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The Dynamics of the Multi-Stakeholder Process at a Macro Level

Case Study Analysis ‘The Mandú Alliance’

5.1. The Dynamics of the Multi-Stakeholder Process at a Macro Level

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo. (Nietzsche, s. f.)

Así que, al tenerla como referente, quise empe- zar a establecer que códigos a nivel de vestua- rio me identificaban y podrían ayudarme para destacarme en el ámbito artístico. Aunque te- nía un poco de temor de dejar de ser recono- cida por mi círculo social relacionado con mis gustos musicales, yo apelé al dicho popular de que “el traje no hace al monje” y como ya tenía amistades de muchísimos años decidí apelar a su comprensión y dedicarme de lleno al arte. Busqué cosas que me permitieran establecer un diálogo permanente entre lo que yo soy y lo que tenía que proyectar. Buscaba hallar un puente entre lo sensible y lo significante en el vestir. Con la fortuna de que muchos de los ele- mentos que fueron de mi agrado también son usados dentro del estilo gótico, y para mi bene- ficio ocurrió que entraron con bastante fuerza, accesorios y estéticas similares al estilo de esta subcultura que fui combinando.

Por ejemplo, en la revista Vogue, edición otoño invierno 2012-2013, aparecen distintos diseña- dores de moda que, en ese momento hicieron uso de la estética de esta subcultura como ins- piración y creación de tendencias alternativas para la mujer.

Aunque hay un universo muy agradable de admirar en este estilo debido a la influencia que expliqué anteriormente del siglo XVIII, esta no ha sido valorada del todo. Por ejemplo, una pieza fundamental y que utilizo frecuen- temente tanto para exposiciones como para para la vida diaria, es el gabán; esta prenda de por sí, me aseguraba un nivel de elegancia y de estatus que me permitía entrar con facilidad a exposiciones y demás al igual que preservaba mi cercanía con la cultura metalera.

En las siguientes líneas presento de manera puntual, los accesorios y elementos de vestua- rio, significativos para mí en el proceso de pro- yección de mí ser mujer, artista e investigado- ra, parte de una subcultura urbana.

circuitos sociales específicos con los cuales yo necesitaba interactuar y que tenían como eti- queta de mal gusto mi forma peculiar de vestir al ser catalogada de anticuada y poco apropia- da para una artista.

Tomé como referencia a Georgiana Cavendish, mejor conocida como La Duquesa Georgiana Cavendish (1757-1806), quien en su época era referente para el resto de las damas en cues- tiones de la moda (inicialmente), pero tras pa- sar en distintas oportunidades por salones de juego y fiestas su interés en la política se hizo evidente e inició una campaña pública en favor del candidato del partido de los Whigs al parla- mento, Charles James Fox.

Mi afinidad con ella se debe a que gracias al uso de un vestuario llamativo y diferente logró participación y pudo ser escuchada, al igual que yo quería hacerlo. En ese momento mi voz y mi palabra no eran notorias y consideraba que si lograba llamar la atención al igual que la duquesa, si podría tener participación y mos- trar mis ideas.

Fig. 9 . Georgiana Cavendish

1.2. El camafeo.

Aunque en su momento no tenía una noción más allá del gusto por este accesorio, poco a poco fue adquiriendo un simbolismo bastante grato para mí. Cabe precisar que no hablaré de la historia de este objeto, pero sí de cómo mi historia se enlaza con él.

Desde mi percepción la armonía es la base de lo sublime y por lo tanto ¿por qué no ver los ejem- plos de lo realizado por nuestras predecesoras y hacerlos vigentes en la actualidad? He admi- rado las mujeres con ideales firmes y porte em- blemático, aquellas que resaltaron su belleza y fueron resaltadas como emblema y ejemplo. Mi gusto por lo clásico y por el barroco se fusiona en este accesorio que a diario me recuerda que sin importar las dificultades si uno lucha por sus objetivos, podrá ser digno de admiración y ejemplo.

De hecho, cuando me sentía triste o tenía el deseo de abandonar mis propósitos, el ver este accesorio me reconfortaba. El tan solo hecho de ver que otras mujeres en el pasado también sufrían, lloraban, pero a pesar de todo hicieron que sus sueños, propósitos y cualidades no fue- ran opacados me daba fuerzas.

1.3. Los corsé.

Debido a mi contextura gruesa, nunca me sen- tí identificada con el canon de belleza actual, por el contrario, por más que tratara de hallar un común denominador con lo que se veía como ejemplo a seguir, me sentía muy lejos de ese ideal.

