4 Design of a Property Valuation System
4.4 A Procedure for the design and implementation of the system
4.4.3 System Design
En 1825 se inauguraba la línea férrea que Stephenson había construi- do entre Darlington y Stockton, una vía de comunicación que Córdoba no conocería hasta 45 años después, algunos días antes de la fundación del pueblo de San Vicente de Paul. En 1853 era nombrado Prefecto del Sena el barón Georges-Eugène Haussmann, quien llevaría a cabo una radical reconfiguración de la capital francesa, cuya tipología genérica habría de llegar en fragmentos a los nuevos barrios pericentrales y a ignotos asentamientos del interior provincial. Un año antes, París había visto los primeros tranvías de tracción a sangre –los eléctricos apare- cieron en Berlín, en 1879-. Casi al mismo tiempo en que San Vicente empezaba a insinuarse como caserío, en 1871, Chicago era virtualmente destruida por un incendio, reflejado sin dilaciones por la prensa cor- dobesa gracias al flamante telégrafo. 1883 veía fallecer en Londres a Karl Heinrich Marx –que en 1867 había publicado el primer volumen de “El Capital”- y poco antes, en la misma ciudad, William Morris definía visionariamente a la arquitectura68 en una conferencia –“The prospects of architecture in civilization”- y anticipaba en 120 años la noción de sustentabilidad incorporada al diseño.
“La arquitectura abarca la consideración de todo el ambiente físico que rodea la vida humana. No podemos sustraernos a ella mientras for- memos parte de la civilización, ya que la arquitectura es el conjunto de las modificaciones y alteraciones introducidas en la superficie terrestre a la vista de las necesidades humanas, a excepción sólo del puro desier- to. No podemos confiar nuestros intereses dentro de la arquitectura a un pequeño grupo de hombres instruidos, pedirles buscar, descubrir, fraguar el ambiente donde después tendremos que estar nosotros, y maravillarnos de cómo funciona, tomándolo como algo ya hecho. Esto, por el contrario, es tarea nuestra, de cada uno de nosotros, que tiene que cuidar y guardar la justa ordenación del paisaje terrestre, cada cual con su espíritu y sus manos, en la parte que le corresponde”.
En 1886, Frédéric-Auguste Bartholdi, con la imprescindible cola- boración de Eugène Viollet-le-Duc y de Gustave Eiffel, terminaba la colosal escultura “La Libertad iluminando al mundo”, obra que inaugu- raba una nueva categoría de complejidad en el espacio, por su escala 68 En el tomo I, páginas 230 y 232, de la obra de Leonardo Benevolo (1963).
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y por la forzosa interacción de campos de conocimiento disímiles69. En 1889 se abría en el campo de Marte la Exposición Universal de París70 con su efigie emblemática, la torre Eiffel, cuyo autor también habría dejado su impronta en San Vicente, en la popular “casa de fierro” de la calle San Jerónimo. El mismo año, Camilo Sitte se pronunciaba sobre la planificación urbana en su libro “El arte de construir la ciudad”71, enarbolando como escudo y ariete, tal como Morris, el estandarte de una civilización victoriosa y en expansión.
“No se puede empezar el plano de un núcleo urbano con preten- sión artística sin tener una idea precisa de lo que debe llegar a ser, de los edificios públicos y plazas de que debe ser dotado... Solamente así será posible componer un plano adecuado a la configuración del suelo u otras circunstancias locales, que permita un desarrollo artísti- co del barrio proyectado (...). Solamente en las realizaciones urbanís- ticas parece razonable trazar un plano regulador sin un determinado programa, y es natural, dado que no se tiene ninguno, dado que no se tiene idea alguna acerca del futuro desarrollo del nuevo sector. La subdivisión del terreno en cuadrados iguales todos es la sorprendente expresión de esta incertidumbre. Quiere decir: seremos capaces de construir algo práctico y bello, pero no sabemos qué. Nos conviene renunciar al estudio de este tema que no está planteado en todos sus términos y dividir rápidamente la superficie de un modo geométrico y elemental para poder comenzar rápidamente a vender el terreno por metros cuadrados.
Para comprobar la absoluta falta de programa de esta repartición geométrica, citemos la división en lotes en gran escala de los Estados de América del Norte. Se dividió (...) con líneas rectas según los grados de longitud y latitud (...), puesto que América no tenía un pasado tras sí (...). Para América, para Australia y para otros países de nuestra civi- lización este sistema puede servir para la construcción de una ciudad. Cuando los hombres no buscan sino propagar la especie, no viven sino para ganar dinero, y no ganan dinero sino para vivir, les resulta indife- rente vivir embalados en celdas urbanas como arenques en barril”.
69 Es lo que se desprende de la lectura del artículo de Greg Lynn (1993), bajo el subtítulo Monumentalidad y Multiplicidad.
70 En ella fueron expuestas rocas de las sierras de Córdoba.
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El país y la provincia.
