2 Knowledge Discovery in Geographic Information Science
2.3 Spatial Data Mining
2.3.2 Techniques
barrio. Para ello se erigió un formidable terraplén, de altura variable y de unos 1000 m de longitud, desde el actual emplazamiento del Club Gene- ral Paz Juniors hasta el puente Maldonado, cuya misión era impedir los desbordes del río 105. El sector se desarrolló con brío y construyó sedes para algunas instituciones propias (como su pequeña iglesia, en Zuviría y Álvarez de Arenales), lo que sumado a su particular paisaje, contribuyó a otorgarle una imagen tan autónoma como la que sugiere su toponimia. Como ha sido habitual en emprendimientos de aquellos años, la plaza (que en la concepción “higienista” de la época asumía el rol de “pulmón verde”) era sustituida por un retiro obligatorio de la línea de edificación, que se destinaba a la vegetación. Por esta razón, “Juniors” ofrece un panorama de jardines aledaños a sus calles, de soportales, de galerías y de tejados 106. Además, sus anchas veredas se dividen en una senda embaldosada y en una larga franja de árboles y césped, interrumpida por las entradas a garages. Un comentario muy similar le cabe al sector conocido como “barrio Patria”, si bien las laderas empinadas de las ba- rrancas originales le confieren rasgos panorámicos propios. Indiferencia- do en sus lineamientos generales y sin recintos comunes destacados, la calidad del espacio público de estos sectores es en buena medida una consecuencia de esfuerzos privados mancomunados por la normativa.
El referido terraplén dio pie para un uso diferencial del suelo en con- tigüidad con el río, en el arco que éste describe tras pasar por debajo del “nudo Mitre”. Allí se trasladó el Club General Paz Juniors, desde su sede en la avenida 24 de Setiembre 107. Sus instalaciones representan no sólo la pujanza de una gestión surgida desde la comunidad, sin injerencia oficial alguna, sino también una capacidad económica de los pobladores ya afianzada y en crecimiento. A su vera se levantaron en la década del
105 Aun así, las inundaciones han sido frecuentes y en algunos casos, catastróficas, por ser “Juniors” el área de drenaje de una cuenca que comprende parte de Alta Córdoba, Pueyrredón, Yapeyú y General Paz, con lo que está sometido simultáneamente a los caudales fluviales y pluviales.
106 Este panorama no es excluyente, ya que las cotas más altas, cercanas a las calles Rosario de Santa Fe y Bahía Blanca, fueron ocupadas desde antes de la construcción del terraplén y es raro apreciar jardines delanteros en estos casos. En cambio, la tipología de aceras es similar a la del resto del sector y, como dato curioso, hay un edificio en altura, sobre la calle La Plata, que con pocos atractivos descuella entre viviendas de una y dos plantas. También se ha construido un solitario edificio en altura en “Patria”, sobre la calle México.
107 Es de señalar que el sector estaba reservado desde la gestión de Emilio Olmos para albergar a la Ciudad Universitaria (sólo alojamientos, según el modelo de la Cité Univer- sitaire de París).
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’50 los “monoblocks”, sendos pabellones residenciales de cuatro plan- tas, que unos cuarenta años más tarde vieron atenuada su discordancia con las tipologías barriales cuando el Instituto Provincial de la Vivienda construyó a su lado las “torres de Juniors”, un conjunto de gran altura que aloja cerca de quinientos departamentos. En el mismo terreno se erigió el colegio Cornelio Saavedra y en la manzana residual situada al Oeste, la Agencia Córdoba Ciencia (el ex Conicor). Extrañamente, todos estos edificios, incluido el vecino y mucho más antiguo Hospital Neurop- siquiátrico (de 1890), son exentos 108. Este carácter, sumado a la singu- lar conexión intraurbana que representa el intercambiador vial Mitre, confiere al sector, como se adelantara, una dinámica y representatividad polares, que con las que ha generado el parque José María Paz y su pe- riferia, al Norte del barrio, contrabalancean la influencia centrípeta que hasta hace pocos años detentaba el eje 24 de Setiembre.
Las instituciones oficiales.
En oposición a aquellos establecimientos privados de enseñanza pioneros, las escuelas públicas aparecieron más tardíamente y en edi- ficios mucho más modestos. Como las clases más pudientes y católicas confiaban a las instituciones religiosas la educación de sus niños, por re- gla general el Gobierno buscaba resolver las necesidades de quienes no tenían cabida en aquéllas y para ello alquilaba residencias más o menos apropiadas. Así fue que nacieron las escuelas para “hijos de obreros”, una de las cuales fue el primer establecimiento público del barrio. Esta mecánica habría de perdurar hasta la construcción de la Escuela Ramón J. Cárcano (originalmente, para niñas), sobre la calle Viamonte, a la que circundan modestos jardines y patios que no llegan a ocupar la totali- dad de la manzana. La Escuela Santiago de las Carreras, en cambio, se instaló en una casona del siglo XIX, en la esquina sudoeste de 24 de Setiembre y David Luque, y de no ser por su nombre, colocado sobre el ingreso, se haría difícil suponer la actividad que alberga. De todos modos, la relativa modestia de la arquitectura institucional que siempre caracterizó a la provincia y a la comuna (en contraste abismal con la escala y la calidad de la arquitectura pública porteña), perduró incluso en realizaciones mucho más pretenciosas, como el Colegio Agustín Gar- zón Agulla, que pierde buena parte de su singularidad al compartir su
108 En el caso de los “monoblocks”, hay una manifiesta displicencia en el tratamiento de las fachadas de los extremos, que de no ser por una columna de ventanucos, poseen una expresión semejante a la de los muros medianeros.