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5.2 Nature of Self-Directed Professional Development (RQ1)

5.2.4 Self-directed professional development activities

 

El cuerpo es el espacio que habita el ser. Es el recipiente que contiene a la persona y la única posesión real que se tiene y que perdura en el tiempo. El cuerpo es la persona y a la vez contiene a la persona, no se puede separar de ella y le acompaña siempre. Pero además, el cuerpo es un espacio que cambia, que sufre la metamorfosis del tiempo con sus relojes y cronómetros, no es un sitio perenne, que pueda controlarse, responde a cuestiones de biología y está vivo y luego, acaba junto a la persona porque es la persona, además de ser el espacio que se habita. Henri Lefebvre considera que de hecho es como si hubiera una abstracción mental de lo que es el cuerpo, su concepción filosófica como partida de lo humano que entra en una especie de contradicción con el cuerpo físico. “But one may wonder what connection exists between this abstract body, understood simply as a mediation between “subject” and “object”, and a practical and fleshy body conceived of as a totality complete with spatial qualities (symmetries, asymmetries) and energetic properties (discharges, economies, waste):” (Lefebvre 61)30. Asimismo, Lefebvre intuye que la complejidad del cuerpo es aún mayor cuando se le agrega a la concepción del cuerpo toda la serie de constructos sociales adjudicados a partir del poder, la ideología, la religión, etc. Entonces, se vuelve casi imposible determinar qué es el cuerpo en términos de biología solamente porque no queda claro cuándo es una respuesta simplemente científica y hasta qué punto no hay incidencia de la ideología sobre la cual se ha construido el concepto del cuerpo.

               

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“Pero uno se pudiera preguntar qué conexión existe entre este cuerpo abstracto, entendido como mediación entre el “sujeto” y el “objeto”, y un cuerpo práctico y carnal concebido como totalidad con cualidades espaciales (simetrías, asimietrías) y propiedades de energía (descargas, economía, desperdicio):” (Lefebvre 61)30. 

Por otra parte, Lefebvre piensa que el cuerpo tiene extensiones de sí mismo en la vida común y que le definen también, tales como el coche, la silla, los lentes y el teléfono son parte de la persona. El espacio del cuerpo se extiende para admitirlos y hasta cierto punto se vuelven el mismo cuerpo. La relación del cuerpo con estos objetos resulta en la formación de la personalidad, son rasgos del ser y se le conoce por ellos. Asimismo, tics nerviosos o gestos característicos de la persona forman el espacio de ese cuerpo, se les reconoce tanto como la nariz, los ojos o las manos.

En el caso de las mujeres habría elementos que son parte del imaginario del cronotopo femenino tales como el sartén, la olla, la cocina, o efectos de belleza como el lápiz labial o el polvo facial. También en el mundo de la mujer hechicera están los sortilegios, la luna y las pócimas.

Para Lefebvre el cuerpo es una abstracción compuesta por infinidad de cosas desde las meramente biológicas hasta las emocionales que afectan a las físicas, o bien, los fetiches, productos e impresiones que rodean a la persona y su cuerpo. Todas estas convergencias hacen al cuerpo ser y lo metaforizan de tal forma que no es posible distinguir estos componentes entre sí o separarlos. Por otra parte, las distinciones entre los cuerpos son mucho más notorias que las similitudes aún y a pesar que en teoría, todos los cuerpos tienen lo mismo. Estas diferencias dan unicidad a la persona, una identidad propia que lo distingue de los otros. Por lo tanto, la vivencia o experiencia del cuerpo de una prima bailarina no tiene nada en común con el de una obrera, una campesina o una madre de familia.

Aunado a esto las funciones del cuerpo: intelectuales, sexuales, motrices, de injerencia alimenticia y desecho, afectan asimismo a la creación del espacio, creando un multi-espacio cambiante. También el cuerpo se desnuda o se viste, está sano o enfermo,

es joven o viejo, está limpio o sucio; tiene olores, sudores, secreciones, etc. Todas las posibilidades del cuerpo son sumas al espacio que se crea. Más aún, la complejidad radica en que no es posible separarlo o desmembrarlo para analizar cualquier aspecto que se desee estudiar como se pudiera hacer con un artefacto o instrumento.

Lefebvre subraya tal como se dijo previamente que ante todo el cuerpo no está solo en el espacio, sino que crea otros espacios y se relaciona con ellos fuera del cuerpo, y no pueden separarse porque están en constante contacto e interacción. “For these bodies, the natural space and the abstract space which confront and surround them are in no way separable, as they may be from an analytic perspective. The individual situates his body in its own space and apprehends the space around the body” (Lefebvre 213)31. Es decir, que el espacio en derredor del cuerpo forma parte de su espacio tanto como el propio cuerpo en sí, siendo este aspecto trascendental para la investigación porque las mujeres de las novelas son sujetas a un espacio social que las confiere.

