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CURRICULUM IDEOLOGY: NCS CAPS  CONSTRUCTIVIST OR

CHAPTER 4: FOCUS ON TEACHER EDUCATION

4.9 CURRICULUM IDEOLOGY: NCS CAPS  CONSTRUCTIVIST OR

LA PISADA DEL

NICORNIO

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GLAUCE HELEN BALDOVIN es una de las mas

importantes exponentes de la poesía cordobesa, y un referente de la lucha comprometida y sistemá- tica por la dignidad del hombre.

En el centro de los estallidos históricos de las últimas décadas, razones políticas y personales entre las que pueden fijarse como límites el se- cuestro y desaparición de su hijo Sergio González y el alcoholismo, la confinaron durante un tiempo al silencio.

La vi por primera vez en 1982 u 83, en un evento organizado por la SADE. Yo era un adolescente desprevenido: me golpearon sus ojos verdes, su belleza, su voz, su poesía como un puñal de punta perfecta. Recuerdo que al volver a casa, aún impactado, escribí un poema horrible que por suer- te destruí.

El "Puma" Daniel Curado tuvo que ver, años mas tarde, con que nos hiciéramos amigos y descu- briéramos que no solo teníamos la poesía en co- mún, sino también lazos familiares. Nuestros en- cuentros -como los que mantenía con la mayoría de sus amigos- fueron "por temporadas", porque sostenerse frente a ella consumía una energía ex- traordinaria.

Glauce no era una persona especial, sino esen- cial. No recuerdo haber compartido con ella mo- mento sin emocionarme, o ?la diferencia la hizo de ella, hablando de otra cosa? conmoverme.

En 1991, año impar y capicúa -lo que aseguraba darle ciertos derechos- decidió cumplir 77 años muy amarillos. Ella amaba los números impares. Poco le importaba haber nacido en el ´28, en Río Cuarto. Le contaría a Eugenia Cabral para los Cua- dernos de su revista ImaginEra: Para mí los nú- meros tienen colores: el 1 es lila; el 3, rojo; el 5, verde; y el 9, violeta. De los pares (que todos me parecen de un marrón arratonado), el único que me gusta es el 8, que es azul.

Esos días le oí que el nombre "Glauce" venia de la mitología griega y algo tenía que ver con las sirenas, aunque no se había cerciorado de ello. Me dijo entonces: Hay abismos, siempre, en todo. Y el hombre, si es inteligente, está para crear puen- tes que sirvan para cruzar esos abismos. Es lo único válido.

Cuando surgió la posibilidad de un reportaje para La Maga, me alegré y me asusté. Octubre del 93. ¿Cómo hacer una buena entrevista a una amiga que la merece? Fui a comentárselo y la encontré con Livia Hidalgo.

Glauce (que solía escribía primero en lápiz y des-

pués pasar a máquina) acababa de terminar Con los gatos, el silencio, y necesitaba leérselo a sí misma frente a nosotros. Sirvió café para dos, di- ciendo: Yo se que les duele, no se ofendan, pero he vuelto a tomar. En estos días, después del cum- pleaños de mi nieto (Pablo), me interno. Llenó un vaso de cerveza y comenzó a leer:

Era el silencio el ángel de la muerte el páramo donde se deshojara el himeneo se marchitara el corazón por las culpas y los miedos.

Yerta región

demonio alado del que me pasé la vida huyen- do.

Hoy

que los gatos me enseñaron su secreto su envoltura de pétalos

busco su voz

su cálido manto para cubrirme de tanta vana palabra

tanto oscuro

mezquino sentimiento.

Y sé que he conseguido la paz. La soledad y el silencio me protegen.

La noche transcurrió lectura tras lectura. Des- pués hablamos del por entonces recientemente aparecido Libro De Los Soles, de su entrañable Romilio Rivero. Ya en otra ocasión me había mos- trado los originales: ese cuaderno tosco donde el pintor-poeta trazó parte de sus misterios. Acorda- mos la entrevista formal para el día siguiente (el tema de Romilio volvería), y cuando ya me iba, me pidió que habláramos del alcohol. Se lo prometí, no muy convencido.

