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2.4 Manufacturing techniques

2.4.2 Phase mask techniques

Tres niños que juegan con La Caja de Arena, a la luz

del marco teórico

En este capítulo encontraremos el análisis de los casos de Samuel, Yamile y Josué, a la luz del marco teórico.

A. El primer encuentro con la caja de arena: Samuel

Cuando empecé a trabajar con Samuel, él tenía 5 años. Era hijo único, de una pareja joven y a los pocos días de comenzar las sesiones su madre quedó embarazada.

Samuel era un niño bajito, gordito, con piel muy blanca; siempre llegaba a las sesiones con su vestimenta y peinado impecables. Generaba una sensación de ternura, y se veía muy concentrado en su trabajo con la arena; aunque, al principio, únicamente estableció contacto con la caja de arena y las figuritas, poco a poco fue estableciendo un vínculo conmigo, como terapeuta.

La iniciativa de llevar al niño al trabajo expresivo con arena fue de la madre, quien estaba preocupada, porque veía en Samuel un niño muy inquieto y con una atención dispersa. Al respecto, dijo: “No entiende, no pone cuidado, no escribe, cuando juega lo

único que hace es hacer daños… es insoportable”. También manifestó que trataba de

imponerle la autoridad a través del control, el castigo físico, los regaños y los gritos constantes, porque ella perdía el control fácilmente, ante el desacato a las normas por su parte. Además, otra preocupación de la madre era que había visto muy triste al pequeño en los últimos meses; le había manifestado que se quería morir y, en una ocasión en que iba a cruzar la calle con él, se lanzó, sin mirar si iban a pasar carros. Esto había sucedido después de que ella ya le había enseñado a pasar las calles, y lo interpretó como un deseo de muerte. Otro día, también, en la casa, cogió un cuchillo para enterrárselo en las piernas.

La familia de Samuel se configuró cuando la madre tenía 15 años y el padre 18, debido a su llegada inesperada. No bien el abuelo materno se enteró de su embarazo, la expulsó de la casa y ella, por un tiempo, se fue a vivir a donde familiar con su pareja, pero, al poco tiempo, él consiguió trabajo y se independizaron, aunque en unas condiciones muy precarias. Aún en embarazo, ella continuó su bachillerato gracias a la ayuda de su madre y sus hermanos.

La familia de origen materna está conformada por los padres, dos hermanos y ella, que es la hija mayor. La abuela materna, desde que el niño nació, ha tenido una estrecha relación con él, lo ha cuidado mientras la madre trabaja y estudia y, a veces, es la mediadora entre ambos. El abuelo materno es descrito por su hija como un hombre rígido y radical, quien, aunque inicialmente no estuvo de acuerdo con ayudarle a su hija con el embarazo, después de nacer el niño les ha ayudado económicamente con los gastos familiares. El hermano del medio es quien, en ocasiones, recoge al niño del colegio y lo cuida mientras llega la abuela o la madre; sufre de una enfermedad en la sangre llamada

“hemofilia” que lo afecta emocionalmente y, por lo tanto, manifiesta constantemente que se quiere morir debido a todas las complicaciones que ha tenido con la enfermedad. El hermano menor pertenece a una tribu urbana de ‘Emos’, tiene algunos rasgos depresivos, ha consultado algunas veces con un psiquiatra y su relación con Samuel no es muy buena, debido a que considera que el niño le robó el amor de su hermana.

La paterna está conformada por el padre, una hermana cinco años menor y él, quien es el hermano mayor. La madre falleció.

En la actualidad, la mamá de Samuel trabaja como docente en un jardín infantil y el padre como camarero en un hotel. Los trabajos de este son discontinuos y, por algunos periodos, a veces largos, es a la madre a quien le ha tocado solventar las necesidades básicas de la familia. La pareja ha tenido algunos conflictos, debido a la infidelidad del esposo, a las comparaciones que realiza con respecto a otras mujeres, en las que la esposa queda en condición desventajosa, y a la desautorización en cuanto a la crianza del hijo. En ocasiones, como consecuencia de estos conflictos, se han sucedido separaciones cortas que

han tenido implicaciones en el estado emocional de la madre, quien tiene sentimientos de tristeza, que esconde por temor a los que puedan pensar las personas que los rodean. Cuando estas acontecen, la madre también percibe a Samuel triste y más disperso en el colegio; además, todos los días le pregunta por el padre.