Cuando fui adolescente, me acomplejé muchí- simo porque mi cuerpo no podía llegar a ser lo suficientemente delgado, me cuestionaba si uno podía adelgazar las caderas; en algunos momentos hice dietas incongruentes y me fa- jaba a pesar de la incomodidad. Pero al salir del colegio y entrar en la universidad y ver los cua- dros de la Maja desnuda o del Renacimiento, comprendí que yo era bella pero que mi estruc- tura corporal se acercaba más al pasado que al presente y que no debía torturarme por ello. Una experiencia reconfortante para mí fue el verme al espejo desnuda y reconocerme como una modelo del pasado, no como una del pre- sente. Mi estatura y mi perfil son bellos, que no correspondan a la idea de mujer que venden actualmente es distinto. Como admiré esa be- lleza indagué sobre el cómo esta se podía re- saltar.

Hallé distintos elementos fascinantes, pero de un alto costo, imposibles para mi presupuesto, así que simplifiqué sobre los aspectos que más me gustaban y hallé uno que se vinculaba con la subcultura a la cual pertenezco y era el corsé. Busqué por varios meses un distribuidor no tan costoso y es más soñaba con uno, por ese instante tenía una pareja, quien fue un ami- go más que un novio, que de cumpleaños me obsequió esa prenda antes de decirme adiós y continuar con su vida. Yo cumplía 18 años y no me importó seguir mi camino, sabía que las oportunidades estaban donde yo las buscara. El gran día que elegí para estrenar el corsé fue el concierto de Gorgoroth 9 llamé mucho la in-

tención. Yo sentí que mi cuerpo se transformó y con fuerza y seguridad fui dando mis pasos hacia el lugar del concierto; con altives hice no- tar mi llegada, percibida (según yo) por todos.

9. Banda noruega de black metal, fundada en 1992 por el guitarrista Infernus, el vocalista Hat y el batería Goat Pervertor, en la ciudad de Bergen. El nombre del grupo hace referencia a la cadena montañosa ficticia, ubicada en el reino también ficticio de Mordor dentro de los libros El Silmari- llion y El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien

Las dudas que sentí en algún momento sobre mi aspecto se disiparon y por lo pronto decidí seguir trabajando en pro de mi seguridad y de mi ser. Mis pechos se tornaron altivos, mi cin- tura pequeña y mis caderas más amplias, me sentí con suerte al poseer mi cuerpo, es más me sentí como una diosa, como alguien espe- cial y con poder sobre sí misma.

Fue la primera vez que me sentí imponente y libre de los prejuicios, que tanto me mortifica- ron, relacionados con el volumen de mis cade- ras o el peso que debía tener (aunque de vez en cuando lo siguen haciendo). Así que opté por utilizar dos estilos, el primero el corsé tradi- cional y el segundo la cinturilla, con esta últi- ma tenía una hermosa ventaja, la combinación con otras prendas y el realce de mis senos, me hacía sentir completa.

Lo que antes consideraba un infortunio (tener las caderas gruesas) ahora lo veía con alegría.

1.4. El uso de gargantillas.

Sobre el uso de gargantillas, fue algo particu- larmente ejemplar y maravilloso para mí. El uso de collares y joyas fue algo inusual en mi familia; por el empleo de mi madre, ella nun- ca utilizó ningún accesorio, ya que para una enfermera las uñas de color, el uso de collares, anillos o aretes largos no es aprobado por la Se- cretaria de salud.

Inicié con la búsqueda, dónde podía conseguir los materiales para la elaboración de las gar- gantillas, en Bogotá en ese entonces, 1998, era muy complicado conseguir gargantillas y si se conseguían era a precios elevados para mi pre- supuesto.

Influencias de distinta índole y del siglo XVIII se hicieron evidentes y me dieron la plenitud de crear algunas piezas. Hice collares extre- mos y atrevidos, “collares de perro según decía mi madre, pero me hacían sentir poderosa e

insurrecta, así que fui acoplándolos a mi vesti- menta diaria y combinándolos sin cesar.

1.5. Los moños.

De pequeña los moños me resultaban bastan- tes atractivos, pero mi madre los repudiaba. Gocé en pocas oportunidades de ellos en mi cabello y vestuario, cosa que aumentó mi gus- to. En especial por aquellos que se colocaban de adorno en el cabello, e parecían símbolos de inocencia y de coquetería, delicados y sugesti- vos a la vez. De hecho dos moños en la parte posterior de mis piernas, fueron mis primeros tatuajes.

Ya cuando entré a decidir por la forma en que debía vestirme como artista, los moños fueron uno de los principales accesorios que escogí como emblema.

Para mí la dualidad de los moños presenta ese viso de ocultar una sorpresa, la oportunidad de establecer un diálogo con el otro, establecer ese puente en el cuál conversar sin ningún prejui- cio, al contrario poder hacerlo con la ventaja de la intriga.