Por su parte, las feministas están más interesadas en la construcción social del cuerpo femenino como un espacio que ha sido reprimido, negado, condenado. Helene Cixous en su famoso ensayo titulado La risa de la Medusa habla de un cuerpo censurado a través del tiempo, desde orígenes remotos por la sociedad y el Hombre en abstracto como ideología represora sobre la mujer. Así, aboga para que la mujer recupere su legítimo cuerpo, su ser escondido y lo celebre a partir de la escritura del cuerpo. “La mujeres son cuerpos, y lo son más que el hombre, incitado al éxito social, a la sublimación. Más cuerpo, por tanto, más escritura” (Cixous, La risa… 58). Para

               

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“Para estos cuerpos, el espacio natural y abstracto que los confronta y a la vez rodea, no son separable, como pudiera hacerse desde una perspectiva analítica. El individuo sitúa su propio cuerpo en el espacio y aprehende el espacio que lo circunscribe” (Lefebvre 213).

Cixous, la escritura es liberación, es hacer al cuerpo hablar, dotarlo de poder, darle su lugar y espacio.

Gloria Anzaldúa en su texto, La nueva mestiza (The New Mestiza) explica desde el prefacio que lo que le preocupa es la vida interior del ser, la lucha del ser por salir o surgir entre la adversidad, la conciencia de ser dentro de una sociedad hostil. A esto añade dentro del texto, las dificultades de siendo mujer, mestiza, chicana y lesbiana, conseguir un espacio propio, un espacio para pertenecer. El cuerpo parece ser un campo de batalla donde se debaten ideologías, razas, diferencias sexuales, etc. Anzaldúa compara así su cuerpo con la masa de una tortilla. “Soy un amasamiento, I am an act of kneading, of uniting and joining that not only has produced a creature of darkness and a creature of light, but also a creature that questions the definitions of light and dark and gives them new meaning” (Anzaldúa 81)32. Es decir, que si Cixous había advertido que la mujer representaba el continente negro, el no explorado, Anzaldúa va más allá para advertir que el cuerpo de la mujer no solamente es desconocido o marginado, sino que es una amalgama de realidades y que se compone de elementos diversos, por eso indica que se vive en la frontera, en un espacio nuevo en donde converge todo, donde la nueva persona puede construirse partir de ese conflicto interno. “The struggle has always been in inner, and is played out in the outer terrains. Awareness of our situation must come before inner changes, which in turn come before changes in society. Nothing happens in the “real” world unless it first happens in the

               

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 32 “Soy un amasamiento, soy el acto de amasar, de unir y juntar que no sólo ha producido una criatura tanto

de la oscuridad como de la luz, pero también una criatura que cuestiona dichas definiciones de luz y oscuridad y les da nuevo significado” (Anzaldúa 81).

images in our heads” (Anzaldúa 87)33. Así pues, lo que Anzaldúa indica es que la identidad del cuerpo es primaria y anterior al ámbito de lo social. No es posible una sociedad que margina a una parte de sí misma, pero antes de esa incorporación, las mujeres deben poder ser libres dentro del espacio del propio cuerpo.

Edward Soja en Third space: Journeys to Los Angeles and Other Real-and-Imagined Places señala que ante los procesos discriminatorios, los abusos y la marginación, hay una tendencia a crear un tercer espacio, un espacio diferente, marginal, una no- incorporación a la sociedad, una especie de confrontación del otro ante el opresor. Este tercer espacio comprende los cuerpos de mujeres, negros, latinos, asiáticos, homosexuales, etc. no pertenecientes a la mayoría anglo sajona. Soja se refiere a Los Ángeles como un micro cosmos de esta sociedad marginada, y que a la vez crea nuevos espacios para ser, para existir en la diferencia. Sus cuerpos se notan, son el otro, el continente oscuro al que antes se refería Helene Cixous, la mestiza de Anzaldúa. Asimismo, las novelas de esta tesis tienen estos mismos cuerpos que se notan, que se diferencian ya sea por elección sexual, porque se esconden del Otro, o por su estado, en este caso, la maternidad o la enfermedad.

This creative spatialization involves more than wrapping texts in appealing spatial metaphors. It is a vital discursive turn that both contextualizes the new cultural politics and facilitates its conceptual re-visoning around the empowerment of multiplicity, the construction of combinatorial rather than

               

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 La lucha siempre ha sido íntima, pero se juega en los terrenos de afuera. La conciencia de nuestra situación debe llegar antes de cambios internos, que a su vez vienen antes de los cambios sociales. Nada ocurre en el mundo “real” sin que antes ocurra en las imágenes de nuestra mente” Anzaldúa 87).

competitively fragmented and separated communities of resistance (Soja 96)34.

