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I
Al emprender marcha el Jeneral Renjifo de Medellin al sur el 18 de diciembre, supusieron los tránsfugas victoriosos que le acompañaríamos, i pareció lo más natural que así sucediera, estando ya resuelta, por necesaria e imprescindible, nuestra venida al Congreso.
Mas el viaje del Vicepresidente i de los oficiales ausiliados para seguirle, reputose como una retirada o casi derrota de la plana mayor del radicalismo, i representantes nosotros de la prensa radical en el Estado, que si deber cumplió i vencida no fue, mal hubieramos hecho en apresurarnos a salir de la capital: prolongar nuestra permanencia en ella se hizo necesario por otras razones.
El señor Herrera Olarte podía llegar a Medellin de un momento a otro, i antes de reaparecer “La Nueva Era,” de cuya redaccion iba a encargarse, como Director de la Imprenta del Estado, útil mas que útil preciso e indispensable, debía serle conferenciar largamente con nosostros. Ya unidos, redoblamos esfuerzos en lo de conseguir que el Vicepresidente permaneciera en Manizales ejerciendo el Poder
Ejecutivo, i siendo satisfactorias las últimas respuestas que dio a las cartas en las cuales se le mostraron las trazas i proyectos traidores del señor Restrepo i de su caterva, fue otra la situacion.
“El Cosmos” (un hotel) era el Olimpo del señor Restrepo i de los conciliábulos independientes, i el brandy, néctar delicioso de aquellas divinidades, consumiase abundantemente con efectivo provecho para el señor Luciano Gómez, hotelero, ardiente reaccionario contra el radicalismo, i voto de gran peso en esas juntas donde lucía como maestro de ceremonias.
Conocida la resolucion del Jeneral Renjifo sobre permanencia en Manizales, hubo estruendosas iras, desesperaciones, indignacion, brandilocuencia estruendosa en el Olimpo; pero el terror hacia de las suyas al llegar la noche, hasta el punto de haberse creido prudente, en tales horas, poner el señor Restrepo a buen recaudo; i él se dejaba conducir mansamente al escondite nocturno, no porque su alma valerosa fuese capaz de vulgares temores, si no por amor a la causa que era eminente personificacion i adalid.
Desde el 17 de diciembe en la noche, horas antes de ponerse en viaje el Jeneral Renjifo, no se nos había vuelto a acercar el señor Jeneral Olivares, ni le vimos; i como era de pública notoriedad, que ocupaba alto asiento Areopago de “El Cosmos” imajínese cuánta confianza tendriamos en su secreto i fiel discrecion sobretodo lo relativo al plan revolucionario que con él se arregló.
Indicados estos procedentes, el lector acompañenos camino al sur, i eso de bastarle, si tan bondadoso es, para el conocimiento de todas las circunstancias que antecedieron a la revolucion, ya en última hora, cuando se hizo inevitable.
II
Si este hombre hablara, se diera a la prensa una sola línea, deciamos por el señor Restrepo U., a principios de enero; si braveara en uno de sus arranques quijostescos, ¿qué más apetecer? I al fin cantó de plano, ¿mas en qué instantes i cómo? Aquello fue el trino de amoroso turpial ante los esplandores de una autora de julio; era una caja de música... No podía exijírsele cosa mejor! Nuestros lectores le han oido lo han disfrutado, i en éxtasis le escuchan aún. Eso nos sucedió a nosotros, eso mismo, i bajo la deleitosa influencia de tales emociones, tomamos a galope la vía a Manizales.
Aunque en Medellin nos había costado dinero i dilijencia obtener dos ejemplares de la publicacion del señor Restrepo, porque dizque creyó oportuno recojerla, en las poblaciones de Rionegro, La Ceja, Abejorral i Aguadas se nos hizo notar que en abundancia había sido distribuida, mui especialmente en los centros conservadores. El señor Restrepo –sábese ahora mejor que se sabía entonces,- no se aguarda a recibir aplausos por sus publicaciones extraoficiales ni
oficiales, pues a fuer de modesto, da en la manía de recojerlas, húmedas aún: lo que ha sucedido en un decreto ejecutivo que reforma el código de Policía del Estado, i con otras quisicosas de la laya, acaeció entonces al público i de Medellin al tomar en las manos la hoja titulada “Sigámosla a campo abierto,“escrita como convino, según se supo despues de boca del autor, i relamida i empolvada por los literatos de “El Cosmos.”
