Como se mencionó anteriormente, esta es una categoría que se asocia con la formación ciudadana, y tiene que ver con la formación cívica, entendida ésta como el desarrollo de las competencias básicas para que los seres humanos puedan vivir en comunidad y no solamente como un conjunto de cualidades características del ciudadano “bien educado”.
En éste sentido, aportan a esta concepción de formación ciudadana, Ruiz y Chaux (2005) en
su texto La Formación de Competencias Ciudadanas. Por un lado, resaltan la importancia y
la pertinencia de la educación, desde la Constitución Política, para el desarrollo de las competencias ciudadanas así como también aporta referentes conceptuales y prácticos para tal fin. De igual forma, establece la relación entre norma y ciudadanía y tiene a los derechos humanos como eje fundamental de la propuesta.
El objetivo de las competencias ciudadanas es desarrollar en el ciudadano el sentido de la justicia el cual podría concretarse en una sociedad incluyente que, reconozca, valore y respete las diferencias. Con esto se logrará superar prejuicios y vivir en armonía con todos los seres humanos.
Los autores definen las competencia ciudadanas como “el conjunto de capacidades y
habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas – integradas-relacionadas con
conocimientos básicos…que orientan moral y políticamente nuestra acción ciudadana” (Ruiz y Chaux, 2005). Cabe resaltar que existe una distinción entre competencia y realización y se refiere básicamente a la intencionalidad sobre la acción, la cual requiere de una reflexión que recrea, interpreta y orienta las actuaciones.
Las competencias ciudadanas propuestas por Ruiz y Chaux, son básicamente de tres tipos: cognitivas, comunicativas y emocionales. Las competencias cognitivas son las capacidades
de realizar procesos mentales que favorezcan la ciudadanía, la convivencia pacífica reconociendo la pluralidad, entre otros. Se caracterizan por asumir diferentes perspectivas, es decir, “ponerse en el lugar de los otros”, por interpretar adecuadamente las intenciones de los demás, por imaginarse distinta evaluando las opciones y midiendo las consecuencias y por asumir la validez de cualquier creencia, afirmación o información, esto es, el pensamiento crítico (Ruiz y Chaux, 2005).
Las competencias comunicativas hacen referencia a la capacidad de vivir en sociedad, comunicando puntos de vista, posiciones, necesidades, intereses e ideas de manera efectiva. El desarrollo de las competencias comunicativas le permite a la persona enfrentar y solucionar problemas interpersonales así como también participar en la construcción de lo público. Se caracterizan por saber escuchar y demostrar que se escucha, por la asertividad, es decir, expresar sin herir lo que permite el respeto de los derechos y se pueden manifestar a través de expresiones artísticas como la pintura, la fotografía y la música, entre otros (Ruiz y Chaux, 2005).
Las competencias emocionales se refieren a las capacidades para identificar las emociones propias y las de los otros, y responder a ellas de forma constructiva. Por lo tanto, la formación en competencias cognitivas no es suficiente para lograr impacto sobre la vida en sociedad, se requiere además formación a nivel comunicativo y emocional. Las competencias emocionales se caracterizan por el dominio sobre las emociones propias, por el desarrollo de estrategias de autorregulación que evitan el hacerse daño a uno mismo o a los demás y por la identificación y respuesta empática a las emociones de los demás, es decir, involucrarse en los estados emocionales de los demás (Ruiz y Chaux, 2005).
También aparecen las competencias integradoras, es decir, la capacidad de articular y llevar a la práctica las competencias cognitivas, comunicativas y emocionales, con el fin de orientar las acciones. De alguna manera, estas competencias retoman los principios judeocristianos de “no hagas a nadie lo que no quisieras que te hicieran a ti” (Ruiz y Chaux, 2005).
Finalmente, los autores proponen una serie de conocimientos que la escuela debe promover para el ejercicio de la ciudadanía. Estos son el conocimiento sobre los derechos humanos, la Constitución Política y estructura del Estado, los mecanismos para la participación
democrática y el gobierno escolar (Ruiz y Chaux, 2005). De igual manera, sugieren alternativas prácticas para la implementación de las competencias ciudadanas en la escuela. Otro autor que ha asociado la formación ciudadana con las competencias ciudadanas es
Restrepo (2006) en su artículo Estándares Básicos en Competencias Ciudadanas: una
aproximación al problema de la Formación Ciudadana. Lo que llama la atención en éste artículo es que, entre otras cosas, aparece explícitamente el ciudadano como sujeto político, lo que de alguna manera asocia directamente la formación ciudadana como formación política, algo que hasta el momento había sido tratado de manera indirecta por los investigadores. A su vez reconoce al ciudadano como sujeto moral, vislumbrando a la moral como base para el ejercicio de la ciudadanía: “…el ciudadano, como sujeto político, es ante todo un sujeto moral. Sujeto que está soportado en las facultades morales y en las capacidades
mentales que posee” (Restrepo, 2006).
Restrepo, aborda el tema de la formación ciudadana con una mirada problemática hacia los estándares básicos en competencias ciudadanas que apuntan hacia la formación para la ciudadanía, promulgados en el 2003 por el Ministerio de Educación Nacional (MEN) para dar vida a lo estipulado en la Constitución Política en materia de educación cívica.
Inicia la polémica desde el planteamiento mismo de estándar lo que significa pensar la ciudadanía como “modelo a seguir”, es decir, sujetos alienados dentro de un sistema. Del mismo modo, hace un rastreo conceptual y académico sobre el tema en el que se visibilizan la comunicación, la deliberación y las relaciones entre lo público y lo privado como ejes articuladores para el adecuado ejercicio de la ciudadanía (Restrepo, 2006).
La conclusión con respecto a la formación ciudadana, planteada en términos de desarrollo de competencias estandarizadas, es que aparecen intereses comunes que nadie rechaza, en los que se reconoce su importancia para la vida en comunidad. No obstante, también abren la posibilidad para pensar críticamente sobre los discursos hegemónicos que subyacen en ellas.