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Methodology

3.1. Methodology Design

los cosmeticos

La “kusmética” de “los cosmeticos” “los cosmeticos”: sin tildes, mayúsculas o “Kas”

- que

haga resaltar su nombre o propuesta-, sin pre- tensiones X, y sin importar sí los demás lo con- sideran una basura o el ejercicio experimental e

intelectual más influyente desde Brian Eno. “los cosmeticos” son una expresión del sin sabor

de la academia, un revolcón agitado y extremo en la esquina de nuestras mentes, un ejercicio de relajación, y más que todo, un encuentro de amigos que disfrutan la creación desde la impro- visación, del sin lugar y del sentir que da la liber- tad, un sentí que no espera los dictámenes de la

gramática, la melodía o las reglas que imponen los parámetros de medición. Es una propuesta experimental sonora, visual, gráfica…La cual lleva aproximadamente un año de creada, y que está influenciada por el rock, la electroacústica, la electrónica, la canción de nuestras mamás, el balazo de la ranchera, la ca-

lle, la televisión, los libros, el stencil, los comics, el cigarrillo de cien pesos y más que todo, por el “hágalo usted mismo”, no solo del punk sino de nuestras familias que con el día a día nos ense-

ñaron que es posible construir en el aire de las posibilidades y oportunidades. Para una de las integrantes, este encuentro de sonidos y mentes le proporciona la fantasía para recordar e imaginar los juegos de niña, “es como estar en frente al espejo imitando a mis cantan- tes favoritos, sus gestos y voces. Inventar cancio- nes sin ritmo, disfrazarme y sentir que alrededor

de la cama habían miles de personas.” Gran parte del trabajo de “los cosmeticos” con- siste en la forma en que se ejecutan los instru- mentos, ya que sus integrantes tenían muy poco conocimiento del lenguaje técnico gramatical, tal y como lo resalta uno de ellos, “en los primeros momentos no entendía nada con respecto a la creación musical, todo era juego, y aunque ahora tampoco me siento como una hoja en blanco, todavía sigue siendo un juego, con asombro y búsquedas para encontrar mi propio sentir

musical, a través del ruido y estableciendo una comunicación con los otros cosmeticos”. Este es un punto de partida para crear texturas,

ambientes, paisajes sonoros…dando cuenta de un cambio e interés: técnica-gramática, por la musicalidad de cada uno de sus integrantes: “Es una comunicación musical retratada en los instrumentos una búsqueda de sonidos y expre- siones que se encuentran guardadas en nuestras

mentes, entorno y diario vivir, dándolos a cono- cer por medio de la experimentación musical”. Uno de los ejercicios que se viene dando dese el inicio de “los cosmeticos”, pues en sus ensa-

yos no se “ve” absolutamente nada (apagan la luz), solo se ve el sonido (Ruido Blanco)y lo que se escucha, es que cada uno va entrando en su musicalidad y con la forma en que se siente y entiende la música. Sin embargo, dentro de la propuesta musical de

“los cosmeticos”, uno de los mayores intereses es al de llevar una masa sonora de una forma dinámica hasta donde quieran sus integrantes. Es decir, si cualquiera de ellos se convierte en

un académico de la música o estrellas de pop (hmmm) no hay problema. El material de audio que se anexa es un trabajo

casero hecho en un “ensayadero” con una pe- queña consola Yamaki donde a punta de oído y “sentido común” se grabó un casete de cromo y posteriormente se bajó a un cd. La idea es presentarlo sin afanes ni pretensiones

técnicas; es una muestra sincera y real de lo que somos sin ediciones ni maquillajes, llevando al error no hacia la dificultad sino hacia la posibili- dad de creación, es por esto que creemos que las voces, incongruencias y cortes hacen parte de un todo donde se visualiza nuestra esencia.

Los cosméticos

Soy Omar, el profe. Como a muchos de los que serían los Cosméticos, tal vez por haber nacido en medio de las privaciones materiales y los privilegios poéticos de la clase obrera bogotana, la música, sobre todo el rock, se convirtió en mi seña de identidad y en la oportunidad de ser distinto. No creo equivocarme si afirmo que, al igual que los cosméticos, carezco de talento mu- sical: nunca pude cantar ni tocar un instrumento. Bueno, que quede claro: todos ellos sí que tienen talentos artísticos; solo que no estoy seguro de que tengan mucho que ver con destrezas musi- cales. Yo los conocí a través de Marcela, antes de que empezaran a crear su banda. Encontré dema- siado estimulante que el común denominador de ellos fuera tanto su interés por el arte como su temperamento crítico y exigente. Más de una vez pude compartir con ellos una función de teatro, una presentación de danza, una película y, sobre todo, una larga y atropellada sesión de música de videos y de vinilo. Entonces algo fundamental cambió en mi vida y me fui del país a estudiar.

Antes de viajar a Austin, Texas, dejé la mayoría de mis discos con Marcela. A ella la seguí viendo a la distancia, por Messenger. Y así me ente- ré de que habían empezado el proyecto de los Cosméticos. Nunca tuve conciencia de qué tipo de ruido hacían. Eso sí, creo que compré camise- tas y otros objetos de promoción. Me hice algo así como un fan virtual. Luego pasaron muchas cosas. Los cosméticos se hicieron grandes y se desbandaron. Marcela y yo vivimos juntos unos años. Laura se fue para siempre. No volví a ver a Jhon.

Marcela y yo nos separamos y por mucho tiempo ni las nuevas versiones de Messenger lograron desafiar las distancias geográficas y emocionales (en estos días nos saludamos con frecuencia por WhatsApp, pero seguimos en extremos opuestos del mundo). Hace unos meses fui al apartamento de Álex. Allí me reuní también con Ivonne, con quien he mantenido, desde hace años, el ritual de encontrarnos y tomarnos un café y una foto cada vez que puedo ir a Bogotá (para mi fortuna, Angélica se nos ha unido). Fue una conmovedora reunión. Después de tantos años distanciados,

hablamos atropelladamente y, claro, escucha- mos música. A pesar de que ahora las canciones están almacenadas en nuestros teléfonos y en nuestros computadores, Álex tenía un hermoso y viejo tocadiscos. Me pidió que buscara algo dentro de la colección que él todavía tiene y los sorprendiera: seguía confiando en mi “buen gus- to”. Entonces me encontré con todos los discos que le había dejado a Marcela cuando me fui por primera vez.

Gomis (Omar Vargas)