Methodology
3.3. Data Processing and Analysis
químicas. (Rico, B., 2005, p. 1). Pero entonces, qué hacer. Bovio propone una visión holística de lo que se relaciona con el cuerpo, basándose no en el concepto de cuerpo como concepto es- tético sino en la experiencia de la persona en- carnada, es decir la corporeidad para valorar el cuerpo en su complejidad.
La primera categoría que Bovio emplea es la de “valencias corporales”, ya que con este término se puede hablar de los nexos y los factores que se relacionan con el cuerpo y que permiten o favorecen sus vínculos con otros, estas valen- cias se clasifican en:
1) valencias corporales 2) valencias biogénicas 3) valencias sociogénicas
4) valencias noogénicas o personales
Las valencias cambian según la persona, pero se enlazan entre sí, Las biológicas son el sopor- te de las sociales, estas de las personales, que a su vez las últimas modifican la expresión de las precedentes. (Rico, B., 2005, p. 92)
Por ende, las peculiaridades que tienen lugar en nuestra percepción corporal son las que brindan la información de la realidad; esta percepción no es unánime ya que varía según cada persona, pero que, gracias al lenguaje y su uso convenido socialmente, permiten la expre- sión de lo que se logra interpretar en conjunto tras una experiencia corporal. Gracias al uso del lenguaje se generan vínculos con los otros cuerpos y así se hallan comunes denomina- dores entre los cuerpos, pero esta interacción con los otros inicia en primer lugar desde el reconocimiento de sí mismo y de la autocon- ciencia que cada uno puede generar. Este reco- nocimiento del sí mismo está relacionado con las opiniones de los demás; mucho se ha escri- to sobre el origen de la consciencia reflexiva, a partir del efecto de reflejo que producen las opiniones cargadas de valoración de nuestros pectos que lo componen.
El término “cuerpo” es una acepción tan vas- ta que da cabida a la sumatoria de los aspec- tos humanos, a sabiendas de que es una más de las posibles interpretaciones del cuerpo que se han dado o que podrían llegar a generarse. (Rico, B., 2005, p. 90). Dentro de los avances investigativos las pautas son muchas para ir desarrollando el término de cuerpo.
Pero, en mi formación, se me había enseñado que el cuerpo era una cosa material y que se debía preservar de forma idónea para el des- envolvimiento social. En la adolescencia sentía que el aspecto matérico del cuerpo era el más destacable y el que permitía darse a conocer en el mundo como un ser propiamente dicho y dejé de interesarme en algunos aspectos que también confluyen en la formación corporal. Como hija de personas católicas existía una fuerte dualidad entre el cuerpo y lo espiritual, de hecho se desarrollaban, por parte de mi fa- milia, de formas distintas y separadas. El úni- co momento en el cuál se unían estas dos no- ciones era cuando debíamos visitar la iglesia y nuestro vestir era el ejemplo de que como seres devotos guardábamos de las leyes espirituales establecidas por el catolicismo. Para cada mo- mento y lugar se debía guardar el respeto y las leyes sobre el comportamiento corporal, pero en ningún momento se me explicaba por qué todo estaba separado ni cuáles eran las razo- nes para no ver la vida como una unidad. Este problema lo aborda Bovio analizando lo que se denominan tesis dualistas, donde la visión esquizoide de la realidad ha termina- do por dañar la relación de los seres humanos con la naturaleza. La natura es forzada a tomar un papel secundario, instrumental, frente a los objetivos del espíritu. El materialismo nos conduce a una ceguera ontológica que resta significado a los procesos mentales, los reduce a ser efectos secundarios de reacciones fisico-
Ahora bien, la sujeción sensorial y motriz del conocimiento tiende a privilegiar histórica- mente ciertos sistemas de sensopercepción, como en la cultura occidental, que ha otorgado a la visión un carácter regente sobre los res- tantes sentidos. (Rico, B., 2005, p. 93). Razón por la cual personas como yo, hemos sentido la presión de complacer la mirada del otro en de- terminado momento de nuestras vidas y bus- camos en esas miradas signos de aprobación o rechazo. Pero la mirada está directamente relacionada tanto en las coordenadas corpora- les que nos encontremos como con la coorde- nada corporal en que esté el otro, de allí que le prestemos tanta importancia al desarrollo de puentes que permitan establecer un vínculo de aceptación o rechazo en algunos casos de las miradas. El privilegio a la vista sobre los otros sentidos dada en occidente ha producido con- secuencias muy notables en la comprensión corporal, ya que fractura la unidad del cuerpo y la construcción del mismo.
