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de la contingencia de las realidades mismas, como determinación propia del mundo humano. Además, en diferentes caminos destacan los vínculos humanos, ya sea para las relaciones de amistad o de mutuo reconocimiento, en lo que no dejamos de reconocer la comprensión de la mímesis. Finalmente, examinamos la comprensión de sistema de estos dos filósofos, mostrando su cercanía y, a la vez, sus marcadas diferencias.Estas diferencias se destacan aun más cuando se confrontan con el uso que hace Girard de la palabra “sistema”, empleada para referirse a las construcciones sociales a partir de la contención violenta de la violencia, frente a las cuales hace la pregunta: “¿Cómo sobrevivir sin prohibiciones, sin el desconocimiento sacrificial, sin víctimas propiciatorias?244”.

241 ARISTÓTELES. Ética a Nicómaco. III, 5, 112 a 31- b 9. 242 Ibid. I 2, 10995 b 6-7.

243 Ibid. VI 12, 1143 b 5; VI 9, 1142 a 25.

244 GIRARD, René. “Delirium as System”. En: To double business bound. Essays on Literature, Mimesis, and Anthropology. Op. cit., 119. How to survive without prohibitions, without sacrificial misrecognition, without scapegoat victims?

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3.3. LA MORALIDAD

Kant inicia su “Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres” diciendo: “En ningún lugar del mundo, pero tampoco siquiera fuera del mismo, es posible pensar nada que pudiese ser tenido son restricción por bueno, a no ser únicamente una buena voluntad245”.

A pesar de la distancia que separa a Kant del mundo griego, en esta declaración hay dos elementos muy tradicionales: (1) Lo “moralmente bueno” significa “bueno sin restricciones”, es decir, un fin bueno independiente de las condiciones interiores y de las circunstancias exteriores de la acción. De esta manera “bueno” conserva todavía un sello teleológico. (2) Se predica “bueno” de la voluntad, conservando el uso de colocar al comienzo del curso de la acción un concepto. Con esta declaración Kant insiste en que la acción se determina por razones.

Sin embargo, con Kant la voluntad buena irrumpe en la historia de la ética, ocupando el lugar que la deliberación, el deseo razonable o equilibrio perceptivo, había ocupado en Aristóteles. Según esa tradición deliberamos racionalmente desde las opiniones y los afectos de lo que deseamos; ahora la voluntad simplemente debe decidir en su íntima relación con la ley moral246.

Pasamos de unas operaciones y acciones de agentes que viven en comunidades éticas, a las consideraciones internas sobre una facultad247 de un sujeto moral “trascendental”. De este modo, la pregunta moral se desplaza desde ¿Cómo vivir una vida buena?, hasta ¿Qué debo yo hacer?

245 KANT, Immanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducción de Grundlegung zur Metaphysik der Sitten realizada por José Mardomingo. Barcelona: Editorial Ariel. 1996: 393, 5-8. “Es ist überall nichts in der Welt, ja überhaupt auch außser derselben zu denken möglich, was ohne Einschränkung für gut könnte gehalten werden, als allein ein guten Wille.

246 SCHNEEWIND, Jacome B. “Autonomy, obligation and virtue: An overview of Kant’s moral philosophy”.

En: GUYER, Paul. The Cambridge Companion to Kant. Cambridge: Cambridge University Press. 1994: 317. We do not discover what is right by first finding out what is good. Indeed we cannot determine what states of affairs are good without first knowing what is right. In order to know what is right all we need to know the perfectly good agent would do”. No descubrimos qué es correcto encontrando primero qué es bueno. En realidad no podemos determinar qué estado de sucesos es bueno sin conocer primero qué es lo correcto. En orden a conocer qué es lo correcto todos necesitamos conocer qué es lo que puede hacer un agente perfectamente bueno. (Traducción nuestra).

247 KANT, Immanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Op. cit., 412, 26-28. La voluntad es la facultad

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Kant intenta hacer una reflexión “moral” según su método trascendental: preguntando ¿Cómo es posible que la voluntad humana quiera el deber?248 El procedimiento kantiano consiste en

examinar los enunciados que expresan juicios morales, para indagar en qué consiste una buena voluntad.

