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Este capítulo tuvo en cuenta una recopilación minuciosa de textos inscritos en el género de la crónica roja. A pesar de que no todos tienen fragmentos citados, sí contribuyeron en la construcción del modelo. Para ser equitativos con algunos de estos, a continuación se presentan una serie de apartados acompañados de breves reflexiones.

“Aquél domingo hubo sorpresas: una calle improvisada, empinada y ancha, como un charco, donde se bifurcan las vías que conducen a Jerusalén y a la última etapa de Candelaria La Nueva: los cuatro puestos de fritanga, frutas, manteles, electrodomésticos, y la línea de camperos que facilitaban la trepada (…) sopla el viento y se agitan las emanaciones propias de los barrios sin sanitarios” (Cabrera, 1985 P.38)

La anterior es una descripción realizada luego de una serie de crónicas sobre Ciudad Bolívar. Se rescata la descripción de atmósferas que es común en la crónica policial o roja; este recurso, muchas veces es compartido con la literatura del género negro. Crear el ambiente es una manera de localizar al lector, ponerlo en el sitio donde sucederán los hechos.

___________________________________________________________________ “Los gritos se oyeron claramente en el silencio de la tarde. Venían de muy

cerca, a lo más de media cuadra de distancia de la casa. La mujer –veinte años, morena, bonita a pesar de su reciente maternidad− echó a correr en dirección a donde había escuchado la voz desesperada de su marido Jesús Benavides:

−No me mate, Sandalio! No me mate!

Rápidamente se deslizó por la falda de la pequeña colina hasta salir a una maraña vegetal en donde estaba la siembra de café. Allí pudo ver un espectáculo aterrador que la dejó casi sin palabras: Benavides yacía en tierra, con el cuerpo destrozado. Su sangre había manchado la vegetación y estaba en todas partes. A su lado, un perro aullaba dolorosamente y con la lengua se limpiaba una grande herida que tenía en los cuartos traseros. De pie junto al cadáver Sandalio Palomares empuñaba todavía el machete” (Un perro fiel y una mujer infiel, las claves de un crimen pasional)

La historia anterior fue tomada del semanario Sucesos y en su página nadie firma la nota. La narración parece tomada de un cuento latinoamericano con temáticas criminales, la utilización de diálogos junto con la descripción detallada del lugar

84 donde sucede el acontecimiento son vehículos de narración propios de la escritura de no ficción.

En el periodismo tradicional la manera de introducir las fuentes se convierte en algo repetitivo y poco útil. El recurso de los diálogos propio de la escritura literaria, le da fluidez al texto y permite que las fuentes tengan una mejor disposición en el relato.

___________________________________________________________________ “En la tarde del 24 de mayo pasado (1956) se efectuaba la ‘contada’ de

reclusos en la Modelo. En la imposibilidad de pasar lista, las autoridades del penal cuentan a los detenidos a mañana y tarde, pabellón por pabellón, para estar seguros de que nadie ha escapado. En medios de la fila, ‘El cachuzo’ acosaba a Pedro Antonio Cerón. De un momento a otro se oyó un grito: −Me mataron…!

‘El Cachuzo’ sujetándose con ambas manos el abdomen de donde comenzaba a brotar un grueso caudal de sangre, se dejó caer de rodillas y luego de espaldas sobre el pavimento. Cerón, todavía con el mismo cuchillo que su víctima le había dado y sorprendido de lo que hizo quedó inmóvil. Varios guardianes lo sujetaron y en la dirección del penal fue sometido a interrogatorio” (“El Cachuzo” fue muerto con el puñal que dio a otro para que se defendiera)

