• No results found

2.4 Manufacturing techniques

2.4.3 Continuous grating fabrication techniques

En este capítulo se mostrarán los hallazgos, con relación a la caja de arena, desde la nueva mirada Kleiniana.

A. La caja de arena como espacio terapéutico

El Juego con caja de arena puede ser un instrumento terapéutico útil y utilizable bajo el esquema de comprensión psicoanalítico freudiano y kleiniano. A través del uso de esta técnica, los terapeutas pueden observar los escenarios y escenas psíquicas de la mente del paciente a través de la relación que él establece con la arena, con las imágenes que allí se introducen, con las acciones que allí se llevan a cabo, con las atmosferas psíquicas diferentes que se crean, que van desde lo pastoril tranquilo a las guerras salvajes. Allí parecen concentrarse, más rápidamente, las realizaciones de las fantasías internas, debido a las limitaciones en cuanto a espacio, movimiento, lenguaje y transferencia, que la técnica misma establece.

1. Espacio limitado

El espacio reducido de La caja de arena (57x72x7), permite que la construcción de escenas psíquicas del niño no se disperse tanto, como en otro tipo de juego abierto, donde el niño realiza múltiples actividades, juego de roles, juego con agua, entre otros, que, si bien es cierto, dan cuenta de las fantasías inconscientes, también lo es que,, por su amplio campo de acción, requieren de un seguimiento más complejo, con amplias posibilidades de dispersión, que hacen más difícil su comprensión e interpretación. Sería el contraste entre una película o una escena de teatro, que usa un escenario único y estrecho donde el limite espacial plantea limitaciones al mobiliario y al número de personajes y al número de escenas posibles de representar en él, y el asistir a un espacio teatral donde simultáneamente se llevan a cabo varias escenas teatrales, y la atención y conciencia del observador se tiene que movilizar constantemente en todas direcciones para poder seguir los eventos que en ellos se suceden. Mientras que, en el Juego con la caja de arena, se

observa que el niño se encuentra atraído por los materiales utilizados, arena, agua y muñecos en miniatura y, por el mismo motivo, acepta los límites que la caja establece, en cuanto a espacio y, por lo tanto, desde su construcción o imposibilidad de hacerlo, nos muestra, en un espacio reducido y concentrado, el estado de su mente.

Aunque la caja de arena limita el espacio, no siempre reduce el número de escenas vitales que se presentan: unas veces se establecen hasta seis, en seis cuadrantes, pero el límite del espacio, cada vez más reducido, impide la aglomeración sin límite. La caja plantea, además, un nuevo elemento, el interior misterioso de la arena misma, ese espacio que no se ve, donde pueden ocurrir muchas escenas misteriosas, que hay que adivinar, por las reacciones del niño, en el contacto con su superficie y su interior. El agua, por ser transparente, muchas veces no permite crear el interior misterioso, aunque la imaginación puede llegar a convertirla en un río tormentoso o en un mar misterioso.

No siempre el niño acepta entrar al espacio limitado de la caja de arena sin temores; a veces, ese lugar es peligroso, aterrador y persecutorio. Lo pudimos observar en el caso de Josué, que solo pudo dejar los muñecos dentro de la caja después de seis sesiones, porque temía que sus propios impulsos destructivos lo dañaran a él, o Yamile que, cuando su caja de arena estaba llena de historias peligrosas, producto de sus fantasías inconscientes, hacía una huida hacia la realidad externa, o decía que quería dibujar, para defenderse de su propio sadismo o para alejarse de la ansiedad que le generaban los objetos atacantes. Ambos utilizaban defensas para no contactarse con sus temores, para lograr escaparse o llegar a tolerar y comprender el dolor mental que genera el conocer y pensar los conflictos preedípicos, o el conflicto psíquico edípico y la exclusión familiar, con el nacimiento de nuevos hermanos. En esos momentos, era cuando la huida de la caja misma o las huidas entre los espacios de la caja se producían, o las destrucciones totales, para señalar que todo había terminado, que ahí ya no había espacio para nada.

