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Dangerous Assumptions about Objects’ Physical Structure and Type

3.2 Adaptation Design Compensating for a Refactored Framework API as a Whole: Exhaustive

3.3.2 Dangerous Assumptions about Objects’ Physical Structure and Type

En la naturaleza todo es ritmo, sonido, respiración, luz, vibración. En

el universo, todo está en movimiento, nada es inamovible, durade- ro, inmutable. Desde los soles hasta las células más pequeñas, todo

En este perpetuo movimiento de olas, en el ir y venir de todas las cosas, todo está vinculado con todo. Ni una sola gota de lluvia cae

sobre la tierra sin salpicar a un cometa distante años luz. Ninguna idea buena se desvanece sin dejar huella: en alguna parte de unaestrella remota hace que se abra una flor... o quizá en su casa,

en su

propio jardín. ¡Tanto mayor es la intensidad con que nos afecta el ritmo constante de la traslación de la luna! El viento limar llega hasta

el nivel más profundo de cada célula del cuerpo y agita a todos los organismos vivos. Sentirlo, transformarse en un buen navegante con

su brisa, puede sernos de gran ayuda para encontrar una manera sana de vivir, una vida en equilibrio armónico.

Una «vida en equilibrio» significa no desacatar permanentemen-

te los movimientos ondulatorios a que está sometido nuestro cuerpo,

o nadar siempre contra la corriente. Significa estar atento, con pa- ciencia, a los ritmos de la naturaleza, de las estaciones y del propio cuerpo, aprender a comprender sus señales y adaptarse en armonía —como un buen surfista— al permanente subir y bajar de las olas. Una habilidad inapreciable si se quiere afrontar con éxito las tem- pestades que la vida tiene preparadas para cada uno de nosotros.

Por otra parte, vivir en equilibrio no significa, de ningún modo, obedecer ciegamente al viento y a las olas y llevar una vida que se rija por el minutero del reloj o por el calendario. La reglamentación y la comodidad rígidas, un transcurrir indolente, monótono y tibio del tiempo y de la vida, van en contra de la naturaleza. La desobe- diencia dosificada, alguno que otro exceso intenso, gozoso, noches pasadas en entrañable compañía o con un trabajo urgente, todo eso es por lo menos tan importante para estar y mantenerse sano como una vida cotidiana ordenada. Cada órgano, cada ser vivo, necesita de vez en cuando sacudidas espirituales y físicas para avanzar has- ta el límite de sus posibilidades de desarrollo y para abrirse como una flor a la totalidad para la que fue pensado.

Nuestro cuerpo, el vehículo para el viaje por la vida, es una obra maravillosa. Durante décadas parece perdonarlo todo: alimen- tación irracional, escasez de movimiento, estrés, prejuicios, codicia, alcohol y nicotina en demasía, así como la falta de atención a sus ritmos naturales durante muchos años. Esta robustez, sin embar- go, no trae sólo ventajas. En el caótico campo de tensión entre el pasado y el futuro, la memoria de un breve espacio de tiempo, pronto nos hace pasar por alto pequeñas indisposiciones, trastor- nos y señales corporales importantes. A menudo desaparecen tan rápido como vinieron o apenas penetran en nuestra conciencia cotidiana, mediante la cooperación activa de medicamentos que anestesian o eliminan rápidamente las pequeñas molestias: una jaqueca por aquí, un extraño tirón en la zona del estómago por allá. De ahí que no resulte fácil estar alerta a las señales de nuestro cuerpo, investigar las verdaderas causas y cambiar los hábitos de vida. Son tantas las cosas que se han convertido en una rutina agradable y cómoda, que las personas prefieren conformarse con una anestesia psíquica y padecer trastornos físicos serios, antes que

aprender a seguir sin reservas las lecciones del cuerpo y del desti- no. Como la educación actual nos ha privado de tanta información vital y nos ha embotado con conocimientos innecesarios —por ig- norancia, basándose en absurdos programas de enseñanza contra- rios a la naturaleza, y en conceptos explicados de forma indebida por la ciencia y los medios de información—, hoy estamos más fa- miliarizados con la vida interior y el funcionamiento de los automó- viles y de los supermercados que con la función de un órgano inter- no. Ni aprendemos a interpretar bien las señales de nuestro cuerpo ni a cuidarlo para prevenir las enfermedades; mucho menos a re- conocer qué ritmos actúan sobre él y a aceptar las enfermedades fí- sicas como una forma de mensaje y enseñanza o a captar el senti- do fatal que a veces se oculta detrás de ellos. Nuestra actitud frente a la enfermedad nos pone enfermos.

Y todo esto a pesar de que en Occidente hace muy poco que se ha caído en la manía del fitness: estar siempre en forma, siempre hermosos, siempre en la cima, siempre a punto, fue y es el impera- tivo de la hora. En lugar de damos un empujón hacia el conocimiento

naturaleza: nuestro cuerpo no puede dar siempre lo mejor de sí mismo y permanecer en la cúspide. En su bondad y generosidad, la naturaleza nos regala también períodos para recuperar el aliento, regeneramos y aprender, y haríamos muy bien en trabar amistad con ellos. En la actualidad hace falta mucho coraje para enfrentar con

la cabeza fría, sin resistirse, anestesiarse o excitarse, los signos de retroceso, tales como los períodos de falta de energía, achaques físi- cos, fracasos en la profesión y en la vida privada, envejecimiento y golpes del destino. Tenga presente que este coraje es siempre un esfuerzo personal e individual. Adquirirlo con la ayuda de drogas o de consejos equivocados es engañarse a sí mismo.

Prestar atención al cuerpo y darle lo que necesita es un deber primordial con el que venimos al mundo. Quien no se toma por lo menos treinta minutos diarios para las necesidades legítimas de su cuerpo, seguramente hallará más placer y provecho en la enferme- dad que en la salud. Esa es la pura verdad, aunque quizá suene dura.

Sin embargo, el propósito de este libro es hacerle comprender qué fácil y agradable es someterse a los ritmos de la naturaleza, por

amistad con uno mismo, por humildad frente a la transitoriedad bienhechora de todas las criaturas y las cosas. A algunos les gusta predicar: «¡Ama a tu prójimo!», y con toda hipocresía y animados por el afán de mantener dominados a los hombres, omiten añadir: «...como a ti mismo». Pasan por alto la ley de la naturaleza: sólo quien

es el mejor amigo de sí mismo puede ser amigo de los demás. Y sólo se puede llamar amigo a quien no pone ningún tipo de condiciones ni a sí mismo ni a sus semejantes.

La tabla de la página siguiente ofrece una herramienta importan- te para empezar a comprender los ritmos lunar-corporales. En

este

cuadro sinóptico se muestran los diferentes impulsos de influencia

que indica la posición de la luna en una constelación del zodíaco: influencia sobre zonas del cuerpo, propiedad nutritiva, etcétera.

Para facilitarle la orientación y la lectura de los signos en los dife-

rentes calendarios lunares, se han incluido los símbolos de uso más

corriente. Le aconsejamos que copie la tabla para que le ayude mientras lee el libro.

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