La moral kantiana de la obligación se construye sobre la idea de universalidad, estrechamente ligada a la coacción que impone la noción de deber, y esto en razón de las limitaciones propias de la voluntad: por su constitución fundamental, la voluntad es “razón práctica”, común a todos los seres racionales. Pero, en virtud de su finitud, está empíricamente determinada por sus inclinaciones sensibles. En este sentido, una voluntad sólo es buena si está constreñida a obrar por el deber. Una buena voluntad sin restricciones es, por ahora, una voluntad limitada. Para ella, el bien sin restricciones aparece bajo la forma del deber, del imperativo, de la constricción. Todo el proceso crítico tiende a superar esta condición finita de la voluntad, orientándola hacia la razón práctica comprendida como auto legislación, o autonomía:

Para desenvolver el concepto de una voluntad digna de ser estimada en sí misma y buena sin ningún propósito ulterior (...) vamos a poner ante nosotros el concepto de deber, que contiene el de una voluntad buena, si bien bajo ciertas restricciones y obstáculos subjetivos, los cuales, sin embargo, sin que, ni muchos menos, lo oculten y hagan irreconocible, más bien lo hacen resaltar por contraste y aparecer tanto más claramente249.

De este modo se hace patente una ruptura entre la crítica kantiana y el sentido común en materia de moral:

No obstante, en esta idea del valor absoluto de la mera voluntad, sin tener en cuenta utilidad alguna en la estimación de la misma, reside algo tan extraño que, no obstante todo acuerdo de aun la razón ordinaria con esa idea, tiene que surgir sin embargo una sospecha de que quizá sirva secretamente de fundamento meramente una fantasmagoría de altos vuelos, y de que pudiera estar falsamente entendida la naturaleza en su propósito al haber concebido a nuestra voluntad razón como gobernadora. Por ello vamos a someter a examen esta idea desde este punto de vista250.

248 O'NEILL, Onora. “La ética kantiana”. En: Compendio de Ética. Op. cit., 253-266. Schneewind recuerda que

Kant habla del deber diciendo que todo lo que una voluntad perfectamente racional necesariamente hace, nosotros como agentes morales imperfectos debemos hacer. Autonomy, obligation and virtue: An overview of Kant’s moral philosophy. Op. cit., 317.

249 KANT, Immanuel. Op. cit., 397, 1-11. “Um aber den Begriff eines an sich selbst hochzuchätzenden und ohne

weitere Absicht guten Willens (...) wollen wir den Begriff der Pficht vor uns nehmen der den eines guten Willens, obzwar unter gewisen subjektiven Einschränkungen und Hindernissen, enthält die aber doch, weit gefehlt, daß sie ihn verstecken und unkenntlich machen sollten, ihn vielmehr durch Abstechung heben und desto heller hervorscheinen lassen”.

250 Ibid., 394, 33- 395, 3. “Est liegt gleichwohl in dieser Idee von dem absoluten Werte des bloßen Willens, ohne

einigen Nutzen bei Schätzung desselben in Anschlag zu bringen, etwas so Befremdliches, daß, unerachtet aller Einstimmung selbst der gemeinen Vernunft mit derselben, dennoch ein Verdacht entspringen muß, daß vielleicht

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Entonces el procedimiento trascendental es una reflexión que pone a prueba al imperativo categórico para examinar si cumple las condiciones de ser un “bien sin restricciones”, una vez descubierto que estamos hablando de una voluntad finita. Progresivamente la obra de Kant irá depurando la voluntad, para sacarla de su contingencia y finitud y colocarla al nivel de una voluntad buena sin restricciones, cuya auto legislación se basa en el principio supremo de su autonomía251.

