3.7 Functional theories of translation
3.7.4 Functional model of Text Analysis
Frente a los momentos citados, también encontramos en la obra epi- sodios pastoriles que se funden con su trama general. Nos referimos a la historia sentimental de Claridiano y la pastora Caicerlinga. Si bien los momentos previos protagonizados por pastores habían servido como pre- sentación de esta historia, no será hasta que el caballero vea por primera vez a la doncella cuando el episodio realmente dé comienzo y el lector no lo perciba como un «intermedio pastoril», sino como parte constitutiva del tejido de la narración.
Este episodio, que se encuentra íntimamente ligado a la trama, no tendrá su punto álgido hasta el capítulo vigésimo segundo, verdadero centro de la historia pastoril, donde se recoge la conversión del héroe caballeresco en pastor y se mantienen los tópicos del lamento de amor,
74 Encontramos otra contienda sobre el amor entre dos pastores en Febo el troyano, de Esteban Corbera, contienda que reescribe parte de la Selva de Aventuras de Jerónimo de Contreras. Esteban Corbera, Febo el troyano, ed. de José Julio Martín Romero, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2005, cap. XXXIX, pp. 183-191.
la falsa soledad, la discusión sobre el amor o los pastores olvidados de cuidar de su ganado a causa de su obsesión amorosa por una bella pastora.
Sin embargo, Caicerlinga ya había sido citada en varias ocasiones con anterioridad: ella es la causa del descuido que permitió que raptaran a Belia;75de ella parece ser la imagen que Claridiano observa en el castillo
encantado de los señores de las islas Belleas;76por último, a ella hace refe-
rencia la Bestia de Merlín cuando le anuncia al héroe que nunca gozará de la pastora.77Por otra parte, la presentación del conflicto se había produci-
do en el capítulo XV, momento en que el caballero se enamora a primera
vista de la hermosa doncella. Posteriormente, el capítulo XXVIIsupone la
conclusión del episodio pastoril, pues Claridiano se ve forzado a recuperar su identidad caballeresca para rescatar a Caicerlinga,78aunque no sea hasta
el capítulo XXIX, al desvelarse el verdadero linaje de la pastora, cuando el
episodio sentimental se dé por concluido, pues el lazo de sangre que une al caballero con su amada (son hermanos) hace imposible la relación amo- rosa entre ellos. Por tanto, el episodio pastoril de Claridiano y Caicerlinga no es un relato independiente ni un «interludio bucólico», sino que se halla fundido en el entramado narrativo del texto, a diferencia del episo- dio pastoril de Eleno y los pastores de Tinacria.
El motivo del caballero que se convierte en pastor por amor a una doncella ya se encontraba en las obras de Feliciano de Silva: en el Amadís
de Grecia, Florisel de Niquea lleva vida pastoril por amor a la pastora Sil-
via, de quien finalmente descubre que es su tía; en la Cuarta parte de Flo-
risel de Niquea, Rogel de Grecia lo hace por Arquisilora. Además de las
75 E. P. II, p. 194. 76 E. P. II, p. 202. 77 E. P. II, p. 240.
78 El paso del mundo pastoril al mundo caballeresco se hace a través de la aparición de la violencia, que rompe la serenidad reinante en la escena bucólica. El Príncipe de Polis- mago intenta raptar a la pastora y Claridiano ha de enfrentarse con el caballero con armas de caballero, si bien ya antes había combatido con él en traje pastoril. La violencia como forma de pasar del universo pastoril al caballeresco resulta frecuente. Como afirma Cra- vens, «Los actos violentos efectúan así la transición entre el mundo estático pastoril y el dinámico de la caballería […]. Los episodios violentos, igual que los disfraces y las cartas, son lazos entre los mundos contrastantes, el caballeresco y el pastoril, en que actúan los mismos protagonistas». Vid. Cravens, Feliciano de Silva y los antecedentes de la novela pas-
obras de Silva, hemos de recordar que también Olivante de Laura se dis- fraza de pastor para estar cerca de su amada Lucenda, ya que así nadie sos- pechará nada en contra de la honestidad de la doncella.79 También lo
encontrábamos en el Primaleón, donde don Duardos se hace pasar por hortelano (ya que no por pastor), por su amor a Flérida. Éste fue el momento elegido por Gil Vicente para su obra teatral basada en este libro de caballerías, la Tragicomedia de Don Duardos, lo que hace pensar que el motivo era del agrado del público y esto permitió que proliferara con determinadas variantes.80
Las actitudes de Florisel de Niquea y de Claridiano frente a sus amadas son bastante similares: los dos aceptan un descenso de su clase social por amor a una pastora; en ambos casos, dicha pastora resulta no ser de bajo linaje, sino una doncella de alto estado que ha sido criada así por algún motivo; en ambos libros se descubre que entre los caballeros- pastores y sus amadas existen lazos de sangre que impiden la relación sentimental (Silvia es tía de Florisel;81 Caicerlinga es hermana de Cla-
ridiano).