La descripción violenta no atiende a recursos sensacionalistas. En esta concepción del modelo tiene fines descriptivos y racionales. La agravación del relato busca provocar en el autor una reacción fuerte, pues en países acostumbrados a la violencia es necesario innovar con la forma de contar; para que no sea un muerto más en los periódicos sino un acontecimiento que provoque la reflexión del lector. ___________________________________________________________________ José Joaquín Jiménez, “Ximenez”, fue un cronista reconocido por su cercanía con los temas del periodismo judicial, tenía un talento narrativo que se admiraba en su época. Fue criticado por inventar algunos datos en sus relatos, como la coincidencia de encontrar poemas en los bolsillos de algunos suicidas. A pesar de eso, tenía un estilo muy depurado y prefería recreaciones llenas de detalles. Trabajó la sección de crónica policial en el periódico “El Tiempo” y es uno de los referentes de la época dorada del género en el país.

85 El ejemplo que se presenta a continuación está recopilado en su libro de crónicas. Sin embargo la historia ha sido cuestionada. La información sobre el criminal que describe “Ximenez”, “Mediabola”, es escasa. Por lo tanto no se consiguió una comprobación clara. Partiendo de la base del principio ético se propone asumir como veraz y centrar la atención en la forma, aspecto en el cuál Jiménez fue indudablemente uno de los mejores:

“A los ochos años de edad el rencor se le hizo imposible, y la grave inquietud, extraña e inexplicable que lo movía, comenzó a trajinarle el cerebro. La señora Paca consultó con el cura y el notario. El chico tenía mala entraña. Se le veía en los ojos rasgados; en las pupilas ladinas, en el mentón voluntarioso, en el pelo grueso, ralo y lacio que le ponía sobre la cabeza una gorra de púas.

(…)

La ciudad tenía muchas torres, gruesas, obesas, tiesas y pedantes, que se encaramaban sobre el paisaje y mostraban sus cruces y sus veletas. La ciudad tenía un tráfico horrendo. Tenía mujeres bien vestidas. Todo esto era como en los meses del veraneo en el pueblo. Mediabola fue a la plaza de mercado. Se alimentó de desperdicios y cosillas. Compró un lazo y cargó canastos y cestas de las señoras que hacían comprar. Ingresó a la pandilla de los desharrapados. Dormía en los umbrales, cubierto de pedazos de periódicos y tiras de anuncios. Y una vez (todo en la vida de este hombre fue una vez), sintió hambre y robó un pan en una tienda.

(…)

Todo el penal se alborotó. Sonó el riel su estridente alarido. Los guardianes y los perros aullaron. La luna clara, en el cielo estrellado, parecía una arepa antioqueña.

Emiliano y Mediabola fueron reintegrados a la cárcel. Eran las tres de la madrugada. Se les empelotó. Se les bañó con agua fría, ´puerca, pestilente. Desnudos, fueron azotados y golpeados con los calibres. Los ‘calibrazos’ les dejaban botones morados sobre las costillas y las piernas. El pavor se confundió en el silencio de la madrugada. Sonó otra vez, reglamentario, el grito del riel. Aquél mes no hubo desayuno. Se les vistió de ‘chircates’. Les amarraron al pescuezo unas cadenas soldadas que tenían unas cifras. Estaban al nivel de los perros.

86 Reorganizado el antiguo clan de Matasiete, Mediabola fue elegido jefe

único. Comenzó entonces la lucha de frente. Abocado a 2.000 policiales que prestaban servicio de vigilancia. A 200 detectives que tenían el encargo de perseguirlo, Mediabola se sintió grande, importante persona. Se vistió, sobre el traje a rayas (de la prisión), aquellos lujosos de paño que en su infancia envidaría a los niños veraneantes. Se arregló el pelo. Se hizo limar las uñas. Se calzó los dientes y se construyó los dos incisivos superiores de oro puro” (La infancia, juventud y aventuras del gran hampón ‘Sr Mediabola’)

Es evidente la habilidad descriptiva que tiene José Joaquín Jiménez, los personajes se recrean en su totalidad en atmósferas diferentes que tienen detalles individuales. El lenguaje a pesar del uso metafórico que toma en determinados momentos se mezcla con el lenguaje popular.

