En Girard, el sujeto está constituido por la diferencia, por el deseo mimético; no es el origen de la representación, sino su derivación. No tiene en su origen un ego, sino el rostro de la víctima131. El origen y la diferencia son lo mismo, el conocimiento y las representaciones son
subproductos de la diferencia originaria132, antes que representaciones de alguna clase de
presencia. Este origen es oblicuo, pues el gesto productor de la representación es una derivación del fracasado acto primario de apropiación de la víctima. Finalmente, también coinciden el origen y la falsificación o desfiguración al convenir que la víctima tiene un poder acorde con su propia representación. Las instituciones humanas proceden de estas ambivalencias originarias133.
Girard sostiene que: “La violencia colectiva es muy frecuente en los mitos y ritos sacrificiales del mundo entero, aunque su presencia sea fortuita, insignificante. Ella sugiere un mal
130 ALISON, James, Conocer a Jesús, Cristología de la no-violencia.
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LÉVINAS, Emmanuel. Èthique et infini. Paris: fayard et Radio France. 1982. Traducción de Jesús María Ayuso Díez. Ética e infinito. Visor: Madrid. 1992: 89-90. “La responsabilidad (es) (...) la estructura esencial, primera, fundamental de la subjetividad. Puesto que es en términos éticos como describo la subjetividad. La ética, aquí, no viene a modo de suplemento de una base existencial previa; es en la ética, entendida como responsabilidad, donde se anuda el nudo mismo de lo subjetivo. Entiendo la responsabilidad como responsabilidad para con el otro. (...) Digo (...) que la responsabilidad es inicialmente un para el otro. (...) La responsabilidad es, en efecto, no un simple atributo de la subjetividad, como si ésta existiese ya en ella misma, antes de la relación ética. La subjetividad no es un para sí; es, una vez más, inicialmente para el otro”.
132 La víctima, vinculada al deseo mimético 133 MCKENNA, Andrew. Op. cit., 80.
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funcionamiento de las relaciones entre los hombres, consecuencia de un mimetismo demasiado intenso, más intenso que el de los animales. Este mimetismo generador de rivalidades desemboca él mismo en la violencia unánime que restablece la paz y engendra la religión134”.
La deconstrucción del conocimiento mítico supone la emergencia de una narrativa de la verdad, que no puede hacerse en medio de las categorías metafísicas que soportan la existencia de una verdad trascendente, y separan a la violencia de la paz. La historia del conocimiento metafísico busca eliminar la huella del suplemento originario, construyendo la idea de presencia; se trata del sometimiento de la huella a un lógos transparente, una macro presencia sin diferencia135.
¿Puede un lenguaje no metafísico hacer posible un conocimiento verdadero? El lenguaje permite diferir la violencia a través de la construcción de una verdad trascendente. La muerte de Dios celebrada en nuestra época significa que la violencia se hace patente sin nada que la aplace. Por eso Girard dice: “nuestra época se caracteriza por la recurrente revelación de los orígenes humanos de la violencia. (...) Cuando la tecnología se aplica a la destrucción funciona de esta manera: revela (...) el origen humano de la violencia136”.
El lenguaje se constituye paradójicamente: puede sostener el funcionamiento del sistema social a través de la exclusión unánime de la víctima, o promover una teoría que revele la verdad desde la perspectiva de la víctima, pero sin excluir la complejidad del conjunto de relaciones que constituyen a ese sistema. En esta perspectiva, el conocimiento de la verdad es revelación
134 GIRARD, René. Violence et Religion. Op. cit., 16. “La violence collective est trop fréquente dans les mythes et
les rites sacrificiels du monde entier pour que sa présence soit fortuite, insignifiante. Elle suggère un mauvais fonctionnement des rapports entre les hommes, conséquence d’un mimétisme trop intense, plus intense que chez les animaux. Ce mimétisme générateur de rivalités débouche lui-même sur la violence unanime qui rétablit la paix et engendre le religieux”.
