Methodological issues
8. Work Experience and Part-Time Work
8.2 Differences between part-time work and work experience
Siel encuentro que se da entre estos dos personajes es en un nivel que sobrepasa la razón y que involucra el sentimiento y el corazón, se hace necesario conocer cómo llegan éstosdos cuando se encuentran para dialogar. Cómo llegan interiormente, espiritualmente, sentimentalmente171.
168Ibíd, p. 388 169Ibíd. 170Ibíd, p. 391.
171Con la palabra “sentimentalmente” no pretendo hacer alusión aquí a su estado de enamoramiento, sino que pretendo, siguiendo lo que esta palabra lleva tras de sí en Rousseau, conocer el estado real de su ser interior cuando entre ellos dos surge el diálogo.
Es claro que el joven es quien se encuentra en un estado mayor de indefensión y vulnerabilidad. Había huido de su patria y cambiado de religión para poder comer. Por tal razón, afirmaba haber recibido las dudas que no tenía y aprendido el mal que desconocía. Oyó dogmas nuevos y vio costumbres nuevas que estuvo a punto de imitar. Huyó hasta que, estando reducido a su última miseria, sufriendo todo tipo de penurias físicas que lo habían conducido incluso al punto de llegar al crimen, conoció a un eclesiástico que se ofreció ayudarlo.
El retrato que Rousseau nos ofrece de este joven es bastante particular. Es un joven que no duda renunciar a su fe para poder comer, algo que claramente muestra que no practicaba su religión con el mismo fervor que por aquel tiempo lo hacían sus conciudadanos. Ahora bien, aunque no la viviera con el entusiasmo que debía según las costumbres propias de su fe, sí sabía algo y es que en su primera religión no conocía el mal. El mal y la duda los conoció cuando adoptó su nueva fe. “Al instruirle sobre la controversia le dieron dudas que no tenía, y le enseñaron el mal que ignoraba”172. Este joven, que no sólo debe sortear las necesidades propias de la indigencia, ahora debe luchar en su interior para evitar hacer el mal que le enseñaron. En este estado se encuentra con el vicario, quienen un primer momento lo ayuda de tal manera que el joven, ante un atisbo de fortuna huye de su lado para volver nuevamente al poco tiempo comprobando que fue una mala idea haber huido del lado de aquel buen sacerdote.
A los ojos del vicario este joven llegaba a su lado con el corazón marchitado por la mala fortuna, con el ánimo abatido por el oprobio y el desprecio y con el orgullo trocado en amargo despecho que sólo le mostraba la injusticia y la dureza de los hombres. Pero quizás, lo que más le sorprendía al vicario, era comprobar que el joven
había visto que la religión sólo sirve de máscara al interés y el culto sagrado de salvaguarda a la hipocresía. En la sutileza de las vanas disputas había visto el paraíso y el infierno puestos por premio a juegos de palabras; había visto la sublime y primitiva idea de la divinidad desfigurada por las peregrinas imaginaciones de los hombres, y deduciendo que para creer en Dios había que renunciar al juicio que se había recibido de él, en el mismo desprecio metió nuestras ridículas ensoñaciones y el objeto a que las aplicamos; sin saber nada de lo que existe, sin saber nada sobre la generación de las cosas, se sumergió su necia ignorancia con
un profundo desprecio por todos los que pensaban que sabían de ello más que él. 173
El vicario veía en el joven un reflejo de lo que pudo haber sido su vida si no fuera por la religión que él practicaba mediante su fe. Sabía que algo se podía hacer por él antes de que la incredulidad y la miseria lo llevaran a adoptar las costumbres de un pordiosero y la moral de un ateo174. “El sacerdote vio que sin ser ignorante para su edad, había olvidado todo lo que le importaba saber, y que el oprobio a que lo había reducido la fortuna ahogaba en él todo sentimiento verdadero del bien y del mal”175. El vicario más que nadie sabía que “el olvido de toda religión lleva al olvido de los deberes del hombre”176 y antes de que el joven olvidara del todo su religión, él podía ayudarlo con su testimonio. El vicario podía llevar al joven a acercarse nuevamente a Dios sin necesidad de renunciar a su razón como éste creía, sino precisamente a través de ella. Para el vicario era claro que a Dios se le conoce y se accede por medio de la razón, pero no únicamente a través de ella, sino con la mediación indispensable del sentimiento. El vicario quiere ayudar, pero ¿en qué estado llega él internamente al momento de encontrarse conel joven?
El vicario era pobre. Eso es lo primero que se nos dice de él. “Necesitaba de todo el mundo”177, señala tajantemente Rousseau en su relato. Por una aventura en su juventud había perdido el buen favor de su obispo y por tal razón había tenido que partir de su país
173Ibíd, p. 391. 174Cfr. Ibíd. 175Ibíd, p. 393. 176Ibíd. 177Ibíd, p. 389.
en busca de lo que allí carecía. Poseía ingenio y letras, prefería la pobreza a la dependencia e ignoraba cómo hay que comportarse con los grandes. Su única ambición era recuperar el favor de su obispo para así obtener un curato en las montañas donde pasar sus últimos días. Su alma había permanecido con toda su energía por una vergüenza nativa y un carácter tímido, que junto con el asco, le hacían de virtud para conservar su inocencia. Contaba con una probada honestidad entre sus vecinos y un discernimiento tan seguro, que muchas personas preferían que el dinero de las limosnas pasara por sus manos antes que por las de los ricos párrocos de las ciudades. En una palabra, a los ojos del joven, del mismo Rousseau, el vicario, “salvo el yerro que en otro tiempo había causado su desgracia y del que no parecía del todo corregido, su vida era ejemplar, sus costumbres irreprochables, sus palabras honestas y juiciosas”178. El vicario era, a todas luces, una persona recta, un hombre correcto, digno de escucha y de imitación. El joven, viviendo con él en la intimidad propia que otorga el compartir el mismo techo, “esperaba con curiosa inquietud el momento de saber en qué principio fundaba él la uniformidad de una vida tan singular”179.
2. 2.1.