5.3. Research Design and Strategy 134
5.3.11. Data Analysis 147
Will Kymlicka y Wayne Norman (2003) en “El retorno del ciudadano. Una revisión de la producción reciente en teoría de la ciudadanía”, parten de analizar los concep- tos formulados por Marshall2, clasificándolos como “la ortodoxia de post guerra”. Según los autores esta formulación lleva a una concepción “pasiva” o “privada” de la ciudada- nía que enfatiza derechos indiferentes y ausencia de toda obligación de participar en la vida pública.
La “ortodoxia de posguerra” recibió críticas hacia finales del siglo XX. Los autores identifican las realizadas por la Nueva Derecha, principalmente aquellas dirigidas a los derechos sociales. Los argumentos se centran en que los esfuerzos de integración so- cial se deben vincular con las responsabilidades que los pobres tienen para ganarse la vida ya que todo derecho debe llevar alguna obligación3.
Según Kymlicka y Norman (2003), Hoover y Plant sostienen que las reformas eco- nómicas de los ‘80 expandieron las desigualdades de clase “desciudadanizando” a desempleados y trabajadores pobres que no pudieron participar en la economía im- puesta. Estas objeciones parten de la izquierda y de los grupos feministas, que aceptan las ideas de equilibrar derechos y responsabilidades. Pero mientras la izquierda sostie-
1 Entendemos que la participación puede ser real o simbólica (Sirvent, 1999, p. 129)
2 Thomas Marshall en 1949, publicó Citizenship and Social Class, en el cual aportó la idea de que la ciudadanía tenía tres partes constitutivas: los derechos civiles, los derechos políticos y los derechos sociales. En términos teóricos la ciudadanía refiere a una definición legal de derechos y deberes, y a la discusión de cuál es la naturaleza de los su- jetos y los contenidos de esos sujetos. Thomas Marshall aportó, además, la idea del surgimiento secuencial de los derechos en Inglaterra, desde el siglo XVIII (civiles), en el siglo XIX, los derechos políticos. Por último, en el siglo XX, los derechos sociales.
3 Estas ideas son las que orientaron las reformas del sistema de seguridad social tanto en Estados Unidos, como en Inglaterra en los años ’80, introduciendo programas de producción por el trabajo
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ne que los derechos deben preceder a las responsabilidades, las feministas opinan que la idea de la autosuficiencia económica es una manera de expresar que los hombres de- ben mantener el hogar, mientras las mujeres deben ocuparse del hogar y de cuidar a los niños, ancianos y enfermos, reforzando los impedimentos para la plena participación femenina.
Según Kymlicka y Norman (2003), los liberales clásicos creyeron que la democracia liberal podía asegurarse solo por la vía de crear controles y equilibrios como la separación de poderes y el federalismo. Pero estos mecanismos “procedimentales – institucionales” no son suficientes, ya que debe existir cierto nivel de virtud cívica (los ciudadanos de- ben aceptar la responsabilidad del cuidado de otros). Por tanto ellos sostienen que una adecuada concepción de ciudadanía requiere un equilibrio entre derechos y responsa- bilidades. Sin embargo la pregunta que surge a continuación es ¿dónde se aprenden esas virtudes? Mientras que la derecha sostiene que las mismas se aprenden en el mer- cado. La izquierda y la democracia participativa, pone énfasis en dispersar el poder estatal en instituciones de la democracia local, asambleas regionales y tribunales ante los cua- les reivindicar sus derechos.
El republicanismo cívico, por su parte, hace hincapié en la participación política, con- siderándola superior a las satisfacciones que produce la vida privada, el vecindario o la profesión. Esto entra en conflicto con el modo que la gente común entiende la ciu- dadanía ya que centran sus satisfacciones en la vida privada y ven a la política como ocasional pero necesaria para que el gobierno respete y proteja sus libertades. Para poder explicar esto, los republicanos cívicos suelen proponer que la política actual ha quedado empobrecida y el debate político ha perdido sentido ya que la gente no tiene acceso a una verdadera participación.
Los teóricos de la sociedad civil, subrayan la necesidad de civilidad y autocontrol. Estas se aprenden en organizaciones voluntarias como iglesias, familias, sindicatos, asocia- ciones vecinales, grupos de mujeres y organizaciones de beneficencia.
Enmarcado en las teorías de la virtud liberal, Galston (1991, citado en Kymlicka y Norman, 2003) divide a las virtudes requeridas para el ejercicio responsable de la ciuda- danía en cuatro grupos: virtudes generales (coraje, respeto de la ley, lealtad); virtudes sociales (independencia, apertura mental); virtudes económicas (ética del trabajo, capacidad para postergar gratificaciones, adaptabilidad al cambio económico y tecno- lógico) y virtudes políticas (capacidad de percibir y respetar los derechos de los otros, disposición a no exigir más de lo que se puede pagar, capacidad de evaluar el desempe- ño de los funcionarios, disposición a participar en el debate público). En este enfoque teórico una de las más importantes responsabilidades de los ciudadanos es controlar a los que ocupan cargos públicos y juzgar su conducta mediante el debate público de sus ideas. Según sostiene Gutmann (1987, citado en Kymlicka y Norman, 2003) estas virtu- des se aprenden en la escuela, que debe incorporar a los alumnos en el razonamiento
crítico y en la perspectiva de la moral pública. Pero estas ideas son rechazadas por los tradicionalistas debido a que cuestionarían la autoridad paterna o religiosa.