- Lo siento necesario - sentenció.

El reportaje se llevó a cabo bajo música de Bramss y Pink Floyd. Pocos días antes de que se publicara, me pidió que la internara. Yo estaba algo asustado y lo llamé al Puma, que ya había resuelto otras internaciones para que me acompañara. En el Hospital Neuro psiquiátrico no había sitio y él arregló las cosas para que fuera por primera vez a la clínica Saint Mitchel. Nuestro siguiente encuen- tro en su casa fue el de su siguiente internación. Esta vez la asustada era ella. Yo estaba con Martín Avila y en esa ocasión hablamos de plantas, sie- rras y caminatas. De la belleza anaranjada del tabaquillo. Prometimos que cuando estuviera bien

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vendríamos a sacar un árbol del jardín que no se porqué odiaba (creo que era un laurel) y en su lu- gar plantaríamos un algarrobo. Minutos antes que vinieran a buscarla me leyó, temblando, el primer poema de un próximo libro que se llamaría A mi costado, el miedo. Acababa de escribirlo, pero siempre planificaba en serie. En el tenso momento de la despedida, temiendo se perdiera, recogí el papel. Posteriormente, en una visita a la clínica, le recordé que lo tenía, y me pidió que lo guardara.

No nos vimos por unos cuantos meses. Nos encontramos después en un par de eventos cultu- rales a las que, acompañada, le permitían salir. Me pidió que la visitáramos (se refería a todos) por- que lo necesitaba.

No cumplí la promesa de reemplazar el árbol. En cambio, planté algunos algarrobos en mi casa. Uno es de ella. Los originales de esta conversación es- tán enterrados junto a él, y quiero suponer que a medida que el agua y el tiempo los vuelven tierra, alimentan y sostienen sus raíces.

LA CONVERSACION

- Hacía tiempo que a Romilio lo venia rondando el poema de los soles, así le decía él. Una siesta me llama al trabajo: «Glauce, estoy muy mal, ne- cesito que nos encontremos. ¿Tenés unos pesitos ?». Bueno, unos pesitos puede ser. No mucho. -le digo-.¿Cuándo queres que nos encontremos ?. «Ya mismo», me dice. Mirá negro -le digo yo-, son las dos y media; yo salgo a las cinco, a las cinco y media puedo estar allá.... Así que nos encontra- mos a las cinco y media en un barsucho de mala muerte que tenía un estaño hermosísimo, esos antiguos. Un bar de borrachos. Cuando te cobra- ban golpeaban la caja ¡tum,tum,tum!, para espan- tar las cucarachas. Ibamos seguido. Yo debía ser la única mujer que entraba ahí, con el Corcho o con Romilio. Quedaba en donde ahora es el bar del Teatro, pero era esquina cuadrada entonces; y Romilio vivía ahí muy cerca en una pocilga mise- rable, en esa cortadita que esta al costado de la Casa Radical.

Yo llegué y Romilio ya estaba sentado en una mesa tomando ginebra. Pedí un vaso de leche ti- bia (en ese tiempo no tomaba nada). Llevaba con- migo el cuaderno ese que te mostré, que es gor- do, parece un libro. Se lo habían regalado sus alum- nos a Raúl Dorra, y él me lo había regalado a mí porque, como era prosista, el no escribía nada a mano sino con máquina. Y el negro me dice:

«Glauce, ¿tenés unos pesitos ? Aunque sea para pagar acá». Bueno, no mucho, pero sí negro. «¿Y para una mas?», me dice. Y bueno, si, pero no te pasés, digo. Él ya estaba muy mal. Pidió otra. Y ahí nomás agarró el cuaderno y dijo: «Ya que tenés esto acá vamos a ver si me sale de una vez el poe- ma de los soles. Pero primero, voy a hacer un re- trato tuyo. Quiero hacerte un retrato» - me dice. Yo así quieta, date una idea, mirando a todos los borrachos y ellos mirándome. Y después empezó el loco de mierda con el poema dando vueltas y vueltas en espiral. Y dibujo ese abismo, esas pare- des quebradas, los hombrecitos; y puso, "Este es el libro de los diálogos". Eso iba a ser. «¿Y qué hacemos con los soles ?», me pregunta. Y yo, imaginate, plena época de guerrillas, le digo: El sol da luz y calor, pero qué vamos a hacer con los soles, hermano, si no se vuelven fusiles en las manos?

