Research methodology
3.18 The pilot study
3.18.2 Observations in the pilot study
La Parashá de Vayigash se acompaña de la Haftará del Profeta Yejezkel, quien nos dice que la palabra de Hashem vino a él: “En el futuro (‘cercano’, B”H) tomaré a los hijos de Israel de entre las naciones y los traeré a su suelo (Israel). Serán una sola nación, con un solo rey para todos. Haré un pacto de paz con ellos y pondré Mi santuario dentro de sus corazones”. El Pasuk continúa: “Mi residencia estará sobre ellos y Yo seré D-os para ellos, y ellos serán un pueblo para Mí” (Yejezkel 37:27).
Sin duda esta profecía se cumplirá en su plenitud en un futuro no lejano, cuando se construya el Tercer Bet Hamikdash, muy pronto en nuestros días. Sin embargo, todo Yehudí puede atestiguar en carne propia que, en cada momento de su vida, Hashem está con él para protegerlo, ayudarlo, guiarlo, y que todo lo que el Eterno hace es para bien.
La pregunta que cada uno de nosotros debemos hacernos, en lo particular, es: ¿en qué medida estoy cumpliendo con las expectativas que Hashem tiene puestas en mí? Y: ¿cómo puedo ayudar a mis hermanos para cumplir con: “Y ellos serán un pueblo para Mí”?
Me platicó Rab Moshé Malka, Shelit”a (Rosh Mosdot Ohel Moshé) que en una ocasión, en Netivot, sentado a la mesa del Tzadik Israel Abujatzira (1890-1984), Z.Tz.”L, el Rab le contó la terrible vivencia familiar que sufrieron cuando fue muerto su hermano, Baba David Abujatzira, Z.Tz.”L, al Kidush Hashem en la ciudad de Tafilalt, Marruecos, el 6 de diciembre de 1918. El Jeque de Tafilalt, el Mulai Muhammad (Imaj Shemó Vezijró), había tomado la decisión de exterminar a la comunidad judía de la ciudad por completo. Esta
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decisión fue sellada y aceptada por sus más cercanos colaboradores.
Era Shabat por la tarde cuando fueron los soldados de casa en casa, sacando a los Yehudim con órdenes de reunirlos en la plaza central. Una vez allí, serían asesinados todos, y sus bienes pasarían al Mulai.
Se percataron de que estaba toda la comunidad, excepto el Rab; Rabí David Abujatzira estaba estudiando su acostumbrado Séder de Mishnayot del sábado por la tarde, el cual solía terminar cada Shabat, y nadie se atrevía a interrumpirlo.
El Mulai gritó:
—¡Tráiganlo de inmediato!
Mientras iban por el Rab, sucedió un milagro muy grande. Los consejeros decidieron hablar con el Mulai. Lo convencieron de que era un desperdicio matar a todos:
—No tendremos más impuestos de ellos. Es un ingreso muy grande el que se va a perder. ¿A quién obligaremos a pagar mejoras para la ciudad?
Y, finalmente, le dijeron:
—Mate al Rab e infúndales así miedo, y oblíguelos a que paguen más.
Al Mulai Muhammad le gustó la idea y aceptó.
En ese momento llegaba el Rab Hagaón, Rabí David Abujatzira, a la plaza central, escoltado por soldados. Lo llevaron al centro de la plaza, tomaron un cañón gigantesco, lo colocaron sobre su vientre y le dispararon a quemarropa.
El cuerpo inerte voló más de 20 metros y cayó sobre la arena de la plaza.
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Aunque murió, no quedó en la Mitzvá ni un rastro de pólvora, ni una herida, ni ninguna huella que atestiguara cómo lo mataron. Fue otro milagro.
La nieta de Rabí David comentó luego que también vio salir del cañón tres palomas blancas que volaron junto con su abuelo.
El cuerpo fue recogido por los soldados. Primero dijeron que el cuerpo había desaparecido y volado al cielo. Después, pidieron una enorme recompensa por la Mitzvá. Sólo mediante el pago de una enorme suma de dinero fue devuelto el cuerpo a la comunidad para darle sepultura, la cual no fue nada ostentosa.
Se hicieron dos tumbas; la primera muy sencilla y oculta (donde fue enterrado Rabí David), y la segunda con un monumento enorme (pero sin nada adentro).
El motivo fue que la comunidad tenía miedo de que el Mulai quisiera desenterrar el cadáver.
Y así fue. Tres meses después, Muhammad ordenó que se desenterrara al Rab y que le trajeran el cuerpo para investigarlo. ¡Cuál fue la sorpresa que, al cavar, no había nada! y la comunidad gritó: “¡Voló al Cielo, como dijo el Mulai!”.
Desde ese día, Rab Israel Abujatzira (Baba Sali) decidió no volver a hacer Seudot cuando llegaba la gente a verlo. Guardaba un profundo luto por su hermano muerto al Kidush Hashem.
Transcurrieron así siete años y vino en sueños Rabí David a ver a su querido Baba Sali. Le advirtió que el hecho de no hacer Seudot y guardar luto innecesario no era bien visto en el Shamáim.
“Querido hermano”, le dijo, “yo estoy en el Gan Edén con Rabí Akiva Ben Yosef y su grupo (Harugué Hamaljut) que murieron al Kidush Hashem, ¿y tú anulas una Mitzvá tan grande, como no hacer Seudot y no estar alegre? Basta de luto. Deja que Hashem resida plenamente en ti.”
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Al escuchar esto, Rab Israel Abujatzira empezó inmediatamente a hacer de nuevo sus comidas acostumbradas; terminó con el luto y así permitió que la Shejiná residiera otra vez en su mesa con plenitud, y dio oportunidad, con esta Mitzvá, a que se cumpliera el Pasuk: “Mi residencia estará sobre ellos y Yo seré D-os para ellos, y ellos serán un pueblo para Mí”.
El Rey David es el mejor ejemplo de nuestro tema. Todos sabemos que quien dice que el Rey David pecó está equivocado. David Hamélej, Alav Hashalom, pidió a Boré Olam que lo pusiera a prueba. Hashem le dijo que no podría aprobar el examen. Sin embargo, cuando llegó el momento, David tomó a Batsheva de acuerdo con el Din. Ella estaba divorciada y David vio, por Rúaj Hakódesh, que de ella tendría un hijo, y que de él, Shelomó, saldría el Mashíaj. Sólo por eso la tomó por esposa; no para sí mismo, por algún interés personal, sino para beneficiar a todo Kelal Israel.
También puede decirse que, si D-os dijo a David que no pasaría la prueba, ¿cómo podría él transgredir la palabra divina? La gente diría que era como un esclavo que transgrede la palabra de su amo.
Por tanto, el Rey David tomó a Batsheva como lo marca la ley. Todo lo hizo Leshem Shamáim y su único objetivo fue siempre cumplir con el Pasuk: “Mi residencia estará sobre ellos y Yo seré D- os para ellos, y ellos serán un pueblo para Mí”.
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