1. Varios personajes y acciones entran en escena en la Caja

En la primera sesión, Samuel entró al salón dando pasos cortos y mirando fijamente el piso; luego, contempló detenidamente las figuras en miniatura que había dispuestas en la mesa de muñecos, y caminó hacia ellas, tomando algunas figuritas y volviéndolas a poner en su lugar, como si se tratara de un reconocimiento del territorio. Después, se quedó mirando lo que los otros dos niños que había en el salón hacían, y volvió a focalizar su atención en los objetos. En ese momento, pensé que, quizás, no había comprendido muy bien las instrucciones que se le habían dado. Permanecía muy silencioso, y su mirada no establecía contacto conmigo.

Después de realizar un recorrido en círculo por la mesa de muñecos, tomó un Power Ranger y lo puso en la parte izquierda de la caja de arena y, a su lado derecho e izquierdo, puso aviones pequeños. Luego, hizo una cerca con palitos de paleta y allí metió algunos animales domésticos: una cabra, una oveja, un buey, un burro, una vaca y dos perros. En seguida, en la parte superior de la caja, puso un castillo y, afuera de este, a una mujer, tres carros de policía, y un constructor. Además, al lado del castillo, hizo un camino con bolitas de cristal. Samuel se ubicó en el lado izquierdo de la caja, desde allí iba armando su mundo en la caja de arena y, si por algún motivo, necesitaba organizar algo más hacia el lado donde yo estaba, lo hacía dándome la espalda. En ese momento, sentía que necesitaba tomar distancia de mi presencia, que quería dejarme por fuera de su campo visual.

Un momento después, retornó a la mesa de muñecos y allí cogió un pez grande y otro pequeño, y enterró a ambos, juntos, en la arena. También tomó una pala y se la puso al constructor; metió un barco debajo del castillo y sacó a la vaca, al buey y al burro de la

cerca y, en su lugar, metió una cebra y un tigre. También, puso a otro por fuera de la cerca, junto con un panadero, una araña, un gato y un hombre montando a caballo.

De repente, le quitó la pala al constructor y, con ella, empezó a mover la arena. Se quedó un momento quieto, me miró de reojo y regresó a la mesa de muñecos; de allí, tomó: dos iglesias, un rey mago, cuatro sombrillas, un rastrillo, un soldado, y tres palmeras. Puso las dos iglesias cerca, en la caja, y al rey mago al lado, y alrededor, las palmeras y los cuatro carros de policía que antes estaban al lado del castillo. Puso las tres sombrillas alrededor del castillo, una de ellas cubriendo un carro.

Cogió nuevamente la pala y, con esta, empezó a echarle arena al castillo, por encima. Luego, abrió las sombrillas y puso un tren encima del camino que había hecho con bolitas de cristal. En ese momento, me di cuenta de que había realizado todos los movimientos en total silencio.

Antes de terminar esta primera sesión, revisó que cada una de las sombrillas estuvieran bien clavadas en la arena, sacó arena con la pala y la puso sobre el castillo, desenterró al pez grande y lo volvió a enterrar más profundo.

En esta primera ocasión, Samuel no realizo contacto directo con la arena ni conmigo, su relación con aquella estuvo mediada por la pala o el rastrillo, y conmigo, por los gestos. Cuando le pregunté si quería decirme algo sobre lo que había hecho, me dijo que no con su cabeza, sin pronunciar palabra. Cuando su madre fue a recogerlo, la abrazó y se puso a llorar.

Eva Pattis, analista Junguiana y especialista en el trabajo expresivo con arena alrededor del mundo, realizó algunos comentarios sobre las cuatro primeras sesiones.

Me dijo que, al niño empezar por el Power Ranger, podía representar, tanto su deseo de ser tan potente como la expresión de su sentimiento de impotencia; los aviones al lado derecho e izquierdo eran la confirmación de que se trataba de una fantasía. Los animales

domésticos, en la parte inferior de la caja, representaban una parte instintiva de la personalidad del niño y, meterlos dentro de una cerca era una tentativa de controlarlos, pero, por eso mismo, finalmente, le fue difícil sacar a algunos de ellos. El constructor es una figura guía de todo el proceso. Cuando llena de objetos la caja, es como si hiciera frente a una depresión, no puede dejar espacios vacíos. Otra acción importante es la arena que cae sobre el castillo. ¿Sería un ataque? Tal vez de los adultos. Pero, paralelamente, hay también más protección: las sombrillas.

