Finalmente, en el gráfico II.38 puede apreciarse la importancia del empleo informal, expresada en el hecho de que la línea de tendencia cruza el eje vertical en el rango positivo, lo que indica que se “genera empleo” incluso sin crecimiento económico. En contraste, un estancamiento económico implica una reducción del empleo formal, dado que las empresas procuran aumentar la productividad, lo que supone mantener el mismo nivel de producto con menos trabajadores.
La debilidad de la demanda laboral de las empresas se refleja también en las cifras de incremento del empleo por categorías de ocupación. El empleo asalariado a nivel regional creció a una tasa del 1,3%, la misma que la del empleo en su conjunto, y claramente superior al
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.
a Calculado a partir de cifras en dólares a precios constantes de 1995.
incremento del producto, lo que implica que en la región la productividad laboral media ha bajado un 2%, tanto si se usa el número de todos los ocupados como denominador, como si se considera el empleo asalariado. Hay que tomar en cuenta que, en varios países, una parte importante del nuevo empleo asalariado surgió en el marco de programas de emergencia u otras actividades del sector público. La experiencia de mayor envergadura al respecto se dio en Argentina, donde se ha calculado que en octubre del 2002, 798.000 ocupados del total urbano correspondían al Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, lo que elevó la tasa de empleo al 34,6% de la población, en vez del 32,3% que se hubiera registrado sin este Plan. En Perú, los programas A
Perú -10 -8 -6 -4 -2 0 2 4 6 -12 -10 -8 -6 -4 -2 0 2 4 6 -10 -8 -6 -4 -2 0 2 4 6 -12 -10 -8 -6 -4 -2 0 2 4 6
Empleo total Empleo formal
Crecimiento económico (tasa anual de variación) Crecimiento económico (tasa anual de variación)
Número de ocupados (porcentaje de v a riación) Empleo asalar iado f o rmal (porcentaje de v a riación)
Trabajar Urbano y A Trabajar Rural crearon 125.000 y 69.000 empleos temporales, con una duración de cuatro y seis meses, respectivamente.67
Como consecuencia de estas y otras experiencias similares, y en contraste con la tendencia de los años noventa, el empleo público aumentó un 4,5% (promedio ponderado de 14 países). Obviamente, estos programas fueron una herramienta importante para limitar la baja de la tasa de ocupación y contribuyeron a amortiguar el ascenso de la tasa de desempleo. Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que la mayor parte de estos puestos son temporales por su propio diseño, y deberían eliminarse en el futuro, lo que haría volver a bajar la participación del empleo público en la estructura ocupacional.
A su vez, el trabajo por cuenta propia, desempeñado mayoritariamente en el sector informal, aumentó un 1,3%. La relativa debilidad de este crecimiento en una situación de retracción económica podría indicar que se estaría agotando, en muchos países, la capacidad del sector informal para absorber, en el contexto de bajo crecimiento económico, a personas que no consiguen acceder al sector formal.68
Es bien sabido que el desempleo abierto muestra solo un aspecto de la insuficiencia de la generación de empleo. Estrechamente relacionado con él está el subempleo invisible, que corresponde a la proporción de personas que trabajan menos del número de horas considerado normal, desean trabajar más y están en disposición de hacerlo.69 Este indicador exhibe un
pronunciado empeoramiento en países donde el
desempleo abierto ha aumentado en forma marcada (Argentina, Uruguay), lo que no sorprende, dado que ambas variables reflejan problemas de volumen de empleo. En el otro extremo figuran países, Ecuador entre otros, que registraron mayores reducciones del desempleo abierto y también del subempleo visible. Sin embargo, en otros casos, como Colombia y El Salvador, el subempleo visible aumentó a pesar del descenso del desempleo abierto, lo que significaría que muchos de los nuevos empleos que permitían bajar el desempleo abierto eran de jornada parcial y fueron aceptados por quienes buscaban empleo debido a la falta de alternativas, aunque querían trabajar más horas.
En el análisis de la evolución del empleo no se puede ignorar la migración internacional. Si bien no hay datos fidedignos sobre los flujos de migrantes en el 2002, las estimaciones de las remesas ilustran la importancia creciente de este fenómeno. En efecto, entre el 2001 y 2002, las remesas a América Latina y el Caribe crecieron un 17,6% y su total se elevó a 32.000 millones de dólares. La mayor parte de este monto provino de Estados Unidos y los principales países receptores fueron México, Brasil y Colombia. Por otra parte, en relación proporcional con el número de habitantes, los países más beneficiados y, por ende, los que probablemente cuentan con las mayores colonias de ciudadanos que trabajan en el exterior, resultan ser Jamaica, El Salvador, República Dominicana, Guyana y Nicaragua (véase el cuadro II.11). En el 2002, Argentina, Venezuela, Colombia y Jamaica registraron las mayores expansiones de las remesas, un indicador de grandes flujos de migración reciente.70
67 Los empleos en los programas de emergencia son típicamente de carácter temporal, por lo que estos números no pueden compararse en forma directa con la generación de empleo agregado, que se calcula a partir del número de puestos de trabajo medidos en personas-año. 68 Véase al respecto el Estudio Económico de América Latina y el Caribe, 1999-2000 (LC/G.2102-P), Santiago de Chile. Publicación de las
Naciones Unidas, Nº de venta: S.00.II.02, recuadro VI.1, p. 91.
69 Véase la segunda parte de este Estudio Económico, cuadro 1 de cada país, donde se presentan datos sobre el subempleo visible en los casos en que se dispone de información.
Cuadro II.11
AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: REMESAS