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Presentation and analysis of data from observation field notes

Research methodology

4.5 Observation field notes

4.5.3 Presentation and analysis of data from observation field notes

Esta Parashá marca el momento histórico en que el Pueblo de Israel sale de Egipto y Paró los deja salir sin condiciones, de manera rápida y decisiva (Shemot 13:17).

Después de Makat Bejorot (el castigo de los primogénitos), en la cual no hubo casa egipcia en la que no hubiera un muerto, desde personas hasta animales, Paró apresura, finalmente, la salida del Pueblo de Israel.

Sin embargo, cuando Israel llega a la orilla del mar, son perseguidos por los egipcios. Moshé Rabenu alarga su Tefilá y Hashem  le  contesta:  “Ma  Titzak  Elai,  Daber  El  Bené  Israel  Veisáu”   (“No me pidas a Mí. Habla con el Pueblo de Israel y viajen”) (Beshalaj 14:16).

Nos dice el Baal Hatúrim (1269-1340), Z.Tz”L.,   que   Hashem   insinuó a Moshé lo siguiente: ‘Hay momentos en que tendrás que alargar la Tefilá y otros no” (“Mem”, en Guematría, son 40; es decir, serán “40 días que estarás en Har Sinaí”; y   “He”, que en Guematría son cinco, significa que con tan sólo cinco palabras (una Tefilá corta) Hashem curará a tu hermana Miriam: “Kel Na Refá Na La”, “Cúrala” (Bamidbar 12:13).

Hay momentos para alargar las peticiones y otros para acortarlas, pero ahora Hashem encomienda a Moshé que no es hora de rezar, sino de actuar, ya que el Pueblo de Israel está Betzáar (“sufriendo”).

Sobre este Pasuk (Beshalaj 14:16), Or Hajaim Hakadosh nos descubre un fundamento muy profundo. Hashem dice a Moshé que no rece más, porque la Midá de Din es más fuerte que la de Rajamim (compasión) y, a pesar de que D-os quiere hacer un

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milagro, esto no es posible, ya que tanto Israel como Egipto hacían idolatría.

Por tanto, Hashem dice a Moshé: “Viajen (tengan Emuná y Bitajón) con fe y seguridad, y entren de esta manera al agua, y por el mérito de ambas, subirá la balanza de la compasión y bajará la del Din”.

Sólo con fe y seguridad se puede cambiar el destino, aunque ya haya sido decretado lo contrario.

En una ocasión, un gran hombre de negocios tocó a la puerta del Bet Halevy (Rab Dov Beer Soloveichik), Z.Tz”L.,   y le dijo que se encontraba en un problema muy grande. Le platicó que los auditores polacos habían decidido afectar seriamente la economía del gremio judío y que buscaban tenazmente acabar de forma ventajosa e ilícita con los comercios de su ramo. Por otro lado, ya habían cercado por completo el área que pensaban auditar y su negocio estaba justamente en medio del territorio. De acuerdo con la situación, era imposible que no acabaran con él y una trayectoria de diez generaciones en el ramo textil.

El Rab le pidió que se sentara, apretó fuertemente su mano y le dijo:

—Fe y seguridad en que Hashem va a hacerte un milagro es lo único que puede salvarte. Repite el Pasuk: “Ata  horeta  ladaat  ki   Hashem Hu Haelokim, ein od Milebadó”   (Devarim 4:35), y vívelo todos los días.

Milagrosamente, los inspectores pasaron por su negocio y no lo tocaron. Sin embargo, otros establecimientos fueron dañados fuertemente.

¿Qué pasó? El día que este Yehudí fue a ver al Gadol Hador, los inspectores pusieron una marca roja a la entrada de su negocio y se marcharon a comer. Cuando volvieron, pensaron que ya lo habían revisado y continuaron con el siguiente.

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En la Yeshivá Kenéset Jizkiyahu, en Kefar Jasidim, Israel, fundada por   el   Krinker   Rob,   Rab   Jizkiyahu   Yosef   Mishkovski,   Z.Tz.”L., cuando el Mashguíaj Rujaní era Rab Eliyahu Lopián, Z.Tz”L.,   se   recibió una vez la honorable visita del Rosh Yeshivat Mir, Rab Jaim Leib Shmulevitz (1902-1979), Z.Tz.”L.,  el cual platicó al Mashguíaj que le habían encontrado la terrible Majalá en la garganta y, aunque lo operaran sin garantía de nada, los médicos opinaban que si le salvaban la vida no podría volver a hablar.

Rab Eliyahu Lopián le dijo que esto no era posible, ya que seguramente Hashem quería que Kelal Israel siguiera escuchando su Musar por muchos años. Le pidió el nombre de su mamá para hacer Tefilá por él y opinó que con Emuná y Bitajón, con la ayuda de Hashem, saldría adelante.