135 DERRIDA, Jacques. De la Grammatologie. Op. cit., 104. “La subordination de la trace à la présence pleine
résumée dans le logos, l’abaissement de l’écriture au-dessous d’une parole rêvant sa plénitude, tels sont les gestes requis par une onto-théologie déterminant le sens archéologique et eschatologique de l’être comme présence, comme parousie, comme vie sans différance: autre nom de la mort, historial métonymie où le nom de Dieu tient la mort en respect. C’est pourquoi, si ce mouvement ouvre son époque dans la forme du platonisme, il s’accomplit dans le moment de la métaphysique infinitiste. Seul l’être infini peut réduire la différence dans la présence. En ce sens, le nom de Dieu, tel du moins qu’il se prononce dans les rationalismes classiques, est le nom de l’indifférence même. Seul l’infini positif peut lever la trace, la ‘sublimer’”.
136 GIRARD, René. “The logic of the Undecidable: Interview with René Girard”. En: Paroles Gelées. 5, 1987: 13.
“Our epoch is characterized by the on-going revelation of the human origins of violence. (…) Technology when applied to destruction functions this way: it reveals (…) the human origin of violence”.
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histórica en el sentido cristiano, una forma de conocimiento que no obedece al imperativo de huida y olvido de la violencia, sino que pregunta por el re-conocimiento de la víctima137.
En las narraciones míticas todos los miembros de la comunidad sucumben en el contagio mimético; en consecuencia, todos se imaginan que la víctima es culpable, pues sobre esta ilusión reposa la transferencia mimética contra ella y el “milagro” de su trascendencia. Ya dijimos que la humanidad se ha constituido gracias a la construcción de significaciones, pero todas las significaciones se podrían remitir a un primer significante: la víctima138.
Por su parte, la Biblia es un conjunto de textos escritos a partir de la comprensión de la inocencia de las víctimas. Esta sospecha implica reconocer que todos los perseguidores comparten un sistema de delirio colectivo expresado en su religión, es decir, en la referencia del sistema social a un punto fijo externo o trascendente, cualquiera que sea la representación que se haga de ello.
137 ________ Des choses cachées depuis la fondation du monde. Op. cit., 300-301. “Loin de représenter un renoncement
à toute rationalité, un abandon au non-savoir, l’amour est à la fois l’être divin et le fondement de tour savoir vrai. Il y dans le Nouveau Testament une véritable épistémologie de l’amour (...) L’amour dont parle Jean échappe aux illusions (…) des doubles. Il peut seul révéler les processus victimaires qui sous-tendent les significations culturelles. Aucun processus purement “ intellectuel ” ne peut mener à la connaissance vraie puisque le détachement de celui qui contemple les frères ennemis du haut de sa sagesse est en fin de compte illusoire. Toute sagesse humaine est illusoire dans la mesure où elle n’a pas affronté l’épreuve décisive qui est celle des frères ennemis, et peut-être ne l’affrontera-t-elle jamais, peut-être demeurera-t-elle intacte dans sa superbe vanité, mais elle n’en sera que plus stérile. Seul l’amour est vraiment révélateur car il échappe à l’esprit de revanche et de vengeance qui caractérise encore cette révélation dans notre univers à nous et lui assigne des limites catégorielles pour s’en faire, justement, une arme contre le double. Seul l’amour parfait du Christ réussir sans violence la révélation parfaite vers laquelle nous nous avançons tous”. ________ El misterio de nuestro mundo. Op. cit.,313- 314. “Lejos de representar una renuncia a toda racionalidad, un abandono al no-saber, el amor es a la vez el ser divino y el fundamento de todo saber verdadero. En el Nuevo Testamento hay una verdadera epistemología del amor (....) El amor de que habla Juan se escapa de las ilusiones odiosas de los dobles. Sólo él puede revelar los procesos victimales que están por debajo de las significaciones culturales. Ningún proceso puramente “intelectual” puede llevar a su verdadero conocimiento, puesto que el desapego del que contempla a los hermanos enemigos desde lo alto de su sabiduría es en el fondo ilusorio. Toda sabiduría humana es ilusoria en la medida en que no se enfrenta con la prueba decisiva, que es la de los hermanos enemigos; y quizás no se enfrente nunca con ella, quizás permanezca intacta en su soberbia vanidad; pero entonces será realmente estéril. Sólo el amor es revelador de verdad, porque se libra del espíritu de venganza y de revancha que todavía caracteriza a esta revelación en nuestro mundo y le asigna unos límites categoriales para hacer precisamente de este modo un arma contra el doble. Sólo el amor perfecto de Cristo puede conseguir sin violencia la revelación perfecta a la que avanzamos a pesar de todo”.
