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I

Desde el 5 o 6 de febrero aavnazamos de Barbosa a Santo Domingo, a órdenes del Coronel Aguilero, una mitad del batallon Córdova, -la que tuvo en Rionegro- otra del Plaza, i servia al mando del mismo je fe la base del batallon Bravo, compuestas de voluntarios de Orinete i de Branosa.

Jefe de los últimos era el señor Antonio Jaramillo, que por su denuesdo, labor incesamte en bien de nuestra causa i fidelidad a ella, es digno de todo elojio i merece nuestra gratitud: a tener el partido liberal de Antioquia diaz hombres del carácter i valentía de aquel, imperurbable fuera su obra i gloriosa seria su porvenir.

A la mañana del 9 saliamos hacia el Norte, dejándoles al señor Jeneral Gaitan i al doctor Cuartas, accidentalmente el cuidado de las tareas i operaciones de la Jefatura civil i militar, a reserva de dirijirlas nosotros, en lo posible, por medio de activa correspondencia.

El resto del batallon Córdova, que dos dias antes regresaba de Jericó, quedaba a retaguardia a punto de marchar de Mdellin, i al Jeneral Tolosa le ordenamos que le acampase esa noche en Brabosa.

El resto de la Plaza pernoctó al 8 en Jirardota, e iba comandado por su Jefe el Coronel Ricardo Bermúdez.

Fueron pues únicamente los batallones Córdova i Plaza i la base del Bravo la fuerza destinada a la expedicion del Norte, i dejábamos a Medellin el Libres de Cundinamarca, el cuerpo de jendarmería i un batallon de voluntarios de Sopetran i Antioquia.

En el Departamento del Sur debian estarse cumpliendo activamente nuestras órdenes sobre organización del Alzate i Libres de Manizales, pues en ningun modo creimos suficientes eel batallon Rifles para defender las fronteras sobre el Cauca i el Tolima.

Funcionaba en Jirardota como Alcalde un señor Napoleon Greiff. Le conocimos allí: su inercia estorbaba la marcha activa de las tropas, i el aspecto de aquel hombre, tardo por fecto de la beodez, esquivo i receloso, nos disgudtó sobre manera, i sobrada razon hubo, pues supimos a poco que se hallaba en correspondencia con el señor Pedro Restrepo: era menos que un traidor – honrábase demasiado con aqweul título:- era unn espía. Le sustituyó de orden de nuestra un joven de la poblacion, lieral decidido.

A las cuatro de la tarde, ya en Barbosa, recibiamos avisos mas esactos i minuciosos, de Santa Rosa i Amalfi, sobre la situacion de las fuerzas enemigas, engrosadas diariamente por voluntarios de Rionegro i de Medellin, seducidos i en triste aklucinamiento, obra de los bmercaderes que en aquellas ciudades, pero tras de sus respectivos mostradores, i con loa silosa toprpeza que acostumbra, servíales el señor Restrepo.

El Coronel Aguilera ocupaba ya a Santo Domingo, i el nueve pernoctaron en Barbosa las dos mitades de los batallones Plaza i Córdova que habíamos dejado atrás.

Difundida malévolamente por los traidores a la causa liberal, desde Rionegro i Medellin, la falsa noticia de sescesos cometidos por nuestras tropas el 28 de enero i despues, fueron víctimas del engaño algunos liberales de Concepcion, los mismos que seis meses antes, al visitar aquella comarcael Jeneral Renjifo i

nosostros, sobra de razon tuvieron para saber que nunca seríamos capaces, ni por mal pensamiento, de ambicion personal en daño de los pueblos de Antioquia, Dizque no le ayudaron, i lo creemos, al cabecilla independiente en su fuga al Norte; idecididdos por la neutralidad... del Distrito (ya sabe el lector el orijen de tal dolencia), dejémosle el tiempo la tarea de hacerles saborear el desengaño cruel.

