaño por arte mágica hasta una insinuación del Otro Mundo. Siguiendo la distin- ción entre mirabilis, magicus y miraculosus, establecida por J. Le Goff,142
los episodios de castillos encantados protagonizados por Claridiano se
140 Coincidimos con Cacho Blecua, quien opina que «se crea una relación persistente entre aventura y espacio, de modo que ambos constituyen unidades indisolubles», lo que no quiere decir que se niegue toda posibilidad de variación, tal como se constata en su ar- tículo. Vid. J. M. Cacho Blecua, «La cueva en los libros de caballerías: la experiencia de los límites», en P. M. Piñero Ramírez (ed.), «Descensus ad inferos»: La aventura de ultratumba
de los héroes (de Homero a Goethe), Sevilla, Universidad de Sevilla, 1995, pp. 99-127.
141 «En ese espacio subterráneo alternarán los ámbitos paradisíacos y los infernales, la claridad y la oscuridad más profunda […]» (Cacho Blecua, «La cueva en los libros de caba- llerías», p. 103). En este trabajo encontramos referencias a numerosos episodios claramen- te vinculados con los aquí estudiados. Con respecto a la relación entre castillo/palacio encantado y cueva, Wentzlaff-Eggebert considera que «las cuevas de los magos, al pasar por el Orlando Furioso, se transforman en palacios renacentistas». Vid. «Habitáculos, grutas y cuevas en los poemas épicos renacentistas», en P. M. Piñero Ramírez (ed.), Descensus ad
inferos. La aventura de ultratumba de los héroes (de Homero a Goethe), Sevilla, Universidad
de Sevilla, 1995, pp. 129-154. También hay que considerar «la arquitectura maravillosa y deslumbrante de los palacios que en su interior se hallan edificados […]», M.ª C. Marín Pina, Edición y estudio del ciclo español de los Palmerines, p. 273 (con respecto a las cuevas como tema literario, pp. 272-274).
142 «Il meraviglioso nell’Occidente medievale», en Il Meraviglioso e il quotidiano
sitúan en el terreno de lo magicus, pues se deben a la actividad de un mago (la sabia giganta y Demofronte). La intervención de los encantadores pare- ce ser una manera de explicar los hechos.143
Covarrubias define a los magos como «los que por arte mágica, ayu- dados del demonio, permitiéndolo Dios, hazen algunas cosas que parece exceder a la ordinario de la Naturaleza». Por tanto, es necesario el permi- so divino y, por otra parte, el carácter extraordinario de sus hechos es meramente aparente. Normalmente se limitan a crear apariencias de ver- dad o fabrican elementos que desaparecen con su muerte o con la desapa- rición del encantamiento.144
Más misterioso resulta el hecho sobrenatural cuando no hay mención expresa de un encantador a quien se le atribuya, como es el caso del casti- llo mágico en que permanece encantado Alpatrafio, castillo al que llega Arquisilora. Siguiendo la distinción de Le Goff, podemos considerar que el episodio protagonizado por la reina de Lira pertenece al ámbito de lo
mirabilis, de lo carente de explicación.145
4.1.
El castillo de los señores de las Islas Belleas
Este episodio (II, 13) se adapta al ya mencionado esquema de los epi- sodios de castillos encantados. Claridiano se encuentra en su camino con un «hermoso castillo», pero no puede entrar, ya que nadie responde a los «grandes golpes que a las aldavas de la puerta dieron». Un escrito informa de que, para acceder al castillo, es necesario tocar una «vozina», pero otro escrito amenazaba con la muerte a los que lo intentaran. Claridiano, con
143 Cacho Blecua opina al respecto que, con la transformación de las hadas primitivas en magas, «los autores pueden justificar mejor la existencia de algunos de estos espacios paradisíacos e infernales. Siguen utilizando múltiples motivos procedentes de la literatura del “más allá”, pero ya no remiten a unas creencias inexplicables propias de lo sobrenatu- ral precristiano. Los prodigios de este tipo de cavernas son obra de estos seres mágicos, escindidos maniqueamente en protectores o enemigos de los héroes […]» («La cueva en los libros de caballerías», pp. 110-111).