La investigación de cada uno de los pasos de Mediabola, criminal desde pequeño, toca las estructuras sociales en diferentes etapas. Es una historia completa, que abarca, casi a manera de perfil la vida del delincuente.

“Los envenenados con cianuro lloran mientras mueren.

El veneno bloquea la respiración celular y provoca una asfixia minuciosa, pero hasta que eso sucede -hasta que el organismo es una masa de carne sofocada- se producen temblores, vómitos, náuseas. Y lágrimas. Una profusión severa, incontrolable –humillante- de lágrimas. El cuerpo llora, la sangre se torna rojo encendido y el aire espirado tiene el olor de las almendras amargas. Los músculos, por falta de oxigenación, se vuelven oscuros, amoratados.

Entre el 11 de febrero y el 24 de marzo de 1979 tres mujeres argentinas, amigas entre sí, murieron presentando uno o varios de estos síntomas: Nilda Gamba, Lelia Formisano de Ayala –a quien le decían Chicha- y Carmen Zulema del Giorgio Venturini, conocida como Mema.

Las sobrevivió una cuarta amiga de nombre María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, nacida en la provincia argentina de Corrientes en el año 1930, casada con el abogado Antonio Murano, habitante del barrio porteño de Monserrat y madre de un hijo: Martín Murano. Le decían Yiya, Yiyona. Yiyi. Era alta, rubia, nadadora. Le gustaba tomar el té en las confiterías de Buenos Aires, ir al cine, comprar ropa, recibir regalos. Pero poco tiempo después de la muerte de su última amiga

87 la señora Murano dejó de tener una existencia tranquila. Perdió para

siempre el nombre Mercedes y fue, por el resto de sus días, Yiya. Los diarios la mostraron en primera plana. La llamaron “la envenenadora de Monserrat”. A todas, decían, las había matado con cianuro. (Tres tristes tazas de té)

Leila Guerriero, cronista argentina, consigue este gran inicio en su crónica sobre Yiya Murano, una reconocida estafadora y homicida que envenenó hábilmente, a través de masitas de té donde colocaba el cianuro, a tres de sus amigas. Su caso es uno de los más recordados en ese país.

El desarrollo mediático que se le dio a esta mujer, que tiene 82 años actualmente, convirtió al personaje en una “leyenda” criminal.

En este aspecto, el texto de Guerriero es un aporte esencial al periodismo judicial por el tratamiento que dio a la información. En su inicio se puede ver como un elemento aparentemente poco narrativo, como los síntomas posteriores al envenenamiento con cianuro, es utilizado con gran merito para dar inicio a la crónica.

Igualmente las descripciones que la autora hace de los encuentros que tiene con Yiya Murano son hábilmente dispuestos en el relato, ya que dibujan la personalidad egocéntrica, dominante y burlona de un personaje que aprovechó su delito para convertirse en un artículo de consumo de los medios de comunicación. Gran parte de la virtud de este trabajo es que se aleja de esas pretensiones de espectacularidad y desnuda al personaje. Aunque este piense que tiene todo bajo control.

_________________________________________________________________ Una de las crónicas más impactantes de las leídas para la elaboración del capítulo fue escrita por Álvaro Irusta, periodista y editor especializado en el área de seguridad:

Junior, un niño de trece años, aficionado a la serie CSI Miami, se ve envuelto en una discusión con sus hermanastros, en medio de la ira el niño asesina a su hermanastra con un cuchillo y a su hermanastro lo ahorca, ahoga y golpea. A partir del asesinato, al mejor estilo televisivo, usa de cómplice a su primo y lo convence de borrar la escena del crimen como lo hacen en la serie de ficción. El

88 hecho es realmente impactante y plantea la problemática relación entre los contenidos televisivos y los niños:

