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3.21 Data analysis procedures in the main study

La Parashá de Vaerá nos describe cómo fueron desarrollándose los acontecimientos para que el hijo primogénito de Hashem, Bení Bejorí Israel, saliera de la esclavitud a la libertad.

“Y   habló   Elokim Midat Hadín, juicio a Moshé, diciéndole: Yo soy  Hashem”,  que  es  Midat  Harajamim, compasión (Shemot 6:1).

Rashí dice sobre esto: “Hashem es confiable para el pago de una buena recompensa”. (“Neemán Leshalem Sajar”.)

Continúa el Pasuk diciendo que a nuestros patriarcas “no les dijo”. ¿Qué fue lo que no les dijo? No les mostró que Hashem es piadoso y misericordioso; sólo les enseñó su Midá de justicia.

Nos narra la Guemará en Maséjet Nedarim (40a) que en una ocasión Rabí Akiva y sus alumnos se encontraban en serios problemas económicos, y tomaron la decisión de recurrir a una ministra romana muy rica para pedirle un gran préstamo, a fin de que la Yeshivá tuviera sustento.

Fueron con ella, encabezados por Rabí Akiva, y le pidieron el préstamo. Ella accedió a dárselos, después de fijar un lapso de tiempo en el cual se lo devolverían. Sin embargo, al entregarles el dinero se dirigió al Rosh Yeshivá, Rabí Akiva, y le preguntó:

—¿Quién será el garante sobre el préstamo, para asegurarlo? Rabí Akiva le respondió:

—El que tú nombres será el aval del préstamo.

—Si es así —dijo la ministra romana—, el Todopoderoso y el mar serán los que me garanticen el dinero.

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—Que así sea —confirmó Rabí Akiva, y tomaron su camino. Llegó el día del pago, y justo entonces Rabí Akiva enfermó y cayó en cama, quedando imposibilitado para ir a pagar.

La ministra mandó llamar al Rosh Yeshivá y éste no se presentó. La romana se paró junto al mar y empezó a rezar con todas sus fuerzas:

—Rey del mundo: cuando yo presté el dinero a Rabí Akiva, acordé con el sabio judío que Tú serías garante junto con el gran mar. Yo creí en la palabra del rabino y por eso presté el dinero.

El rezo no quedó sin respuesta: Hashem puso demencia en el corazón de la hija de un rey que vivía lejos del lugar. Ella salió de su castillo, con todas sus joyas y piedras preciosas en una caja, y las arrojó al océano.

El mar recordó en sus adentros la orden divina y cumplió como aval: sus olas arrastraron la pesada caja hasta la puerta de la casa de la ministra romana, que aún seguía rezando, y al ver su petición cumplida con tanta abundancia, se llenó de júbilo.

Al poco tiempo, Rabí Akiva sanó y fue con el dinero para cumplir con la ministra, explicándole la dolencia que había sufrido y la imposibilidad de acudir el día pactado. Grande fue su sorpresa cuando ella le respondió con mucha emoción:

—Rabí, como no acudiste, pedí al Todopoderoso, Rey del mundo, que por ser tu aval, me pagara lo acordado. Hashem me pagó. Por tanto, el dinero que traes te pertenece. Y no sólo eso, sino que el garante mandó de más, así que, por favor, llévate el excedente.

“Neemán Leshalem Sajar.”

Recuerdo con mucho cariño que, cuando se fundó el Kolel Bircat Shemuel de la Ciudad de México, yo era miembro de la mesa directiva. El dinero no abundaba y salíamos a solicitar donativos

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con el corazón en la mano varias veces a la semana para cubrir los gastos.

En una de las juntas se discutió el punto del seguro médico para los Abrejim. Yo insistí fuertemente en que debíamos comprar un seguro caro, amplio, internacional, y que cubriera bien a los Rabanim y a sus familias. No fue fácil, ya que muchos querían seguros más económicos. Finalmente, se logró contratar el seguro danés, que realmente es efectivo.

Al poco tiempo (que nadie sepa), un pequeño niño, de tan sólo ocho años de edad, fue atacado por una terrible enfermedad en la sangre. Lo llevaron a Estados Unidos (a Nueva York), donde lo atendieron adecuadamente y con prontitud.

No volví a saber de esta apreciable familia durante mucho tiempo.

Hace unos años, me encontraba en Nueva York con mi hijo Israel Meir, buscando una Yeshivá para él. Nevaba fuertemente y ya era tarde; habíamos recorrido tres o cuatro diferentes lugares y yo me encontraba indeciso sobre a dónde mandarlo.

Levanté mis ojos al Cielo y pedí a Hashem:

—Ayúdame. No tengo en quién confiar más que en Mi Padre en el Cielo. Por favor, mándame una señal.

Llegamos por fin a Far Rockaway y el Mashguíaj (Rab Broffman) nos recibió en su oficina. En la conversación, al saber que éramos de México, me dijo que ya había escuchado mi nombre anteriormente, y llamó por teléfono a su yerno y a su nieto.

De repente vi un milagro divino. Fue como la partición del Mar Rojo. Entró por la puerta aquel Abrej que conocí en México hacía 15 años, con su hijo sano y salvo, y yo no pude pronunciar ni una palabra. Me quedé como suspendido en el tiempo.

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Después platicamos y nos abrazamos. Supe que Hashem escuchó mi Tefilá (plegaria) y me mandó la señal. Mi hijo estudió en esta maravillosa Yeshivá, hasta que hace poco lo mandamos a continuar sus estudios a Israel.

Pon tu pan sobre las aguas y, a la vuelta del tiempo, Hashem te lo regresará con manos llenas, ya que Él es “Neemán Leshalem Sajar”.

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PARASHAT VAERÁ