La Modernidad fracturó al ser humano en un cuerpo material y un alma espiritual y se negó existencia significativa a los fenómenos mentales. Se salvó la razón del proceso des- valorizante porque se le podaron atributos hasta hacerla una simple función calculadora, atrincherada en la dimensión cuantitativa de los números y de las operaciones. A cambio se sacrificó la afectividad, especialmente la que abraza al mundo en una convicción intuitiva de que formamos parte de él. (Rico, B., 2005, p. 96).
Por mucho tiempo se ha vivido con la fragmen- tación de lo relacionado con lo corporal, pero esto no significa que en la actualidad no se pueda establecer unos vínculos con las coorde- nadas corporales y revisar sin prejuicios quie- nes somos. Por ende, las revisiones de las va- lencias corporales son de vital importancia a la hora de analizar este proyecto ya que permite una configuración del sí mismo y de como este se relaciona con el entorno.
semejantes, especialmente los padres, que con- tribuyen a nuestra autoimagen como esquema corporal. (Rico, B., 2005, p. 93). Sin embargo, este reconocimiento que se da a partir de los otros, no siempre está relacionado con las opi- niones positivas, ni con su querer para la per- sona que en sus primeros años resulta moldea- ble. En ocasiones (como en mi caso) surge todo lo contrario: el “yo” que de allí emerge resulta ser una imagen compleja, sentida y pensada por uno mismo y por los otros, del cuerpo que somos. (Rico, B., 2005, p. 93). Ese yo relaciona- do con el pensar de los otros, también es un yo que cuestiona y elabora discursos propios liga- dos con su sentir y su crítica al entorno. Para analizar esto Bovio utiliza “coordenadas cor- porales” que son las que se decantan y consoli- da, de acuerdo con las convenciones culturales establecidas por las prácticas sociales, son las siguientes:
1) Paralelos corporales: Allí se encuentran los di- versos sistemas sensoriales, tales como el tac- to, la vista, el oído, el olfato, el gusto, el equili- brio, la posición física, el hambre, el dolor, el placer, entre otros, así como los motrices: la gesticulación, la manipulación, la locomoción, la respiración, la digestión, la circulación, la sexualidad, el habla, la consciencia, la memo- rización, la imaginación, la afectividad, el pen- samiento, entre otros.
2) Meridianos corporales: todas las necesidades humanas biogénicas, sociogénicas y noogé- nicas, vinculadas respectivamente al sosteni- miento y desarrollo de la vida, a la socialización y al desarrollo personal. En forma ilustrativa y en el mismo orden apuntaré las de nutrición, asimilativas o desasimilativas; las de equilibrio físico-biológico; las de autoprotección; las de conocimiento; las de comunicación, las de per- tenencia; las de afecto; las de autoafirmación y autorrealización; las de trascendencia, entre otras urgencias naturales que mueven a los hu- manos.
de el yo establece sus coordenadas para la inte- racción con el mundo.
Estos autores facilitaron la valoración de mí misma como persona desde la complejidad de las experiencias del orden socio personal (va- lencias), desde el dinamismo de la reacción conmigo misma en tanto artista, mujer, estu- diante, hija, investigadora.
Por lo anterior las genealogías que presento en el segundo capítulo vinculan la obra y mi pro- pia existencia, pues es a partir de la creación pictórica que puedo trasformar o trasgredir las experiencias que he vivido en mi condición de mujer a nivel socio-personal.
La actividad creativa es el eje para el develar de lo corporal ya que el ámbito de la persona es el de la creatividad, el de la expresión de sí mis- mo o de sí misma (Rico, B., 2005, p. 97), y uno de los objetivos de esta investigación es el de enriquecer la visión de lo que sucede en el en- torno social al cuál pertenezco y como se han construido mis categorías corporales.
De otro lado, Aída Aisenson Kogan, en su libro Cuerpo y persona: filosofía y psicología del cuerpo vivido (1981), trata unos aspectos claves para esta investigación el yo y el sí mismo.
