3.2 Adaptation Design Compensating for a Refactored Framework API as a Whole: Exhaustive
3.3.3 Static and Run-Time Optimizations for Reducing Adapter Performance Overhead
A grandes rasgos, éstas son las fuerzas de influencia fundamenta- les de las fases de la luna. Ahora usted ya cuenta con una base de información que, como se demostrará, le será de gran utilidad para su futura evolución física y mental. Del mismo modo, la medicina actual podría dar un gran paso adelante, con sólo conocer la influen- cia de las fases lunares.
Sin embargo, basta con que usted dé ese paso. Si, poco a poco, observa el efecto que ejercen sobre usted cada una de las dos gran- des fases lunares, podrá incorporar armónicamente los ritmos a su vida cotidiana. Es así de sencillo: desintoxicarse en cuarto men- guante, fortalecerse en cuarto creciente. Ahora bien, no se concen- tre sólo en lo que le dice este libro: observe por su cuenta, mire, investigue... Usted puede ver y reconocer por sí mismo estas in- fluencias. (¿Ha notado que después de un baño caliente se suda mucho más en días de luna menguante que en los de luna crecien- te?) Es evidente que en la actualidad es difícil adaptar la vida co- tidiana a esos ritmos. Casi todas las actividades, los rituales y cos- tumbres de la vida privada y profesional no tienen en cuenta los impulsos naturales y con demasiada frecuencia cedemos a la pre-sión y llegamos a convencemos de que estamos obligados a olvidar y a hacer caso omiso de las señales, el olfato y el sentido común que nos viene dado por naturaleza. ¡Esta compulsión, sin embargo, muchas veces es sólo imaginaria!
Ahora bien, al menos puede hacer una cosa para empezar: todos los trabajos pesados y las aficiones (que con frecuencia se transforman también en una obligación) que puede realizar en el momento que usted quiera, trasládelos un poco más hacia la fase de cuarto menguante. No lo haga de golpe, sino poco a poco, siem- pre sin dejar de observar los efectos de ese modo de obrar, ya que nada es más convincente que la propia observación. Cuando usted sienta lo natural y agradable que es no reprimir por más tiempo las propias fuerzas en cuarto menguante, y aprenda a frenarlas, a jun- tarlas, a prepararse y a planificar las cosas dentro de esta fase lunar, entonces se preguntará cómo ha podido renunciar durante tanto tiempo a aplicar estos conocimientos, y por qué no lo había no-
tado mucho antes.
Nuestro cuerpo reacciona y se rebela cuando lo obligamos per- manentemente a hacer caso omiso de sus ritmos y necesidades natu-
rales. Al principio apenas lo percibimos, cuando somos jóvenes y nos
quitamos de encima los efectos negativos como si fuesen gotas de agua, o con una aspirina. Sin embargo, poco a poco, esos numerosos
pequeños impulsos se acumulan hasta que desembocan en un tras- torno serio. Por esa razón, también quisiéramos insistir en señalar, una y otra vez, que este libro no es una panacea, un remedio contra todos los males, y que no contiene ninguna receta mágica. Los efec-
tos que se producen por no prestar atención a los ritmos natura- les tardan en aparecer; así también una vida en armonía con los rit- mos mostrará lentamente sus efectos positivos. Si uno se toma unos
cuantos minutos cada día para reflexionar sobre qué actividades cotidianas se pueden realizar en concordancia con los ritmos luna- res, con toda certeza encontrará las soluciones. Pero no en el senti- do de una tarea que hay que realizar por obligación, sino como resul-
tado de una observación que conduce a la acción adecuada sin ningún
derroche de energía.El hecho de que la luna permanezca de dos a
tres días en cada uno
de los signos del zodíaco va acompañado también por un despliegue de fuerzas que repercuten en los seres vivos. Su influencia es cla- ramente perceptible, sobre todo en los efectos que tiene sobre el cuerpo y la salud. Algunas personas, incluso, pueden percibir físi- camente la fase de transición entre dos signos. Así, por ejemplo, ex- perimentan una ligera presión en la cabeza cuando la luna entra en el signo Aries, que influye sobre la región de la cabeza; o como un tirón en el dedo gordo del pie, cuando la luna está en Piscis.