En Santodomingo habia solicitado colaboracion de los conservadores el prófugo Vicepresidente: no la obtuvo, i de miembros notables de ese bando político, recibió respúestas honrosas para quienes las daban, cuanto humillantes le hubieran parecido a un servidor sensato de la causa liberal.

El señor Santos Jaramillo, Jefe del departamento del Norte, leal a toda prueba e incansable servidor de nuestra causa, habia cumplido ya órdenes que le comunicamos de Barbosa a fin de que las fuerzas del señor Restrepo, poseedoras de la ciudad de Amlafi, temieran ataque de las nuestras por la vía de Porce, i concentradas, con tal motivo, debíamos encontrar en las cercanías de La Cruz o en el alto de La Puerta, fuerte posicion, las tropas enemigas.

Llevaba aun nuestra vanguardia el Coronlel Agulera, i de las orillas del Nuz se le indicó la conveniencia de moderar el paso de marcha i perseguirla con toda cautela, evitando que el señor Restrepo pudiese tener aviso de nuestra aproximacion o calcular el monto de la fuerza de vanguardia. No fue suficientemente canto, por obra de su jenial ardor, el Coronel Aguilera, i de ahí que la operación ejecutada sobre las posiciones enemigas no produjese el resultado completo que esperábamos.

Hablando de eso un corresponsal de El Deber, el mismo que hemos citado en otra ocasión, juzgaba así la conducta del señor Restrepo, i razones le asistirian, cosa que no nos es importante averiguar:

“Abandonó el campamento de La Puerta cuando el enemigo estaba ya cercano, dejando sus compañeros en inminente peligro, con el pretesto de ir a Amalfi a buscar cobertores i alimento de la fuerza. El lobo cayó sobre el rebaño, i a poco andar fue presa suya el pastor.”

Cierto fue, i persuadidos aún de que el señor Restrepo i los jefes que le acompañaban querrian alguna vez lucha r valientemente, no seríamos veraces si dijéramos que no deploramos su torpeza i pusilanimidad al abaandonarnos así la formidable posicion del alto de La Puerta i sus cercanías, lo que nos facilitó la ocupacion de Cascajo, partiendo en dos mitades las fuerzas enemigas, ya en terror i desconcertadas.

Pero el lobo que cayó sobre el rebaño era de mui dulce índole: dábales trato fraternal i cariñoso a los prisioneros, i lo mismo hacian los jefes a él subordinados, en cumplimiento de órdenes terminantes.

Las dos comunicaciones que contiene el boletin número 8 publicado el 17 de febrero en Medellin, dicen lo que acaeció en la jornada de que se trata.

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Estados Unidos de Colombia- estado soberano de Antioquia- Presidencia del Estado- Cascajo, febrero 14 de 1880.

Señor Comandante jeneral e Inspector del Ejército del estado- Medellin.

He dejado ya dos leguas a retaguardia las posiciones ventajosas que ocupaba ayer las tropas del señor Pedro restrepo U., en el alto de La Puerta. El no pudo o no quiso defenderlas, i bastó una rápida operación de nuestra vanguardia para difundir el pánico en la fuerza enemiga i reproducirnos mui buenos resultados. Perseguido tenazmente el enemgigo, dejó en nuestro poder prisioneros, armas i vitualllas, pues aunque intentó resistir nuevamente en el sitio de donde le escribo a usted, fue arrollado i puesto en dispersion i fuga.

Los restos de la tropa del señor Restrepo se hallaban tristemente alucinados, según se por los prisineros tomados ayer. Creian que no se les atacaba por faltarnos fuerzas disponibles: ignoraban completamnte la derrota del Jeneral Antonio Acosta en Jericó: contaban con armas con que dizque debía traer el señor Ismael Ocampo de Zaragoza; i el señor Restrepo U., vacilante siempre, contradiciéndose cada momento, venía asegurando su fidelidad al liberalismo doctrinario i diciendo que los autores de su caida fueron unos cuantos ladrones sin color político...

