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La escritura como resistencia es un tema importante dentro de la tradición literaria en diferentes latitudes del mundo, desde la emanada por cuestiones políticas, ya sea para denunciar tortura o desapariciones como la que se da dentro de regímenes totalitarios o bien, como testimonio de hechos como el Holocausto a través de personajes de la vida real tales como Elie Wiesel o Primo Levi o bien ficticios pero puestos en contextos reales como la invasión rusa en Praga, por ejemplo, en escritores como Milan Kundera.

Si bien, este tema se percibe como propio de la literatura más contemporánea, también se observa como un hilo conductor desde los mitos de Penélope en La Odisea de Homero o bien, la legendaria narradora de Las mil y una noches, la mujer del Califa, Scherezada. El caso de ambas mujeres es que éstas se insertan en tradiciones y mundos diferentes, la primera dentro del mundo occidental de la cultura greco latina y la segunda, dentro del mundo árabe. Estas mujeres utilizan como recursos contra el opresor, elementos básicos de la mujer como el tejido y el contar cuentos, creando así un sistema de resistencia. Así, estas mujeres desencadenan una larga tradición femenina de resistencia, sin ser las narradoras del corpus de esta investigación la excepción.

Así pues, Penélope es la mujer tradicionalmente asociada de manera mítica con la espera, la paciencia y la sumisión, pero más aún la fidelidad que aguarda el regreso del hombre que ha de liberarla del acoso de los demás y de la larga vigilia. Dentro de la historia, Penélope es abordada por diferentes varones que quieren desposarse con ella mientras se encuentra aguardando el retorno del esposo, Ulises u Odiseo. Sin embargo, como se sabe, ésta urde un plan en el que dice que tomará marido una vez que acabe el bordado del sudario para el antiguo rey Laertes, pero durante las noches desteje lo que en el

día se ha hecho y de esta manera guarda la castidad durante los veinte años del viaje de Ulises. Así pues el signo de Penélope está marcado por la espera en apariencia pasiva, pero mirándolo de cerca no es ni tan pasiva, ni tan quieta, pues debe tejer como parte de un propósito mayor que es la resistencia misma. Porque Penélope tiene un plan y éste requiere de su parte inteligencia e ingenio para poder conseguir lo que ambiciona. De esta forma, aunque representa los valores tradicionales de esposa y madre con su hijo Telémaco, también tiene la astucia de una Circe que seduce a los hombres con su belleza y los controla mediante el juego que ha establecido entre ellos o bien, el encanto de las sirenas que incitan a Ulises y a sus hombres a saltar al mar, y como ellos casi enloquezca al escuchar sus cantos amarrado como lo está a la embarcación.

La académica Elizabeth Gregory en su artículo “Unravelling Penelope: The Construction of the Faithful Wife in Homer´s Heroines” afirma que Penélope tiene un rol indeterminado. Por una parte, si es en efecto la esposa fiel que ama a Ulises, ¿por qué tendría que engañar a los pretendientes con el supuesto sudario y no sólo remarcar sus esponsales? Gregory sugiere que quizás Penélope necesita del tejido para no tener que lidiar con los hombres y no caer en la tentación o seducción que le proponen. Si esto resulta, entonces en el fondo es un personaje tan seductor como la misma Circe o Elena de Troya. Finalmente, es cierto que Penélope aguarda al marido, así pues no se confirma nada y se queda esto como mera especulación.

Aunado a esto, el hecho mismo de que Penélope confronte a los hombres diseñando una trampa, la hace mucho más controladora de lo que en un principio se vislumbra.

In insisting up to the point of Odysseus´ return that she did not remarry, Penelope has stood on the threshold of a repudiation of patriarchy. Without acknowledging it as such, she has effectively established herself in positions

of both individual self-rule and control of property, positions denied to women in her contemporary society (Gregory 16)25.

De esta forma, la decisión de Penélope de usar el sudario como arma frente al hombre que la acosa, se vislumbra como un recurso y un mecanismo de defensa a la vez. Es decir, que el tejido ocupa a Penélope durante la espera para distraerla del constante asedio, y aunque no es posible determinar si ella se siente sólo amenazada o también, teme caer y ser seducida e infiel, éste cumple el cometido de mantenerla a flote, sin distracciones, haciendo la espera más fácil de sobrellevar.