138 Ibid., 91. “Le tombeau, ce n’est jamais que le premier monument humain à s’élever autour de la victime
émissaire, la première couche des significations, la plus élémentaire, la plus fondamentale. Pas de culture sans tombeau, pas de tombeau sans culture; á la limite le tombeau c’est le premier et le seul symbole culturel”. ________ El misterio de nuestro mundo. Op. cit., 95. “La tumba no es nunca más que el primer monumento humano que hay que elevar en torno a la víctima expiatoria, la primera cuna de significaciones, la más elemental, la más fundamental. No hay cultura sin tumba, ni hay tumba sin cultura; en definitiva, al tumba es el primero y el único símbolo cultural”.
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En el relato bíblico sobre los primeros hombres se cuenta el asesinato cometido contra el hermano, precisamente por aquel que es el fundador de las culturas; el relato resulta similar a todas las otras narraciones míticas, excepto porque Dios condena tal asesinato como asesinato, mientras que en los mitos la violencia del vencedor es legítima y la víctima culpable, por ejemplo de transgredir una ley o de cualquier acusación fantástica. Además, en ningún mito se formula la pregunta que hace el Dios bíblico al victimario: “¿Qué has hecho con tu hermano? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mi desde el suelo” (Génesis 4, 10).
Mientras los mitos reflejan las ilusiones de la violencia colectiva y nos invitan a tomar parte en ella, los textos bíblicos revelan esas mismas ilusiones en tanto ilusiones o delirios colectivos, y nos invitan a rechazarlas. Pensando en las fronteras, podemos aprender a descifrar los sistemas de delirio, que culminan en la violencia y el sacrificio de personas por cualquier tipo de causa, a partir de la lectura de los textos bíblicos.
Los Evangelios llevan esta sospecha hasta reconocer que la ilusión mitológica es una especie de conciencia alienada, una autoconstitución por referencia al extrañamiento de los propios deseos. El mimetismo que desencadena la violencia es falsificador, primero porque origina la ilusión del deseo de sí, que no puede ser sino deseo del deseo del otro; y luego, porque genera la culpa cuando se desborda en violencia colectiva, y la atribuye a una víctima elegida siempre de manera arbitraria. En consecuencia, cuando el mismo mimetismo constituye o reconfigura a la comunidad, siempre bajo la ilusión de la divinidad trascendente, genera significaciones que persistentemente estarán teñidas de mentira.
Para Girard, “la Biblia y los Evangelios coinciden esencialmente con los mitos en atribuir la fundación y desarrollo de las sociedades humanas a los efectos acumulativos de los “mecanismos victimarios” y los ritos sacrificiales139”. En los Evangelios, Satán es llamado
Príncipe de este mundo, pues es el principio del orden y del desorden, fomenta y exaspera las rivalidades hasta el punto de desencadenar la violencia al interior de la comunidad, pero en ese proceso, genera un chivo expiatorio que permita reconstruir el orden o llegar a un nuevo
139 GIRARD, René. Je vois Satan tomber comme l’éclair. Paris: Éditions Grasset & Fasquelle. 1999: 131. _______ Veo a Satán caer como el relámpago. Barcelona: Anagrama. 2002: 131. “La Bible et les Evangiles sont essentiellement d’accord avec les mythes pour attribuer la fondation et le développement des sociétés aux effets cumulatifs des “mécanismes victimaires” y des rites sacrificiels”.