Y así fue. A la siguiente visita médica, milagrosamente la garganta de Rab Jaim estaba por completo limpia.

Rab Jaim Shmulevitz Hispid al Mashguíaj lo contó diciendo que la Tefilá de Rab Lopián y el consejo de Emuná y Bitajón salvaron su vida.

Un Musar muy grande que debemos aprender es que si nuestra Tefilá va acompañada con Emuná y Bitajón, pero verdaderas, con el corazón en la mano y una lágrima en la mejilla, es capaz de abrir hasta el Mar Rojo. Y lo que necesitamos hoy es abrir Rajamé Shamáim para que digamos Dai (“basta”) a nuestros sufrimientos, y nos manden al Mashíaj prontamente en nuestros días.

Séfer Shemot Haftarat Beshalaj 136 PARASHAT BESHALAJ HAFTARAT SHOFETIM; Sefaradim 5:1–3:1; Ashkenazim 4:4–5:31

En esta Haftará de Shofetim (Jueces), la profetisa Devorá es precisamente juez de Israel. Ella manda llamar a Barak, hijo de Abinoam, y   le   dice:   “Toma   10   mil   hombres   y   lucha   contra   Siserá, general   de   Yabín”.   Barak   acepta   gustoso; pide a la profetisa que vaya con él al frente y ella accede. El día de la batalla, Hashem confundió a punta de espada a Siserá, y él y sus hombres huyeron. En la huida, Siserá llega hasta la casa de Yael y ella misma lo mata con una estaca. Ese día el Eterno sometió a Yabín, rey de Kenaán, y fue exterminado.

Dice el Pasuk:  “Ciertamente iré contigo”  (Shofetim  4:4-9). Me platicó el Rab Ezra Eubhani, Shelit”a,   Abrej   del   Kolel   Aram   Sobá, una historia maravillosa.

En el año de 1975 un avión partió de Nueva York con destino a Israel. Debía hacer una escala en Atenas, Grecia.

Viajaba en el avión Rab Zohan, que ansiaba llegar a Israel para pasar allí Rosh Hashaná. El viaje era largo y se durmió saliendo apenas de los Estados Unidos.

Al llegar a Atenas, los pasajeros bajaron para cambiar de avión rumbo a Israel y él no se percató del cambio. Continuó dormido y el mismo avión siguió hasta Beirut.

Una vez en aquel país árabe, el rabino habló con la tripulación acerca de su error y éstos lo cubrieron para que no fuera visto por las autoridades libanesas.

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El viaje continuó hasta Bombay, India, donde por causa de un huracán la nave no se detuvo y siguió rumbo a Tailandia.

Allí desembarcó Rab Zohan. Era Erev Rosh Hashaná. No podía creer lo ocurrido: abordó un avión rumbo a la Tierra de Israel y terminó en Tailandia.

Tomó un taxi y pidió al conductor que lo llevara a un templo judío. Le enseñó una estrella de David y el taxista lo condujo hasta un pequeño hotel, donde se hospedó y luego salió a buscar un Bet Hakenéset. Era ya casi Rosh Hashaná.

Caminó y no encontró ninguno, cuando de repente vio a dos soldados americanos uniformados. Los abrazó y les dijo:

—No los suelto hasta que me lleven a una sinagoga.

Caminaron largo tiempo y finalmente llegaron a un lugar donde salían los Yehudim del rezo de Rosh Hashaná.

Al ver al rabino se acercaron y platicaron con él. La comunidad de Tailandia no era de lo más religiosa y el Rab se percató de ello. Le ofrecieron invitarlo a comer a alguna de sus casas, pero él no aceptó.

Finalmente, el señor Salim Eubhani, Shelit”a, y su tío Zaki Dgamal, Z.Tz”L., le ofrecieron una caja de Matzot Manishewitz y una lata de Guefilte Fish, y Rab Zohan aceptó gustoso.

El joven Yosef, hijo del señor Zaki, caminó durante dos horas a fin de traer el alimento para el Rab.

A la mañana siguiente, el Rab fue al Bet Hakenéset. Rezó solo y después separó el Minián, hombres de un lado y mujeres del otro, para poder escuchar la lectura de la Torá. Finalmente habló por más de dos horas a todo el público y la gente quedó maravillada con su plática.

Gracias a aquel día tan especial, Rab Ezra Eubhani viajó a la Yeshivá de Or Saméaj en Nueva York. Otros cuatro muchachos

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fueron a Or Saméaj en Israel y se hicieron religiosos. El señor Salim Eubhani construyó una Tevilá en Tailandia y también hay ya un   Bet   Hakenéset   ortodoxo:   “Bet   Elisheva”,   donado   por   la   filantropía de aquella mujer.