Por su parte, Francisca Noguerol Jiménez de la Universidad de Salamanca explica que así como Ariadna y Aracne, la primera encargada de develar el laberinto y la segunda, quien desafía a la misma Atenea en un duelo de tapices, Penélope percibe lo que va a pasar antes de que ocurra y así, decide tejer para detener a los hombres. Porque lo que no se dice, con claridad pero que en una lectura más contemporánea es posible suponer, es que ésta ha sido abandonada por Ulises en plena juventud y que su miedo a los pretendientes esconde una sexualidad insatisfecha, misma que sí se percibe, por ejemplo, en la versión de ella misma que personifica Molly Bloom en el famoso Ulises de James Joyce.

[…] porque era muy buen mozo en ese tiempo tratando de parecerse a Lord Byron y yo decía que me gustaba aunque era demasiado hermoso como hombre y él lo era un poco antes de que nos comprometiéramos después aunque a ella no le hizo mucha gracia el día que yo estaba con los ataques de risa con las sacudidas no podía […] porque y acostumbraba decirle bastante

               

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“Al insistir en no desposarse hasta el retorno de Odiseo, Penélope se ha parado sobre la entrada del rechazo por el sistema patriarcal. Sin reconocerlo así, ella ha establecido de forma efectiva su posición como individuo que se auto-gobierna y controla su propiedad, ambas posiciones negadas a la mujer en su sociedad contemporánea” (Gregory 16).

de lo que pasaba entre nosotros no todo pero lo bastante para hacerle venir el agua a la boca pero eso no es culpa mía […] (Joyce 647).

Otro texto que ha utilizado la figura de Penélope es la escritora canadiense, Margaret Atwood, quien reinventa el mito de Penélope en Penélope y las doce criadas en el que narra la historia de La Odisea a través de la mirada de Penélope, quien en la historia original sólo aparece en el primer canto y en los últimos dos. Esta novela narra lo que ocurre en Ítaca mientras Ulises va a la guerra y regresa.

Por otra parte, en la tradición árabe está la figura de Scherezada, la hermosa y última esposa que toma el Califa, quien ininterrumpidamente ha asesinado a todas las demás cónyuges al alba tras la primera noche de bodas. Pero, al igual que Penélope, Scherezada tiene un recurso para revertir dicha tradición: contar una interminable historia que ha de dejar en suspenso justo al amanecer logrando que el sultán la deje vivir un día más hasta que termine la narración, algo que como se sabe, nunca llega a suceder. “[…] Scherezade´s narrative is an effort to keep death outside the circle of life. Unlike the Homeric narration26, Scherezade denies death the function of strengthening the immortalizing power of the tale. Unlike contemporary philosophers, she turns the tale into an even more powerful means to ward off death” (Cavarero 120)27. Así, las mil y una noches de la gran narración de Scherezada se convierten en un elemento de supervivencia, una manera de llevar los días y de aplazar el momento de la muerte.

En la tesis La figura simbólica de Scherezada en la literatura femenina latinoamericana contemporánea de Patricia Aristizabal Montes de la Universidad de Montreal, ésta afirma

               

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 La épica homérica según explica la autora suele situar al héroe en el centro de la inmortalidad a través de su muerte; el héroe se redime en la muerte.

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“La narrativa de Scherezada es un esfuerzo por mantener la muerte lejos del círculo de la vida. A diferencia de la narración homérica, Scherezada le niega a la muerte la función de fortalecer el poder inmortal de la historia. A diferencia de los filósofos contemporáneos, le da la vuelta al acto de contar para convertirlo en un arma aún más fuerte para conservar la muerte fuera” (Cavarero 122).

que otra de las razones por las cuales la famosa narradora debe continuar su larga historia es porque debe salvar a todas las hipotéticas esposas que el Califa deberá tomar si ella muere. Así pues, la narración tiene un doble propósito que se aviene dentro de la capacidad narrativa de Scherezada, así como de su imaginación. Si bien, este personaje legendario se remonta a tiempos lejanos en Oriente, su vigencia radica en su simbolismo que se actualiza a través de otras narraciones más contemporáneas donde se visualiza ese mismo espíritu de resistencia en otras mujeres narradoras a partir del acto de contar. Scherezada representa finalmente la mujer que se opone con ingenio al poder patriarcal o represor.

