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Juegos de la edad tardía, El mágico aprendiz, El guitarrista y Hoy, Júpiter son

nuestras cuatro novelas clave. Con ellas nos proponemos examinar “el lenguaje como vida en la narrativa de Luis Landero”. Cada una de ellas parece encender una misma luz, pero con una irradiación distinta: decirnos que para “poner en obra la verdad es preciso expulsar lo habitual y lo que se tiene por tal, e impulsar lo extraordinario”22. Las acciones de los personajes irán descubriéndonos el anverso y el reverso de sus vidas.

22"El poner en la obra la verdad impulsa lo extraordinario a la vez que expulsa lo habitual y lo que se tiene por tal” (Heidegger, 1992: 90).

Caballeros de fortuna, ¿Cómo le corto el pelo, caballero y Retrato de un hombre inmaduro operan como cuadro de referencia para nuestro análisis. Entre líneas: el cuento o la vida nos permite anticipar una poética del autor. Luego, hay una serie de textos no publicados

en libros, sino en formato digital o en periódicos: muchos también aparecerán oportunamente referidos.

Con Juegos de la edad tardía y El mágico aprendiz estudiaremos los juegos del lenguaje. Para comprender las reglas del juego del lenguaje, definiremos primero la esencia y significación del juego. Deliberadamente hemos elegido examinar las reglas del juego en

Juegos de la edad tardía, puesto que, en primera instancia, esta novela nos permitirá

comprender que el juego del lenguaje es una forma de vida, y que ese intercambio de vida se da entre los interlocutores. Nos interesa comprobar que dentro del campo de juego de ese mundo provisional existe un orden propio y absoluto, que lleva al mundo imperfecto y a la vida confusa, una perfección limitada. Juegos de la edad tardía confirma que las reglas de juego son obligatorias y que en cuanto uno de los personajes las traspasa, se deshace el

mundo del juego. “El silbato del árbitro deshace el encanto y pone en marcha, por un

momento, el mundo habitual” (Huizinga, 1968: 26).

Para Rivas Yanes (1995), “los juegos a los que alude el título se establecen entre dos polos: la realidad y la ficción” (1995: 810). La novela nos dejará entrever que todos los juegos del lenguaje conservan una estructura dual, puesto que la palabra de Landero tiene la maestría de revelarnos la simultaneidad de dos planos de realidad que, lejos de anularse –como la realidad y la ficción–, se atraen y vigorizan.

Juegos de la edad tardía no solo es la novela que da a conocer la maestría de Luis

Landero, sino que en ella aparecen por primera vez varios juegos del lenguaje, esenciales para comprender la poética del afán. Ellos son: el juego del nombre y del seudónimo, el de la verdad y la mentira y el del éxito y el fracaso.

Con El mágico aprendiz nos detendremos en la palabra poética (la poesía parece un juego); nos demoraremos en oír las conversaciones y comprobar la interacción vital, que se produce en los diálogos. También la vida, en esta novela, se nos presentará como un relato en busca de narrador: analizaremos, por tanto, la identidad narrativa.

Esta tercera novela en la producción literaria de Luis Landero nos dejará comprender que contemplar una vida que se está haciendo es la ocasión perfecta para advertir su correspondencia con un lenguaje, que es también fluyente, diferido... Todo está a medio hacer: la vida y la palabra. Si las cosas están a punto de pasar y no pasan, es porque las palabras no terminan de pronunciarse, y la vida está en mitad del juego.

La vida comienza con una palabra generadora. No todas las palabras que se emiten son fecundas, hay palabras estériles y fértiles. Entre estas últimas, hallamos las especiales, las

palabras poéticas que ponen en obra la verdad. Para Heidegger, “en lo existente y habitual nunca se puede leer la verdad. [...] La verdad como alumbramiento y ocultación del ente

acontece al poetizarse” (1992: 86). Y al respecto, señala Gianni Vattimo

:

“el concepto

heideggeriano de obra como puesta por obra de la verdad me parece significativo porque abre el discurso en la dirección del carácter temporal y perecedero de la obra de arte en un sentido

que siempre fue ajeno a la estética metafísica tradicional” (2000: 59). Y subraya Vattimo que

en el escrito de Heidegger Sobre la esencia de la verdad se formulan dos significados de lo verdadero: “lo verdadero como conformidad entre la proposición y la cosa, y lo verdadero

como libertad, es decir, como apertura de aquellos horizontes en los que cualquier adecuación se torna posible; entre estos dos sentidos, sin duda alguna, es justo privilegiar al segundo” (1995: 36). Como aclara Vattimo, no es más que “un modo distinto de formular la doctrina de los juegos lingüísticos de Wittgenstein: lo verdadero-conforme (verificado de acuerdo con las

reglas de cada uno de los juegos)” (1995: 37). Y es significativo al respecto, el señalamiento

de Heidegger: “que nuestra existencia sea en el fondo poética no puede, en fin, significar que sea propiamente solo un juego inofensivo” (1992: 108).

Advierte Leocata que a veces el lenguaje poético suple equívocamente la carencia de

un verdadero aliento teorético y este “es uno de los signos de la fragmentación cultural que marca el mundo actual” (2003: 229).