Lo primero que debe ser separado de la voluntad humana es la inclinación, pues es un signo claro de finitud. La inclinación es contraria al principio de universalidad, debido a que está llena de impurezas empíricas. Una máxima252 de acción que se rija por los contenidos empíricos de

las inclinaciones, no puede adecuarse al criterio de universalización. Sólo máximas que sean “proposiciones que contienen una determinación universal de la voluntad, a la cual se subordinan varias reglas prácticas253”, puede garantizar el examen de las inclinaciones. Las

máximas en general son los principios subjetivos, condiciones consideradas como válidas sólo para el propio sujeto; una máxima que se vuelve un principio “objetivo” es una Ley práctica, cuya condición es conocida como valedera para la voluntad de todo ser racional.

Sólo en el curso de una acción concreta, es posible saber si la forma en que aprecio una cosa a la que tiendo (me inclino), es adecuada a la estimación absoluta de la buena voluntad, haciendo la pregunta: ¿Es la máxima de mi acción universalizable? La mediación de la máxima presupone que, cuando la voluntad se plantee un proyecto de alguna amplitud, sea potencialmente incluida en una pretensión de universalidad que la regla de universalización viene a poner como prueba.

bloß hochfliegende Phantasterei insgeheim zum Grunde liege, und die Natur in ihrer Absicht, warum sie unserem Willen Vernuft zur Regiererin beigelegt habe, falsch verstanden sein möge. Daher wollen wir diese Idee aus diesem Gesichtspunkte auf die Prüfung stellen”.

251 RICOEUR, Paul.Op. cit., 213-257. Este procedimiento de lectura es el que sigue la interpretación de Ricoeur

en el estudio 8 de Sí mismo como otro, llamado El sí y la norma moral. En buena medida, lo que sostengo en este apartado está inspirado en esta exégesis de Ricoeur.

252 SCHNEEDWIND, Jacome B. Op. cit., 318. Máxima: un plan de acción subjetivo, incorporado a las razones

de actuar que esgrime el agente, y también, la indicación suficiente de a qué acto llama la razón.

253 KANT, Immanuel. Crítica de la razón práctica. Traducción de Kritik der praktischen Vernunft realizada por Dulce

María Granja Castro. México: Fondo de Cultura económica, Universidad Autónoma metropolitana, Universidad Autónoma de México. 2005: 35, 19-21. “Sätze, welche eine allgemeine Bestimmung des Willens enthalten, die mehrere praktische Regeln unter sich hat”. Las páginas se citan sobre la primera edición publicada por Hartnoch en 1788.

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Una noción semejante a esta de la “máxima”, aunque esté vinculada a la tradición teleológica, es completamente novedosa en la historia de la ética. El deseo racional o equilibrio perceptivo del juicio moral aristotélico estaba pensado desde la teleología interna de las acciones, que permitía considerar las prácticas humanas, los planes de vida y cierta unidad interna de los agentes. Kant concibe la acción desde la exigencia de universalidad propia de una máxima objetiva, que pone a prueba las intenciones del agente formalizando sus fines, tal como lo atestigua la primera formulación del imperativo categórico254: “Obra sólo según la máxima a través de la cual puedas querer al mismo tiempo que se convierta en una ley universal255”.

Situados en el nivel del imperativo categórico, desaparece toda exigencia de las inclinaciones, pues la universalidad permite juzgar la adecuación o inadecuación de la propia máxima con respecto a las exigencias de la razón práctica. Lo que interesa, pues, es la función constrictiva del imperativo sobre las inclinaciones.

De este modo, aparece una duplicidad del sujeto moral: uno es el agente que ordena (la buena voluntad), y otro quien debe obedecer (la voluntad finita, sometida a la inclinación y a las exigencias de la razón práctica). En esta duplicación del agente moral, uno aparece como el actor que interviene en realidad en el mundo siguiendo sus inclinaciones, en ciertas circunstancias y condiciones de realización de sus deseos; el otro es el sujeto moral que quiere lo universal y que pide obediencia, so pena de descalificar moralmente lo particular y contingente. En la perspectiva del sujeto moral, las inclinaciones son vistas como una cierta pasividad, que tiene la capacidad de oponerse a la moralidad, por lo que Kant las llama deseos patológicamente influidos256. En cambio, la “voluntad determinada por la ley” (Wille) (es) esta parte de nosotros completamente racional; nuestra capacidad de vacilar entre la ley y el deseo es el “arbitrio” (arbitrium-Willkühr).