En 1853, mientras Haussmann asumía como prefecto de París, un país que no tenía un millón de habitantes y que venía de desembarazarse de una cruenta dictadura, promulgaba la Constitución en San Nicolás. La provincia de Buenos Aires no participó en ese acto y no sancionaría la Carta Magna –modificada- hasta años más tarde, tras resolverse a formar parte de la Confederación. Refiere Bischoff (1979) que el 6 de febrero de 1870 entraba a Córdoba el regimiento homónimo, de retorno de la triste guerra contra el Paraguay y que pocos días después, el presidente Sarmiento inauguraba en Bell Ville el primer puente de la provincia, que posibilitaría la llegada del ferrocarril desde Rosario –oportuna-mente se había cedido a la Nación una legua de terreno a cada lado de las vías-. El 11 de abril era asesinado Urquiza en San José -la provincia del vencedor de Caseros aspiraba, con la oposición de la de su vencido en esa batalla, a liderar el país-. El 7 de mayo se ponía en funcionamiento el telégrafo entre Buenos Aires y Córdoba y once días más tarde, el Ministro del Interior, Dalmacio Vélez Sársfield, daba la bienvenida oficial a la locomo- tora que encabezaba el primer tren que unía a ambas ciudades72.
Durante el mandato de Domingo Faustino Sarmiento, que había sucedido a Bartolomé Mitre73, el Congreso establecía en la provincia
de Córdoba el asiento de la Capital de la República. Dos meses más tarde, el 15 de octubre de 1871, el sanjuanino inauguraba en Córdoba la Exposición Nacional y nueve días después hacía lo mismo con el Observatorio Astronómico74. El 20 de setiembre de 1880, reunidos en
72 La ingente trascendencia que tuvo la llegada del ferrocarril puede ser medida con los parámetros de la época: doce horas de travesía ferroviaria sustituían a los doce días que insumían las carretas. Luis Rodolfo Frías (1985), cita un artículo publicado por “El Eco de Córdoba”, el 6 de junio de 1866, en el que se felicita a dos troperos que habían recorrido el trayecto en once jornadas.
73 Con mayor rigor, el Congreso propuso la construcción de una nueva ciudad, de dimensiones acotadas de antemano, en las cercanías de la actual Villa María. Tal como lo había hecho años atrás Mitre, Sarmiento vetaría la resolución legislativa. Como refieren Floria y García Belsunce (2001), tras desistir Buenos Aires de convertirse en un estado independiente –decisión en la que mucho pesó la presión británica-, se suceden un sinnúmero de episodios e intrigas que forman parte de una hábil estrategia para conducir los destinos del país. Una de las maniobras más nefastas para el Interior, fue la atribución acordada a la ciudad portuaria para retener los derechos de exportación de todas las provincias.
74 La comitiva presidencial incluía al Ministro del Interior, Dalmacio Vélez Sársfield, y al de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Nicolás Avellaneda –que sucedería a
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Belgrano, los parlamentarios sancionaban la Ley 1029 –que sería promul- gada un día después-, cuyo artículo 1º decía: “Declárase Capital de la República al municipio de la ciudad de Buenos Aires bajo sus límites actuales”75. En 1884, la Ley 1420 atribuía al Estado la responsabilidad de
la educación básica –primaria- y la definía como obligatoria, gratuita, co- mún y laica.
En 1868, según refiere Lucas Viano76, se había formado en la capital provincial la logia masónica “Piedad y Unión”, cuya influencia en el devenir político de Córdoba -y del país- y su estrecha relación con el liberalismo simulan ser innegables, si se tiene en cuenta que Del Campillo, Juárez Celman, Marcos Juárez, Luis Revol, Figueroa Alcorta y del Viso, entre otros, fueron miembros destacados de la asociación. La aparición de la logia y la adhesión de personajes tan conspicuos provocó un verdadero cisma so- ciorreligioso que quedó reflejado en las páginas de los periódicos77.
Hasta mayo de 1871 era gobernador de Córdoba Félix de la Peña, quien fue reemplazado, argucias políticas mediante, por un correligionario con- servador, Juan Antonio Álvarez. Al parecer, no sería sino hasta 1877, con el advenimiento de Antonio del Viso, que el liberalismo alcanzaría el po- der en la provincia. También en 1871 iniciaba sus sesiones la Cámara de Senadores, con 22 representantes, uno por cada departamento.
El 17 de agosto de ese año, una ley nacional disponía la creación de una ciudad en las inmediaciones de Villa María, de no más de 225 Km2, denominada Rivadavia, para establecer allí el gobierno de la República. El veto de Sarmiento daría por tierra con dicha ley y con las esperanzas de un traslado alternativo de la sede a la ciudad de Córdoba. Estas disposiciones y acontecimientos fueron interpretados y reflejados de diversas maneras por la prensa y por los gestores inmobiliarios y sentaron una huella indele- ble en el espacio urbano, pues es imposible desligarlos del cúmulo de mo- tivaciones que darían lugar a la aparición de los nuevos barrios-pueblo.
Al Sur del Paseo Sobremonte, después de un sinnúmero de vicisitudes, se inauguraba la Exposición Nacional y el 24 de octubre sucedía lo mismo con el Observatorio Astronómico. La trascendencia de ambos edificios y el relieve de las ceremonias y comitivas presentes, provocaron una concu- rrencia masiva que por primera vez trasponía la ronda fundacional –fuera
Sarmiento-, así como a los embajadores de Bolivia, E.E.U.U. y España.
75 Véase Floria y García Belsunce (2001), tomo II, página 129.
76 En “La Voz del Interior”, 30 de julio de 2006.
77 En respuesta a las acusaciones de “masón” que se le hacía desde otros órganos de prensa, el semanario “La Carcajada” acostumbraba encabezar algunos de sus números con vivas al Papa y a la “Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana”.