Hacia con nosostros el viaje a la frontera del sur el Jeneral Rafael Toro, despues de su corta permanencia en la capital. En Pácora nos informó el telegrafista señor Alejandro Patiño, que estaba recibiendo unos telegramas mui importantes. Interrumpida la comunicación en tales momentos, apenas pudimos leer el primero de los tres telegramas, i supóngase, si esposible, qué impresión nos pruduciría.
Helos aquí:
Manizales, 1880, enero 19.
Señor Pedro Retrepo U.- Medellin.
El ciudadano Vicepresidente ha resuelto separarse el 21 de los corrientes del ejercicio del Poder Ejecutivo, en uso de la licencia que se le concedió, i me ordena que llame a usted como 2° Vicepresidente, para que en esa misma fecha tome posesion, en su remplazo, i entre en ejercicio de sus funciones como encargado de la Presidencia del Estado.
De usted atento servidor. EL Secretario de Gobierno i Guerra, (Firmado) EDUARDO A. HOYOS.
Medellin 1880, enero 24.
Recibido en esta fecha a las 7 i cuarto P. M. Auténtico.- Guillermo Valencia.
Señor Presidente del Consejo del Estado.- Medellin.
El 21 de los corrientes se separará el ciudadano Vicepresidente del Estado, del ejercicio de sus funciones en uso de la licencia que se le concedió.
Sírvase poner este hecho en conocimiento del Consejo del Estado para que esa Corporacion llame oportunamente al ejercicio del Poder Ejecutivo al doctor Pedro Restrepo U., o a quien por falta de éste debe entrar a ejercer el empleo en esa misma fecha i exija de él la promesa constitucional.
De usted atento seguro servidor,
El Secretario de Gobierno i Guerra. (Firmado) EDUARDO A. HOYOS. Medellin, 1880, enero 24.
Recibido en esta fecha a las 7 i cuarto P.M. Auténtico.- Guillermo Valencia.
________
Manizales, 1880, enero 19.
Señor doctor Pedro Restrepo U.- Medellin.
Mi querido amigo:- El 21 de los corrientes me separo del ejercicio de mis funciones como Presidente i sigo para el Cauca.
Le toca a usted ponerse al frente de los asuntos públicos del Estado, i me prometo que su tino en el Gobierno i su patriotismo, ejercerán una influencia decisiva en la suerte de Antioquia.
Deseo sinceramente el engrandecimiento de mi patria adoptiva i espero para ella del patriotismo de sus hijos el afianzamiento definitivo del réjimen liberal i de sus instituciones.
Para conseguir esto, pienso que todo lo que se haga por la concordia de la familia liberal del Estado, será a favor de la estabilidad del Gobierno, de la paz i del trabajo.
Los precedentes del partido liberal de Antioquia son conocidos i sus triunfos en el año pasado no deben ser estériles.
Antioquia i el pais entero tienen derecho a esperar del Jefe de este Estado la enerjía i el tino suficiente para que la reaccion no vuelva a mostrarse amenazadora en su territorio.
Doi a usted mi cordial despedida: deseo que su Administracion se cuenta como uno de los triunfos i de las glorias del partido liberal del Estado, i no dude usted ni un momento de que el dia de otra prueba solemne, me tendrá Antioquia a su lado en defensa de sus fueros.
Su amigo afectísimo.- (Firmado) TOMAS RENJIFO.