Figura 1

2. El constructor es el responsable de todo lo que sucede en la caja

En la segunda sesión, cuando llegó al salón, inicialmente se quedó mirando los objetos en miniatura, luego tomó el castillo y, al frente de la puerta de este, puso un puente. Enseguida, volvió a la mesa de muñecos y cogió: cuatro Power Ranger, algunos ladrillos, palas, aviones, una casa, otro castillo, carros, cuatro sombrillas, tapas, y un barco. Como no le cabían en las manos, entonces utilizó su camiseta para cargar todo hasta la caja, allí los tiró, y luego, empezó a ubicarlos. Puso dos PowerRanger al finalizar el puente, y los otros

dos y a una mujer parados, con la espalda sobre el borde derecho. Al castillo pequeño lo puso al lado derecho del grande; las cuatro sombrillas, a cada lado del castillo. Luego, quitó el castillo grande y, con una pala y un tractor, empezó a aplanar la arena; después, puso el castillo nuevamente. Al final, clavó las tapas en la parte derecha, donde también puso al constructor.

Samuel caminaba muy despacio, me miraba un poco más que en la sesión anterior, y yo observaba cómo la mayor parte del tiempo se dedicaba a construir su mundo cuidadosa y silenciosamente; además, veía cómo, poco a poco, perdía el miedo a la cercanía conmigo; al menos podía trabajar desde el centro de la caja, aunque dándome la espalda.

Tomó catorce palos largos y los clavó en la arena, quedando de manera horizontal. Luego, empezó a hacer un camino con un carro; después, tomó la pala y sacaba arena del camino, que después aplanaba; al momento, soltó la pala y continuó abriendo el camino con sus manos.

Por último, metió otros elementos en la caja: algunos botones en la parte inferior, unos aviones pequeños y unos robots, en la parte superior; dos carros de policía y una casa, en el centro; una silla frente al castillo, y un hombre, que enterró en la parte izquierda. En ese momento, me dijo: “Ya terminé”.

Le pregunté si quería decirme algo sobre lo que había hecho, y me dijo: “El camino que hice es la carrilera del tren, estos palos son las luces que salen de la tierra, las tapas son tesoros, el constructor es el que arma todo… y ya”. En esta sesión, hizo su ingreso la palabra y, al mismo tiempo, el contacto conmigo.

Algunos comentarios de Eva Pattis:

El castillo puede representar un yo sólido, potencial de defensa, y el puente que está afuera del castillo seria como abrir esa defensa hacia el exterior. Los Power Ranger, en la esquina donde está la terapeuta, podrían representar que se siente poco seguro frente a un adulto. El tema de esta sesión tiene que ver

con los caminos que se abren: abrir posibilidades de accionar en su vida, progresar en su desarrollo; además, la acción de aplanar el lugar sobre el que se encuentra el castillo, puede tener que ver con la necesidad de un lugar firme para su sí mismo. Los catorce palos de luz y los tesoros nos hablan de un potencial psíquico escondido, pero del cual surgen reflejos.

Figura 2

3. La arena puede tocarse y manipularse con las propias manos

En la tercera sesión, llegó al salón de juego con su mirada en el suelo, tomó el constructor y lo puso de pie en la parte derecha de la caja. Después, cogió dos carros de policía y, con ellos, empezó a hacer un camino por el centro.

Luego, hizo una cerca circular en el lado izquierdo de la caja de arena, y metió adentro unos aviones pequeños. La cerca se abrió varias veces y él, cuidadosamente, la volvía a cerrar; encima de esta, puso algunos palos de paleta, hasta que los aviones quedaron tapados; con una palita, echaba arena sobre los palos, hasta que abrió un hueco en la caja;

cuando vio el hueco que había abierto la soltó y, con sus manos, empezó a tocar la arena, moviéndola de un lado a otro: mientras la movía, me miraba. Parecía que se había enfrentado a un gran daño que lo atemorizaba.

Hasta el momento, la pala me había parecido un pretexto de Samuel para poder tocar la arena o, más bien, como una defensa frente a lo desconocida e insegura que esta podía ser; pero, finalmente, la soltó y pudo establecer contacto con la arena, al tiempo que conmigo.

Empezó a mover la arena con mucha fuerza. Luego, puso el castillo en el lado izquierdo, lo levantó, la aplanó, y lo volvió a poner en el mismo lugar; alrededor, puso cuatro sombrillas abiertas.

Volvió a tomar la pala para mover la arena, pero, rápidamente, la soltó y empezó a amasarla con sus manos: esta acción la hizo con mucha fuerza. De un lado a otro, también la aplanaba ejerciendo mucha presión con la palma de sus manos, hasta que armó una montaña en la parte inferior de la caja. Puso otro castillo pequeño en el lado derecho y, a su lado, puso dos sombrillas cerradas. Luego, me dijo: “Ya”, y cuando le pregunté si quería decirme algo sobre lo que había hecho, contestó:

El constructor fue el que hizo todo esto; donde está la arena aplanada, debajo hay unos agujeros, que es de donde salen los aviones. La montaña es una playa, y aquí (señalándome la cerca con los palos encima) es el parqueadero de los aviones, y el castillo es la casa del constructor, el que hizo todo esto, menos el castillo. El constructor utiliza carros y aviones. El carro blanco de la ambulancia está aquí, por si le pasa algo a los aviones, al salir de los agujeros.

