El sociológico Erik Erikson enfoca la identidad como el proceso que hace que el núcleo de la individualidad y el núcleo de la comunidad sean uno mismo. La consideración más sociológica de la identidad ha sido iniciada por la escuela de pensamiento del interaccionismo simbólico que muestra cómo son los procesos
sociales de construcción de la “identidad social a partir de la distinción entre el yo
y él”. A partir de los años sesenta surgen presupuestos en los que consideran la
conciencia de la identidad como un atributo del individuo y esa conciencia se basa en significaciones sociales de rasgos tanto individuales como colectivos, cuya significación constituye un proceso de construcción de sentido en donde todos participan de maneras desiguales.
Por otro lado, Giménez (2000) considera que el concepto de identidad aparace a finales de los años sesenta, aunque sus elementos ya se encuentran presentes en la teoría social anterior. La sociología plantea el estudio de la identidad en dos tradiciones: por un lado, la americana, destaca al sujeto como actor social y la formación de su identidad a partir de la participación en el mundo social; y por el otro lado, la francesa, estudia la identidad como la dimensión subjetiva de las
54
representaciónes socialmente elaboradas o el capital cultural que distingue a las clases sociales.
La tradición francesa vincula tambien el estudio de la identidad con los movimientos sociales y las migraciones. La identidad se define a partir de cómo los grupos se representan a sí mismos frente a otros. Durkheim fue el primero en plantear la existencia de representaciones sociales que se expresan en el comportamiento de los individuos. Moscovici retoma esta idea en su teoría de las representaciones sociales, las cuales son campos de conceptos o sistemas de nociones asociadas que sirven para dar cuenta de la realidad y, a la vez, determinan el comportanmiento individual (Giménez, 1996).
En la antropología, se considera que la identidad es un elemento de la cultura internalizada que distingue (Bourdieu) o una representación elaborada por los actores sociales (Moscovici). En ese sentido, la identidad es el lado subjetivo de la cultura considerando su función distintiva. Sin embargo, la identidad no es una especie que se atribuyan los actores sociales a sí mismos; por el contrario, la identidad surge del proceso de intercabio social como una afirmación de razgos que distinguen a un grupo y puede modificarse de acuerdo con la historia de los diferentes grupos o colectivos.
Se pueden distinguir las siguientes controversias (Giménez, 1996) en torno al problema de la identidad:
La concepción de la idenidad como un proceso social que se juega de
distintas formas, sea como una identidad colectiva o como una identidad personal.
El papel que se les da a los sujetos en tanto se plantean como poseedores
de una identidad que los hace distintos a otros.
Su particiapción en los conflictos, en lugar de enfocarse en las estructuras
55
La exploración de temas como los relatos que elaboran los grupos y el uso
estratégico de las identidades.
No obstante, se le ha dado un peso excesivo a las representaciones sociales como el núcleo de la identidad, destacando la parte cognitiva, y un escaso reconocimiento a los valores y las prácticas sociales como los componentes que dan sentido a la identidad (Hernández, 2008).
El Sociólogo norteamericano Charles Horton Cooley (1902) buscó explicar la sociedad sin excluir lo individual. Es por eso que trató de sintetizar el individualismo y el socialismo en una forma orgánica, evitando caer en perspectivas parciales. “La visión orgánica hace hincapié tanto en la unidad del conjunto y el valor peculiar del individuo, explicando uno por el otro" (Cooley,
1964, p. 36). Este uno por el otro hace referencia al aspecto distributivo (las
personas hacen la sociedad) y colectivo (la sociedad hace a las personas) de los aspectos de la vida. Su visión orgánica se sintetiza en el hecho que para él, la sociedad y los individuos no denotan fenómenos separables, sino que son sencillamente aspectos colectivos y distributivos de una misma cosa.
No es posible dividir la psicología social del hombre en aquello que es social y aquello que no lo es. Todo es social en un sentido. Lo social es parte del común de la vida humana. “Todo lo humano acerca de su misma historia tiene un pasado
social” (Cooley, 1964, p. 47). En este sentido, Cooley, define el yo en términos
sociales. Esto es quizás su mayor contribución a la teoría de la identidad (Hatch y Schultz, 2004). Para Cooley, la idea de identidad es definida por la percepción de
cómo nos ven los demás5. Plantea a su vez, la idea, promovida recientemente por
los postmodernistas, que la identidad es una construcción lingüística: “Que el "Yo" del habla común está envuelto en el hecho que las palabras y las ideas que
5 Es lo que Jane Dutton y Janet Dukerich (1991) definen como imagen. Estos autores proponen que la identidad es reflejada en el espejo de la imagen organizacional.
56
definen son fenómenos del lenguaje y de la vida comunicativa”6 (Cooley, 1964, p.
180).
Para el también sociólogo norteamericano George Herbert Mead (1934), teórico
del interaccionismo simbólico, presenta el yo como dinámico y social, afirmando
que la identidad se forma por la interacción social y destaca la internalización de
los otros como parte del sí mismo. Mead formula una concepción del sí mismo
como un proceso social y, a la vez, una capacidad mental de considerarse a sí
mismo como objeto. El sí mismo presupone el proceso social de comunicación
entre los humanos; surge con el desarrollo y a través de la actividad social. El sí
mismo está dialécticamente relacionado con la mente. Es así que el autor afirma
que el yo no es un sí mismo y se convierte en tal cuando la mente se ha
desarrollado por medio de un proceso reflexivo. Por medio de la reflexión, los procesos sociales de participación y comunicación son internalizados en la experiencia de los individuos.
