Anteriormente hemos reparado en los fundamentos que dan sentido a tomar importancia a la perspectiva no institucional en la estructura dialógica entre producto y usuario que comprende un programa gubernamental y las características más importantes de sus conceptos. Pero en la práctica, ¿qué mirada se promueve a través de esta noción a la hora de desarrollar una evaluación? Al respecto, consideramos importante destacar el juicio que realiza Torres (2002), en relación a diferenciar una “Racionalidad gerencial”, que podríamos relacionar con nuestra perspectiva institucional, con una “Racionalidad
ciudadana”. La primera se orienta por valores como la eficacia y la eficiencia, y responde a una mirada sobre el usuario como cliente, por lo que busca su satisfacción. Bajo esta lógica –según la autora- se da importancia a la idea de ciudadano como consumidor activo, poseedor de derechos específicos, lo que le atribuye un rol fiscalizador en el marco de un estado que requiere legitimación pública explícita. Aquí, el ciudadano - usuario se considera un contribuyente del estado y un consumidor de sus servicios.
Por su parte, la racionalidad ciudadana se sostiene sobre los fundamentos que hemos destacado en esta sección y refiere a una mirada desde el usuario respecto a la calidad identificada con el grado en que un bien o servicio cumple con las especificaciones necesarias para satisfacer las necesidades y expectativas de los usuarios (2002, p. 203). De esta forma, esta perspectiva establece su interés en el mundo comprendido por las relaciones entre la administración y la esfera política. Así, se explica que los ciudadanos no solo tienen derecho a recibir buenos servicios de parte del estado, sino que también a participar en las decisiones acerca de qué bien o servicio se les debe entregar. Así en esta noción de usuario interviene más directamente la idea de ciudadano.
Siguiendo con la lógica que hemos ido desarrollando, bajo la perspectiva no institucional se da “mayor peso en la balanza” en la interacción generada por el programa, a la posición del usuario y el rescate de su mirada evaluativa.
En la siguiente sección analizaremos una mirada evaluativa, junto con sus criterios y aspectos en que pone atención respecto del programa, de la lógica que hemos descrito como racionalidad ciudadana.
La propuesta conceptual de la evaluación interactiva.
De acuerdo a lo que hemos analizado desde la perspectiva no institucional, a partir de la mirada del programa como interacción, se vuelve más importante reconocer la mirada, expectativas y análisis del usuario. Esto nos aproxima a la noción de evaluación participativa. Sin embargo, antes de hacer cualquier definición queremos dejar en claro que en el caso de las evaluaciones de DIPRES no se busca proponer la realización de esta metodología, debido a que escapa de la finalidad e intenciones del trabajo de las Evaluaciones de Programas Gubernamentales de dicha entidad. Más bien, se busca trabajar
metodología de evaluación de DIPRES, para observar desde allí la utilidad o inutilidad de su consideración por parte de esta institución.
Habiendo hecho esa precisión, queremos iniciar nuestra aproximación a la metodología descrita, sus criterios e indicadores señalando que, de acuerdo a Francoise Coupal (2000), el Seguimiento y Evaluación participativos difiere de los enfoques más convencionales en la materia, por el hecho de que busca hacer participar más activamente a las principales partes involucradas en un proyecto, en la reflexión sobre el avance de su proyecto, en la evaluación de este avance y, más particularmente, en la evaluación de la obtención de resultados. Pese a ello, el foco sigue estando en evaluar los resultados de los programas. Al respecto, según Falabella (2002), el gran salto que da la evaluación participativa es lograr diferenciar las especialidades del actor social y del analista social; es decir, aquí cada uno tiene un rol, un aporte en la generación de los resultados de la evaluación de un programa.
Así, en la interacción generada por el programa, la perspectiva no institucional tiene un rol importante, basada en la incorporación de la mirada del usuario del programa. Al respecto, de acuerdo a Briones (1998) bajo la premisa de que en la evaluación la tarea principal es obtener conocimientos para mejorar el programa, se propone la noción de evaluación interactiva, que entrega importancia al análisis de la organización, del funcionamiento y del desarrollo de un programa, en relación con sus objetivos, las expectativas de sus participantes y los resultados obtenidos (1988, p. 13). Más allá de su expresión práctica, nos interesa rescatar aquí el hecho que el análisis y solución a los problemas del programa se generan a partir del análisis (y a veces intercambio) de experiencias y conocimientos especto de éste. De esta manera, la participación del usuario en la evaluación ayuda a poner las actividades y resultados de la evaluación a nivel operativo de los usuarios, de acuerdo a los roles que ellos asumen en el proceso generado por el programa e incorpora esas actividades a sus preocupaciones, necesidades e intereses.
Además de ser participativa, la evaluación interactiva según Briones es focalizada, ya que presta atención central a los problemas que enfrentan tanto los usuarios como los técnicos del programa para conseguir sus respectivos fines. Esto implica –tal como se ha señalado- que el aporte de ambos a la evaluación es diferenciado, dependiendo de su experiencia
respecto del programa, debido a sus expectativas y necesidades, as que deberán tomarse en cuenta. En ese sentido, los diferentes involucrados aportan a la evaluación.
Por ello, según el autor, una perspectiva evaluativa que considere a estos actores, requiere integrar diferentes conocimientos y experiencias, por lo que rescata más allá de una racionalidad instrumental –referida a la lógica de medios y fines- debido a que se aproxima también a una lógica de los valores, es decir, no solo si se logró un fin, sino también a valoraciones que incorporan las diferentes acciones realizadas en un programa. Para lograr este objetivo, la evaluación deberá ser explicativa, pero también buscar la interpretación de las acciones a partir de la lógica de los participantes.
El método que propone Briones para llevar a cabo este evaluación, se aleja de las características de los instrumentos que lleva a cabo DIPRES, por lo que hemos querido rescatar únicamente sus finalidades y criterios para efectos de nuestro análisis.
En relación a los ámbitos que considera esta perspectiva como aspectos en los cuales evaluar sus resultados, Patton (2004) señala que a partir de la consideración del usuario en la evaluación se otorga valor a la recolección de información sobre la historia del programa, incluyendo la visión de sus involucrados- beneficiarios. Entender la historia tanto del programa como de los participantes resulta útil en la medida en que dichas historias resalten los procesos y efectos directos del programa para quienes tienen que tomar las decisiones relativas al programa. Esto implica –según el autor- interesarse por ir más allá de conocer el número exacto de personas que participaron en el programa, cuántas lo culminaron y qué hicieron después, debido a que se rescatan como información válida para reconocer el éxito de la intervención las percepciones de dichas personas.
4) La efectividad como criterio evaluativo que puede aportar a reconocer las