“En un momento de bronca, Junior salió de la cocina empuñando un cuchillo de cortar carne y se abalanzó sobre el cuerpo de Yoselín, que no se pudo resistir. La primera puñalada fue directa al corazón, allí donde los sueños de buena estudiante y de amores futuros se guardan. Cayó de rodillas y clavó su quijada contra el piso; aún respiraba. La segunda llegó a su hígado. No se paró más, nunca más.” (CSI-el alto: niños que matan como en la tele)

Antes de continuar con los fragmentos de esta crónica vale resaltar un recurso que utilizó el cronista para apaciguar la acción violenta y cargarla de un sentido emocional; luego de la puñada al corazón habla de los sueños y los amores, lo cual busca quitar sensacionalismo al hecho de que un niño de 13 años asesine a sus hermanastros.

“Junior tenía su pantalón mojado, sus manos con sangre y sudor en su frente, por el esfuerzo. Mario, que vio todo, aún no podía creer lo ocurrido. Junior lo tranquilizó. Le dijo que nadie se daría cuenta, que esconderían los cuerpos e inventarían una historia, como en la tele. Sobornó al primo (cómplice en el segundo asesinato) ofreciéndole un radio mp3 a cambio de su silencio. Mario aceptó. ¡Quería tanto ese aparato!” (CSI-el alto: niños que matan como en la tele)

Finalmente, es increíble en este párrafo cómo quedan evidenciados quiénes son los actores de esta crónica roja. A pesar del hecho brutal, son niños convencidos de estar practicando lo visto en televisión, pero al mismo tiempo fácilmente ingenuos, por ejemplo, el caso del primo cómplice que acepta colaborar a cambio de un mp3. Esos detalles cargan de realismo la narración.

___________________________________________________________________ Daniel Samper Pizano, reconocido periodista investigativo, fue invitado a participar en un proyecto de construcción de relatos. En su crónica aprovecha para volver a escribir uno de los más grandes crímenes que se recuerden en la historia colombiana: “Teresita la descuartizada”. Aunque el acontecimiento sucedió en 1949, la reconstrucción es realizada en 1991, lo cual es un excelente ejemplo de recreación de acontecimientos, basado en la investigación pero sin fuentes actuales. A través de información en diarios y juzgados, se aventura a escribir una crónica roja.

89 La reelaboración de sucesos ya pasados es una alternativa posible en el periodismo judicial. Perfiles de asesinos, modalidades de robo o costumbres delincuenciales antiguas pueden contarse para esta época en busca de un recuento histórico y una narración mejorada de acuerdo con los recursos actuales para contar.

“La casa tienda de Teresita estaba situada en el número 14-54 de la calle 59. Era un inmueble pequeño y escasamente atractivo frente al cual se agolparían luego multitudes morbosas. Con apenas unos pocos metros de frente y media cuadra de fondo, la casa tenía una sola puerta de acceso. Ésta permitía el paso al negocio, en cuya trastienda quedaba el comedor. Las habitaciones estaban construidas en el costado derecho; el izquierdo era un largo corredor que conducía a ellas. Enseguida del comedor se abría una pequeña sala y, al lado de ésta, un cuarto pequeño donde Teresita desplegaba una colección de santos e imágenes alumbrados con lámparas de aceite. La siguiente pieza era la alcoba. Se abría luego un pequeño patio al final del cual estaba la cocina.

(…)

En 1949 una cuenta de 17 pesos bien valía una riña. El premio mayor de la Lotería Boyacá pagaba 7800 pesos; un novillo costaba 95, una guitarra 35, una entrada a cine 60 centavos y un reloj despertador valía la mitad de la cuenta de las bebidas de aquella noche.

Vale la pena destacar este recurso para ubicar al lector. La disputa por la cuenta de 17 pesos es un factor importante dentro de la historia pero el lector no podrá entender las condiciones sino logra dimensionar a cuánto equivale. En este caso Daniel Samper hábilmente encuentra la manera de explicarlo.