III
Esto sucedía el 22 de enero. Desde La Ceja le habíamos ordenado al telegrafista de aquella poblacion le comunicara al Jeneral Renjifo íntegramente la hoja consabida del señor Restrepo: ya era tarde para trascribírsela de Pácora, pues el 21 se habría puesto en viaje el Jeneral Renjifo. Se le advirtió al telegrafista de Pácora que hasta no recibir la orden del jeneral Toro o nuestra, detuviera en la oficina los telegramas inesperados; i convencidos de que la causa radical estaba decididamente perdida en Antioquia procediendo el Jeneral Renjifo así, nos apresuramos por llegar a Salamina.
Allí estaba de guarnicion el batallon Códova: eran jefes de aquel cuerpo los señores Cándido Tolosa i Juan N. Aguilera. Nos esperaban en las orillas del San Lorenzo. El Jeneral Toro no pudo hacer la marcha a nuestro paso i le habíamos dejado atrás.
EL Corornel Tolosa i el Mayor Aguilera, informados ya de aquellas comunicaciones telegráficas, nos esperaban con anhelo angustioso, i esta fue su esclamacion al abrazarnos:
-Todo perdido al fin para la causa radical, porque el proyecto acordado con el señor Jeneral Olivares en Medellin; no era realizable ya, por razones que alcanza el lector: tanto de ese proyecto debía conocer a tales horas el señor Restrepo como nosotros mismos.
Bravo batallon Córdova, lujo del Ejército de Antioquia, formado de valientes, de invencibles soldados del radicalismo! Su contento i entusiasmo al recibirnos, confirmó nuestra esperanza. El Coronel Tolosa le hizo saber al señior Jeneral Toro. Oyéndolo nosotros, que ni los oficiales ni los soldados que estaban bajo sus órdenes se sometieran al Gobierno del señor Restrepo U., i entonces persistimos en instancias ya de anetemano hechas al jeneral Toro en el camino de Pácora a Salamina, i le hablamos así:
-Póngase usted al frente de la revolucion radical, ayúdela i escúdela con su nombre., i le respondemos a usted de victoria. De ese modo, si el Poder Ejecutivo nacional la combate, atropellador de la Constitucion una vez más, seremos invencibles, con el apoyo de los radicales del resto de la Nacion, o sin él.
-Lo pensaré, hai que meditarlo, se necesita preverlo todo, es una responsabilidad gravísima... replicaba el Jeneral Toro en sustancia, contrastando la linfática lentitud de su discurso i el pesado sueño de su espíritu con nuestra impaciencia i ardor.
El bostezaba en quietud absoluta, i nosotros sentíamos el suelo bajo los pies, i fiebre en el corazon, contando los momentos valiosísimos que se perdian.
A Tolosa i Aguilera los contristaba esa lucha; pero sabíamos que los dos estaban resueltos a ser fuertes ante toda contrariedad.
Por último le dijomos al Jeneral Toro:
-Si no se escribe ahora mismo a Medellin comunicándoles a los nuestros la manera de proceder para evitar que el parque caiga en poder del señor Restrepo i los suyos, irrevocablemente perdidos estamos, i mucha sangre liberal costarán estas demoras.
Así convino en que escrbiéramos. Pocos momentos despues le presentamos escrita la comunicación, que el plan trazaba i órdenes precisas contenía para los Jefes radicales en Medellin entre ellos contábamos aún al señor José W. Vegal! A las tres de la tarde el 22 de enero estuvo escrita aquella comunicación, que el Jeneral Toro i nosotros debíamos firmar. El posta estaba listo i sólo esperando, a fin de ganar minutos en su rápido viaje a medellin; i desde aquella hora hasta las 9 de la noche, el Jeneral Tamayo meditó leyendo la nota, releyéndola y tornándola a leer en silencio, en clama canonical, i al fin salimos porque aquello era insufrible.
Le ordenó despues a su Ayudante Santiago Camacho que le cambiara por otra intespestiva, estraña sobre recoleccion de unas armas que de ciertos distritos debian conducirse a Medellin, i eso se lo entrego al posta (ya dudamos si sería solamente eso, o tambien algo que contrariara la revolucion), i el posta salio de Salamina el 23 a las nueve de la mañana.