Sin embargo, también encontramos diferencias entre ambos episo- dios. Claridiano, frente a Florisel, se hace pasar por pastor con la intención de no descubrir su verdadera identidad, que oculta bajo el nombre de Fili- pensio. Florisel, por su parte, hace notar a Silvia que la vida pastoril que lleva no es la propia de su estado, ya que quiere dejar claro que se trata de un sacrificio que hace por amor. Además, el amor de Florisel no es tan idealizado como el del héroe de Pedro de la Sierra, pues no deja de espe- rar algún tipo de recompensa sexual, mientras que Claridiano se trans- forma en pastor para «gozar de su delicada vista»82y sin deseos eróticos
manifiestos.
79 En el ámbito de lo histórico, no está de más recordar como el príncipe Felipe —el futuro Felipe II— se disfrazó de pastor para poder ver sin ser visto la comitiva en que via- jaba su esposa María de Portugal. Vid. L. Fernández y Fernández de Retana, España en
tiempo de Felipe II, tomo XIXde Historia de España, Madrid, Espasa-Calpe, 1958, pp. 177- 200.
80 Además, hay que recordar como el propio Apolo «no dexó de penar por Dapne y tornarse pastor en los campos thesalianos». Vid. Núñez de Reinoso, Clareo y Florisea, p. 218.
81 Además, Silvia no ama a Florisel, sino a Anastárax. 82 E. P. II, p. 243.
De igual forma, el personaje que se educa como pastor, pero que en realidad procede de alto linaje, también es un tema frecuente; tal es el caso de Silvia, en la obra de Feliciano de Silva.83
Silvia, como Caicerlinga, desconoce su propio origen y cree ser verda- deramente pastora, si bien se comporta como si conociera su linaje, pues es, además de hermosa, honesta. Asombra a todos por su majestad, de forma que los pastores la consideran de estado superior al de ellos. Su honestidad es tal que no acepta el servicio amoroso de los numerosos pas- tores que la requieren. Como hemos dicho, finalmente se descubre que tanto Caicerlinga como Silvia son parientes cercanas de sus pretendientes. Por su parte, Coridón, pastor enamorado de Caicerlinga, recuerda al Darinel de Feliciano de Silva. Ambos se conforman con poder poner su pensamiento en tan alta doncella y no esperan ninguna recompensa ni dan muestras de impulsos sexuales hacia la pastora; se conforman con la cerca- nía y con el mero hecho de sentir amor por ella. Ni Coridón ni Darinel muestran lascivia, sino un sentimiento idealizado con tintes de neoplato- nismo. Posteriormente, tanto Darinel como Coridón acompañan y sirven al caballero que, por amor a la dama, había vivido como pastor: éste, a Claridiano y aquél, a Florisel.
En la Cuarta parte de Florisel de Niquea, Rogel de Grecia se hace pasar por el pastor Arquileo para poder acercarse a Arquisidea, doncella de alto linaje por cuya belleza numerosos pastores y caballeros disfrazados de pas- tores se encuentran en el valle de Lumberque. Esta situación es similar a la que encontramos en la Segunda parte de Espejo de príncipes y caballeros, pues la hermosura de Caicerlinga ha hecho que numerosos reyes y prínci- pes dejen sus estados y vivan como pastores por amor a la doncella. El caso de Caicerlinga es todavía más sorprendente que el de Arquisidea, pues
83 También habría que recordar a Timbria, del coloquio pastoril de Lope de Rueda, aunque en este caso no se trata de un descenso social, sino del mero hecho de no haber sido criada por sus padres biológicos. Sin embargo, la narración del momento en que el pastor encuentra a la pastora recuerda a la obra de Pedro de la Sierra. Por otra parte, el embrollo de falsas identidades desveladas al final de la obra recuerda también el texto del aragonés. Vid. la edición del coloquio en A. Hermenegildo (ed.), Teatro español del siglo XVI. Del
palacio al corral, Madrid, Biblioteca Nueva, 1998, pp. 227-263 (y pp. 47-70 de su «Intro-
ducción»). Por otra parte, no siempre se trata de damas, también hay caballeros que, por algún motivo, son criados como pastores y sólo posteriormente descubren su linaje, como le sucede a Silvano en el Olivante de Laura de Antonio de Torquemada.