A medio hundir en las escasas aguas de la cañada se veía el tronco de una mujer. Estaba envuelto en un sobretodo negro; debajo del abrigo llevaba solo una bata azul a rayas blancas y con botones amarillos. Carecía de blusa o de camisa. Carecía de ropa interior. Carecía también de piernas. Y de cabeza. Un chofer de bus avisó angustiado al Juzgado Permanente de Occidente y varios policías se trasladaron hasta el lugar, donde ya arremolinaba un pequeño tumulto.

(…)

A veinte metros de allí, corriente abajo, apareció la pierna derecha. Estaba estancada contra la arena y las basuras del fondo. Catorce metros más lejos fue hallada la compañera. Ambas habían sido vestidas, post-mortem y post-cortem, con finas medias de color negro. El hallazgo de la cabeza tardó un poco más. Eran casi las siete de la noche cuando un policía logró

90 divisarla. Estaba cerca de la pierna izquierda, pero se encontraba

sumergida en las aguas oscuras del caño.

La muerte provoca miedo y fascinación al mismo tiempo y en el relato es difícil que deje de producir estas emociones. El lector quiere saber cómo murió y el periodista se lo contará: con la diferencia que será responsable y buscará hacerlo con sensibilidad narrativa que no apele al dramatismo y la sangre como factor fundamental

“En cuanto al caso lo más probable –aunque no haya podido demostrarse− es que el 30 de octubre, luego de la reyerta por la cuenta de los visitantes, Teresita y Ángelo hubieran seguido riñendo en casa. Estaban bebidos y ninguno de los dos era un paradigma de buenos modales o de conducta mesurada. Se cree que, al subir el tono de la riña, y para humillar aún más a quien ya había vilipendiado en público, Teresita le echó en cara que le era infiel con otro hombre (…) las palabras de Teresita consiguieron que Ángelo perdiera la cabeza. Armado del primer objeto peligroso que encontró a mano –la hachuela-martillo para macerar carne−le asestó a Teresa un golpe en el cráneo que le produjo la muerte inmediata. Durante los dos días siguientes, Lamarca se recuperó de la inesperada e irreparable consecuencia de su disgusto conyugal y planeó la manera de deshacerse del cadáver (…) esa fue descuartizarla. Se valió para ello de un serrucho que apareció nunca. Una vez desmembrado el cuerpo, metió los trozos en maletas, contrató un taxi para llevar el trasteo y abandonó la carga en el caño cuyo olor nauseabundo escondía el cadáver descompuesto y cuyo repugnante aspecto de alcantarilla garantizaba que la gente se mantendría alejada del lugar mientras el asesino lograba urdir una coartada y desaparecer del todo” (Teresita la descuartizada)

Finalmente el caso no llegó a clarificarse, pero de acuerdo con las pruebas el periodista decide aventurarse con una hipótesis. Esta decisión que tomó el cronista debe ser medida. En el caso de Daniel Samper no tenían ninguna implicación debido a la lejanía temporal del relato, pero en procesos contemporáneos suponer cómo sucedió todo es un trabajo más judicial y fiscal que periodístico; por lo tanto esas licencias para hacer hipótesis deben ser mesuradas y sustentadas con información, fuentes y pruebas.

“Escribir tiene aquí una utilidad: no toma el lugar de una terapia, sino hace que la ira y la pasión tengan una utilidad moral y social” (Sims, N, 2009, P. 38). Esta frase ilustra con facilidad la búsqueda de estas narraciones. No se pretende embellecer el género simplemente con líneas mejor escritas o narraciones más apropiadas. No se puede perder de vista la perspectiva periodística que plantea

91 una responsabilidad en el cubrimiento y un objetivo plausible al brindar la información.

Con estos fragmentos se procura mostrar los diversos tratos que ha tenido la información en distintos momentos. Resalta un interés explícito por narrar adecuadamente, aunque sin inventar nada. La creación de escenas reales que guían al relato, el intento por traer al mundo humano a los aberrantes protagonistas de la violencia y la conciencia de la crónica roja son elementos que