De lo que acabamos de referir son testigos presenciales el señor Jeneral Tolosa, el Coronel Aguilera, muchos oficiales del batallon Córdova, i nuestro Secretario, el señor Horacio Jiron.
El 23, nada prometía aún el jeneral Toro. “Pensaré, en Manizales se resolverá,” eran sus palabras i promesas únicas al salir de Salamina, i lentamente i en meditacion profundísima quiso hacer el resto del viaje que a duras penas lográbamos precipitar un tanto, sin dejarle atrasado, porque comprendiamos que si tomaba eso a desaire, habría de sernos más difícil ganarle despues para la empresa salvadora de la causa radical en el Estado.
Pero antes de marchar a Salamina, ya convencidos los señores Tolosa i Aguilera de que no era cordura contar con el Jeneral Toro, firmaron con nosostros una carta para los señores José Herrera O., Ricardo M. Restrepo, Jefe del “Libres de Cundinamarca,” i el señor Cuartas sustituyendo así, de alguna manera, la nota que el Jeneral Toro creyó inconveniente enviar. Quedó acordado con los Jefes del battallon Córdova, que iriamos precipitadamente a Manizales para regresarnos tan
luego como hubiésemos dirijido a ciertos Estados de la Union, i al Cómite radical de Bogotá, avisó de lo que había sido forzoso determinar; esto despues de las conferencias urjentes con los señores Mario Arana, Víctor Cordovez i Lázaro F. Lince en aquella ciudad. I todavía fiábamos –vana insistencia!- en que el jeneral Toro quería mostrarse a la altura de su posiscion i apto i resuelto en tan escepcionales circunstancias.
El batallon Córdova debía esperarnos en Salamina, a no ser que se hiciera preciso aproximarlo a Medellin, en cuyo caso nosotros lo alcanzaríamos indefectiblemente antes de combatir en esa ciudad.
IV
A dos leguas de salamina, en alto de “El Manzanillo” encontramos al Jeneral Ricardo Gaitan con el Coronel Benigno Raga i otros Jefes i Oficiales; iba de la frontera hacia el centro. Por ellos supimos cómo el Jeneral Renjifo, insensible a toda súplica i a todo linaje de reflexiones, había salido ya del Estado de Antioquia.
Vimos por primera vez ese dia al señor Jeneral Ricardo Gaitan, i despues de oirle i escucharnos él, i de admirar el acierto i entereza con que juzgaba de la situacion, le estimamos en cuanto vale- i mucho- para la causa liberal.
Denodado, inflexible perspicaz, culto i apuesto, bien estuvo i estará siempre en sus manos la bandera de los lidiadores por la República.
La conferencia que allí tuvieron el Jeneral Toro i él, produjo en el ánimo de Gaitan la conviccion de que no debíamos confiar en lo que pudiera Toro hacer en defensa del radicalismo, i que el plazo que exijia paea decidirse, era meramente una moratoria inútil, acaso táctica en el concepto del indeciso Jeneral, pero funesta para nosotros i la causa que defendiamos.
No mas que un hombre, un hijo de Antioquia, pero hombre de verás, necesitábamos i buscábamos a fin de evitar se dijera que por ambiciones personales haciamos la revolucion. Un hombre así, en lo de personificar al radicalismo antioqueño i servirle de Jefe, faltó entonces i falto despues, i faltaria hoi; por eso, mui contra nuestra voluntad, i sin que nos fuera evitable al fin en modo alguno, aceptamos la Jefatura civil i militar del Estado durante la revolucion.
Entre el Jeneraal Gaitan i nosotros quedó acordado lo que acordable era hasta ese momento.
Llegamos a Manizales el 24, i al dia siguiente circulaba la publicacion que se inserta en seguida, fiel memoradora de los sucesos a que hizo referencia, interpretando al propio tiempo la opinion i voluntad de los buenos liberales del Sur: