Con frecuencia en la crónica roja el acontecimiento principal domina la narración: las cuchilladas a la víctima, el cuerpo en el río, el tiroteo en un bus, el suicidio después de la discusión, entre otros, toman la primera página y se adueñan de ella. La investigación alrededor del acontecimiento prácticamente no existe: un par de rumores en el barrio se toman como fuentes legítimas que no se confrontan, o peor aún la verdad oficial de la policía se establece como irrefutable. La crónica roja del tabloide se acostumbró a vivir de la inmediatez, lo mismo le da el muerto de ayer, que el de mañana. La criminalidad instantánea de todos los días se instaló sobre el trabajo del periodista.
“Turismo de la desgracia” llamó Alberto Salcedo a este fenómeno de aprovechamiento de la noticia sin profundización. Entonces, el primer paso para recuperar el género será un cambio en la concepción del tema, la oportunidad de narrar estará mediada por la cantidad de detalles e información que logre
71 conseguir el periodista. “Hay que gastar bastante la suela de los zapatos para armar una crónica desde diferentes ángulos, para persuadir al lector a ‘devorar’ un drama de carne y hueso” (Vaca citada por Lanza, 2010 P. 24).
A pesar de que la utilización del hecho normalmente abre la crónica porque sitúa al lector en lo que sucedió. Rápidamente da un paso hacia la investigación, a la elaboración de un trabajo completo que dé cuenta de sus protagonistas. No busca reivindicarlos, solo presentarlos tal y como son, sacarlos muchas veces del territorio de lo extraño para demostrarle a la sociedad que son humanos: “los delitos, las agresiones y la mayoría de las transgresiones que entran en conflicto con el sistema penal tienen que ver más con las injustas estructuras sociales que con las personalidades patológicas” (Klahr y Barata, 2009, P. 60)
“Carlos Eduardo estudia piano; la maestra dice que tiene gran facilidad y que es un chico respetuoso. Ejercita con Hannon y la abuela está contenta con él porque aprendió muy bien a hablar alemán y también puede conversar en inglés. Claro que no es un chico afeminado, como esos que tocan en las fiestas familiares para ganar el aplauso de los parientes y amigos. Él sale a jugar a los cowboys con los chicos del barrio y juega al fútbol. Se cree Sanfilippo y cuando le quitan la pelota protesta, dice que fue foul. Pero no le hacen caso porque es un poco antipático, casi agresivo cuando discute. Por eso, le dicen ‘Leche hervida’” (El caso Robledo Puch)
Osvaldo Soriano, periodista y escritor argentino, escribió estas líneas como parte del inicio de su crónica sobre Carlos Eduardo Robledo Puch, un asesino en serie que nació en Buenos Aires y cometió más de diez homicidios. En 2012 cumplió cuarenta años de estar en prisión.
El recurso narrativo de Soriano le permitió construir un perfil del asesino que se nutre durante toda la crónica. Hay que tener en cuenta algo fundamental y es el rol del periodista al hacer la narración; en ningún momento se pretende recrear al personaje para encontrar en él una justificación para su delito, tampoco acercarse a su personalidad para promoverla. Se busca hacer la narración para revelar al asesino, al criminal, verlo más allá del suceso. Aunque llevar a cabo este proceso trae consigo los problemas intrínsecos de los medios de comunicación. Soriano lo sabe y lo tiene en cuenta en su crónica:
“La infancia de Carlos no está grabada en muchas memorias. Su padre - inspector de interior en General Motors-, dice que él no es culpable de lo que pasa, aunque no sabe explicar bien por qué ocurre esta odisea que no cabe dentro de su vida pequeña. Los amigos de Carlos recuerdan poco,
72 pero frente al periodismo imaginan, quieren participar, acercarse a la
tragedia. La infancia de Carlos Eduardo se confunde en unos pocos años, como si los hechos se cruzaran entre sí. Pero no hay nada extraordinario más allá de la historia que algunos narran: apenas los días apacibles del hijo único, mimado por la abuela y la madre”. (El caso Robledo Puch)
La imaginación acecha a la crónica roja, la seduce para que caiga en la invención de sentimientos, anécdotas y hechos que jamás existieron. Capote fue criticado por escenas que según las propias fuentes involucradas jamás sucedieron, conversaciones que nunca tuvieron.
Ese elemento lo tiene claro Soriano y es preciso en la construcción de la crónica. Aunque suele imperar el principio de credibilidad el periodista debe confrontar la información para encontrar las pruebas necesarias en la narración. Un espectador en la calle con intención o sin ella es capaz de ver al asesino huir en situaciones extraordinarias, luego en la investigación se revela que las declaraciones eran invenciones de testigos no confiables.
Felipe González Toledo, considerado uno de los maestros de la crónica roja en Colombia, recuerda en “El cadáver que tenía dos corbatas”, publicada en Sucesos, una anécdota sobre este problema en cuanto al manejo de las fuentes, aunque es un poco extensa vale la pena tenerla en cuenta:
El 9 de abril de 1948, a la una y minutos de la tarde, cuando acabábamos de recibir la primera y confusa noticia del atentado y corríamos, por la Avenida Jiménez de Quesada hacia San Francisco, por el camino dimos con un distraído transeúnte. Por el andén del costado sur de la avenida de la carrera quinta hacía el oriente, el transeúnte avanzaba con lentitud, embargada toda su atención por un periódico y sin darse cuenta de lo que ocurría a solo 200 metros de distancia. Se inquietó nuestro amigo al vernos correr, y plegando al periódico preguntó. Como si saliera de un sueño: − ¿Qué pasa? ¿Por qué corre la gente?