La novela El mágico aprendiz nos concede plantear, claramente, una dicotomía:

“Donde hay habla puede haber mundo vs. donde no hay habla no puede haber mundo”, puesto

que: “Solo hay mundo donde hay habla” (Heidegger, 1992: 103) y “El ser del hombre se

funda en el habla; pero esta acontece primero en el diálogo”(Heidegger, 1992: 104).

En síntesis, tomando en cuenta todas las consideraciones expuestas, las tesis de Heidegger que nos interesan en función de la novela son: a) que el arte pone en operación la verdad dinámica de los entes; b) la caracterización de la poesía como un diálogo y c) que la

poesía se muestra en “la forma modesta del juego” (Heidegger, 1992: 100).

Quizá nada resuma mejor la novela El mágico aprendiz que afirmar que se ocupa de la inminencia, desarrollo y finitud de la palabra dicha y silenciada, y con ello, del mundo que se crea o se niega. Pero lo más significativo es el espacio de lo sugerido, la palabra que asoma a los labios y desaparece en el aire como un suspiro.

Esta novela El mágico aprendiz está atravesada por el arrojo y la cobardía para hablar. Lo mismo podríamos aplicar a varios personajes de otras novelas de Landero. Pero en esta advertimos que no poder hablar no es solo un reflejo de timidez; sino que implica la imposibilidad de asumir el papel al que toca darle vida. Recordemos que para Heidegger (1992: 23) solo hay conciencia en cuanto existe la posibilidad del habla y, por lo tanto, de crear el lenguaje.

En El guitarrista y Hoy, Júpiter estudiamos los juegos de roles. En la última, sistematizamos las relaciones de sujeto-objeto; adyuvante-oponente y destinador-destinatario; abordamos el estudio de los actantes, actores y roles y examinamos la correlación de acción y discurso.

Si bien todas las novelas de Landero dan testimonio de que hablar es actuar y que actuar es hacer que algo sea, suceda, en Hoy, Júpiter hemos encontrado la clave para la

exégesis del “gran teatro del lenguaje” (2007: 321): el lenguaje es inseparable del juego de roles. La acción es el motor de la fábula y los actantes solo se definen en función de ella.

Si a la acción le precede la palabra que la hace posible; a la acción le sigue también la palabra. La palabra es el motor que alimenta las relaciones, el que las hace posibles y genera los cambios.

Elegimos Hoy, Júpiter, puesto que en ella se evidencia rotundamente la dicotomía entre ser un hombre de letras o vivir el sueño de la vida, que se plantea como el gran juego del lenguaje que estructura todos los movimientos emprendidos por Tomás.

En El guitarrista estudiaremos la máscara y el juego. Estableceremos varias asociaciones con la poética de Pirandello, entre ellas, la que alude a los sujetos múltiples, fragmentados y unitarios. En Sei personaggi el Padre sostiene que: “cada uno de nosotros se

cree «uno», pero que no es cierto: es «tantos» señor, «tantos» según las posibilidades de ser

que existen en nosotros” (Pirandello, 1980: 68-69). Esta concepción cala profundo en el hipertexto landeriano.

Para estudiar el significado de la máscara procuraremos librar el origen teatral de la palabra persona; recuperar el salto del teatro a la metafísica; interpretar la concepción nietzscheana de la máscara; analizar la fragmentación del ser y, por último, declarar una nueva ontología.

Elegimos El guitarrista puesto que la trama amorosa es un largo período hipotético, que bien podría enlazarse con la teoría de los mundos posibles de Thomas Pavel; pero, sobre todo, porque en ella subyace una ontología directamente relacionada con la descripción teórica de un universo tan posible como imposible. Los personajes viven, actúan, dentro de

una ficción, y solo dentro de los límites de ella reside la posibilidad; y en ese mundo, las proposiciones son a un mismo tiempo falsas y verdaderas.

Sin embargo, aun con las limitaciones y excesos verbales, el lenguaje es el único capaz de instaurar un mundo. La novela nos habilita a abordar la cuestión del ser vista desde el

lenguaje y nos permite comprender esa “ontología inacabada”(Ávila, 2005: 145), que aparece textualizada en la narrativa de la posmodernidad.

Las novelas landerianas exponen múltiples juegos lingüísticos, que nos confirman que el hablar mismo pertenece a un juego. Con El guitarrista ratificamos que se trata con la realidad en términos lingüísticos y en ella, se interpreta un papel.

En cada novela, Landero “se apresta a decir el argumento de la vida” y ha tenido que

escribir tres para llegar a El guitarrista, la mejor de las suyas, según estima José María Pozuelos Yvancos (2002):

en El guitarrista se le ve ya dominar la escritura de otra forma, se le ve estar incluso por encima del estilo. Landero iba persiguiendo escribir desde su propio yo, como queriendo que su literatura dijera cuánta felicidad (y cuánta lucha) esconde la escritura de la novela cuando se apresta a decir el argumento de la vida. Y en esta novela lo logra plenamente (2002: 32).

Nos interesa insistir en este empeño de “decir el argumento de la vida” porque ello se acopla directamente con nuestro proyecto de investigación.