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orden. El Príncipe de este mundo es el principio por el cual el desorden expulsa el desorden, la violencia contiene la violencia.
Los principados y potestades, términos con que el Nuevo Testamento se refiere a las instituciones “de este mundo”, operan bajo el dominio de Satán, es decir, bajo la lógica del mecanismo victimario, por el cual “conviene que muera un solo hombre a que todo el pueblo perezca”. En ese sentido, operan como organizaciones reales, enraizadas en una trascendencia irreal y, sin embargo, eficaz. Ellas están “asociados al tipo de violencia colectiva” que Girard muestra en los mitos y en las narraciones de persecución, pues “esa violencia constituye el mecanismo fundador de los Estados soberanos140”, y de todas las instituciones en general. “Sin
ser lo mismo que Satán, todas las potencias son tributarias suyas, pues todas son tributarias de falsos dioses engendrados por él, es decir, por el asesinato fundador (...) No se trata aquí (...) de religión en el sentido puramente individual que tiene para los modernos (...) de lo que se trata es de los fenómenos sociales nacidos del asesinato fundador141”.
Las instituciones son, como efecto de su origen, sistemas concretos de auto-organización social, siempre referidos a una dimensión religiosa, es decir, a una falsa trascendencia en torno a la cual se organiza tal sistema. Es decir, esta trascendencia es falsa, pero tiene una eficacia que no se puede negar. Por otra parte, las instituciones siempre están asociadas a Satán, es decir, al mecanismo mimético que desencadena de manera no consciente el sacrificio, y que organiza a la sociedad alrededor de la trascendencia de la víctima divinizada, pero no se identifican con Satán. “Los ritos” de todas las instituciones y sistemas sociales tratan de “guardar las distancias con ese temible personaje, en mantenerlo fuera de la comunidad142”. En consecuencia, el mal, lo diabólico, la violencia, no reside en la institución como tal, sino en su referencia a esa falsa trascendencia; pero ellas mismas, organizadas en el desorden del sacrificio colectivo, son formas de organización que “contienen” ese desorden. Eso explica la actitud ética que
140 Ibid. “Associées au type de violence collective (…) cette violence est le mécanisme fondateur des Etats
souverains”.
141 Ibid., 132.________ Veo a Satán caer como el relámpago. Op. cit., 132. “Sans être la même chose que Satan, les
puissances sont toutes tributaires de lui, parce qu’elles sont toutes tributaires des faux dieux engendrés par Satan, c’est-à-dire par le meurtre fondateur. Il le s’agit donc pas ici de religion au sens purement individuel où l’entendent les modernes (...) Ce qui est en cause ce sont les phénomènes sociaux engendrés par le meurtre fondateur”.
142 Ibid., 134-135. ________ Veo a Satán caer como el relámpago. Op. cit., 134. “Les rites s’efforcent de tenir ce
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recomendaba el apóstol Pablo: hay que respetar a las potestades, a las instituciones, “mientras ellas no exijan nada contrario a la verdadera fe143”, es decir, recuperando sus elementos no
sacrificiales y no colaborando ni participando de los sacrificios.