Le transcribiré a usted en seguida de esta comunicación la que me dirije el señor Comandante jeneral de la Columna en operaciones sobre el Norte.

Tengo la honra de suscribirme de usted atento i seguro servidor, JORGE ISAACS.

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Estados Unidos de Colombia- Estado soberano de Antioquia- Comandancia jeneral de la Columna en operaciones sobre el Norte.

Ciudadano Presidente Provisorio del Estado.- Presente.

En cumplimiento de mi deber i como consecuencia de las órdenes que dictásteis, os participo que hoy a las diez de la mañana fue ocupado por nuestras

fuerzas el punto de La Puerta, donde se hallaba el enemigo: se le tomaron caballerías, víveres, veinticinco armas de percusion i precision, i treinta i cinco prisioneros. La Tropa derrotada, huyó despavorida i en dispersion, i aunque antes trató de hacer nueva resistencia en las colinas de este campamento, se les desalojó sin tardanza, persiguiéndola tenazmente.

La operación que describo fue ejecutada por el bravo Coronel Nepomuceno Agulera, i los jefes, oficiales i tropa que le acmpañaban, estuvieron, como lo esperabais, a la altura de su deber; así se han mostrado i se mostraría siempre los verdadetros defensores de la causa radical.

PATRIA I LIBERTAD.

III

El 15, restablecida ya un tanto la columna de la fatiga que sufrió en redobladas e incesantes marchas, tomamos al amanecer doscientos hombres para ir con ellos sobre Amalfi, en donde se decia el señor restrepo con lo mejor de sus tropas, i ordenósele al Coronel Aguilera marcharvrápidamente a Remedos.

A tres leguas de Amalfi su pimos esto, por oficiosidad de un montañés, pues no regersaba aún el espía mandado a esa poblacion desde el 14: el señor restrepo, compltamente atolondardo ya, i suponiéndose perseguido de soldados feroces opor tierra i aire, haboa tomado la trocha de Pocoró en busca de escape hacia Zaragoza, i de allí a territorio o aguas de Bolívar.

En el instante que se nos comunicó aquel aviso, nos desmontamos de una escelente caballería para cedérsela al Capitan Rafael Materion, ordenándole que con toda la precipitud posible le diese lacance al Coronel Aguilera en la vía de remedios, a fin de que su tropa guardara con tiempo, cerca de ese pobado, la salida de la trocha de Pocoró, pudiéndose así de seguro capturar al señor Restrepo i a los que en la derrota lo seguian.

Impartidas aquellas órdenes, continuamos la marcha en direccion a Amalfi con el Jeneral Tolosa i la fuerza que nos acompañaba. Aquella ciudad, tan digna hoy como entonces de nuestro amor i gratitud, nos hizo recibiemiento mas entusiasta i honrosode los que merecíamos. En adelante, verdad es, habríamos ganado mejor el afecto de los buenos i muchos liberales de aquella comarca, i nos reconocemos deudores de labor para ella beneficiosa en lo futuro.

Ya se sabe que apenas tres mil quinientos pesos habiamos sacado de Medellin para raciones de las columnas expedicionarias sobre el Norte, i que la fineza de un comerciante de la ciudad creimos deberle la reunion de esos fondos por no haberlos disponibles del Gobierno. En Amalfi estaban casi agotados, pues al salir de la capital no creiamaos que fuese preciso incorporar la base del Batallon

Bravio a la columna i si dejar hombres de aquel cuerpo en inspeccion activa sobre las poblaciones inmediatas a Barbosa. El señor Mariano Ospina E.,m Prefecto del departamento por disposicion de la Jefatura Civil i Mlitar, hablo a fin de consegyuir recursos para la columna, con algunos comerciantes de la ciudad, i obtuvo dos mil quinientos pesos en cambio de una libranza que aceptamos, pagadera en Medellin a uestra llegada i que cubierta fue puntualmente. Mil quinientos pesos le enviamos con el Jeneral Tolosa al Pagador de la columna para las fuerzas que obraban a órdenes del Coronel Aguilera, i mil sirvieron en la cancelacion de los vales de la tropa que habíamos llevado a Amalfi i que regresaba cono nosostros al Centro.

