Lo discutido lleva a preguntarse por la posibilidad que tiene la IO de considerarse como un fenómeno que pueda ser deconstruido en un conjunto de componentes generalizables como la orientación moral, las preferencias de riesgo, o clasificaciones de estado (Brickson, 2000). Aunque Albert y Whetten (1985) propusieran que las "dimensiones seleccionadas para definir el carácter distintivo de una organización puedan ser muy ecléctico" (p. 268), a muchos académicos les gustaría ser capaces de comparar la identidad de una organización con las identidades de las otras. Las primeras investigaciones versaron sobre la posibilidad de encontrar una identidad única en cada organización o si hay un conjunto de dimensiones de IO que se puedan generalizar en todas las organizaciones. Si hay dimensiones generalizables, entonces se debe tener en cuenta los atributos de centralidad, distinción y duración, revisadas anteriormente.
La idea de que cada organización tiene una identidad única es el enfoque en donde se evalúa la identidad de una organización con dimensiones sugeridas por los miembros de la organización a sí mismos (por ejemplo, con la técnica de rejilla, Gustafson y Reger, (1998)). Por lo tanto, la identidad de una organización no es necesariamente o directamente comparables con la identidad de otra organización. El enfoque de los que buscan generalizar las dimensiones de la identidad de la organización es una perspectiva ética, en la que los investigadores identifican los atributos que les interesan y evalúan la solidez de estos atributos en una organización con respecto a otras.
Las posiciones teóricas, ontológicas y epistemológicas a través de las cuáles uno se acerca a una construcción, son fundamentales para toda investigación, y en el tema de la IO, no va a ser la excepción. Sin esta claridad, pueden surgir
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confusiones en los niveles de análisis. Por ejemplo, cuando los investigadores definen la identidad de la organización como una construcción social, pero luego tratan de medir los atributos globales y sus dimensiones (mezclando aspectos positivistas y subjetivistas) las conclusiones pueden ser confusas y perder su carácter de validez.
Una cuestión fundamental será cómo en el trabajo de campo co-mantener múltiples perspectivas sobre la identidad de la organización y al mismo tiempo, acumular conocimientos para aclarar el ámbito de la identidad de la organización objeto de estudio. Sería un error concluir que un solo enfoque es el correcto. Hay varias rutas para el estudio de la identidad de la organización, cada uno con su propia base de supuestos y de destino. Identidad de la organización es una construcción en torno al cual existen profundos desacuerdos y diferencias que no pueden ser reconciliadas, y sin embargo hay una gran promesa para su construcción.
Según (Corley, Harquail, Pratt, Glynn, Fiol y Hatch, 2006), la discusión anterior
permite avanzar hacia una concepción socio-cultural de la identidad. En primer
lugar, destacan la concepción de la identidad como un proceso inacabado y abierto, que los sujetos están obligados a realizar para enfrentar los cambios del mundo moderno. La identidad constituye una interface entre lo individual y lo
social; lo que somos es en buena medida la forma cómo actuamos y lo que
decimos en los distintos ámbitos del mundo social. En segundo lugar, la identidad es algo inserto en el mundo cotidiano y se le puede tomar como punto de partida en lo que dicen los sujetos de sí mismos, y por el otro, la forma en que participan de las prácticas cotidianas. Se trata de concebir la identidad como una herramienta que es utilizada de acuerdo con las actividades en que participa el sujeto e incluso, que se improvisa según los contextos y los recursos (económicos, sociales, simbólicos) disponibles. La identidad es vivida y encarnada por las personas de acuerdo con su participación en las prácticas sociales. La identidad tiene entonces, un carácter relacional en tanto permite decir quién es uno y situarse en relación con las otras personas en un contexto social. La identidad
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supone un otro frente al cual se construye y tiene un carácter cambiante,
adaptable a los contextos o ámbitos de experiencia en que actúan los sujetos.
Tercero, la construcción de la identidad es un trabajo que se realiza en las prácticas situadas al participar de cierta manera en las actividades y simultáneamente en el pensamiento como un habla interna y la generación de un sí mismo capaz de orquestar distintas voces. La construcción de la identidad es un proceso de autoformación al participar y entrar en contacto con las prácticas y significados culturales. En la medida que se conoce más ámbitos de la experiencia se generan nuevas capacidades de ser y pensar que se entroncan y permiten apropiarse de los mundos culturales. Las personas y actividades que se efectúan en lugares específicos proporcionan recursos identitarios a los sujetos en formación.
Cuarto, es importante destacar el desarrollo de capacidades reflexivas y de auto descubrimiento que desarrollan los sujetos al participar de las prácticas y discursos socio-culturales que conforman un ámbito de experiencia o mundo
figurado. Las concepciones del sí mismo implican una capacidad reflexiva, al
tomarse como objeto de sí mismo y sus experiencias. La construcción de identidad
supone al sí mismo como un proceso social, que se encarna en el sujeto, y el
desarrollo de su capacidad de reflexionar sobre el mundo cultural. Las personas a lo largo de su vida pueden tener distintas identidades, incluso contradictorias, que son objeto de una reflexión y adquieren una coherencia en las narrativas biográficas.
Un aspecto más por considerar es el hecho de disponer distintos enfoques teóricos sobre la identidad permite visualizarla y comprenderla en su carácter dinámico y multiforme de acuerdo con las prácticas que el sujeto busca afiliarse y de su conocimiento para participar de las mismas.