Distintos colores de moños fueron aparecien- do en mi vestuario pero de forma predilecta te- nía estos tres: magenta, azul y rojo bermellón. Entre inocente e inquieta, me gustaban que debatieran, quien era yo y como me podían descifrar, y con estos simples elementos he despertado interesantes charlas sobre mi ser como mujer y mi ser artista.

1.6. Las máscaras.

Las máscaras han resultado ser un enigma para mí. Un enigma que particularmente me hace develar quien soy y por qué actuó de ma- neras distintas. La máscara que tantos signifi- cados tiene culturalmente, adquieren fuerza y relación significante con mi ser.

En lo concerniente al dolor, al ocultamiento del dolor, a la seriedad, al estar inmutable o al estar siempre burlona, siempre atrevida, siem- pre guerrera. Se convierte en na coraza, con la que siempre podía contar, que me defendía de lo externo mientras mi interior se sanaba. Pero cada vez y debido a la mala relación que tenía en casa, se me hacía más urgente el uso de ellas para ocultar mi ser sensible. Un ser rudo surgía, un ser que cuestiona y que no re- cibe cualquier ley de buena gana, ese ser que prueba la manzana de la vanidad y se insubor- dina ante lo que debería ser y no es sumisa. Todos los días de mi vida me cuestiono, miro mis avances y veo hacia dónde y por qué debo trazar un objetivo. No es el ser por el ser, es el ser que se indaga y se reconoce ante la huma- nidad cuestionante.

Todos los días de mi vida me cuestiono, miro mis avances y veo hacia dónde y por qué debo trazar un objetivo. No es el ser por el ser, es el ser que se indaga y se reconoce ante la huma- nidad cuestionante.

En lo personal he sentido una ambigüedad muy marcada sobre las opciones que tenía para ser mujer, dicha ambigüedad está mar- cada por el ser una mujer desde el punto de vista tradicional (de casa, sumisa, dedicada al hogar) y aquella que tiene una responsabilidad fuerte (independiente, empoderada, profesio- nal y con poder adquisitivo). Pero esta ambi- güedad ha sido más proveniente de mi hogar y de las mujeres pertenecientes a mi familia. No es algo que pueda afirmar de manera general, pero la gran mayoría de mujeres que conozco son las que ratifican principios y conductas patriarcales que de alguna forma u otra entor- pecen el camino en el libre desarrollo perso- nal, profesional y laboral de cualquier mujer. Adicional a ello la educación convencional no ayuda mucho al desarrollo de principios equi- tativos para todos.

Quisiera hacer la aclaración de que el énfasis de este proyecto y de mi postura personal está en la lucha por la equidad donde cada cuál obten- ga lo que se merece en función de sus méritos o condiciones. Según el documento Relaciones de Género con Equidad: Guía conceptual y metodo- lógica (Secretaría de Salud, 2005), la equidad de género significa que mujeres y hombres, inde- pendientemente de sus diferencias biológicas, tienen derecho a acceder con justicia e igual- dad al uso, control y beneficio de los mismos bienes y servicios de la sociedad, así como a la toma de decisiones en los ámbitos de la vida social, económica, política, cultural y familiar.

Es la aceptación de las diferencias entre hom- bres y mujeres, y la aceptación también de de- rechos, buscando el ideal de un equilibrio en el que ninguno de ambos sexos se beneficie de manera injusta en prejuicio del otro. (Secreta- ría de Salud, 2005). Pero ¿qué sucede si la des- igualdad y las razones por las cuales la equidad no es viable provienen de la educación fami- liar y el sostenimiento de ideas que retrasan el proceso y avance hacia la equidad?

De allí que la revisión aportada por La historia de las mujeres (Duby y Perrot, 2000), sea para este proyecto una guía que permite vislumbrar distintas problemáticas latentes en el entor- no social sobre la segregación a las mujeres. A pesar de hablar desde occidente, este texto aborda cuestiones vigentes en Bogotá, actual- mente.

A este respecto, el siglo XX, siglo de la psicología y de la imagen, confirma ante todo que la cultura occidental ha desarro- llado pocas maneras de representar posi- tivamente a las mujeres (Duby y Perrot, 2000, p. 25)

En el siglo XX, dice (Duby y Perrot, 2000), las mujeres en el mundo lograron avances impor- tantes en términos de su emancipación del régimen de masculinidad, dichos avances no se dan de igual de manera, ni con la misma intensidad desde la experiencia específica, tal como en el caso de mi familia. Los alcances de la mujer como sujeto político de derecho, o la mujer liberada tuvieron mayor resonancia en mi familia. Tal vez la figura de la “superwo- man”, un poco deforme en tanto fue asumida como la posibilidad del a mujer de asumir un exceso de trabajo como el que me fue impuesto por mi condición de mujer artista. Esto si se tiene que:

Olvidadas las masacres y los años negros,