Sobre esto se aplica el Pasuk:  “Ciertamente iré contigo”.

Escuché de Rab Shelomó Levinstein, Shelit”a, que, en el Kolel “Galitzia”  en  Jerusalem,  había  un Abrej (estudioso de la Torá) que desde que amanecía hasta que anochecía no dejaba de molestar a otro Abrej muy callado y más recatado que él. Parecía como si gozara con molestarlo y hacerlo sentirse mal. En pocas palabras, lo consumía la envidia y diariamente le hacía pasar un mal rato.

Este Abrej ya no podía más. Fue a ver a su Rebe, el famoso Admor de Lelov (Rab Moshé Mordejai Biederman, 1904-1987), Z.Tz.”L. Le platicó lo que ocurría y cuán impotente se sentía para defenderse de la agresión constante de ese Abrej.

—¡No lo platiques! —le dijo el Admor—. ¡Quédate callado y Hashem va a cambiar ese sufrimiento en cosas muy buenas para ti! Pero pasó el tiempo y la agresión aumentaba. El Abrej ya no sabía qué hacer; no podía más con esta carga. El Abrej agresor parecía gozar más y más con los ataques y se crecía al no encontrar oposición.

Como todos sabemos, un Abrej vive con un presupuesto muy reducido. Con grandes esfuerzos y trabajando a la par con su esposa, logra completar el gasto.

Llegó el día en que al Abrej agredido le tocaba casar a un hijo. Volvió con el Rebe de Lelov y le preguntó qué hacer. El sabio Admor le dijo:

—Tendrás que ir por el mundo a pedir Tzedaká. Pero Hashem te va a ayudar.

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—Rebe, por cierto, sufro mucho con las burlas del Abrej del que le platiqué antes.

—¡Ya no lo menciones, y Hashem te cambiará el sufrimiento en recompensa!

Siempre había hecho lo que el Admor le decía, y ahora con más razón. Así que compró su boleto a América y partió confiado con la Berajá de su Rebe.

Llegó a media noche a Nueva York y ocurrió que había una enorme convención en la ciudad. Todos los hoteles estaban llenos. Los de los barrios judíos también. Sólo consiguió un hotel de cinco estrellas en Manhattan, pero costaba 400 dólares la noche.

Pensó:   “Paso   una   noche   aquí   y   mañana   me   las   arreglo   para   quedarme  con  alguien”.

Al entrar al hotel, le urgía ir al sanitario. Dejó su equipaje en el mostrador de registro y fue al baño. De repente, vio allí un portafolio abandonado.

Pensó:   “En   un   lugar   público   de   Goim,   puedo   tomarlo”,   y   lo   abrió. Había una fortuna en billetes de 100 dólares. Mucho más de lo que necesitaba para casar a su hijo.

Muy nervioso, subió a su habitación, guardó el dinero que encontró junto con el que él llevaba entre sus ropas y echó afuera del cuarto el portafolio. Estaba feliz. D-os lo había llenado de alegría.

Sin embargo, a las 4:00 a.m. tocaron a la puerta de su habitación. Eran de la seguridad del hotel. Buscaban un portafolio con una gran cantidad de dinero perdido. Le aclararon que estaban buscando en todos los cuartos. Buscaron y encontraron todo el dinero. Pero como él había llevado consigo una fuerte cantidad que le habían entregado para una persona en Boro Park, el dinero superaba la cantidad perdida.

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—¿Quién es usted? —le preguntaron.

—¿Yo? Yo soy el Abrej más rico del Kolel de Galitzia. —¿Dónde es eso?

—En Jerusalem, Israel.

Para corroborar la historia, fue detenido en su habitación y llamaron a las autoridades de Israel. Éstas fueron a pedir referencias de este Abrej al Kolel y, justamente, preguntaron a su enemigo, aquel Abrej que siempre lo molestaba.

—Díganos, ¿usted conoce a un Abrej de tal nombre que estudia aquí?

—Sí, claro, tiene muchos años con nosotros. —Y díganos, ¿sabe dónde está?

—Sé que está en América.

—Así es —dijeron—. Lo están investigando en Nueva York. ¿Usted sabe si él tiene dinero para afrontar un juicio?

“Esta es mi oportunidad. Ahora voy a acabar con él”, pensó el Abrej.

—Por supuesto —contestó—. ¡Es el Abrej más rico de todo el Kolel!

—Gracias —dijeron los hombres y se retiraron.

Este Abrej salió de Nueva York con todo el dinero y entendió lo que le había dicho el Admor de Lelov:   “¡Ya   no lo menciones y Hashem  te  cambiará  el  sufrimiento  en  recompensa!”.

Sobre esta historia se aplica el Pasuk:   “Ciertamente iré contigo”.

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