- Hablando de soles, un poema tuyo de "Y sin embargo, el sol", dice: "A pesar de bregar por una libertad anhelada y no vivida/ la libertad de gozar la libertad/ sin pensamiento alguno que la quie- bre/ sin culpas ni arrepentimientos/ sin dudar/ como no dudamos el agua el aire la tierra el fuego/ el sol". ¿Cómo es tu sentimiento al cumplirse diez años de democracia ?

-¿Que democracia? Por supuesto que no estoy por los milicos, pero nos estamos olvidando de la violencia interna de cada uno. Y me parece mons- truoso. Sigo pensando exactamente lo mismo por- que no vivo la libertad. No existe la libertad en este sistema,en esta sociedad consumista atróz que quiere llegar de cualquier manera al primer mun- do como si fuera un buen ejemplo; y mientras tan- to está minando al hombre. ¿Qué libertad, enton- ces? ¿Quién puede decir "Voy a estudiar", y va a estudiar? ¿Quién puede decir "Voy a trabajar", y consigue trabajo? Son excepciones. Yo no puedo. Sí puedo hablarte del silencio, al que antes tenía como a una maldición junto a la soledad. Me pasé huyendo de ellos mucho tiempo; y con los años me hice amiga de la soledad. Con el silencio me costó más, y me enseñaron los gatos. Mis gatos, Musha y Mao. De eso trata el libro que acabo de terminar. La soledad y el silencio son ahora como mis ángeles guardianes.

-Sin embargo en otro poema decís: "El silencio es violencia/ Pero más violencia es el mezclar las palabras/ confundirlas/ trastocarlas/ para que el silencio se vuelva error/y creamos que la paloma se transformará en dragón/ y que aquel que se ali-

Ver:

Manuscrito de Glauce Baldovin

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menta con nuestra sangre es el cordero."

-Eso es del libro "De la violencia, el terror, el des- pojo". Lo debo haber escrito en el '73, porque mi hijo menor, Sergio, lo alcanzó a leer. Para enton- ces se destituía a Cámpora, subía Peron, y comen- zaba a manejar las cosas López Rega. Han pasado veinte años. Era otro el silencio al que me refería. Era un silencio obligado, necesitábamos hablar pero no podíamos decir nada claramente porque era entregarnos con las manos atadas. El silencio de los gatos es distinto, es un silencio de compli- cidad en el que no se necesita hablar, porque la palabra sobra.

-¿Y qué hay de los poemas de "El Asco"? ¿Qué significa para vos ese libro?

Vienen a liberarme de un montón de cosas terri- bles que siento de estos días. Después quedé con el alma aliviada para escribir cosas que me dan alegría. Son el vomito necesario para sobrevivir en el "territorio del asco" donde todo es tan difícil. Hasta el amor. Yo nunca creí en el amor tortuoso, para mí es alegria y creación o no existe. Pero es- toy viendo a tanta gente hermosa desangrándose por cuestiones económicas o de gran tensión...!

- ¿En algún otro momento histórico sentiste este asco ?

- No. Sentí odio en la dictadura, pero no asco. Y he decidido no ver mas un diario, ni los noticieros; porque ya se exactamente todo lo que pasa y lo que va pasar en política. No tengo ninguna expec- tativa. Los bombardeos televisivos me pueden volver loca; y quiero seguir en esta pequeñisima cordura que he conseguido. No quiero morir loca ni alcohólica.

- Hoy, y en el "territorio del asco": ¿tiene vigen- cia la poesía social?

- Absolutamente. Sigo con esa convicción. Y creo que las únicas dos cosas que pueden salvar al hombre en este momento de la humanidad son la afectividad y la verdad. Las dos únicas armas in- destructibles.