Pero, también, pudimos observar, que a medida que avanzaban las sesiones, la temida arena se iba convirtiendo en un escenario más bondadoso y creativo, o como en el caso de Samuel, en un lugar privilegiado, campo amplio de búsqueda para realizar sus

investigaciones epistemofílicas y sus exploraciones intrusivas y destructivas al interior de la madre.

2. Movimientos limitados

El movimiento del niño, también, se ve limitado, en tanto solo va por los muñecos a la mesa aledaña, juega en ella o los lleva a la caja para jugar con ellos dentro de la caja. Las carreras, las escenas violentas no se dan, sino en el terreno de la caja, con los muñecos que se chocan, muerden, atacan o las personas en miniatura, que generan encuentros amorosos o escenas guerreras. El niño es el constructor de las escenas y el realizador, pero él mismo ha limitado su propio movimiento. Así, el niño está en tan poco movimiento, que es más como el adulto mientras duerme y sueña. La caja de arena, como el cuarto analítico para Klein, es como el espacio onírico de la mente. Lo que pasa es que en el cuarto analítico, el movimiento del niño y la inclusión de los terapeutas es mayor que en la caja de arena. Es como si en esta segunda técnica hubiera un reflector sobre las fantasías del niño, en un espacio limitado y con sus propios movimientos limitados a la manipulación y a la realización de las acciones, con los muñecos y objetos en miniatura.

Para Josué, al inicio era difícil mantener su concentración con el juego dentro de la caja y limitar sus movimientos, por lo tanto, a veces jugaba en la arena, otras en la mesa, y en otros casos daba vueltas por el salón, mientras unos animales perseguían a los otros; pero en las sesiones finales no tenía tanta necesidad de actuar fuera y todas las escenas se daban dentro de la caja. Yamile y Samuel, desde el inicio, limitaron su movimiento, incluso en algunos momentos tomaban los muñecos y luego pedían una silla para dedicarse cuidadosamente a construir sus escenarios. Como si el movimiento en ellos fuera mental, realizado con los muñecos y no tanto corporal, como se daría en un escenario más amplio.

Por lo anterior, el Juego con la caja de arena puede ser adecuado para terapeutas que tengan un consultorio pequeño o que deban trabajar en instituciones que no cuentan con un espacio muy amplio para las intervenciones. Aunque, en todo caso, como decía Dora Kalff,

debe ser un espacio libre, pero, al mismo tiempo protegido, esto es, libre, en tanto debe permitirse la expresión de las fantasías inconscientes del niño sin censura, como si se tratara de las asociaciones libres del adulto, y protegido, en tanto debe haber confidencialidad y cuidado con las escenas psíquicas que allí se generen.

3. Lenguaje limitado

Desde que el niño ingresa al salón de juego, donde se va a trabajar con la caja de arena, todo el tiempo nos está comunicando algo: la manera como se aproxima a la caja y al terapeuta, si se percata de su presencia o no, si puede meter las manos a la arena libremente o si, por el contrario, le teme; el tipo de figuritas que toma o las que le asustan, en fin, todo lo que hace en ese espacio limitado, nos da información sobre el estado de su mente.

Es sorprendente observar cómo, cuando el niño establece un contacto táctil con la arena, casi en su totalidad se suspenden las palabras, como si se tratara de un investigador absorto y apasionado en su labor, que requiere del silencio para poder crear. Eso lo pude evidenciar en los tres casos, Yamile era tal vez la que más hablaba, pero en respuesta a las señalizaciones que yo le hacía. Josué ni siquiera me respondía y Samuel, a veces, para no responder, me sonreía. Era como si todos me respondieran: “Déjanos concentrar en nuestro

trabajo, algo tenemos que resolver.” Lo que en la caja se crea y sucede, más que una

