Research methodology
3.18 The pilot study
3.18.3 Interviews in the pilot study
Termina el Jumash Bereshit (Libro de la Creación-Yetzirá) con esta Parashá Stumá. ¿Por qué? Rashí nos dice: “Porque se cerraron los ojos del Pueblo de Israel al pasar a mejor vida nuestro Patriarca Yaacov”. Fueron sus años 147.
“Vayejí” fue parte central de la vida de Yaacov, que suma en Guematría 34 y se compone de 17 años que compartió su vida con su hijo adorado Yosef antes de ser vendido, y los últimos 17 que vivieron juntos en Egipto.
Sin embargo, nos dicen los Mefarshim Harishonim, sólo tres veces en esos últimos años Yosef fue a ver a su padre:
1. Cuando llegó Yaacov a Egipto (Bereshit 46:29).
2. Llamó Yaacov a Yosef y le pidió que le prometiera enterrarlo en Éretz Israel, la tierra donde descansaría con sus padres (Bereshit 47:29).
3. “Y le dijeron a Yosef que su padre estaba enfermo y fue a verlo con Efraim y Menashé” (Bereshit 47:48).
Después de tanto sufrir Yosef en Egipto, solos él y su alma, por fin ahora, que puede ver a su adorado padre todos los días, parece increíble que lo evitara y no lo visitara, que aun cuando lo viera en más ocasiones siempre buscara no estar a solas con él. ¿Por qué?
La respuesta es grandiosa. Yosef sospechaba que Yaacov, su padre, no sabía que sus hermanos lo habían vendido a Egipto. Si lo veía a solas, le preguntaría: “¿Cómo llegaste aquí, hijo mío?”. Yosef tendría que acusar a sus hermanos; esto causaría una profunda herida en su padre; hasta podría lanzar una maldición contra ellos (como con Rajel, Bereshit 31:32), y Yosef temía causar daño a sus
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hermanos, pues a pesar de todo lo que le hicieron, él los amaba con toda su alma.
Prefirió sufrir este tremendo aislamiento, que lo consumía día con día, que hablar mal de sus hermanos. Sólo un gigante del judaísmo como Yosef, un verdadero ejemplo para todas las generaciones, puede llegar a este nivel tan alto de refinamiento y categoría espiritual. Cuando uno verdaderamente quiere a alguien, tolera todo y no llega a hablar mal de esa persona.
En Parashat Behaalotejá (Jumash Bamidbar), en un mismo Pasuk está escrito cinco veces “Bené Israel”. Rashí nos dice que es “para explicarte que cada Yehudí es Javiv (querido) para Hashem como un Séfer Torá (cinco libros), y el que habla mal de un Yehudí es como si transgrediera los cinco libros de la Torá”.
Yosef logró no sólo perdonar a sus hermanos de corazón, sino quererlos igual que a Binyamín (Bereshit 45:12), como dice el Pasuk: “Y sus ojos ven, y los ojos de mi hermano Binyamín, que mi boca habla a ustedes”. Dice Rashí: “Los amó y los respetó en la misma forma que a Binyamín, su hermano menor”. No sólo eso, sino que también los alimentó y los ayudó en todo.
Es conocida la famosa historia del Sdé Jémed (Rab Jizkiyahu Medini, 1832-1900), Z.Tz.”L.: él tenía un vecino malo, muy envidioso, que una vez buscó perjudicarlo. Convenció a una muchachita para que declarara que el Sdé Jémed la había encerrado en una habitación a fin de portarse de forma indecorosa con ella. La muchacha accedió y el Rab fue desprestigiado, y ella corrida del lugar.
Poco tiempo después, ella regresó, arrepentida, ya que nadie quería darle trabajo, y contó al Rab la verdadera historia. Rab Jizkiyahu la perdonó y también la ayudó a encontrar trabajo, con la condición de que no revelara lo ocurrido, para no avergonzar a su acusador. Dicen los Baalé Musar que gracias a esto el Sdé Jémed
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llegó a un nivel espiritual tan alto (se anuló, para no avergonzar a otro).
Recuerdo con mucho cariño a mi suegro, Jaim Dov Ber Sandler (1929-1998), Z.Tz.”L., Alav Hashalom. Él tenía una fábrica de colchones en la frontera norte y un familiar lejano, que trabajaba con él, le robaba constantemente, pero mi suegro no decía nada. Yo le pregunté:
—Don Bernardo, ¿por qué tolera esta situación y sigue ayudándolo?
Él me contestó:
—Es una Tzedaká y lo perdono al cien por ciento, y si lo delato va a avergonzarse, y sus hijos y su esposa sufrirán mucho. Mejor no vamos a decir nada.
Cuentan del Bet Halevy (Rab Yosef Dov Ber Soloveichik, 1819- 1891), Z.Tz.”L., que en una ocasión fueron ante él, para ser juzgados, un comerciante y un carnicero. Ya que el Rab era Dayán, formó un Bet Din y, después de estar seguro del veredicto, el Bet Halevy Pasak dictaminó que el carnicero debía pagar.
Cuando el inculpado escuchó esto se alteró completamente; gritó, insultó y maldijo con todo tipo de Kelalot al Gaón. Continuó con groserías y todo lo que pueda imaginarse.
Cuando el hombre salió, dijo Rab Soloveichik: —Lo perdono de todo corazón.
A la mañana siguiente, el carnicero murió y el Bet Halevy se afligió muchísimo y se angustió. Comentó a su hijo, Rab Jaim de Brisk, que quizás él tuvo cierta culpa. Rab Jaim lo consoló, diciéndole:
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Sin embargo, Rab Dov Ber Soloveichik dijo Kadish por este carnicero un año y diariamente estudió Mishnayot en favor de su alma.
¿De dónde aprendieron estos grandiosos justos de nuestro pueblo una actitud como ésta? Sin duda, de Yosef Hatzadik. Ojalá su ejemplo y su Zejut amparen a todo Kelal Israel y a cada uno de nosotros hasta la llegada del Mashíaj, ya tan próxima en nuestro tiempo.
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