254 ________ Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Op. cit., 413, 13-25. La representación de un principio

objetivo, en tanto que es constrictivo para una voluntad, llámese mandato (de la razón), y la fórmula del mandato llámese imperativo. Todos los imperativos exprésanse por medio de un “debe ser” y muestran así la relación de una ley objetiva de la razón a una voluntad que, por su constitución subjetiva, no es determinada necesariamente por tal ley.

255 Ibid., 421, 7-8. “Handle nur nach derjenigen Maxime, durch die du zugleich wollen kannst, daß sie ein allgemeines Gesetz werde”.

256 KANT, Immanuel. Crítica de la razón práctica. Op. cit., 36, 3: “Pathologisch-affizierten”. En una voluntad

patológicamente afectada de un ser racional puede tener lugar un conflicto de las máximas (subjetivas) frente a las leyes prácticas por él mismo conocidas.

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Analizando las proposiciones en que se expresan los imperativos, Kant reconoce que éstos pueden ser categóricos o hipotéticos. Los hipotéticos “representan la necesidad práctica de una acción posible como medio para llegar a otra cosa que se quiere257”. Los hipotéticos significan

que la acción es buena258 sólo en cuanto medio para otro fin. “El imperativo categórico sería el que representase una acción como objetivamente necesaria por sí misma, sin referencia a otro fin259”. La subdivisión y gradación de los imperativos, señala de nuevo, que Kant considera

que la forma del deber o del imperativo es necesaria para una voluntad subjetiva y que, por tanto, sólo el imperativo categórico pasa con éxito la prueba de la universalización formal.

Este carácter coactivo de la obligación moral sobre la subjetividad inclinada afectivamente, se expresa con claridad en los teoremas y problemas de la Analítica260 de la Crítica de la razón

práctica: “Teorema I: Todos los principios prácticos que presuponen un objeto (materia) de la facultad de desear como fundamento determinante de la voluntad son empíricos y no pueden proporcionar leyes prácticas261”. “Teorema II: Todos los principios prácticos materiales son,

como tales, de una misma clase y pertenecen al principio universal del amor propio, o sea, de la propia felicidad262”.

Con estos deslindes en bloque que el imperativo categórico opera contra el deseo, se produce una nueva reducción: todo lo subjetivo se limita a expresar el deseo, y lo objetivo es una

257 _______. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Op. cit., 414, 13-14. Stellen die praktische

Notwendigkeit einer möglichen Handlung als Mittel zu etwas anderem, was man will”.

258 Ibid., 413, 18-21. “Praktisch gut ist aber, was vermittelst der Vorstelungen der Vernunft (...) aus Gründen, die

für jedes vernünftige Wesen, als ein solches, gültig sind, den Willen Bestimmt”. “Prácticamente bueno es lo que determina a la voluntad por medio de las representaciones de la razón, (…) por fundamentos que son válidos para todo ser racional como tal”.

259 Ibid., 414, 15-18. “Der kategorische Imperativ würde der sein, welcher eine Handlung als für sich selbst, ohne

Beziehung auf einen anderen Zweck als objektiv-notwendig vorstellte”.

260 _________ Crítica de la razón práctica. Op. cit., 38, 17-54, 22. Ricoeur insiste en que si se puede suprimir el

objeto, entonces se tendría una máxima objetiva; en el fondo el imperativo categórico pide no desear nada particular, seguramente porque el deseo particular tiende al placer, o puede producir pena. ¿Se puede pedir algo así a un ser humano? ¿Acaso nuestra humanidad es esa racionalidad formal que plantea Kant? ¿La vida humana puede renunciar al placer o escapar a la pena y a la contingencia? Se puede recordar a Aristóteles: el bien es aquello a lo que tiendo, que siempre es algo concreto. Esta línea de pensamiento pasa por toda la tradición comunitaria.

