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4.2 Sensitivity to phase errors in gratings

4.2.1 Different approaches to phase errors

misma concepción, con la existencia del hijo en la fantasía y el deseo de los padres, de modo que desde las relaciones más tempranas con las figuras parentales y dependiendo de sus cualidades, el desarrollo psíquico del niño puede desplegarse o restringirse. De ahí que para este autor lo que ocurre durante la gestación y en las primeras semanas de existencia, especialmente en el vínculo madre-hijo, tiene gran relevancia y aporta a la comprensión del desarrollo psíquico y de la patología relacionada con éste

Winnicott (1960) en (1965/1975) postula que en el inicio no hay nada que se pueda llamar bebé, pues lo que se observa es una unidad madre-bebé. Así, sobre el desarrollo psíquico primitivo, Winnicott (1945/1999, 1962) menciona tres procesos esenciales para la constitución del yo: la integración, la personalización, y el inicio de las relaciones objetales.

Estos tres procesos tienen su contrapartida del lado materno: el sostenimiento o holding, la asistencia corporal o handling, y la presentación del objeto.

La integración es un proceso que depende de una tendencia psicológica heredada. El bebé parte de sus elementos motores y sensoriales rudimentarios, los cuales le dan una pauta de existencia y son la matriz de una experiencia de continuidad existencial gracias a la participación y adaptación activa de la madre frente a sus necesidades. El sostenimiento o holding de la madre implica su empatía con las necesidades físicas y emocionales del bebé en el momento de la dependencia absoluta, es decir, cuando el bebé depende pero no tiene ningún conocimiento acerca de la dependencia: aún no se ha producido la separación psicológica entre el yo y el no-yo.

La personalización es otro momento de la integración referido específicamente a la integración psicosomática, es decir, cuando ―la psique habita el soma‖. Acá se va completando el esquema corporal del infante y comienzan a tener sentido los términos proyección e introyección. La asistencia corporal o handling supone que quien cuida al bebé es capaz de conducirlo a él y a su cuerpo como si ambos formaran una unidad.

Cuando el yo inicia las relaciones objetales, tendrá que existir por parte del ambiente la presentación del objeto. Posteriormente podrá relacionarse con los objetos como entes separados de él.

Winnicott (1965/1975; 1991/2000) hace referencia a la existencia de un self verdadero y un falso self, este último es una organización defensiva en la cual se asumen prematuramente las funciones de cuidado y protección maternas, de manera que el bebé o el niño se adapta al ambiente a la par que protege y oculta su verdadero self, es decir la fuente de sus impulsos personales y de sus deseos. Refiriéndose a él como a algo similar a la función que Freud, en un comienzo asigna al yo, vuelto hacia el mundo, entre el ello y la realidad externa, pero acomodándose a la realidad externa y perdiendo su verdadero ser.

En los casos característicos el verdadero self aprisionado es incapaz de funcionar, y estando así protegido queda limitada su capacidad para una experiencia que Winnicott (1965/1975) llama viva. La vida, afirma el autor, se vive entonces a través del falso y sumiso self, y clínicamente, el resultado será el sentimiento de irrealidad. Otros autores han

espontaneidad y el impulso auténticos solo pueden provenir del verdadero self y para que esto se de alguien debe hacerse cargo de las funciones defensivas del self.

Para Winnicott (1971/1970), la zona del juego no es una realidad psíquica interna. Se encuentra fuera del individuo, pero no es el mundo exterior. El juego implica confianza, y pertenece al espacio potencial existente entre lo que era al principio, el bebé y la figura materna. Por lo que

el espacio potencial se ubica ―hipotéticamente‖ entre ambas realidades, permite la

interrelación entre éstas y se nutre de la relación entre ambas; no es enteramente ni una realidad interna, ni una realidad externa y no se cuestiona su pertenencia a alguno de éstos dominios. Es el espacio entre lo objetivo y lo subjetivo, el área de la ilusión donde el niño

―crea‖ al pecho con el que se encuentra y el adulto da vía libre a su capacidad de creación, siendo por tanto el espacio del juego, de la experiencia cultural, del arte, la religión y la creatividad en la vida adulta. Winnicott (1971/1999) intentó:

―(...) llamar la atención sobre la importancia teórica y práctica de la tercera zona, la del juego que se ensancha en el vivir creador y en toda la vida cultural del hombre. La confronté con nuestra realidad psíquica personal o interna, y con el mundo real en que vive el individuo, y que se puede percibir en forma objetiva. Ubiqué esta zona de experiencia en el espacio potencial que existe entre el individuo y el ambiente, que al principio une y al mismo tiempo separa al bebé y a la madre cuando el amor materno, exhibido o manifestado como confiabilidad humana, otorga en efecto al bebe un sentimiento de confianza en el factor ambiente. Señalé el hecho de que el espacio potencial es factor variable (de individuo a individuo), en tanto que las otras dos realidades son la psíquica y el mundo real son más o menos constantes, siendo la una determinada biológicamente y la otra de

propiedad común.‖ (Pág. 138).

Así pues, para Winnicott (1971/1999) el espacio potencial es el que existe entre bebé y madre, entre el niño y la familia, entre el individuo y la sociedad o el mundo, y que conduce a confiar. Será sagrado, pues allí en este lugar experimentará el hombre el “vivir creador”. Advierte además sobre la importancia que el analista reconozca este lugar, (en cualquiera de sus formas: la música, la escritura, la composición, los dibujos, el pensamiento, etc). el único en el que puede iniciarse el juego,-en terapia, entre dos psiquismos- un lugar que se encuentra en el momento de continuidad-contigüidad, en el cual se originan los fenómenos transicionales.

En este sentido, el jugar es indicador de salud y creatividad. La ausencia de la capacidad de jugar estaría indicando una ausencia de contenido, una falta de la posibilidad de representar; un vacío que generalmente estaría expresando en su forma más aguda, la

presencia de lo traumático. Para Rotenberg4 (1999) con las muñecas se expresa el trato

―como objeto a ser manipulado‖ y la posición del sujeto en la situación, aterrorizado, paralizado, quedándose en la posición pasiva que ―le hagan‖. Es el juego de la repetición.

Es el modo preferencial en que los niños escenifican la fantasía e intentan elaborar las angustias relacionadas con ella. Expresión del mundo interno y vincular escenificado, espacio para la creación y la canalización de la pulsión epistemofílica, que recuerda lo que dijera Klein como pionera en la comprensión del juego infantil: ―El juego como equivalente a la asociación libre del adulto‖. Si pensamos el cuento como hora de juego, podríamos tomarlo como la trasferencia en el vínculo analítico, se trataría de una ―trasferencia actuada‖, en lugar de hablar de lo vivido. (Aulagnier, 1977 citado por Rotember 1999)