conversación interesante, son unas escenas teatrales que el terapeuta debe seguir, como diría Winnicott, y solo comentar, cuando por la aparición de las ansiedades se interrumpen. Así como Klein, que establece la conexión entre las acciones-asociaciones del niño y sus propias interpretaciones, como comprensión hipotética del estado mental del niño. Diálogo que se expande y se va volviendo cada vez más interesante, por la comprensión expandida de ansiedades, sentimientos y defensas. En el caso de la caja de arena, lo más importante es que se deja que el niño exponga, en imágenes de fantasía, sus estados mentales, para que él mismo puede simbolizar y comprender, de manera inconsciente, lo que lo inquieta o tortura. Sin embargo, con Yamile y Josué pudimos ir cada vez más hacia una técnica combinada, en la cual se fueron añadiendo las comprensiones de la terapeuta y, algunas

veces, los comentarios expansivos de los niños. Especialmente con Yamile, que desde el inicio asumió la caja de arena con narraciones sobre lo que allí sucedía.

La Supervisora y yo comprendimos, que en el trabajo con la caja de arena, no debe haber demasiada invasión de la palabra por parte del terapeuta. Las pocas intervenciones deben ser más bien para ampliar, señalar, clarificar y puntualizar algunos aspectos confusos para el terapeuta, pero, en todo caso, no deben realizarse todo el tiempo, ni de manera insistente, pues eso interfiere con el proceso creativo del niño, quien se encuentra realizando un trabajo psíquico, donde está tratando de entender sus vivencias, como si se tratara de un sueño, donde hay un aparato digestivo que elabora las experiencias emocionales.

En un intento por comprender la diferencia entre la técnica de la caja de arena y la del juego en Klein pensamos en la diferencia entre el cine mudo, con breves comentarios escritos sobre el trama de la obra o los diálogos, y el cine parlante, que repite la vida en el cine y el teatro. La caja de arena parece estar más cerca del cine mudo, donde las imágenes tienen que ser más intensas para poder trasmitir lo que se desea, mientras que la técnica del juego en Klein recrea en la situación analítica que se construye en el cuarto terapéutico escenas teatrales de la vida mental.

4. Transferencia limitada

La relación que se establece en el Juego con la caja de arena es triangular, ya que, por una parte está el terapeuta, por otra esta la caja de arena y, por último, el niño. Todos tienen funciones diferentes: el niño suele ser un director de teatro, que usa sus propios libretos para ejecutar las escenas teatrales, elige además los actores, las acciones, los conflictos que quiere representar. Las funciones de la caja de arena tienen que ver con servir como continente de todos los contenidos del niño y brindar un espacio limitado.

El terapeuta tiene la función de observar, desprevenidamente, con la modalidad de “no memoria y no deseo” de Bion, qué es indispensable en el acercamiento terapéutico. Debe

desprenderse de prejuicios teóricos o clínicos, de prejuicios morales y sociales. Debe dejar de lado los externos provenientes de las miradas de los padres o maestros, que se vuelven un impedimento para observar libremente y pueden desorientarnos en la comprensión de los casos. Tal como sucedió con el caso de Josué, donde los prejuicios de la maestra de la escuela, producto del comportamiento disruptivo del niño en las clases con sus acciones agresivas y dañinas hacia sus compañeros, nos impregnó inicialmente en las supervisiones de las sesiones, la Supervisora y yo asumimos que su lenguaje era “inexistente” y eso limitó nuestra mirada comprensiva; pero, luego aquello fue puesto en jaque, cuando el niño habló con claridad a la terapeuta, mostrando su pensamiento, sus fantasías internas y la simbolización comprensiva de sus conflictos en la realidad externa y en su interior.

Otras funciones que debe tener el terapeuta son las de capacidad para observar, tolerar y contener los conflictos psíquicos, las pulsiones agresivas, las confusiones, las escisiones, las identificaciones proyectivas. Tolerancia de la terapeuta que tiende a crear en el niño estas mismas funciones o a fortalecer las funciones maternas que se dieron en la misma dirección, y permitir así el inicio o la continuación del desarrollo y el crecimiento psíquico del paciente.

