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“La competencia entre empresas independientes es la primera fuerza motriz de la innovación.” (Libro Verde de la Innovación, 23) El modelo dominante de la innovación tecnológica no es el propio de la filosofía de la ciencia (sea popperiano o no) o de una sociología de la ciencia actualizada sino el de la economía ortodoxa. Es el pensamiento económico contemporáneo el que, desde la década de 1970, ha ido moldeando la idea de innovación que actualmente manejamos. En ella, los agentes económicos se representan intentando apropiarse de las invenciones para obtener beneficios mediante la construcción de una serie de defensas, evitando la entrada de “imitadores indeseables”; defensas que pueden ser mecanismos de protección pública (patentes) u otros recursos económicos: establecimiento de economías de escala, diferenciación de productos, ventajas

200 Véase la siguiente definición: “… a commodity is simple a name for any actor/element –human, non-human, or ‘hybrid’ human/non-human- that can routinely circulate in a money economy. It is an ‘object’ that can play a particular sort of role in a particular sort of narrative of production and consumption.” (Kaghan, 2000: 345).

competitivas, secretos industriales, etc. La ecuación se manifiesta simple y directa: a mayor grado de apropiabilidad de lo inventado, mayor producción de inventos:

“La fluidez con la que se puede trasmitir la información puede llegar a ser la misma que la rapidez que un agente económico –el inventor- pierde la apropiabilidad sobre la tecnología generada. Si esto fuera siempre así, apenas existiría un motivo económico –un motivo, en suma- para innovar; el incentivo, por tanto, no pasaría de ser un altruismo moralmente rentable.” (Carmona, 1992: 16, subrayado mío).

“Estamos en una economía global, la mayor parte de los productos si no es en el momento de su salida en cualquier momento pueden ser copiados, pueden ser reproducidos y vendidos y realmente eso es imposible de controlar. Entonces cuando una empresa quiere asegurarse que las grandes inversiones, rentabilizar, asegurar,… pues tiene que tener una herramienta que le permita amortizar esos gastos y que eso de alguna forma se lo garantice alguien que le reconozca el esfuerzo personal, de la empresa, de sus investigadores, económico, etc. Porque si no sería todo muy cómodo que estuviera todo el mundo cruzado de brazos y hubiera uno serio, motivado y entusiasta que estuviera todo el día sacando productos nuevos, para la salud, para las comunicaciones y en el momento que saliera todo el mundo le copiara… queramos o no, estamos en un mundo capitalista y nadie se va a meter en un proyecto de riesgo si tú, como Estado, no le reduces los riesgos.” (E2, subrayado mío).

Es decir, el altruismo201 no resulta deseable económicamente (aunque

moralmente resulte “rentable”, pero eso poco importa) ni compatible con los incentivos necesarios para sacar a los agentes económicos de sus posiciones inmovilistas a través de motivos externos que les impelan a innovar. Además de ello, la innovación, se nos argumenta, fuera de un contexto de sana competencia se torna imposible ya que requiere una pugna constante entre los agentes sociales y económicos (Merges, 1995). Hay que incitar a innovar mediante la inyección de

competitividad (“competencia equitativa”) y el establecimiento de unas normas (PI&I) estrictas:

“Para que haya innovación son necesarias unas "reglas del juego" que la estimulen. Esto se aplica a la competencia, a la vez fuerza motriz de la innovación y medio de luchar contra los abusos de situaciones de posición dominantes, lucha que conviene no abandonar nunca. También se aplica a las normas jurídicas de protección de la propiedad intelectual, factor decisivo de la incitación individual a innovar que es necesario promover y adaptar constantemente a las evoluciones de las tecnologías y de la sociedad.” (Libro Verde de la Innovación, 22, subrayado mío).

La construcción teórica que examinamos está fundada en cierto “egoísmo

antropológico”, un modelo de individuo maximizador de provecho personal, el

homo economicus clásico, guiado por un bien monetario202. Si el único motivo

esencial por el cual el ser humano crea, inventa, ensambla y condensa saberes y conocimientos es una recompensa pecuniaria tangible, pareciera que el motor de la historia es el interés personal, el provecho privado o el encanto temible del dinero. O sea, el egoísmo mueve el mundo203. Esta suposición puede ser validada, pero como consecuencia del desarrollo de un modelo social capitalista y de una “cultura de la competitividad”, nunca como a priori antropológico, como verdad natural dada. La confusión entre el producto de una estructura ideológica e histórica de comportamiento individual204 y una característica constante del ser humano acarrea terribles malentendidos. De ser un presupuesto añadido, acaba adquiriendo el

202 Una versión clásica puede leerse en Jevons, donde dedica un capítulo entero (1998, cap. 3: 85-91) a explicar la “teoría del placer y el dolor” aplicada a economía.

203 De esa manera pareciera que sólo la iniciativa privada genera innovaciones: “Internet, el software y el hardware son un desarrollo privado.” (E8) o “No proteger mediante patentes y publicar los resultados, en la industria farmacéutica… sin la patente que es un monopolio de explotación, ninguna empresa invertirá en su desarrollo y nuca llegará a la sociedad.” (E14, subrayado mío). Lo que no convence a otros de los entrevistados: “Cuando te dicen… ‘es que si no hay retribución, pago por copia, no hay creación’,… mentira prodrida… hay mogollón de gente ahí fuera que está creando cosas sin ver un duro, porque no las están creando para ganar dinero con ello, las crean por otras razones, la estructura económica de esa creación es totalmente distinta, tiene mucho más que ver con el ego y con el amor, con la satisfacción personal que con la retribución económica.” (E9).