144 Vid. S. de Covarrubias Orozco, Tesoro de la Lengua Castellana o Española, Madrid, Turner, 1977, voz «mago», p. 780. Asimismo, define «encantamientos» como «las aparien- cias que nos presentan los encantadores, o el arte de encantar» (p. 512).
145 En este episodio, el tema del castillo encantado se vincula con el de la isla mágica, el lugar de emplazamiento desconocido al que se llega misteriosamente y normalmente de forma involuntaria.
la determinación de entrar en el misterioso castillo, toca esa «vozina» con toda la fuerza de sus pulmones; ve entonces como descuelgan un cesto en el que se ha de meter si quiere que lo suban al castillo.146
El episodio recoge la tradición de los castillos encantados de difícil entrada, pero también el motivo del descensus ad inferos, pues, una vez den- tro, el héroe tiene que bajar por una «angosta y rebuelta escalera, que muy larga era, tanto que parecía que decendía al abismo». Allí contempla falsas apariencias que lo desconciertan: damas cuya belleza logra extasiar al héroe, que se enamora de estas visiones.147
Este interludio se interrumpe con el ataque de un caballero misterio- so que, tras haberlo herido, se da a la fuga. Persiguiendo a este fantasma- górico caballero, Claridiano cae en una oscura cueva por una trampilla. Esto es, se produce un segundo descensus ad inferos, pero esta vez involun- tario. El abismo al que llega es precisamente la tenebrosa guarida de una sierpe, donde reina la oscuridad y el suelo está cubierto por huesos huma- nos que crujen bajo los pies del caballero. Allí se aparece una horrible vieja, que no es otra que la madre de los señores de las Islas Belleas, que quería vengar la muerte de dos de sus hijos a manos de Claridiano. El héroe ten- drá que luchar contra esa espantosa sierpe, a la que derrota y mata. Cuan- do posteriormente también acabe con la vida del último hijo de la malva- da vieja, ésta se suicida, terminando así todos los encantamientos de su castillo.
Aunque el epígrafe del capítulo anuncia que se trata de una «traición que […] por arte mágica le estava ordenada», nada se nos había dicho de las razones de dicha traición hasta el momento en que aparece la vieja sabia. Sin embargo, todo en el castillo hacía intuir un arte mágica utiliza- da de forma maléfica: las apariencias falsas, el caballero que no da la cara, la trampilla e incluso el cesto en que se vio obligado a subir (sin duda para
146 Resulta inevitable pensar en la leyenda de Virgilio, recogida por el Libro de Buen
Amor: «Al sabidor Virgilio, como dize el testo, / engañólo la dueña quando l’ colgó en el
çesto, / coidando que l’ sobía a su torre por esto» (Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, Libro de
Buen Amor, ed. de J. Joset, Madrid, Taurus, 1990, p. 171). El tema reaparece en el Corba- cho, La Celestina y el Cancionero de Baena.
147 Se trata de una visión profética que anuncia el futuro amor de Claridiano por Cai- cerlinga, y su segundo amor por la doncella guerrera, sin duda Arquisilora, como se sabrá ya en la tercera parte del ciclo.
forzarle a acceder solo y sin caballo, mermando así sus posibilidades gue- rreras). Incluso el castillo en sí era producto de la magia, pues, tras el sui- cidio de la vieja sabia, «començó a temblar el castillo y con grandíssimo estampido de un trueno que dio se deshizo».148
En este episodio nos encontramos los tópicos que Cacho Blecua reco- ge en su estudio sobre las cuevas en los libros de caballerías: a) «el héroe bajará al interior de las profundidades», b) «deberá combatir contra anima- les monstruosos como […] espantosas serpientes», c) «en segundo lugar, el protagonista también deberá pelear contra humanos de fuerzas extraordi- narias como gigantes», d) «se verá en la obligación de luchar con persona- jes y animales encantados, ya sean productos de los poderes de los magos, de los infernales o de ambos a la vez», y e) «los peligros no proceden de los combates contra estos temibles adversarios, sino también de su visión».149
Frente a los hombres sabios de la obra, la vieja giganta representa el poder maléfico de la magia; pertenece a los que Covarrubias definía como «gente perdida y endiablada»,150como el personaje de Arcaláus el encan-
tador en el Amadís de Gaula. En una obra caballeresca temprana, el Arde-
rique, los personajes de Blanca Flor y de la doncella malvada se vinculan
con castillos mágicos que terminan desapareciendo. Blanca Flor, «a fuerça de conjuros, hizo venir grandíssimo número de spíritus diabólicos, y en un punto los aires claros fueron tan escuros que parecía fuesse noche escura, tanto que los del campo los unos a los otros no se podían ver. […] Y ansí la tempestad cesó, a cabo de dos grandes horas que avía durado, con tan gran ruido que el castillo hizo, que parecía que todo el mundo viniese abaxo»,151tras lo cual nada más se vio. Por otra parte, la doncella malvada
«o spíritu diabólico» no consigue nada con sus tentaciones, pues Arderi- que la rechaza avisado por una voz celestial:
148 La explicación —«porque sabed que por arte de encantamento estava hecho por la giganta vieja» (p. 206)— deja claro que los encantamientos no crean más que apariencias vinculadas con la existencia del sabio que las creó.