261 Ibid., 38, 17-19. “Alle praktische Prinzipien, die ein Objekt (Materie) des Begehrungsvermögens, als

Bestimmungsgrund des Willens, voraussetzen, sind insgesamt empirisch und können praktische Gesetze abgeben”.

262Ibid., 40, 3-41,4. “Alle materiale praktische Prinzipien sind, als solche, insgesamt von einer und derselben Art,

und gehören unter das allgemeine Prinzip der Selbstliebe, oder eigenen Glückselikeit”. Ricoeur comenta como, en su explicación a estos teoremas, Kant alinea afectos tan disímiles, que unifica la facultad de desear como la antagonista de la razón práctica. Si se puede llamar deseo a la determinación puramente formal y universal de la razón, lo que normalmente llamamos deseo se pasa a considerar “patología”.

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forma263 de auto legislación. El punto focal de esta serie de escisiones es la idea misma de auto

legislación o autonomía264.

La autonomía es la libertad de la voluntad considerada ahora sólo en su estructura fundamental (Wille), pero no en su condición de sujeto finito afectado y exigido por las inclinaciones (Willkühr)265. Esta es la libertad que la “Crítica de la razón pura” sólo se pudo establecer como

posibilidad pensable, pero que ahora, en la “Crítica de la razón práctica266“, se justifica de manera práctica. Por una parte, de manera negativa: por la independencia total con respecto a la ley natural de los fenómenos en sus relaciones mutuas (ley de causalidad). Por otra, de manera positiva, como auto donación de la ley:

La autonomía de la voluntad es el único principio de todas las leyes morales y de los deberes que les corresponden (...) El único principio de la moralidad consiste en la independencia de toda materia de la ley (es decir, de un objeto deseado) y, al mismo tiempo, sin embargo, en la determinación del arbitrio mediante la mera forma legislativa universal de la cual una máxima debe ser capaz. Aquella independencia es la libertad en sentido negativo; en cambio, esta legislación propia de la razón pura y, como tal, práctica, es la libertad en sentido positivo. Por consiguiente, la ley moral no expresa nada más que la autonomía de la razón pura práctica, es decir, de la libertad267.

263 Sin materia, sin contenido, sin “realidad empírica”: sin ninguna existencia, a no ser allá atrás, en el fondo de la

interioridad de la “buena voluntad”. El problema es que, sin desconocer la importancia de la reflexión y de la interioridad, el agente moral existe en el mundo como un ser corpóreo y, por tanto, obra, elige y desea en medio de materias y contenidos real, empíricamente dados.

264 RICOEUR, Paul. Op. cit., 226. Ricoeur cita a Otfried Höffe, quien considera que la autonomía es un meta-

criterio, diferente de la regla de universalización, pero relacionado con ella a través de una noción análoga a la del contrato social, sólo que restringido al ámbito personal: la autonomía es un contrato hecho con uno mismo: “una voluntad a la cual la pura forma legislativa de la máxima puede servir de ley es una voluntad libre”. (Problema I, Crítica de la razón práctica).

265 MACINTYRE, Alasdair. “Notes from the Moral Wilderness”. En: KNIGHT, Kelvin. The MacIntyre Reader.

Cambridge: Cambridge University Press. 1998: 41. Lo común a los pensadores ilustrados, de Hume a Kant, es el rechazo a la tradición aristotélica, tanto en la recurrencia a las deducciones silogísticas en la argumentación moral, a partir de la aprehensión de las capacidades humanas y a comprender estas finalidades en orden a el fin propio. Este será uno de los puntos más criticados tanto por Hegel como por la posterior reflexión que ha vuelto a Aristóteles: si se rompe la relación entre lo que es y la finalidad intrínseca, no es posible superar la dualidad entre el ser y el deber-ser; el ser humano sólo puede ser reconocido en sus fines más propios dentro de sus conexiones