Lo comentado en este capítulo ha contribuido a mostrar las diversas conversaciones que se vienen realizando en torno al tema de la IO. Se busca con
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ello promover la conversación y mostrar los principales paradigmas, perspectivas y discusiones que forman parte de los actuales diálogos sobre este tema. Los resultados de la revisión no sólo permiten develar algunas conversaciones acerca de la IO sino que enmarcan un estado de la discusión para seguir impulsando debates y controversias, a la vez que delimitan y contribuyen a presentar un panorama general sobre el tema para aquellos investigadores que quisieran profundizar en él.
La IO ha sido reconocida y establecida como un importante concepto dentro de los EO (Brown, 2001), y últimamente ha sido vista como un constructo de creciente importancia (Ashforth, Rogers y Corley, 2011). Aunque la definición seminal de Albert y Whetten (1985) de aquello que es central, distintivo y perdurable aún es válida y es retomada por los investigadores para sus trabajos, esta ha sufrido una serie de cambios y desarrollos en los últimos años. Diferentes investigadores han partido de distintos paradigmas y diversas perspectivas teóricas para interpretar
estos atributos, configurando un controversial diálogo acerca de lo que la IO es o
debería ser. A continuación, se presenta una tabla en donde se resume lo discutido.
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Tabla 2: Paradigmas en relación con la identidad organizacional
Paradigmas Items
Esencialista Constructivista Discursivo
Concepción de la IO
Es un atributo o
característica capaz de ser gestionada. Es un colectivo generalizado y una interpretación sostenida a partir de la cual se comprenden las acciones. Es una metáfora construida narrativamente en donde no prevalece un único discurso. Concepción de la organización
Es una entidad en sí misma, auto-reflexiva. Es una construcción social. Es un constructo discursivo. Enfoques cognitivos De la mano del funcionalismo, se centra técnicamente en las
relaciones causa-efecto para mejorar la eficacia de la organización.
A partir de una mirada interpretativa, busca la comprensión del proceso de construcción a través de la práctica hermenéutica.
Tiene una orientación crítica al buscar emancipar al hombre, denunciando la subordinación y el control al que es sometido por los regímenes de gestión. Perspectivas teóricas Regulación y resistencia. Estabilidad y cambio. Construcción identitaria. Narración y discurso. Audiencia e identidad. Fuente: Elaboración propia.
Lo central, distintivo y duradero de la IO ha dado paso a lo dinámico e inestable (Gioia, Schultz, y Corley, 2000), a las múltiples facetas en las cuales no hay una unidad singular (Brickson 2000; Pratt y Foreman 2000; Essers y Benschop, 2007). Esto ha permitido que las conversaciones en torno a la IO sean disímiles, variadas y muchas veces contradictorias. Sin embargo, la investigación teórica y empírica sobre los procesos de construcción de identidad, podrían considerarse relativamente recientes (Kornberger y Brown, 2007; Sillince y Brown, 2009), a pesar de que “el concepto de identidad es clave para entender las organizaciones modernas” (Gioia, Schultz y Corley, 2000, p. 78). No obstante, hay poco acuerdo sobre lo que el concepto de IO denota, o si existe una metodología para estudiarlo. Incluso, y retomando a Harquail (2004), se podría afirmar que la anarquía aún reina en el concepto de IO.
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Frente a la diversidad de voces relacionadas con el concepto mismo de IO, al paradigma que subyace a dicha conceptualización, y de las relaciones que tiene con otros términos, el abordaje de la IO como objeto de estudio, así como perspectiva teórica para el análisis organizacional, requiere y exige claridad conceptual y epistemológica para no caer en inconsistencias metodológicas y teóricas, reto de todo investigador que tenga su interés de estudio en este campo de conocimiento.
Si bien es cierto que algunas distinciones importantes se han elaborado, las herramientas analíticas, tanto a nivel conceptual como su aplicación a nivel metodológico, son relativamente escasas y no permiten dar cuenta del proceso de construcción identitario como tal. Un ejemplo de ello es que aún no se ha abordado plenamente cómo los conceptos de identidad y cultura se relacionan entre sí, cuáles son sus puntos de similitud y diferencia, y el potencial que tienen para ofrecer una contribución analítica distinta a los EO. Otro aspecto aún por abordar son las posibilidades que tiene la IO para comprender, tanto a nivel teórico como empírico, las relaciones de la organización con el medio ambiente, y las repercusiones en relación con la legitimidad, la reputación y la atracción de inversores, por mencionar tan sólo algunas vetas de futuras investigaciones.
La aplicabilidad del concepto de identidad a múltiples niveles de análisis y su capacidad para integrar conocimientos analíticos a nivel micro, medio y macro, subraya aún más su potencial de convertirse en un constructo integrador. Como
Albert, Ashforth y Dutton (2000) han argumentado: “el poder de la identidad y la
identificación se deriva de la capacidad integradora y generadora de estos constructos” (p. 13). El reto estará entonces en encontrar formas de desarrollo y despliegue de conceptos de identidad que sean atractivas a través de los límites científicos sociales tradicionales, para ofrecer la posibilidad de múltiples tipos de análisis perspicaces, siendo a la vez lo suficientemente bien definidos para promover una comprensión más profunda de la compleja realidad organizacional.
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