- En tu militancia participaste de algunas impor- tantes revistas culturales.

- Sí, pero no solamente por militancia. En la

decada del 50 simulantaneamente participe de la co?direccion y la secretaria de redacción de VER- TICAL y MEDITERRANEA respectivamente. La pri- mera la editábamos en Rio Cuarto, con Juan Floriani y Cabral Mañasco (que firmaba Luró Bró); y publicamos entre otros a Luis Gudiño Kramer, a José Pedroni, y a dos guatemaltecos exiliados en Argentina: el novelista Amaya Amador, y el poeta Melvin René Barahona. La segunda, Mediterránea, la dirigía mi hermano Alcides. Ambas tenían una tirada de mas o menos mil ejemplares que se enviaban a todo el país, fueron hermosas revistas de las que, entre los allanamientos y el despojo, no conservo mas que un par de números. Des- pués, durante mi estadía en Buenos Aires, partici- pé de Hoy en la cultura, Fui secretaria de redac- ción entre el 62 y el 66 cuando la dirigia Juan José Manauta (el PRIMER DIRECTOR FUE CARLOS AGOSTI, EN 1958). Era extraordinaria. Colabora- ban, entre otros, Brocatto y Jose Luis Mangieri (fundadores de la editorial "La Rosa Blindada"), JUAN GELMAN, CARLOS ALONSO, DAVID VIÑAS, ISMAEL VIÑAS, ESTELA CANTO, Vinicius de Moraes, María Rosa Oliver... En crítica teatral es- taban Gallo, Oscar Ferrigno y Norma Aleandro. Junto con SUR, que era de la línea opuesta, creo que en su momento fueron las revistas culturales más importantes de Latinoamérica. El tiraje de HOY era muy grande y se repartía en todo el continen- te. Cuando subió Ongania se acabó.

- ¿Fue en esa época que conociste a Haroldo Conti ?

- Sí, fuimos buenos amigos con él y con Humberto (Constantini), quien nos presentó. Humberto estaba en ese entonces en la revista El Escarabajo de Oro de Abelardo Castillo. Eran amigos nuestros. Los cono- cimos con mi hermano Alcides en el 54, cuando fui- mos a Buenos Aires a presentar el nº 4 de Mediterrá- nea. Ellos se juntaban en un bar de Av. de Mayo y Rivadavía, creo que se llamaba "El Tropezón"; y no- sotros en uno de Talcahuano y Corrientes, el "Come- dia". Humberto estaba un rato aquí y un rato allá. Incluso nos poníamos de acuerdo para hacer polé- mica entre las revistas. Tanto Haroldo como Humberto eran personas muy tiernas y sensibles. La última vez que vi a Haroldo fue aquí en Córdoba, en el 75, CUANDO ENCABEZABA UNA LISTA PARA LA PRESIDENCIA DE LA SADE NACIONAL. Vino con Marta, su esposa, y pararon en casa. Meses después lo secuestraron.

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(Dice Glauce en el citado Cuaderno de Imagin Era (9/92): "Al formarse Hoy en La Cultura Oral, se incorporaron al trabajo "valores nuevos" como Mercedes Sosa, Diana Raznovich, Hugo Urquijo, unos bandoneonistas de Pugliese... Desarrollába- mos tareas de animación cultural en lugares como las Bodegas Giol, el Edificio Warnes, en un sindi- cato de Villa Crespo, en Chacarita; dejábamos for- mados grupos culturales surgidos entre los veci- nos. Por la misma época, en Córdoba, desde la revista Pasado y Presente dirigida por José Aricó, Héctor Schmucler y Oscar Del Barco, se abre la polémica con el PC nacional. En 1965 se produce mi separación del partido con el procedimiento de privación de mi fuente de trabajo en Capital Fede- ral (en una Cooperativa), manera más sutil que la expulsión política. Por ese momento se estrena- ban en Buenos Aires "Israfel", de Abelardo castillo y "Dale Que va", sobre obra y vida de Armando Discépolo, una versión del teatro Fray Mocho di- rigida por Oscar Ferrigno.