En resumen, trata estos conceptos de la si- guiente manera: Mientras que el Yo consiste en un conjunto de capacidades o funciones noéticas, más o menos abstractas, de un es- pectador desinteresado, el sí mismo resulta de la decantación de la experiencia vivida, como parte del movimiento de la historia, la tradi- ción y la cultura. Ambas instancias, a su vez, pueden ser consideradas dimensiones de la personalidad, como totalidad integrada. (Lu- ciano, 2011, p. 161).
La autora nos explica que esa relación no se hace aislada del grupo social, al contrario, solo cuando se hacen propias las actitudes del gru- po social se llega a ser persona completa y al descubrimiento de lo que ella es. (Kogan, 1981, p. 112).
Por ello para el descubrimiento del sí mismo se establece una dialéctica entre la introyección y la proyección, entre el adentro y el afuera, en- tre la asimilación de conocimientos y la adap- tación al entorno social. Pero esto no sucede de forma pasiva, al contrario, hay una postura que es la que la persona adopta frente al mun- do. El sí mismo se construye en relación con el mundo, no es algo que funcione sin una inte- rrelación. Esta interrelación se da a partir del cuerpo entendido como un anclaje necesario del para-sí en una situación contingente, don-
de el cuerpo ofrece distintas posibilidades de análisis y estudios debido a la complejidad de relaciones de orden estético, biológico y subje- tivo, las revisiones de los mismos contribuyen al desarrollo de la investigación de cualquier índole.
Puntualmente, Pedraza, nos muestra como el interés por el cuerpo va en aumento y nos dice que: El primero surge de la manifestación y co- tidiana evidencia de la importancia que ha co- brado el cuerpo en la vida diaria y los procesos de subjetivación y estetización en las últimas décadas. Esta importancia se manifiesta en las preocupaciones por la salud y la alimentación; el deporte y el cuidado personal; el vestido, el adorno y la apariencia; el uso del tiempo libre, la violencia, el consumo de drogas y la indus- tria del entretenimiento; la cirugía plástica, la genética y la bioingeniería; el papel de las múl- tiples orientaciones de la medicina contempo- ránea y las medicinas populares y alternativas. En todos estos asuntos, como en las reivindi- caciones y movimientos sociales en torno al género, la sexualidad, la raza, la etnia, la edad, la discapacidad, está presente y en juego el carácter político del cuerpo, las disposiciones que encarna y cómo se emplea en la lucha sim- bólica de las sociedades y los movimientos so- ciales actuales. Hay pues aquí una experiencia individual y social en los intereses de investi- gadores y teóricos sociales. (Pedraza, 2004). Por ende, el plantear distintas perspectivas de estudio de intereses inter y transdisciplina- rios, que aunque no son adjudicables a disci- plinas específicas si son muestra de lo ocurrido en el campo social y la relación que se pueden Al provenir de una formación académica tra-
dicional, me he sorprendido gratamente al di- mensionar de formas distintas problemas co- tidianos que tienen serias implicaciones en los estudios sociales y culturales.
Por ejemplo, tras leer a Zandra Pedraza, a quien en el Encuentro Nacional de investigado- res sobre el cuerpo: el giro corporal,3 se le hizo un
reconocimiento por el desarrollo de investiga- ciones desde la antropología histórica, enca- minadas a la interpretación de los discursos e ideales sobre el cuerpo a lo largo de un siglo de modernidad en Colombia. Estas investiga- ciones han sido pioneras en los estudios sobre el cuerpo en el país; el develamiento del orden corporal específico del régimen biopolítico en Colombia, realizado por esta investigadora, contribuye no solo a los campos de las ciencias sociales y humanas en la indagación de cómo se han nombrado los cuerpos y las poblacio- nes en la modernidad Latinoamericana, ade- más brinda estrategias para la comprensión de cómo el campo artístico y cultural ha sido partícipe de los modos de dicha regulación a través de disposiciones y entrenamientos esté- ticos en aspectos del ámbito de lo sensible. Este último campo ha sido agente efectivo y pertinente en la conformación de discursos, prácticas y representaciones sociales sobre “la nación”, “la tradición”, “la cultura” y “el arte.” (Castillo (Ed), 2014, p. 7)
En el caso particular de América Latina, don-