Se evidenció que Yamile captó la función de la terapeuta, cuando al finalizar una sesión, me dijo: “Ahí te dejo para que arregles mi desorden”; me dejaba todo su desorden mental, todas sus confusiones para que yo sirviera como continente, o cuando en una de las sesiones puso una muñeca sentada en el borde de la caja de arena y me dijo, que esa señora estaba observando todo lo que ella hacía; en ese momento, captó mi función de observadora, y posiblemente, comenzó el proceso de introyección de esta función en su mente.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, durante la Supervisión llegamos a la conclusión de que el instrumento de La caja de arena, con las limitaciones útiles que encierra, en cuanto a espacio, movimiento, lenguaje y transferencia, y la función del terapeuta, pueden ser concebidos como el espacio continente de la madre, lo cual facilita la creación de escenarios y escenas psíquicas que, como reflejo del interior, nos permite observar.

En este sentido, tomamos como punto de referencia a Navarrete y Muñoz, quienes nos clarifican a Bion y su elaboración sobre la función continente de la madre y de su capacidad de revèrie que va a ser la que le va a permitir al niño evacuar todas las experiencias emocionales, difíciles en ella. Para Bion, los elementos beta del bebé, que son todas sus proyecciones de angustia y temores, son proyectadas sobre la mente de la madre, digeridas por ella y devueltas en una forma más tolerable para él. De esta manera, el niño encuentra un objeto continente, que recibe las evacuaciones de sus angustias, considera sus necesidades y responde adecuadamente. Así las cosas, podemos observar cómo el instrumento de la caja de arena, al ser un elemento cóncavo, con espacio limitado y con arena que recibe las figuras que el niño deposita en ella, y le permite poner allí todas sus fantasías inconscientes, es un espacio continente. Adicionalmente, el terapeuta, con sus funciones antes descritas de observador y explorador continente de los conflictos psíquicos, las pulsiones agresivas, las confusiones, las escisiones y las identificaciones proyectivas, se convierte en el reflejo comprensivo que trae nuevas luces a la mente del niño, sobre su funcionamiento. Así, el instrumento y el terapeuta, cada uno con sus funciones, sirven de continente y realizan las funciones de receptor interesado, integrador de imágenes parciales, conciencia que aclara la atención que el niño ha requerido hacia sus escenas, para que se aclaren significados que el niño intuye pero no ha podido construir verbalmente. Entre el niño y el terapeuta realizan la unión entre imagen y palabra que expande la mente.

Para finalizar, con la mirada de estos tres casos, desde una perspectiva kleiniana, pudimos dar cuenta de cómo una técnica como el Juego con la caja de arena puede ser útil y utilizable desde un enfoque distinto al junguiano. Vimos, además, durante todo el proceso, la importancia de la realización de las Supervisiones, sesión a sesión, ya que permitieron procesar y comprender la experiencia emocional del encuentro terapéutico de una nueva manera. Nos hubiera gustado habernos detenido un poco más en las imágenes: los símbolos que emergían en ellas, los cambios y regularidades que se producían entre sesiones, ya que si bien es cierto, se realizaron comentarios sobre ellas, también lo es que no se realizó de manera sistemática. Pero, tal vez sea esta la puerta de entrada hacia una nueva pregunta de investigación.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFÍCAS

Aicil, F., y Batista, E. (2003). El mágico juego de arena en investigación. En Revista de psicología USB, Universidad de Sao Paulo. N° 2, Vol. 14: 91-114.

Bion, W. (1966). Elementos de psicoanálisis. Buenos Aires, Paidos-Horme. Bion, W. (1979). Volviendo a pensar. Buenos Aires, Paidos-Horme.

Bion, W. (1980). Aprendiendo de la experiencia. Buenos Aires, Paidos-Horme.

Bradway, K. (2008). Qué es el sandplay. In Journal of sandplay therapy. N°2, (Volumen 5), página (7).

Bradway, K., y McCoard, Barbara. (1997). Sandplay – Silent Workshop of the Psyche. Routledge. United States.

Freud, S. (1911). Los dos principios del funcionamiento mental, en Obras Completas, Vol II. Madrid: Biblioteca Nueva.