204 Es común encontrar definiciones muy individualistas de la innovación que luego, páginas más tarde se compensan con reconocimientos colectivistas. Otro ejemplo del Libro Verde de la Innovación: “La innovación es finalmente, por su naturaleza, un proceso colectivo que implica el compromiso progresivo de un número creciente de participantes. A este respecto, la motivación y la participación de los asalariados son críticas para conseguir el éxito.” (pág. 20).

marchamo de ley natural empírica. La gratificación interesada se manifiesta como una disposición dominante y necesaria pero nunca el fruto de un sistema de relaciones mercantiles.

A pesar de que la empresa se vuelve el agente innovador por excelencia (generador de progreso y bienestar socioeconómico), detrás del modelo de innovación más extendido subyace siempre el carácter individual de las relaciones sociales. Es el individuo el que inventa205, innova y patenta y es, por tanto, hacia donde deben enfocarse los incentivos:

“…un régimen de derechos de propiedad intelectual e industrial en Europea que, en un contexto en fuerte evolución (especialmente en los ámbitos de las biotecnologías y de la sociedad de la información), continúe facilitando un marco para la incitación individual a innovar y permita a la vez la amplia difusión de las novedades.” (LVI, 26, subrayado mío).

Desde el punto de vista sociológico que siempre ha defendido el proceso colectivo causante de la innovación, su dimensión cooperativa y su naturaleza

irrenunciablemente social206, no resultan aceptables. No existe un torrente de

creatividad individual y personalizada que explota periódicamente sino un magma de interacciones diversas que se interfieren y producen los más variados objetos e

ideas207. Numerosos trabajos en ciencias sociales han ido erosionando el mito

ideográfico del inventor heroico desde hace décadas (Ogburn, Thomas, Usher, Gilfillan, Munford, Bijker, Hughes, etc.) (McGee, 1995). Más aún, es pertinente traer a colación la visión excesivamente eurocéntrica de los procesos de innovación que parecen florecer espontáneamente en dicho territorio, como si estuviera tocado por

205 Inventor que, como el autor, es un solitario genio, “creador increado”, productor de chispazos creativos privados, al margen del magma social en el que está inserto.

206 Por ejemplo: “Las sociedades humanas están compuestas por cadenas de generaciones entrelazadas, que trasmiten a la vez que innovan, y las culturas humanas son un encadenamiento de comunicaciones entrelazadas; la innovación sería imposible sin un lenguaje que permaneciera esencialmente igual a lo largo del tiempo, permitiendo así la comunicación intergeneracional e intrageneracional.” (Goody, 2005: 24).

207 Es de justicia diferenciar entre lo que podría ser un individualismo ideológico o político (algo que no aparece necesaria o explícitamente en estos textos) y lo que ha dado en llamarse “individualismo metodológico”, que es lo que habita en la mayoría de estos análisis.

una varita mágica, cuando en realidad han sido tomados prestados de otras geografías208.

El modelo se topa con numerosos inconvenientes a nivel de coherencia interna, incluso dentro del campo económico (no estamos ahora haciendo una crítica sociológica). Uno es que cada tecnología debería tener un modo distinto de apropiabilidad, dependiendo de sus características y de la forma en que el cambio técnico pudiera revertir en el sistema económico. Otro es que la misma teoría de la elección racional reconoce que la innovación está íntimamente ligada a la incertidumbre (Arrow, 1962); y ello debido al carácter no tanto de mercancía como de información que tienen las innovaciones. Mientras los procesos de invención e innovación dependan y produzcan información son bienes económicos singulares. Todo lo cual genera ríos de tinta en la teoría económica moderna, afanada incansablemente en hacer medibles fenómenos sociales “inmateriales” (como la innovación), topando en ocasiones con los límites de su propia disciplina209.

Precisamente esa incertidumbre deviene el factor clave que distancia y hace peligrar la conexión entre financiación externa y actividad investigadora. Las patentes, a su manera, serían mecanismos institucionales de reducción de incertidumbre económica (tal y como se insinúa en los debates institucionales). Para aminorar el estado de incertidumbre o el riesgo económico que rodean la inversión privada en el cambio tecnológico se instauran fórmulas legales que aseguren los futuros inciertos de las empresas. La investigación básica o pura, si es que existe, sólo se financia por la Administración Pública en tanto es imposible reducir la incertidumbre económica de sus productos210. En resumidas cuentas, la creciente

208 “... para un buen número de productos que supuestamente se debieron a la excepcional creatividad técnica europea hay que matizar ese origen: o bien se originaron en Oriente, o fueron impulsados desde allí.” (Goody, 2005: 36).

209 Un elemento limitador es el hecho de que el cambio técnico supone un proceso social lo suficientemente complejo como para poder modelizarlo de manera simple. Aunque se intente, la interacción entre economía y cambio tecnológico no se reduce a una ecuación única o a un esquema de interpretación omnicomprensivo.: “Economists tend to take the relationship between innovation and market advantage as given, the only question remaining being how long before the innovation provides adequate returns on an initial investment of resources.” (Fuller, 2001: 189).

210 “Because innovation turns out to be such a risky means of securing larger profits, companies have been traditionally reluctant to devote too much of their operating budgets to research and development (R&D).” (Fuller, 2001: 189). Un ejemplo de este hecho es la ley estadounidense Bayh-Dole (Bayh- Dole Act) de 1980 (Orsi y Coriat, 2003: 2). En ella, se autoriza, por primera vez en la historia norteamericana, el registro de patentes sobre resultados de investigaciones financiadas con dinero

fluctuación e inseguridad generadas en los procesos tecnológicos contemporáneos hacen necesaria una apuesta institucional por decrecer los niveles de las mismas. La opción escogida se basa en otorgar monopolios temporales por cada aportación útil, de manera que esa apropiación coyuntural de lo producido aumente la seguridad de los agentes económicos.

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