Cuando Samuel me relató la historia, me quedé pensando si esos agujeros de los que hablaba tenían que ver con los bebés que salen del estómago de la madre, y si el constructor representaba al padre. Cuando explicaba lo de la ambulancia que espera por si les pasa algo a los aviones al salir de los agujeros, para mi tenía similitud con un nacimiento.

Para Eva Pattis, en la tercera sesión, el constructor representa la función auto terapéutica. Se repiten temas y acciones: aplanar, círculos, pero se ve más confiado en la fuerza de la arena, así observa que puede transformar la materia, moviéndola.

Figura 3

4. Se traen los elementos se aplana el terreno y se construye la escena

En la cuarta sesión, llegó al salón, me miró y sonrió; se dirigió directamente a la mesa de muñecos, tomó un carro, un tren y un gato con capa (como un superhéroe) los llevó a la caja. Con el carro empezó a hacer un camino, luego lo soltó y empezó a quitar más arena con la mano, a mayor profundidad.

Fue tirando varias figuras en la parte inferior de la caja, de manera desorganizada: tres sombrillas, una casa, dos palmeras, cuatro robots, palitos de paletas, una pala, un vaquero, un castillo pequeño, unos moldes y palitos de paleta.

Luego, con sus manos, movió con fuerza la arena y la aplanó, y después, tomó los moldes de cartón, empezó a llenarlos con arena y a voltearlos; observaba con cuidado la horma que salía, la dañaba y volvía a llenar el molde; hizo esto cinco veces, hasta que empezó a dejar las hormas de montañitas que le salían bien, las que le quedaban un poco feas las desarmaba y volvía a hacerlas. Finalmente, plasmó sobre la arena la horma de once montañitas.

Cuando alguna horma de montañita salía imperfecta, antes de dañarla, me miraba como si buscara algún tipo de aprobación o desaprobación en mi rostro.

Las mangas de la chaqueta que estaba usando eran largas, y le dificultaban el movimiento de las manos; por lo tanto, se aproximó a mí y me dijo que le ayudara a quitarse la chaqueta, lo que hice, y me pidió que se la guardara.

En la parte inferior de la caja hizo una cerca con palitos de paleta, y allí metió tres robots y el vaquero; luego, en la parte superior, hizo otra, metió un tren y, encima, le puso varios palitos de paleta tapándolo.

Volvió a meter sus manos en la arena, la amasó fuertemente, se las limpió, y le puso una sombrilla al gato con capa. Luego, empezó a mover los robots que había metido dentro de la cerca: algunos saltaban, otros volaban y uno daba vueltas en el aire. Pero, finalmente, los metió a todos dentro del corral.

La historia que me relató sobre el mundo fue:

El camino que va por la mitad de las montañas es el camino correcto, el lugar que tiene los palos es donde se reparan los aviones. Uno de los robots es el que arregla las luces, otro es el que construye las montañitas y el otro solamente vuela. El señor de la cuerda (vaquero) es el que cuida a los robots para que no peleen. El grande (Power Ranger) es el que salva a todo el mundo y, además, hace figuras en la arena.

Algunos comentarios de Eva Pattis:

Utiliza la arena creativamente, al hacer moldes; además, muestra tolerancia a la frustración y concentración, cuando algún molde se daña, y lo vuelve a hacer cuidadosamente. El robot que arregla las luces puede tener que ver con la conciencia, capacidad cognitiva, ver cosas de manera clara, calor.

En el trabajo de Samuel se evidencia que puede utilizar la terapia muy bien, ya que hay muchos elementos que lo muestran: termina con una cosa en una sesión y, en la siguiente, empieza con la misma: en la primera termina con el castillo y, en la siguiente, toma el castillo como primer objeto; la relación con la terapeuta mejora en cada vez; cuando no logra un resultado, insiste (fuerza del yo); la figura del constructor es como una función terapéutica interior, un

‘si-mismo’ sano; en los círculos, la energía se concentra y se focaliza, como si buscara un orden adentro y afuera. También, busca diferenciar agresiones externas (madre, padre) e internas (rabia, agresividad de él); abre caminos: se abre su voluntad de progresión.

Pero, también, expresa algunas áreas problemáticas: el pez grande y el