Lejos ha quedado el deseo de estas comunidades de esconderse o bien, fundirse o integrarse, parecen más interesadas en mostrarse tal cual son, les moleste a otros o no, los incomode o no igual. Mostrar la diferencia sin vergüenza, sin tapujos parece ser indicio de una nueva clase de resistencia, franca y fuera del clóset donde ha residido durante años. Es un modo de ser que se permite el espacio público, aunque la sociedad lo niegue. Así, el tercer espacio comprende una sociedad al margen, y que sin embargo, se muestra y existe, pero también es señal del cuerpo del otro, del que se escondía y ha decidido salir. Si Virginia Woolf hablaba de una habitación propia para las mujeres donde poder ser, ahora esta habitación parece abrirse y decir, “aquí estoy y no me voy a ir”. El cuerpo está en la vida y en la sociedad. No hay razones para esconderse. Vivir en la alteridad es una forma transgresora de perder el autoritarismo y de crear nuevas formas de ser.

Esta radicalización política del margen es una óptica distinta sobre el cuerpo y cómo éste se ve. “The spatiality and sensuality of the body is being given a central positioning in the critical interpretation of the real-and-imagined geographies of everyday life in and outside the city” (Soja 112)35. Esta nueva mirada o concepción pone en el centro de la discusión al cuerpo, un cuerpo que se nota, que es imposible ignorar. El cuerpo individual se vuelve un cuerpo social con representaciones simbólicas. De pronto, el margen está al frente, surge de la periferia para volverse centro.

               

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 “Esta “espacialización” creativa involucra más que envolver textos en metáforas espaciales llamativas, una vuelta discursiva vital que contextualiza las nuevas políticas culturales y facilita su revisión conceptual y la potencia de la multiplicidad, la construcción de comunidades en combinación y resistencia más que fragmentadas y en competencia” (Soja 96).

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“A la espacialidad y sensualidad del cuerpo se le está dando una posición central dentro de la interpretación crítica de las geografías reales u imaginadas en la vida diaria dentro y fuera de las ciudades” (Soja 112).

Anita Harris en Future Girl: Young Women in the Twenty first Century va más allá para notar que las mujeres jóvenes del nuevo milenio son mucho más libres que en ninguna generación anterior dentro de los espacios de lo privado y lo público. Por otra parte, que los modelos de mujeres que se toman son de mujeres fuertes, decididas, y seguras, el llamado girlpower36. Lejos de considerarlas a estas mujeres simplemente rebeldes o descabelladas como en los sesenta quizás resultaba una Simone de Beauvoir o en los medios populares, una Janis Joplin, estas mujeres se han ganado el respeto de las jóvenes que las admiran y respetan, no como íconos de insurrección, sino como una simple y llana manera de ser. “The idea of girlpower encapsulates the narrative of the successful new young woman who is self-inventing, ambitious and confident” (Harris 17)37. La mujer fuerte surge como fuente de inspiración a través de personalidades tan diversas como Madonna, Hillary Clinton, Leonora Carrington o Margaret Atwood.

Así, para el siglo veintiuno parecería que se ha normalizado la idea de la equidad femenina frente al hombre como nunca antes en la historia del mundo, aunque como se verá más adelante no necvesariamente.. Y por otra parte, la mujer se encuentra ante una aceptación mayor del cuerpo, encuentra en él una fuente de poder, imaginación y libertad, antes no visto. “Success and young feminity are connected through notions of choice, versatility, beauty and cleverness” (Harris 21-22)38. Al parecer, el espacio del cuerpo se convierte en fuente de identidad y aceptación por las jóvenes mujeres del siglo XXI.

Sin embargo, como advierte el filósofo francés Gilles Lipovetsky, nunca antes las mujeres que trabajan habían gastado tanto en sí mismas y en su imagen, al parecer son

               

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Chicas con poder. 37

“La idea de la chica con poder contiene la narrativa de una mujer joven que se reinventa, y es segura y ambiciosa” (Harris 17).

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 “El éxito y la feminidad joven están conectadas a nociones de opciones, versatilidad, belleza y astucia” (Harris 21-22).     