En la certidumbre de que no podía faltar la fácil operación encomendada al coronel Aguilera, i convencidos de que ya o muy pronto seria necesaria nuestra presencia en la capital, salimos de Amalfi en la tarde del 17, despues de darle instrucciones i autorizaciones oportunas al Coronel Gregorio Baena, todo importante ya, concluida la campaña del Norte, por si se hacia necesario afrontar la intervencion del Poder Ejecutivo nacional. Imponderable era la urjencia de recibir para ese caso, a tiempo, los mil remingtons i el medio millon de cápsulas del encargo hecho al señor José María Villa, i tal fue unos de los principales objetos de la correspondencia que despachamos el 16 de febrero desde Amalfi.

La situacion del Sur, n vista de los informes que recibiamos del Jefe del Departamento, señor Víctor Cordovez, era mui satisfactoria: se nos aseguraba que debiamos contar no sólo con el batallon Riflez, sino tambien con el Alzate i Libres de Manizales que se organizaban activamentte, previendose de cualquier evento i en atencion a las órdenes comnicadas por nosostros desde el 1° del mes en curso. I salvo alguna errada del señor Cordovez, cometida al dirijirse intempestivamente al Poder Ejecutivo de la Union i a los Gobernadores de ciertos Estados, pretendiendo hacerles creer que el Sur de Antioquia permanecia tranquilo i que se ignoraban allí pormenores de lo acaecido en el Centro, especie inverosímil contra la verdadera e innegable popularidad de la revolucion, todo estaba bien, i el trabajo importante que debiamos personalmente ejecutar en el Sur, nos daba algunos dias de espera; i aún nos fue posible tener cierta confienza en que no intervendría el Poder Ejecutivo fderal, a mano armada, confianza que, siendo otro el Presidente de la Nacion, no la hubiera asegurado en absoluto la rectitud, franqueza, hidalguía i equidad de nuestros actos públicos i hasta privados en ejercicio de la Jefatura Civil i Militar.

IV

A cosa de una legua de Amlafi nos lacanzó un oficial con el aviso de que el señor Restrepo se le habia capturado con otros jefes i oficiales al salir de la trocah de Pocoró, cerca de Remedios, en Sangrabotijas. Así, las órdenes comunicadas al Coronel Agyuuilera el 15, tuvieron el éxito preciso que esperábamos, i cumplidas las que llevó a Remedios i Zaragoza el Comandante Jeneral de la

columna, al partir de Amlafi el 16, la campaña del Norte quedaba satisfactoria i fácilmente conducida en el término de ocho o nueve dias.

En el mismo punto donde nos alcanzó aquel oficial,m escribimos lo sigueinte al Jeneral Tolosa i al Coronel Aguilera, antes de contunuar marcha hacia el sitio en que debiamos darle alcance, ya entrada la noche, a la fuerza que llevábamos hacia Medellin:

“Felicito i abrazo a los Jefes que han conseguido aprehender al señor Restrepo i sus compañeroa. No se les atormenté en rigorosaa prision, pero deben estar bajo la constante vijilancia de ustedes o de mui escojidos oficiales. Póngaseles sin demora en viaje a Medellin i procuren que no se les acerquen individuos sospechosos. Las autoridades civiles nada tienen que hacer con los presos; no se les permitirá intervencion ninguna en tal cosa. Los jefes i oficiales de retaguradia me responderán con su honra i vida de la seguriadad de los presos.”

El señor Restrepo se atolondró mucho i estuvo mui infeliz al capturarle el Coronel Aguilera con la avanzada de su tropa, que el prófugo no creia tan lista para el caso, i la sorpresa se le dio al venir la mañana del 16. Hallábase a medio vestir en la casa donde habíamos pernoctado: procuró ocultarse tras los muebles i cacharros de la cocina i de tal miedo estaba poseido i tan ddesatentadamente buscaba allí el modo de traasconejarse, que no reparó en que sus vestidos i cvaabeza quedaban enjalbegados con masa blanca de maíz: hechose de rodillas a los pies del Coronel Aguilera implorando misericordia, pidiendo que no le mataran i dándose a entender con los espantados ojos i suplicante manos, que no con alabras, pues ninguna completa le permitia articular su terror.

Transcurrido el primer momento terrible para él,- porque la conciencia de sus traiciones le acusaba, i de los leales a quienes insultó en su t}orpe fachenda, temia la vengfanza, rogábales de esa forma a los jefes i soldados, volviéndose de unos a otros en lastimoso afan m que el Coronel Aguilera no conseguía calmar:

-No me matn! Tengan compasion de mí! Yo soi un padre de familia mui desgraciado... tengo un hijo en la tinieblas... Mis partidadrios me han dejado solo i me engañaban... Yo soi radical. Coronel Aguilera, no me deje matar!

El desventurado no corria peligro alguno, i de aquellos que leescuchaban complacidos, riendo de lástimas o avegonzados de tamaña cobardías, algunos vagan hoy en Antioquia o en tierra estraña, huyendo de los sabuesos de aquel zorro que tan tristemente fue pillado en Sangrabotijas; i otros han muerto en estrecha e inmunda prision, al lado de Cuartas i de Cordovez, sin un vaso de agua para aliviar la sed en su agonía!...

En un ímpetu de terror, o por seguirla aún a campo abierto, el Vicepresidente providencial escapóse hacia la huerta, llevándose en los pechos un cercado. Caido allí, lo alcanzó el Coronel Aguilera, reconviniéndle ya severamente por su medrosa locura i aquel pánico increible en un hombre.

Las órdenes que habiamos dado sobre la benignidad con que debá tratarse a los prisioneros, se observaban, i solamente bajo la custodioa de un oficial llegó a Amalfi el doctor restrepo. En mala hora le permitió Aguilera por haberse empeñado en ello el señor Mariano Ospina E., Jefe Departamental, que pasara la noche en casa de éste. Tal condescendencia fue una violacion de orden terminante que habíamos dado, i el señor Ospina purgó en anghustia de algunas horas su cándida fe en la caballerosa lealtad de su hilde protegido. Esa noche }se fugó acompañándole los señor Luis Monto ya i Cipriano Echeverri.

A la mañana acudió el Coronel Aguilera en busca del señor Restrepo, i fácil de suponer su indignacion i apuro al convencerse de que se le habia burlado. Los buenos liberales de Amalfi auxiliaron con sus indicaciones i eficaes oficios al Coronel Aguilera, imposibilitado para presentársenos despues de ese contratiempo que habiamos previsto inútilmente.

A cuatro leguas de la poblacion, entre las malezas de una barranca, se le puso mano otra vez la señor restrepo i a los de la comitiva, i nada tiene de estraño que regresara a la ciudad haciendo mui triste fiugura por su jesto i ridícula traza: si las trpoas i los iniños rieon al verle regresar de su expedicion nocturna, regocijados por el buen éxito de la caería, él creyó poderse reir impuenemente de la confianza que le dispensaron los señores Aguilera i Ospina.

Desde a quel fracaso, el señor restrepo se si creyó irevocablemente perdido al llegar a medellin o a vista nuestra. Durante la marcha, hacíanles confidencias peregrinas a los jefes que mataban, oyéndolos divertidos, las cansadas horas de viaje a paso de la infantería.

-No consientan ustedes, no, no consientan en que el señor Isaacs los manche con mi sangre, decíales: él es sobrino de Julio Arboleda, caucano i judío, i por eso tiene un carácter sanguinario. Me fusilará?... ¿No creen ustedes que me fusilará?

Al oír esas cosas, delirios de locura sui generis del buen hombre, los jefes i oficiales hacian lo que probablemente está haciendo el lector.

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