10.2 Copula Parameter Map Based Approach
10.2.1 Copula Parameter Map Derived from MW-Links
1.4.3.1. Perdurable
Para Driver (2009), la definición seminal de IO ha tardado en entenderse como una construcción unitaria que ejerce una fuerza considerable por mantener una IO constante y coherente en el tiempo. Otros investigadores consideran esta construcción unitaria como una esencia unitaria, la cual es estable, aunque más de lo que pareciera (Scott y Lane, 2000b; Corley, Harquail, Pratt, Glynn, Fiol y Hatch, 2006). Incluso, si bien el proceso de adaptación a las demandas ambientales —lo cual es crucial para el éxito de la organización (Gioia, Schultz y Corley, 2000; Brown y Starkey, 2000; Corley y Gioia 2004; Corley, Harquail, Pratt, Glynn, Fiol y Hatch, 2006)— se considera igualmente importante, y a veces más, para retener esta identidad unitaria que proporciona el reconocimiento (Whetten 2006), la legitimidad y la ventaja competitiva.
Es de este modo como el concepto de IO ha sido construido como una metáfora fenomenológica, o como una construcción social que objetivamente existe en esencia, y por lo mismo perdura, y como una propiedad de las organizaciones como actores sociales, o un conjunto de entendimientos compartidos (Humphreys y Brown, 2002a; Humphreys y Brown, 2002b).
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1.4.3.2. Autoreferencial e intersubjetiva
La IO esencialmente consiste “en un significado de autoreferencia […] acerca de los intentos de la entidad por definirse a sí misma” (Corley, Harquail, Pratt, Glynn, Fiol y Hatch, 2006, p. 87). Estos significados autoreferenciales, que son siempre contextualizados e inherentemente comparativos, pueden ser tácitos o explícitos, se puedan dar por sentado o ser conscientemente trabajados (Clarke, Brown y
Hope-Hailey, 2009; Thornborrow y Brown, 2009). Este proceso de
autoreferenciación no es otra cosa que la forma en que una organización esta comúnmente representada (Sillince y Brown, 2009).
Para algunos autores, la IO es un fenómeno intersubjetivo (Clegg, Rhodes, y Kornberger, 2007) que reside en la percepción e interpretación de sus miembros o grupos de interés (Hatch y Schultz, 2002). Para Ravasi y Schultz (2006), la IO es definida a partir de esquemas interpretativos que los miembros de la organización construyen colectivamente con el fin de proporcionar un sentido a su experiencia.
1.4.3.3. Múltiples identidades
La identidad se encuentra compartida por todos los miembros de la organización. Es por eso que la identidad se va a desarrollar y se va a manifestar por medio de
múltiples capas o dimensiones en las definiciones de los miembros de una misma
organización cuando éstos definen quiénes son.
Pratt y Rafaeli (1997) investigaron cómo la vestimenta en un hospital de rehabilitación revela una multiplicidad de interpretaciónes de varios subgrupos
asociados a un código de vestimenta. Siguiendo a Tajfel y Turner (1979) y a
Ashford y Mael (1989), los autores definen la identidad social como las auto- categorizaciones que los individuos usan para denotar su sentido de pertenencia. Sin embrago, enfatizan cómo estas auto-categorizaciones están insertas en unos supuestos culturales y valores que utilizan la autodefinición del símbolo organizacional del vestido para revelar las múltiples capas de significados
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inherentes a toda identidad social. Los autores (utilizando la definición de Albert y Whetten (1985) de un híbrido identitario) exponen la tensión entre el hospital local y las demás identidades profesionales que están detrás del debate por la vestimenta.
Karen Golden-Biddle y Hayagreeva Rao (1997) realizaron un estudio empírico de cómo el proceso de construcción de identidad influencia la accion organizacional (se puede comparar este estudio con el de Dutton y Dukerich (1991) y el de Pratt y Rafaeli (1997)). En ese estudio, los autores, ofrecen una descripción de cómo la IO está amenzada, reparada y preservada por las acciones organizacionales que involucran los altos ejecutivos y la junta de directivos en una organización sin fines de lucro. En esta descripción, los autores señalan la propuesta teórica de Goffman
sobre la distinción entre frontstage and backstage. Similar a lo que hicieron Pratt y
Rafaeli (1997), los autores enmarcan el conflicto y las múltiples construcciones de
identidad dentro de un contexto organizativo. Usan los conceptos de holográficos y
de identidades híbridas (Albert y Whetten, 1985) para analizar las tensiones entre la identidad del voluntario y la identidad de familiares y amigos en una organización del tercer nivel. El caso muestra como el individuo y la identidad organizacional están interconectados mediante procesos identitarios.
Autores como Carter y Mueller (2002), y Foreman y Whetten (2002), han reconocido que las organizaciones pueden tener múltiples identidades. Se considera que la IO es múltiple cuando los miembros de la organización realizan dos o más afirmaciones acerca de lo que es la organización. Para Sillince y Brown (2009) esta comprensión de las identidades se debe a una aproximación desde la retórica (Carter y Mueller, 2002; Collinson, 2005), en donde se analiza cómo el reconocimiento y las afirmaciones sobre la identidad pueden contribuir a los esfuerzos por explicar con más detalles el comportamiento de las organizaciones. Aunque la noción de identidad múltiple es frecuente en la literatura, la falta de consenso en cuanto a su significado compromete su utlidad como un constructo teórico (Foreman y Whetten, 2002).