En 1966, el golpe de Onganía secuestra el últi- mo número de Hoy en La Cultura y eso marca el fin del movimiento y, por ende, de la revista.

Mi amistad con Haroldo Conti seguirá luego en Córdoba, cuando "el flaco" era candidato a presi- dente en una lista de la SADE nacional. Al tiempo sería secuestrado junto a otros inte grantes de aquella lista: Miguel Angel Bustos, Oscar Barros, Wainer, Oscar Santoro, en la misma noche, el 7 de mayo de 1976".

Muchos años después, en 1981, Glauce forma- ría parte del staff de Reportaje a la Cultura, en Cór- doba, junto a otros poetas: Héctor Solasso, Adela De la Vega, Jorge Martinez, la cineasta Martha De La Vega, el pintor Mario Simpson. Su director fue Pablo Granados.).

* * *

- ¿Es cierto que, ?como al parecer todos los es- critores hacen alguna vez?, vos también quemas- te trabajos?

- Sí, sí. A los veintiocho años. Ya era madre de mis dos hijos. Me caí de un caballo y estuve en cama de yeso durante nueve meses, por un injerto de columna. Ahí corté todo lo que tenía en tiras y lo tiraba entre papeles de diario para que papá no se diera cuenta. Lo único que se salvó ?digamos? fue lo que ya estaba publicado en las revistas. Eso lo hice a raíz de que salían muy marcados elemen- tos como la hoz, el martillo, la paloma, la paz...

- Un reportaje de hace unos años en La Voz del Interior, decía que en las tantas horas de quietud, sospechaste de tus poemas porque habías sufrido demasiado intentando escribirlos. Que sentías que en cada uno, para ser consecuente con tus ideas, tenían que aparecer esas imágenes, y al final te diste cuenta que eso era ponerle corsé a tu sensi- bilidad. Textualmente: " ...DECIDIÓ QUE DE ALLÍ EN MAS ESCRIBIRÍA DESDE SU SENSIBILIDAD PORQUE ENTENDIÓ QUE ANTES QUE NADA Y AL FIN, EL ARTE, LA POESIA, ERA UN ACONTECI- MIENTO DE LA SENSIBILIDAD HUMANA".

- Estaba Neruda, un gran símbolo, que legitima- ba todo eso. A pesar de que yo ya no estaba en el partido comunista; y además nadie me había di- cho qué tenía que decir, ni como escribirlo. Salía, simplemente. Era muy fuerte. Luego tardé años en poder escribir el "Libro de Lucía", que es más combativo sin decir absolutamente nada de com- batividad. Lo "combativo" muchas veces peca de ser solo enunciación.

- ¿Cuales son tus más entrañables en la poesía? - Ah, Rilke. Bertold Brecht; y Saint-John Perse,que es como su antítesis. Whitman. Anto- nio Machado, enormemente. De los latinoameri- canos, Vallejo. Y Homero me enloquece. Los trá- gicos griegos, Sofocles, Esquilo,y Euripides me siguen dando mazasos. Mis hermanos Romilio Ribero y Raul Dorra. De los argentinos contempo- ráneos Olga Orozco y Roberto Juarroz. Ambos maravillosos y ninguno de mi postura política. Es que cuando un poeta es auténticamente poeta, y expresa su verdad; aunque no sea la verdad del otro, siempre hay un punto en común. Es el res- peto y el amor a la autenticidad lo que hermana. No puedo dejar de nombrar a Ulises Petit de Murat, a quien considero mi maestro. Era del grupo de Florida, y muy amigo de Borges. Se habían cono- cido con papá internados ambos en el hospital para tuberculosos de Ascochinga. Cuando a los nueve años escribí mis primeros dos poemas (entre co- millas); papá se los mandó. Y el me envió una car- ta hermosa y una encomienda llena de libros de poesía. Después nos visitó seguido porque venía a Córdoba por razones familiares una semana al mes; muchas veces acompañado de Homero Manzi, con quien escribía guiones para Artistas Argentinos Asociados (las tres A que no eran las genocidas malditas). Ahí me tenían cortita: yo es- cribía algo y me corregía, me marcaba, me hacía

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