149 Vid. Cacho Blecua, «La cueva en los libros de caballerías», pp. 123-124. 150 Covarrubias, en la entrada «Encantadores», p. 512, comenta la relación de este tér- mino con otros como maléficos, hechizeros, magos o nigrománticos. Afirma que, aunque exis- ten diferencias (remite a la obra del padre Martín del Río), normalmente se confunden todos estos términos.
151 Arderique, ed. de D. Molloy Carpenter, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2000, p. 195.
Entonces él oyó tan gran roido y tan espantable, con muchos truenos y rayos, que no avía cavallero en el mundo, por esforçado que fuesse, que no oviese grandíssimo miedo, ca parecía que todos los cuatro vientos quisiesen arrancar todo el mundo y destruir aquél. Y cuando esto ovo durado por espa- cio de media hora, el castillo con todos los que en él eran desapareció. Y Arde- rique se hallo solo y desnudo en medio del monte […].152
En el Tablante de Ricamonte, encontramos «la casa del malato», un edificio hecho por arte de encantamento que termina destruyéndose con la intervención de Jofre, que sufre en sus carnes el derrumbamiento al caer sobre él todas las piedras. Al igual que los castillos citados, desaparece con gran ruido y gran oscuridad («mientra la casa se desfazía, […], se levantó una grande escuridad y anduvo por toda la casa, y con ella se desapareció el malato y la cama que no ovo más de lo que allí veis»), y tras la desapa- rición no queda ningún rastro («y no avía allí más de un prado verde»).153
El motivo de la sabia (de linaje giganteo o no) que realiza encanta- mientos para vengarse de uno de los héroes es frecuente. En la Segunda
parte de Espejo de príncipes y caballeros, otra sabia giganta, la hermana de
Fangomadán, realizará los tormentos de Meridián y Orístedes. El motivo también aparece en la obra de Núñez de Reinoso, fuertemente influido por la narrativa caballeresca en su Clareo y Florisea, sobre todo en la histo- ria de Felesindos, a quien la doncella Estefanía le cuenta como los encan- tamientos del Valle de la Pena se deben a una tía suya «muy sabia en las artes mágicas y cosas de encantamiento, la qual tuvo gran enemistad con el emperador de Trapisonda. Y la causa era porque, siendo él caballero andante, le mató un su hijo a quien ella en estremo quería y amaba, y tomando desto muy gran enojo, y no pudiéndose vengar, por ser mujer, acordó de hazello por sus artes».154
Sierra ha combinado motivos caballerescos (el castillo de difícil entra- da, la malvada sabia que utiliza su magia para vengarse del héroe, la cons- trucción fundada en encantamientos que desaparece con la muerte del mago) con la tradición folclórica de la cueva como entrada al Otro
152 Ibídem, p. 97. Aunque en este segundo caso se trata directamente de espíritus malignos y no de sabias ni encantadores.
153 Vid. La corónica de Tablante de Ricamonte y de Jofre, en Historias caballerescas del
siglo XVI, ed. de N. Baranda, Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 1995, vol. 2,
p. 253.
Mundo, o el descensus ad inferos. Pero Sierra, al ir desvelando paulatina- mente el misterio, ha conseguido mantener expectante al lector, que, al igual que Claridiano, se asombra y sobrecoge ante lo que ve.
4.2.