Mead (1934) identifica dos aspectos o fases del sí mismo que los llama el yo y el
mí. Afirma que ambos son partes de un todo pero separables en cuanto al
comportamiento y la experiencia. El “yo” es la respuesta inmediata de un individuo a otro. Es el aspecto no calculable, imprevisible y creativo del sí mismo. Las personas no saben con antelación cómo será la acción el “yo”. No se es
totalmente consciente del “yo”, tan sólo cuando se ha realizado el acto. El yo
reacciona contra el mí que es el conjunto organizado de actitudes de los demás
que uno asume. Es la adopción del otro generalizado, las personas son
conscientes del “mi” pues implica la responsabilidad consciente. El “otro” generalizado es la actitud del conjunto de la comunidad hacia mí.
El autor tiene una concepción moderna de las instituciones sociales, que
constriñen a los individuos, a la vez que les capacitan para ser creativos7. Albert y
Whetten (1985) enfatizan el concepto de yo de Mead para formular la definición de
6 Bárbara Czarniawska (1997a) discute la identidad organizacional como un fenómeno lingüístico. 7 Sobre esto se puede consultar también Giddens (1988) y Ritzer (2003).
57
identidad y las relaciona con la percepciones del sí mismo formado por los otros.
La aportación de Mead es considerar que el sí mismo se forma en el proceso de
interacción social y de comunicación. El sí mismo puede concebirse como un
desarrollo social, al participar en las actividades, y la capacidad de reflexionar
sobre las experiencias que internaliza8.
El sociólogo y escritor norteamericano Erving Goffman (1989) estudió las unidades mínimas de interacción entre las personas, centrando su atención en grupos reducidos, diferenciándose de esta manera de la mayoría de los estudios sociológicos que se habían hecho hasta el momento a gran escala. Estudió la influencia de los significados y los símbolos de la acción e interacción humana.
Plantea el desarrollo de un sí mismo que realiza actuaciones estratégicas
dependiendo de los escenarios y recursos disponibles. La identidad para el autor aparece como una construcción subjetiva de los actores sociales y les aporta una capacidad de actuación frente a las estructuras del mundo social.
Goffman equipara la interacción social con el desempeño dramatúrgico. Como una obra de teatro, los actores conspiran con su audiencia para que sean testigos de su desempeño. El trabajo de Goffman sugiere que la identidad es un desempeño y que las habilidades de los actores son relevantes para controlar o manejar las
impresiones del desempeño que la identidad deja en los otros. Por lo tanto, los
otros en las definiciones de Cooley y Mead viene a ser la audiencia para Goffman
dentro de la metáfora que plantea, permitiendo introducir a los stkeholders dentro
del debate (Hatch y Schultz, 2004).
Goffman (1989) se aleja de las ideas de Mead sobre el sí mismo, en particular con
su análisis de las tensiones entre el yo espontáneo y el mí, las actitudes o
constreñimientos sociales. Existe una tensión entre lo que las personas esperan que se haga y lo que se quiere hacer espontáneamente. Las personas actúan para sus audiencias sociales con la finalidad de mantener una imagen aceptable
58
del sí mismo. En diferentes situaciones (escenarios) los individuos presentan imágenes distintas. Goffman se centró en la dramaturgia como un modelo social que le permite analizar esta presentación. Adoptó una perspectiva de la vida social como si ésta fuera una serie de actuaciones dramáticas que se asemejan a las representadas en el escenario. No creía que el sí mismo fuera una posesión del actor; lo consideraba como el producto de la interacción dramática entre el actor y la audiencia. El autor analizó las situaciones como si las interacciones sociales fueran representaciones, desmenuzando sus distintos componentes y su efecto en
la interacción entre el actor y la audiencia9. El sí mismo aparece como aquella
apariencia que el actor muestra (una máscara) y que manipula para dar
cumplimiento al desarrollo de la presentación10.
En contraste con Cooley y Mead, la identidad deriva de las formas en que los otros
consideran el sí mismo. Goffman, describe no como las imágenes de los otros son
transformadas en identidad (propuesto por Cooley y Mead), sino como la identidad puede ser satisfecha comunicándose por los otros a través de la impresión del management. En su texto: “The arts of impression Management”, Goffman no solo describe cómo los individuos impresionan a otros, sino cómo los otros conspiran con el individuo para ayudarlo la mantener satisfecha sus relaciones sociales. Goffman también nota que el contexto de intercambio entre los actores y la audiencia, toma un lugar que provee expectaciones compartidas y da directrices para el desarrollo.
9 En ese sentido, Dubar (2002b) realizó una revisión de los clásicos de la sociología acerca de la identidad y la socialización. Encuentra que la identidad se genera como el resultado de las socializaciones sucesivas, por lo que la socialización es un proceso constante de reconstrucción de identidades ligadas a diversas esferas de la actividad, que cada uno encuentra en el curso de su vida y en la cual aprende a desempeñarse como actor social.
10 El significado de persona deriva del griego (prosopon) y significa máscara dentro de un drama; luego amplía su significado para referirse a la intimidad, carácter o naturaleza desnuda. Posteriormente, en el derecho romano adquiere un significado de entidad jurídica y moral (personae) que alude a un ser consciente, libre y responsable con derechos y obligaciones. Una discusión amplia sobre estos aspectos se puede revisar en: Dubar (2002a, p. 40 y ss.)
59