• No results found

Chapter 8 draws conclusions based on the results obtained in this Ph.D thesis and presents recommendations for research work topics that could be addressed in the future.

6. The GNSS Signal Emulator Development

6.3. Description of the Navigation algorithm

En el libro de su Vida expone santa. Teresa que, cuando las oraciones sobrenaturales le resulta- ban habituales, sintió la necesidad de encontrar un director que la ayudase a librarse de «algunas afec- ciones que tenía a cosas que, aunque de suyo, no eran muy malas, bastaban para estragarlo todo»35. Se le indicó un clérigo santo de Ávila, quien

34

Una orden religiosa no puede conservar su espíritu y cumplir su misión a través de los siglos más que adaptando sus formas exteriores a los cambios y vicisitudes de las distintas épocas. Santa Teresa no pudo hacer revivir el espíritu primitivo del Carmelo en el siglo XVI más que creando una forma de vida eremítica adaptada a las costumbres y a las necesidades de su tiempo.

Entre las formas exteriores que envuelven el espíritu de una orden que tiene que sobrevivir a las vicisitudes de los tiem- pos y a las catástrofes de las civilizaciones, porque encarna una función esencial del sacerdocio de Cristo, las hay que tienen que cambiar y otras que son inmutables; en cuanto inseparables del espíritu. De este modo restablece santa Teresa el silencio del desierto en sus monasterios, pero se viste de sayal y establece la clausura, mientras que el profeta se vestía de pieles de animales y andaba de acá para allá.

El culto de lo antiguo y la fidelidad a la tradición que se aplicaran indiferentemente a todas las formas primitivas del espí- ritu correrían el riesgo, por tanto, de cristalizar su espíritu en una rigidez mortal y, al impedir su adaptación y expansión, le harían perder lo que él desea conservar con tanto afán.

Distinguir entre las formas exteriores que hay que conservar y las que tienen que desaparecer en un época determinada no incumbe más al fervor inexperto que a la rutina perezosa que constantemente tiende a minimizar el esfuerzo; no se trata de un derecho de la autoridad del superior, que tiene el cargo de conservar más que el de modificar; es privilegio exclusivo de la santidad, la sólo capaz de vaciar en el molde de modo vivo y auténtico el espíritu cuya plenitud posee.

35

«comenzó con determinación santa a llevarme como a fuerte, que de razón había de estar según la oración vio que tenía, para que en ninguna manera ofendiese a Dios. Yo... no tenía fortaleza para salir luego, con tan- ta perfección, afligíme, y, como vi que tomaba las cosas de mi alma como cosa que en una vez había de aca- bar con ella, yo veía que había menester mucho más cuidado... Y yo, aunque en las mercedes de Dios estaba adelante, estaba muy en los principios en las virtudes y mortificación. Y cierto, si no hubiera de tratar más con él, yo creo nunca medrara mi alma»36.

Este santo clérigo de Ávila, el maestro Daza, sólo había considerado las exigencias absolutas de los favores sobrenaturales recibidos y, en modo alguno, las fuerzas del alma. Santa Teresa se lo repro- cha, indicándonos claramente su pensamiento sobre este punto.

La ascesis que tiende al total desasimiento debe proceder por realizaciones progresivas, de lo contrario, fracasará completamente. Una dirección prudente e ilustrada debe regular estas obras consi- derando las fuerzas actuales del alma y las exigencias de Dios, que, también ellas, son progresivas. Durante los tres años de su vida pública Jesús soportó la rudeza moral y espiritual de sus apóstoles, la torpeza de su espíritu; hizo penetrar progresivamente en su alma la luz del reino de Dios.

En la exposición de su doctrina espiritual, santa Teresa afirmará, desde el comienzo, las exigen- cias divinas y la necesidad para el alma de una resolución generosa, pero, a través de las moradas, siempre se mostrará maternal, comprensiva, alentando la debilidad, destacando el mérito de los esfuer- zos realizados y el valor de los resultados obtenidos, incitando de este modo a nuevas resoluciones ge- nerosas para obras más elevadas, conforme a una progresión continua y ordenada37.

San Juan de la Cruz, cuya lógica de desprendimiento nos parece tan terrible y casi inhumana, es un confesor paciente, un director condescendiente, un padre compasivo de la debilidad humana. Al principio causaba miedo, pero, cuando se le conocía, «se le hubiera seguido hasta Turquía.»

Santa Teresa del Niño Jesús, tan enérgica con sus novicias38, a quienes instruía con gran genero- sidad, decía que hay almas a las que la misericordia divina nunca deja de esperar, y que entre sus no- vicias había alguna a la que debía coger por la punta de las alas, a otras por la piel.

Los Maestros del Carmelo conocen la pureza de Dios y, a su luz, descubren la debilidad huma- na. Aman tanto a una como a otra con el mismo amor. Su ciencia práctica no se hace solamente con la lógica del pensamiento, sino también con el amor compasivo de su corazón. Y si en sus tratados brilla sobre todo la luz poderosa y un poco ruda, en el contacto con las almas lo que brilla es la caridad. Lo afirman sus contemporáneos. Su ciencia espiritual es, en efecto, una ciencia de amor.

36

Ibid 23, 8. 9.

37

En el cuadro inserto al principio de este volumen se encontrará la progresión de la ascesis teresiana a través de las Mo- radas.

38

En el Proceso de beatificación, sor Genoveva de la Santa Faz (su hermana Celina) testifica que, si hubiera sido necesa- rio indicar lo que menos le agradaba en santa Teresa del Niño Jesús, hubiera señalado su severidad respecto a las novicias.

CAPÍTULO 7

El demonio

Es como una lima sorda...1

En este combate que es la vida espiritual interviene otro personaje: el demonio. Aunque su ac- ción se desarrolla en la sombra, la mirada penetrante de santa Teresa ha discernido la importancia que tiene. Con frecuencia nos habla la Santa de él para señalar su presencia, para desvelar sus astucias en las encrucijadas, en las travesías peligrosas, dondequiera que haya suficiente oscuridad que lo encubra. Para santa Teresa el demonio no es una misteriosa fuerza Maléfica, es un ser vivo, bien conocido por demasiado frecuente en su vida, un enemigo personal.

Sirvámonos de su experiencia y de su doctrina para estudiar la naturaleza y el poder del demo- nio, la frecuencia de sus intervenciones y sus modos de intervenir en la vida espiritual, los medios de descubrir su presencia y de combatir su acción2.