Pero la historia de Scherezada y el Califa es sólo un marco para la otra historia: la narración de Las mil y una noches. Como en las cajas chinas o como las muñecas rusas, una historia está dentro de la otra y todas se engarzan entre sí como las cuentas de un collar pudiendo ser vistas por separado o bien, como una larga y extensa narración. Este recurso es el arma secreta de Scherezada como narradora, lo que la lleva a cumplir el rol de contadora de historias. Y es este juego que se establece en Las mil y una noches lo que le interesa a Jorge Luis Borges en su cuento El jardín de senderos que se bifurcan cuando dice, "Recordé también esa noche que está en el centro de las 1001 noches, cuando la reina Scherezada (por una mágica distracción del copista) se pone a referir textualmente la historia de las 1001 noches, con riesgo de llegar otra vez a la noche en que la refiere, y así hasta lo infinito” (Borges 112). Así, este escritor argentino observa que la magna obra tiene diversas lecturas acomodadas unas dentro de otras de forma infinita, y quizás en ello radique su espíritu de resistencia porque es una historia que no acaba nunca. En ese mismo cuento, el personaje principal Ts´ui Pen dice alguna vez que escribir un libro y construir un laberinto, son la misma cosa. Es decir que para Borges la historia de Scherezada sirve para recordar las infinitas posibilidades interpretativas de la literatura.

Por otra parte, la tradición indica una larga referencia a las mujeres como narradoras, encantadoras, depositarias de las historias de los pueblos. “[…] the figure of the female storyteller –old witches and wise wet-nurses, grandmothers and storks, fates and sibyls, can be encountered at every stage of the literary imagination to attest to the sources and the feminine practices of narration” (Cavarero 122)28. Y las historias de Scherezada seducen y atrapan, no sólo al Califa sino también al lector.

En Voces del desierto la escritora brasileña Nélida Piñon retoma la leyenda de Scherezada para hacer una novela donde se cuente lo que no sucede en Las mil y una noches: lo que hace Scherezada durante el día y lo que piensa para poder salvar el pellejo. Es decir, que lo que Piñon hace en pocas palabras es contar lo que pasa entre telones y tras las conocidas historias. Y Piñon no duda en que la famosa narradora sabe que tiene armas poderosas. “Decidida a salvarse, Scherezade se esmera en los detalles, que utiliza como táctica. Para dar credibilidad a su palabra, piensa, se organiza, vislumbra el mundo” (Piñon 29). Y más tarde en la novela se puede observar cómo para Piñon el recurso de Scherezada es el mismo que Penélope. “Scherezade desenrolla los hilos coloridos de la historia que salen de un ovillo a salvo de la intemperie” (Piñon 177). Es decir, la historia se teje y va atrapando como aquel viejo mito de Aracne, la araña que teje para hacerse de sus presas, y lo hace con cuidado, con suavidad, pero certera y mortal.

Ambos personajes femeninos utilizan un recurso propio de la mujer para subvertir aquello que desean cambiar por considerarlo injusto, sólo que no parece que se esté oponiendo, ni luchando, sus armas son aparentemente inocentes, pero como se sabe, eficaces. En este sentido ambas mujeres son parte de una tradición ancestral popular

               

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 “[…] la figura de la mujer narradora –viejas brujas y nodrizas, abuelas y cigüeñas, las parcas y hermanas, pueden encontrarse en cada etapa de la imaginación literaria como testigo de las fuentes y las prácticas femeninas de la narración” (Cavarero 122).

inscrita de la mujer como urdidora tanto del tejido material como de historias, en ambas el propósito es el mismo: sobrevivir. El recurso a tomar viene del mundo femenino y por tanto, no levanta sospecha y les es lícito tomarlo, pero el ingenio les permite usarlo para lograr su voluntad de manera callada y discreta, pero eficaz. El hombre que la acosa no lo ve venir, es más, se conforma, se aviene y lo acepta porque supone que no presenta peligro alguno, pero casi sin notarlo, ha sucumbido ante la mujer. Sin haber una traición evidente, el hecho de que ella le engatuse, es una falta a su deber como esposa en esa sociedad, sólo que él no lo nota y cae en sus redes.

Así se observará de qué forma esta tradición de resistencia y escritura se nota en literaturas más contemporáneas escritas por mujeres, donde tanto la mente como el cuerpo se ocupan en el acto de escritura y se convierten en el aliento ante el dolor, la muerte, el miedo y la experiencia. La palabra un arma para quien la usa.