Pero mientras la ortodoxia de posguerra identifica a la ciudadanía como una identidad, expresión de pertenencia a la comunidad política, muchos grupos étnicos, religiosos y de género aún se sienten excluidos de la “cultura común”. Estos pluralistas culturales abogan por las necesidades específicas de los grupos minoritarios como son los dere- chos especiales de representación, que beneficien a grupos desfavorecidos; derechos de autogobierno, en beneficio de minorías nacionales y derechos multiculturales, en beneficio de inmigrantes y comunidades religiosas.
El trabajo “La toma de la escuela normal por los maestros flor de ceibo” de Ferreyra Mariana, Vietti Liliana, Villa María Fernanda y otros (2006) aborda, a partir de un relato de egresados en 1955 de la Escuela Normal de San Justo, la problemática de la parti- cipación ciudadana y la política en la formación docente durante el primer gobierno peronista.
Desde una perspectiva histórica y sociológica de la temática, se recuperan varios textos de Waldo Ansaldi. En el primero de ellos, “Reivindicación del arte de navegar con- tra viento. Alegato a favor de una ciudadanía incluyente y universal” (1998), plantea a partir de la definición de ciudadanía de Marshall una serie de reflexiones sobre la pose- sión y el ejercicio de los derechos ciudadanos. El artículo presenta ejemplos del ejercicio de los derechos ciudadanos postulando su plena vigencia a pesar de ser considerado una utopía en las condiciones del momento en que fue escrito.
En el segundo el texto, “Crear el sufragante. La universalización masculina de la ciu- dadanía política en Argentina. La Reforma electoral de 1912” (2000), el autor realiza un análisis de la situación política de Argentina en el momento de debate y sanción de la ley electoral presentada al Congreso por el presidente Sáenz Peña. Asimismo, presenta un examen pormenorizado del debate sobre el proyecto de ley en la cámara de diputa- dos, en la de senadores y en distintos medios periodísticos. Por último, el autor explicita las características de la ley y considera las exclusiones que la misma plantea al ejercicio del derecho de elegir y ser elegido en tanto clase, etnia y género.
Por ultimo, en “No por mucho pregonar se democratiza más temprano. La aplicación singular de los principios universales” (1998) Ansaldi plantea que a partir del proceso de independencia y posterior conformación de los Estados de América Latina, se suce- den una serie de constituciones liberales en las cuales no condicen lo enunciado con las prácticas. Los principios de ciudadanía universal se constituyen en prácticas singulares y excluyentes principalmente de las mujeres, los indígenas y los negros esclavos. A lo largo del artículo analiza los discursos que se esgrimieron para justificar esta exclusión.
Varios autores, desde la Historia, estudiaron el proceso de la conformación del Es- tado Nacional y del surgimiento de los derechos políticos, económicos y sociales a los
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ciudadanos, a partir de la sanción de la ley Sáenz Peña. Entre ellos podemos mencio- nar a Gallo y Cortés Conde (1984) y Botana (1985). David Rock (1993) realiza un estudio pormenorizado de los sectores de derecha. Sidicaro (2002) estudia la especificidad de los tres peronismos y sus oposiciones. También entre los que estudian específicamente el período peronista podemos mencionar a Altamirano (2001). Con referencia a la “pe- ronización de la educación”, se puede enumerar los trabajos de Plotkin (1994); en otro tono sobre la educación en el primer peronismos están los trabajos de Dussel y Pineau (1995); Pineau (1997), Puiggrós y Bernetti (1993) y los trabajos reunidos por Cucuzza, H. (1997), “Estudios de Historia de la Educación durante el primer peronismo (1943-1955)”. Sobre las oposiciones de los docentes a la acción del peronismo en educación están los trabajos de Gvirtz (1999).
Sobre la tarea de la escuela como formadora de una identidad nacional y formadora de ciudadanos se puede mencionar los siguientes autores Puiggrós (1996), Paviglianiti (1996), Carli (2002), Terán (2009), entre otros.
Entre quienes pusieron la mirada específica en el currículum como instrumento pú- blico y constructor de ciudadanía, se recupera a Narodowski (1994), Pinkasz y Finocchio (2007), Pineau (1996), Caruso y Dussel (1995), Pineau y otros (2001) y Alliaud (2007).
Con respecto al accionar de los jóvenes en torno a la ciudadanía, a partir de los años ’70, encontramos trabajos de Bourdieu (2002), Margullis (1996), Margullis y Urresti (1998); Zelmanovich (2007); Corea y Lewkowicz (2008).
Reguillo Cruz (2000) en “Emergencias de culturas juveniles. Estrategias del desencanto”, expresa que la figura de la juventud aparece como un conjunto social he- terogéneo, dinámico y discontinuo en donde los vestuarios, la música, las palabras, los objetos emblemáticos (piercing, tatuajes, etc.) se configuran no solamente como sím- bolos sino como modos de entender el mundo. La autora pone en debate los estudios realizados hasta el momento en América Latina, donde en ocasiones se ha confundido el “escenario situacional” (la marginación, la pobreza, la exclusión) con las representa- ciones internas de los jóvenes. A partir de los enfoques que anulan o reconocen a los jóvenes como agentes sociales, aborda el problema de la ciudadanía. La ciudadanía para los jóvenes se traduce en acción y práctica cotidiana, en un ejercicio dentro del espacio- tiempo de la globalización donde no hay verdades absolutas, donde los instrumentos de comunicación se apropian y reapropian, donde el futuro se lee como poco probable. María Teresa Sirvent (1999) en “Cultura popular y participación social. Una investiga- ción en el barrio de Mataderos” examina la carencia de participación y la apatía general observada en la población de Mataderos, uno de los barrios históricamente más com- bativos de la ciudad de Bs. As.