aquélla es considerada como pastora y, aun a pesar de la diferencia de esta- dos, los reyes no pueden evitar caer rendidos ante su hermosura, tal como afirma el enamorado Príncipe de Polismago:
¡Ay, Caicerlinga, no pastora sino diosa, pues no sólo a los pastores suje- tas, mas a los altos y poderosos reyes! Sábete, pastora, que entre los que te acompañan de disfraçado hábito traes al Príncipe de Bitinia e yo soy el infeliz Príncipe de Polismago. Y el sinventura que este pastor ha muerto era el Rey de Cilicia, a quien los dioses tan <conrtarios> [contrarios] se han mostrado.84
Por tanto, la conversión en pastor por parte de un caballero es un motivo convertido casi en lugar común; en estos casos, se suele mencionar que el traje pastoril no oculta el alto origen del caballero. En efecto, en numerosas ocasiones se especifica que, a pesar del hábito de pastor, la majestad del protagonista no puede ser encubierta. En la Segunda parte de
Espejo de príncipes y caballeros, se dice que Claridiano es presentado con
«los pastoriles vestidos, no siendo parte para poder ser celadores de su grandeza».85Poco después se dice que aparece ante los pastores «no siendo
poderosa la baxeza de los paños con que su cuerpo avía adornado para poder celar la grandeza de su persona y gravedad de su rostro».86
También lo encontramos en episodios pastoriles de otros libros de caballerías; recordemos que cuando Olivante se disfraza de pastor, bajo el nombre de Sileno, el caballero Peliscán no puede por menos que exclamar: «Mal encubre el grossero hábito la beldad que dentro se encierra, que pocos pastores semejantes se hallarán en el mundo».87 En el Primaleón
también encontramos el tópico: «Y don Duardos se vist[i]ó unos paños los más viles que él pudo aver, mas por viles que ellos eran no se podía enco- brir la su gran fermosura y valor».88
La imposibilidad de encubrir el alto estado se vincula con otro tema: el de la sospecha por parte de otro personaje de que el pastor en realidad es alguien de estado muy superior. Tal es el caso de las sospechas sobre Claridiano por parte de Caicerlinga («imaginando ser valeroso cavalle-
84 E. P. II, p. 270. 85 E. P. II, p. 243. 86 E. P. II, p. 244.
87 Torquemada, Olivante de Laura, p. 227.
88 Primaleón, ed. de M.ª C. Marín Pina, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cer- vantinos, 1998, p. 218.
ro»).89El mismo Claridiano, disfrazado de pastor, también sospecha de
otros pastores que cantan sus penas de amor: del pastor Alfesiveo, Clari- diano estuvo «imaginando en su parecer y apostura no ser de linage de pastores»,90 lo que corroborará su canto: «bien claro dio a entender su
grave pena y en sus palabras no ser de linage de pastores».91En el Olivan-
te de Laura, la princesa Lucenda no puede evitar enamorarse del héroe, a
quien había conocido como pastor, aunque «sospechando que el hábito que tan crecida hermosura encubría no fuesse suyo».92Posteriormente, al
oír cantar a Olivante acompañado de un arpa, la doncella «confirmava la sospecha que avía tenido pensando que fuesse alguna valerosa persona que por su causa en aquel hábito fuesse puesta».93Todas estas sospechas
se las transmite a la infanta Galarcia, cuando afirma: «a mí en alguna sos- pecha me ha puesto de pensar que no sean algunas personas de alto valor y merecimiento que por podernos hablar se viniessen en aquel hábito dis- fraçados».94
Estas sospechas también recaen sobre Silvano, aun antes de que el lec- tor sepa que se trata en realidad del hijo del emperador de Constantino- pla, de forma que la infanta Galarcia está puesta en gran confusión: «Y cierto, contra toda razón me parece aver visto lo que en tal hábito vimos; que si yo a Silvano en casa de su padre no uviera visto y conocido, no estu- viera fuera de la misma sospecha de pensar que el hábito encubría perso- nas de gran linage y estado».95
En el Primaleón, Flérida, al conocer a don Duardos disfrazado de hor- telano, piensa para sí: «Por cierto, estas manos no son de villano ni ansi- mesmo las razones».96
Estos tópicos son recogidos por Pedro de la Sierra, que de esta forma construye su episodio pastoril siguiendo otros aparecidos previamente en obras de este género, y más en concreto los episodios pastoriles insertos
89 E. P. II, p. 268. 90 E. P. II, p. 246. 91 E. P. II, p. 247.
92 Torquemada, Olivante de Laura, p.233. 93 Ibídem, p. 236.
94 Ibídem, p. 239. 95 Ibídem, p. 240. 96 Primaleón, p. 222.
en la narrativa caballeresca. El texto del aragonés, junto con los otros libros de caballerías que hemos citado, ejemplifican la permeabilidad del género caballeresco a finales del siglo XVI, al admitir elementos de otro tipo de
libros. Pero también hay que recordar que, desde Feliciano de Silva, lo pastoril había sido una posibilidad narrativa más de los libros de caballe- rías, posibilidad que, si bien no fue desarrollada por todas las obras del género, existía desde sus inicios y, tras el éxito de la obra de Montemayor, resurgió con fuerza como un elemento constitutivo más de la narrativa caballeresca.