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Para Sillince y Brown (2009), la mirada desde la retórica en la concepción de una IO múltiple tiene al menos tres implicaciones importantes para la teorización y la investigación en este campo: (1) El reconocimiento de las identidades múltiples sugiere que existe la necesidad de reconsiderar la ampliamente mencionada suposición de que las organizaciones tienden a comunicarse en forma coherente.
En este sentido, se pueden presentar muchos yos en una organización. (2) El
reconocimiento de varias identidades responde a una visión clara sobre lo que sus
miembros son, son sinónimo de o deberían ser con el objetivo de promover la
identificación, es decir, conducentes a promover procesos activos de integración y sentimientos de pertenencia. (3) La concepción de la IO como múltiple ofrece nuevas ideas para teorizar en este campo, en la medida en que las identidades son estables y duraderas (Albert y Whetten, 1985), dinámicas (Gioia, Schultz, y Corley, 2000), o adaptativas (Brown y Starkey, 2000).
En ese mismo sentido, la IO está en una constante desestabilización por la
producción de nuevos textos, en los cuales la identidad está sujeta a una
reconstrucción continua, por lo que dicha reconstrucción puede que sea muy diferente, mientras que en otros, el cambio sea casi imperceptible (Chreim, 2005; Nayak, 2008). Es conocido que los psicólogos han aceptado que las personas tiene múltiples identidades, y más recientemente también se ha afirmado que los individuos tienen un repertorio de identidades que se hacen prominentes en
diversos roles y contextos. Asimismo, los individuos tienen “múltiples
conceptualizaciones acerca de quiénes somos” (Pratt y Foreman, 2000, p. 19), sobre la base de factores tales como la historia personal o la posición en la jerarquía de la organización (Corley, 2004).
1.4.3.4. Cambio
La literatura ha contribuido a enmarañar la comprensión de la IO, emergiendo los conceptos de cambio y pluralidad como posibles fuentes de tensión, en vez de acercarse a ella como algo estático e inmutable. La identidad se conceptualiza como fluida y maleable (Kreiner, Hollensensbe y Sheep, 2006b), impermanente y
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fragmentaria (Bendle, 2002), múltiple y contextual (Alvesson, 2000). Las identidades se construyen continuamente y son reconstruidas al negociarse constantemente a través de procesos de identificación y diferenciación.
Las identidades emergen de la interacción y de la negociación, y comparten procesos de sentido. Esas interpretaciones ocurren y están contextualizadas e infuenciadas por el entorno, de manera tal que las interacciones entre los miembros externos y los miembros internos de la organización contribuyen a la formación de identidades (Gioia, Schultz y Corley, 2000). Esto evita considerar la IO como algo estático o esencial, aproximándose a la IO a través de performances. Esta idea extiende la teorización de la identidad como un proceso
dialéctico de ser-siendo y de llegar a ser (Tsoukas y Chia, 2002; Clegg,
Kornberger y Rhodes, 2005), lo que quiere decir que en vez de ser la IO algo ontológicamente seguro, surge del proceso de organización de la misma organización. En otras palabras, está en constante cambio. Las identidades no son estáticas u existen objetivamente, sino que se construyen discursivamente en forma fluida y constante (Brown y Humphreys, 2006).
1.4.3.5. Dialogal y relacional
La identidad tiene un carácter esencialmente relacional (Ybema, Keenoy, Oswick, Beverungen, Ellis y Sabelis (2009). Las identidades pueden surgir de las articulaciones de las similitudes y las diferencias, lo que implica la separación
discursiva del yo y el otro, apareciendo una parte intrínseca del proceso en la cual
se llega a comprender lo que uno es, a partir de las nociones acerca de lo que no
se es, y por extensión, quiénes son, y quiénes son los demás. Como argumenta
Jenkins (2004), “la construcción social de la identidad es una cuestión de
establecer y significar las relaciones de similud y diferencia” (p. 5), más que imponer límites aparentemente arbitrarios de crear y definir la alteridad.
Este diálogo puede ser construido de diversas formas, centrándose, por ejemplo, en discursos dramatúrgicos y también dentro de las llamadas luchas discursivas
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(Alvesson y Deetz, 2000). Las expresiones de los demás pueden llegar a ser asimiladas en uno mismo y convertirse en un mismo sentido. Desde esta concepción, trabajos como los de Cunliffe (2002) se han centrado en el discurso de los administradores como práctica que actua e interactúa con otros, es decir, la
identidad es un proceso que es resultado de, al mismo tiempo que permite el
diálogo como tal.
Lo dialógico es considerado como un concepto puente entre el individuo y la sociedad. Su potencial mediático radica en su doble carácter, que refracta lo que puede ser visto como una dialéctica permanente entre la estructura personal y la social. Por esta razón, los estudios de la identidad prestan atención simultáneamente a ambas definiciones, a las autodefiniciones y a las definiciones de los demás (Ybema, Keenoy, Oswick, Beverungen, Ellis y Sabelis, 2009), para
que la identidad pueda ser sujeto y pueda ser vista también como un proceso
activo de trabajo discursivo en relación con otros hablantes. En esta interrelación discursiva “la organización no sólo construye al empleado, sino que el empleado construye la organización” (Gabriel, 1999, p. 190).
Utilizando esta concepción dialogal, Foreman y Whetten (2002) proponen entender la IO como la conjunción de la comparación entre la percepción de la identidad actual de una organización (creencias sobre el carácter existente de la organización), con sus expectativas en términos ideales (creencias sobre lo que es deseable, informado por los mismos miembros) y cómo la brecha o congruencia de la identidad resultante (la distancia cognitiva entre la identidad actual e ideal) afecta de manera significativa el nivel de involucramiento de los empleados.
1.4.4. Conversaciones en relación con otros términos