La revelación evangélica de los mecanismos de la violencia subvierte la ilusión de los chivos expiatorios que han necesitado todas las sociedades, comenzado por su constitución a través de los sacrificios humanos primitivos, pasando por los diversos órdenes legales, hasta concluir con los actuales sistemas de ordenamiento social; esta violencia ha ordenado y reprimido tanto a las sociedades arcaicas y tradicionales como a las contemporáneas; incluso en instituciones más elaboradas, como las dedicadas a garantizar y promover la justicia y los derechos de los ciudadanos, aun persisten los mecanismos de exclusión, que configurar cualquier orden institucional, y de ellas también puede sostenerse que contienen la violencia, endoble sentido de la palabra contener144. En consecuencia, hay una irracionalidad violenta en todo orden
cultural, que permite mantener el orden de las sociedades, y se experimenta como lo sagrado. La revelación de la violencia, por tanto, se refiere al descubrimiento de “un proceso cíclico de desorden y de restablecimiento del orden que culmina y concluye en un mecanismo de unanimidad victimaria145”.
Para deconstruir un mito es necesario aprender a remplazar el drama bajo el cual accedemos a una lectura mentirosa de la muerte de Jesús. El esquema de una víctima culpable y unos perseguidores inocentes es una inversión de la verdad, siempre repetida en los mitos debido al mimetismo violento. Los relatos de la Pasión devuelven la inversión mítica a sus orígenes mostrando que se produce por el mimetismo contagioso de la locura colectiva de una masa unánime; así resuelven el enigma de los mitos centrados en la violencia colectiva.
Pero, no sólo se trata de aprender de la muerte y resurrección de Jesús, sino también de lo que nos han narrado de su vida. En las narraciones de los Evangelios, Jesús desenmascara de forma
143 Ibid., 135. ________ Veo a Satán caer como el relámpago. Op. cit., 135. “Il recommande aux chrétiens de les
respecter et même de les honorer aussi longtemps qu’elles n’exigent rien de contraire à la vraie foi”.
144 Lo sagrado es omnipresente sólo en cuanto es invisible en las instituciones, pues es la forma misma de las
instituciones cuya perdurabilidad y credibilidad depende de negar siempre su herencia sagrada. Se podría decir, que ya imposible de nombrar, el sacrificio continúa demandando víctimas, pues se ha hecho nómada y desplaza sus sitios de culto por doquier. Al respecto, ver: MCKENNA, Andrew. Op. cit., p. 174-175.
145 Ibid., 49. ________ Veo a Satán caer como el relámpago. Op. cit., 48. “Un processus cyclique de désordre et de
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permanente la violencia que rodeaba su vida, invitando a las personas a tomar conciencia de los procesos por los cuales participan de los sistemas sacrificiales. Una violencia desenmascarada, sin el peso de la masa o de la distorsión que desfigura el rostro de las otras personas, es muy
difícil de afrontar146. Además, muchas de sus actitudes son contadas como modelos de
noviolencia, para el seguimiento de los discípulos: no dejarse implicar en las acusaciones sino proclamar su inocencia, eludir cualquier respuesta que de curso al odio de los acusadores, exigir trato humano para cualquier persona.
Al narrar la Pasión los Evangelios revelan los mecanismos de la violencia humana, pero lo hacen en una perspectiva que rehabilita la inocencia de Jesús, y no desde aquella unanimidad que lo construyó como víctima culpable, es decir, desde la falsedad propia de la mitología. “Nada hay en los Evangelios capaz de sugerir que Dios sea la causa de este agrupamiento contra Jesús (....) Los responsables de la Pasión son los propios hombres, incapaces de resistir el violento contagio que a todos afecta cuando (...) ellos están al alcance de ese apasionamiento mimético147”. En consecuencia, se puede sostener que los Evangelios culminan la labor de desmitologización o deconstrucción del Antiguo Testamento. No se trata de textos míticos, y en consecuencia, religiosos, sino de narraciones con un contenido antropológico referido a la violencia y a la posibilidad de encontrar soluciones no violentas a la violencia.
No obstante, aunque todavía no se haya reflexionado suficientemente sobre el Evangelio, sus efectos se pueden observar en el significado que tiene hoy la expresión “chivo expiatorio”. La expresión designaba originalmente a la víctima de un rito judío muy antiguo, en el que se elegía a un chivo, se le transferían todos los pecados de la comunidad, y enseguida se le