El castillo del Rey de Arabia
Otro episodio centrado en torno a un castillo encantado es el del Rey de Arabia, pieza fundamental en el entramado narrativo de la obra, pues supone uno de los momentos clave en la trayectoria vital de Claridiano y, sin duda, uno de los pasajes mas oscuros de toda la obra.
También aquí nos encontramos con la estructura citada: la llegada a un castillo, el escrito a sus puertas, la difícil entrada que requiere tocar un cuerno y el misterioso interior donde se hallan seres de carácter sobrena- tural.
El castillo presenta ciertas características que lo vinculan con las representaciones del Otro Mundo, según Patch, que habla de la barrera fluvial («queriendo passar adelante, no pudo, por razón de una honda y ancha cava que de la otra parte estava hecha; començando desde el río, dando buelta a modo de arco y rodeando la fortaleza, bolvía a fenecer en el mismo río, tomando en medio la fortaleza») y de «robustas murallas y ceñudas torres» («una fortaleza hecha a modo de valuarte, porque al prin- cipio iva gruessa, teniendo un torreón en medio, redondo y con un her- moso chapitel»).155
Tras llegar al castillo, el héroe «con el aldava dio tres grandes golpes». Frente a lo que sucedía en el episodio analizado anteriormente, aquí es atendido por una dueña que, dando muestras de gran tristeza, le avisa del peligro que corre si penetra en el castillo, con una expresión similar a la del escrito del anterior castillo156.
155 Vid. H. R. Patch, El Otro Mundo en la literatura medieval, México, FCE, 1983, pp. 329-331. Las citas de Patch pertenecen a las pp. 330 y 329, respectivamente; las de nuestro texto se encuentran en la p. 234.
156 «Y si todavía vuestro valor no consiente que bolváis atrás, tocá essa vozina que a mano diestra sobre un padrón hallaréis; y aviéndoos oído, será segura la entrada e impos- sible la salida» (p. 234). En el escrito del castillo del señor de las Islas Belleas se podía leer: «Quien tuviere tanta osadía que confiado de su poder y valentía quisiere subir en lo alto del castillo, toque la bozina, y dársele ha entrada segura y la salida dudosa» (p. 202).
Claridiano no se atemoriza y decide entrar, pero antes tendrá que leer, en un pergamino colgado del cuerno, la historia del Rey de Arabia, expli- cación de los misterios que encontrará en el interior: el Rey de Araba había asesinado a su propia hija por haber huido con su amante, Velegrato. En castigo por ese crimen, el mago Demofronte realizó un encantamiento por el que el rey sufría tormentos espantosos, mientras que el resto de las damas y caballeros del castillo también se encontraban encantados en su interior.
Una vez dentro del castillo, lo acosan enemigos incorpóreos: Claridia- no es golpeado por manos invisibles y escucha «grandíssimos aullidos como lobo en soto de noche suele hazer».157Después tendrá que enfren-
tarse a la primera prueba: el encuentro con la Bestia de Merlín.
Esta bestia es el único monstruo de la obra que posee el don de la palabra, pues se trata de una recreación del mito de la Esfinge. Incluso pro- pone a Claridiano el conocido enigma: «¿Cuál es el animal que en nacien- do anda en cuatro pies y después en dos y a la fin en tres?».158
Sin embargo, frente a Edipo, nuestro héroe es incapaz de resolverlo y tendrá que enfrentarse con el monstruo. Su actitud ante el enigma recuer- da a la de Alejandro Magno ante el nudo gordiano: ambos héroes se decantan por el uso de la fuerza, la solución más rápida y directa. Recor- demos que el ciclo narra las hazañas del linaje griego, por lo que no ha de sorprender la aparición de mitos grecolatinos reinterpretados como prue- bas caballerescas. La fusión de lo artúrico y lo grecolatino queda perfecta- mente representada en este monstruo, pues «según Galtenor afirma, dize que el encantado Merlín era el que en aquél animal estava encerrado».159
Tras haber vencido a esa especie de esfinge, el héroe tendrá que entrar en un aposento en el que la recreación del infierno resulta evidente: allí «davan grandes y temerosos aullidos», y «en las paredes avía pintadas muchas figuras de demonios». La sensación aumenta cuando se descubre un infernal tormento:
157 E. P. II, p. 238.
158 E. P. II, p. 239. Con respecto al mito de la esfinge y su valoración moral en el siglo