−Hirieron a Gaitán –le respondimos sin detenernos
Después a nuestra espalda, sentimos su carrera apresurada y alcanzamos a oírle algunas confusas preguntas que no le respondimos. Ya no supimos nada (…) Dos o tres días más tarde, en la redacción, de un diario, volvimos a ver al transeúnte distraído, representante a la cámara y contertulio de los periódicos, y le escuchamos el comienzo de un heroico relato, seguramente muchas veces repetido:
73 “Gaitán acababa de contestarme el saludo, cuando oí una detonación
seguida de otras. Vi a un hombre, revólver en mano, que disparaba. El jefe tambaleó y cayó. Por atender a Gaitán, sin medir el peligro que yo mismo corría, no vi más al hombre del revólver. Recuerdo que era un hombre delgado, pálido…” (El cadáver que tenía dos corbatas)
Los testimonios falsos con deseos de protagonismo están a la merced de la crónica roja. La historia que cuenta González Toledo inicia su crónica sobre los acontecimientos del 9 de abril de 1948, refleja el contexto que se vivía pero al mismo tiempo muestra los retos del periodismo judicial, otro factor a recuperar. Volviendo a la investigación sobre los protagonistas de la crónica es necesario consultar la mayor cantidad de fuentes, algunas veces el retrato que hacen dos implicados no es suficiente. En el caso de Robledo Puch, Soriano asegura que su padre no entiende por qué sucedieron los terribles acontecimientos. Por ello tanto las partes oficiales, como los testigos, familiares y víctimas tienen espacio en el relato pues contribuyen a contar la verdad.
Otro recurso valido es el utilizado por Isabel Mercado, periodista especializada en Derechos Humanos, en su crónica ‘El fin de la fiesta’, la cual tiene como espacio a Bolivia, específicamente el puente de ingreso a Koani, en el sur de La Paz.
En esta crónica se narra la extraña muerte de Juan Gabriel Despot, que es arrollado intencionalmente dos veces por una camioneta Nissan Pathfinder que conducía el tío de uno de sus ex compañeros del colegio. El contexto plantea que él le exigía, a Juan Gabriel y dos compañeros, que se fueran de su casa, donde se había realizado una fiesta de reencuentro, pero ellos no podían contactar con alguien para que los recogiera. Luego de ser atropellado, desaparece en condiciones inexplicables y lo encuentran sin vida casi una hora después.
La crónica presenta un panorama de lo sucedido y tiene recursos que se mencionaran en este capítulo. Sin embargo, como en este momento se habla del trabajo de fuentes, Isabel Mercado hace uso del siguiente elemento refiriéndose a Alejandro Zapata, presunto culpable de la muerte, al ser la persona que conducía la camioneta:
“¿Es posible perder los estribos y no recuperarlos para ver los daños colaterales? Puede que sí, como también es probable que el recurso de la violencia se instituya en una persona al punto de hacerle presumir que no es responsable de sus actos. Atropellar a alguien es una forma de imponerse. Para Guiomar Bejarano, experta en psicología forense, es imposible establecer ciertamente el perfil del agresor sin tener acceso a su
74 declaración ampliada y a un informe de evaluación psicológica. Bejarano
también sostiene que, en general, reacciones como las que se describe que tuvo Alejandro Zapata la madrugada del 12 de septiembre son producto de un ‘corto circuito’ o de un estímulo causado por razones adicionales que desestructuran la personalidad y pueden llevar a reacciones violentas inesperadas” (El fin de la fiesta)
La intención de la periodista en la crónica no es de ninguna manera tomar parte y encontrar justificación por haber arrollado a Juan Gabriel Despot. No obstante busca una diversidad de fuentes en la que incluye a expertos; al ofrecer diferentes opiniones sobre lo sucedido se garantiza equilibrio. Klahr y Barata (2009) se refieren a la necesidad de establecer una carga racional a una narración acostumbrada a situarse en lo emocional: “Al situar determinados acontecimientos sociales en el mundo de la emoción, el periodismo deja de lado la explicación racional que obligaría a una reflexión sobre las causas”.
De esta manera es claro que uno de los factores necesarios en una crónica roja de calidad es la investigación que se realiza en cuanto a las fuentes. Desde los informes judiciales hasta los expertos hacen parte de la variedad de posibilidades que puede elegir el cronista para contar. Tomas Eloy Martínez en un taller que realizó con la FNPI (Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano) en Santiago de Chile explica esta necesidad: “Con la actual explosión de la información, con esto de las noticias instantáneas, el lector en general desea una información o un trato a la noticia con mayor profundidad”. La subjetividad del cronista está en la narración, los recursos y el estilo pero el compromiso con el periodismo es inmodificable.
Este elemento sobre las fuentes es fundamental en el modelo porque hace un aporte en cuanto a la manera de hacer la reportería y luego narrarla. Después de haber concebido este factor ahora se deben analizar vehículos narrativos para contar y por qué hacerlo.