Freud, S. (1923). El Yo y el Ello, en Obras Completas, Vol III. Madrid: Biblioteca Nueva. Freud, S. (1925). La negación, en Obras Completas, Vol III. Madrid: Biblioteca Nueva. Freud, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia, en Obras Completas, Vol I. Madrid:

Biblioteca Nueva.

Freud, S. (1920). Mas allá del principio del placer, en Obras Completas, Vol II. Madrid: Biblioteca Nueva.

Hong, Grace. (2011). Sandplay Therapy, Research and Practice. Routledge. United States. Isaacs, S. (1952). Naturaleza y función de la fantasia. Buenos Aires. Paidos-Hormé. Cap

Kalff, D. (1980). Sandplay: The psychotherapeutic approach to the psyche. Santa Monica, California: Temenos press.

Kalff, D. y Stewart, L. (1981). Prólogo: El juego con la caja de arena. C.G Jung Institute. (Ed.), In Sandplay studies: Origins, Theory and practice. San Francisco: C.G Jung Institute.

Kalff, M. (2007). Veintiún puntos para considerar en la interpretación de la caja de arena. En Journal of sandplay therapy. N°1, (Volumen 16), página (51).

Klein, M. (1929). La personificación en el juego de los niños, en Obras completas, Vol 2. Barcelona: Paidós.

Klein, M. (1930). La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del Yo, en Obras completas, Vol 2. Barcelona: Paidós.

Klein, M. (1946). Notas sobre algunos mecanismos esquizoides, en Obras completas, Vol 3. Buenos Aires: Paidós-Horme.

Klein, M. (1932). Psicoanálisis de niños, en Obras completas, Vol 3. Buenos Aires: Paidós- Horme.

Klein, M. (1952). Algunas conclusiones teóricas sobre la vida emocional del bebé, en Obras completas, Vol 3. Buenos Aires: Paidós-Horme.

Klein, M. (1955). La técnica psicoanalítica del juego: Su historia y significado, en Obras completas, Vol 3. Buenos Aires: Paidós-Horme.

Klein, M. (1958). Sobre el desarrollo del funcionamiento mental, en Obras completas, Vol. 3. Buenos Aires: Paidós-Horme.

Klein, M. (1959). Nuestro mundo adulto y sus raíces en la infancia, en Obras completas, Vol 3. Buenos Aires: Paidós-Horme.

Lowenfeld, M. (2005). Understanding Children’s Sandplay: Lowendfeld’s world technique. United Kingdon: Sussex Academic Press.

Meltzer, D. (1978). Parte II: Richard semana a semana, en: Desarrollo Kleiniano. Buenos Aires: Spatia

Navarrete, K, y Muñoz, C. (2008). Tesis: El abandono tardío afecta el desarrollo psíquico, dirigida por Cecilia Muñoz Vila. Universidad Pontificia Javeriana.

Naghi, M. (2002). Metodología de la investigación. Mexico: Limusa.

Pattis, E. (2004). Terapia caja de arena: Tratamiento de psicopatologías. Suiza: Daimon Verlag Eisiendeln.

Pattis, E. (2010). Junguian analisis. Murray Stein. Chicago. Chiron.

Pattis, E. (2011). Sandplay Therapy in vulnerable communities: a Junguian Approach. Routledge.

Stewart, L. (1981). Capítulo 3: Juego y juego de arena. C.G Jung Institute. (Ed.), In Sandplay studies: Origins, Theory and practice. San Francisco: C.G Jung Institute. Schwarzblat, S. La Terapia de Arena como Técnica Terapéutica Junguiana. Recuperado el

16 de mayo de 2009 en http:// www.anahuac.mx/psicologia/archivos/No.10%201- 14.doc

Strauss, A, y Corbin, J (2002). Bases de la investigación cualitativa. Estados Unidos: Editorial Universidad de Antioquia.

Turner, B. (2005). The Handbook of Sandplay Therapy. Temenos press. United States. Thompson, C. (1981). Variaciones sobre un tema por Lowenfeld: enfoque del juego con la