En la Antigüedad, quienes practicaban la medicina se guiaban escrupulosamente por la relación entre la posición de la luna y el curso de la enfermedad; un hecho al que, aunque parezca extraño, no se le presta la menor atención en ninguna obra sobre la histo- ria de la medicina. Sin embargo, Hipócrates, el mentor de todos los médicos, ya conocía las fuerzas de la luna y aleccionaba sobre ello a sus discípulos: «Quien ejerce la medicina sin tener en considera- ción el aprovechamiento del movimiento de las estrellas, es un idiota», y añadía: «Nunca hay que operar la zona del cuerpo que esté regida por el signo que en ese momento recorre la luna».
En la tabla de la página 43 encontrará determinados órganos y zonas del cuerpo asociados con cada signo. Por regla general, se habla
de que cada signo «rige» determinadas zonas del cuerpo. Este domi- nio va tan lejos que, en el seno materno, un embrión va creciendo en
etapas guiadas por la posición de la luna: la cabeza en Aries, el cue- llo en Tauro, brazos y manos en Géminis y así sucesivamente, unas diez órbitas completas de la luna a través del zodíaco.
con la posición de la luna en el zodíaco, de acuerdo con los siguien- tes principios fundamentales:
• Todo lo que se hace por el bienestar de las regiones del cuerpo y los órganos regidos por el signo que en
ese momento recorre la luna, es doblemente efecti- vo y beneficioso, con la única excepción de las inter- venciones quirúrgicas en esa zona del cuerpo. Ejemplo: un masaje en las zonas reflejas del pie, en Piscis.
• Todo lo que produzca una molestia o suponga un esfuerzo especial para las zonas del cuerpo y los órganos regidos por el signo que en ese momento recorre la luna, surte un efecto doblemente desfavo- rable o incluso perjudicial.
Ejemplo: un enfriamiento de la región del cuello, en Tauro.
Siempre que sea posible, en esos días habría que evi- tar intervenciones quirúrgicas en esa zona. Las ope- raciones de urgencia obedecen a una ley superior.
• Si la luna está en cuarto creciente en el momen- to que recorre el signo del zodíaco, todas las medi- das que se adopten para suministrar sustancias reconstituyentes para fortalecer las regiones del cuerpo regidas por ese signo, tendrán mucho más éxito que en cuarto menguante.
Si en ese preciso momento la luna entra en cuarto menguante, todas las medidas para depurar y desintoxicar las regiones respectivas obtendrán mejores resultados que en cuarto creciente.
Cuenta menos la forma de terapia —medicamentos, masajes, gimnasia, hidroterapia, etc.— que el fin último que se persigue con ella.
La siguiente observación reviste especial interés: si se combi- na el conocimiento sobre las zonas del cuerpo regidas por los signos del zodíaco con los datos de la tabla sobre la órbita anual de los signos del zodíaco en la luna y la regularidad con que se produce, se deduce por lógica que las medidas tomadas para la curación de determinados órganos y zonas del cuerpo en los respectivos semes- tres del año, arrojan cada vez resultados diferentes. Una compro- bación corroborada por numerosas experiencias.
Por ejemplo: las medidas para desintoxicar el hígado (que está regido por el signo Cáncer) tomadas en los meses de julio a enero
(Cáncer siempre en cuarto menguante) arrojarán mejores resulta- dos que si se toman en el otro semestre.
Así pues, cada signo del zodíaco pone a disposición sus fuerzas de apoyo para eliminar del cuerpo las sustancias nocivas durante una
mitad del año, mientras que en la otra mitad facilita el suministro de reconstituyentes. A esta conclusión se llegó tras observar que la aplicación de una medida en una determinada época resultó bastante
beneficiosa o sencillamente surtió un buen efecto. También se tomó nota de las ocasiones en que un medicamento, otras veces bueno, no
surtía el efecto acostumbrado a pesar de haber sido administrado en
las fases lunares favorables o durante el signo del zodíaco apropia- do. Después de largos años de observaciones, se comprendió que la utilización de determinados medios, por ejemplo en otoño, conduce con mayor rapidez al resultado deseado que en primavera, y vicever- sa. Una vez que se ha entendido este ritmo, se puede transferir sin ningún problema a todas las otras zonas del cuerpo y a los órganos.