presas de la mercadotecnia y del consumismo en una sociedad que les exige sí ser profesionista, pero también madre y mujer escultural. La presión parece subir de voltaje. Si bien es cierto, el poder económico ha resultado en una mayor libertad dentro de la sociedad, también se siente una carrera desbocada por “la mujer perfecta”. En El imperio de lo efímero: La moda y sus destinos en las sociedades modernas explica la seducción mercadológica de este fenómeno mundial que empezó con las casas de alta costura parisinas. Llama este estilo de vida por apelativos tales como: lúdico, estético, hedonista, psicologista y mediático donde tener lo “nuevo” es una nueva forma de ser y pertenecer, una sed insaciable por la novedad. “[…] lo nuevo aparece como el imperativo categórico de la producción y el marketing, nuestra economía-moda tiende al apremio y a la seducción irremplazable del cambio, de la velocidad, de la diferencia” (Lipovetsky, El imperio… 181). Todo converge en un juego atractivo visualmente y que atrapa con su fascinación a las personas, sobre todo, a las mujeres, incluso a estas mujeres liberadas del siglo XXI, quienes además ahora cuentan con dinero propio para gastarlo en estas cuestiones que tienen que ver con la imagen y ante todo, el cuerpo femenino. Ante el fracaso de los sistemas políticos: comunismo y capitalismo, o bien, el fascismo, el socialismo y la religión, el consumismo con su brillante estertor parece ser el punto climático a seguir, donde a través de la proliferación de medios audiovisuales y tecnológicos de mayor alcance, está en todas partes. Así, Lipovetsky analiza la paradoja de las mujeres, quienes hoy día deciden sobre su cuerpo, su fecundidad, su derecho al conocimiento y a la igualdad de oportunidades, pero a la vez son presas del hiperconsumo en relación al embellecimiento del cuerpo. ¿Es la moda la nueva cárcel? ¿Es la presunta perfección del cuerpo femenino una forma más de atavismo sobre el cuerpo? Lipovetsky parece señalar que así es, y las enfermedades modernas tales como obesidad u anorexia, así como la constante

preocupación por la nutrición, parecen ser una luz parpadeante que señala de forma siniestra nuevas maneras de represión sobre el espacio del cuerpo.

Aunado a esto, Lipovetsky señala que si bien el racismo y la xenofobia no existen en el sentido estricto en el que aparecían antes, ahora se mueven bajo el espectro del poderío del mercado y la imagen. La época frívola no elimina del todo la discriminación, sino que la asume en función de las posibilidades de compra, de exclusividad y de imagen; la superioridad se percibe en la medida de la capacidad de lucro que se tiene. “Hemos abandonado la temática de la pureza de raza; la xenofobia actual se da en el terreno de la obsesión por la seguridad y de la protección de intereses (Lipovetsky 294). Y dicha seguridad viene de la imagen que se proyecta ante los demás. En el caso de las mujeres se supedita a un perfil de mujer poderosa, libre, sin prejuicios, seductora, dueña sí de su cuerpo, pero a la vez esclava de la sociedad de consumo que le exige cierta apariencia. El modelo de belleza de la sociedad contemporánea está regido por los medios y lo que muestran o deciden que es bello, luego este concepto es vendido a un público femenino a través de productos de embellecimiento, de ejercicio o de cirugía estética. Y la nueva mujer, poderosa económicamente y ávida de mostrar fortaleza e independencia sexual, económica e intelectual, acaba por adquirir estos productos en un vuelco irónico donde dicho consumo la vuelve a la vez atada a convenciones sociales. Así, Lipovetsky muestra en La tercera mujer que si bien hay una distancia de la primera mujer: bíblica, pasiva y demoniaca o la segunda: esposa fiel, madre devota y educadora, la tercera mujer se muestra como libre de ataduras, pero sin perder su seducción y erotismo, aunque advierte que ha caído en la trampa de volver a ser esa mujer que tiene que ser atractiva para el hombre y ante los demás siguiendo estrictas normas sociales regidas por lo escaparates, los medios y las empresas del embellecimiento. Para Lipovetsky, la tercera mujer aún está en

construcción. Es decir, que si bien el rompimiento con esquemas anteriores se ha venido dando desde la primera generación de feministas, movimiento iniciado en Paris a principios del siglo XX y en Inglaterra con figuras como Simone de Beauvoir o Virginia Woolf, hasta llegar a la segunda etapa con los movimientos de los sesenta, no se ha acabado de inventar a esta nueva mujer y más bien hay una serie de preguntas en torno a ésta, que abarcan temas tan diversos como: soltería, matrimonio y divorcio, qué profesión y cómo compaginarla con el hogar o ser madre, etc. Así, Lipovetsky advierte que hay un sentimiento de indeterminación en cuanto al rol de la mujer, donde no hay reglas claras y éstas se van estructurando conforme a la marcha. “Allí donde las determinaciones era mecanicistas, hay cabida en la actualidad para opciones y arbitrajes individuales” (Lipovetsky, La tercera… 220). Es decir, que son las propias mujeres quienes de manera consciente o inconsciente van creando otros modelos.

Asimismo, afirma que el lastre de la condición de belleza lejos de haberse agotado, continúa con nuevas fuerzas o nuevas reinvenciones. Así explica en este texto que la belleza de la mujer aún sigue siendo beneficiosa para el hombre en más de un sentido. “La