• No results found

Differences in support for EU membership in the Czech Republic

3.1 LITERATURE REVIEW

3.1.2 Attitudes toward the European Union

3.1.3.2 Differences in support for EU membership in the Czech Republic

La prescindencia, o la actitud crítica o discutidora ante el Magisterio dogmático, que caracteriza a quienes piensan como Juan Luis Segundo, no es un hecho casual o fortuito; es de principio. Como se desprende de El dogma que libera, Juan Luis Segundo ha descalificado la enseñanza dogmática de la Iglesia y sus órganos, a los que juzga agentes que se oponen a la aceleración de la historia y la retardan. Se salvan, sólo nominalmente, los documentos del Vaticano II, pero no todos, ni en toda su extensión, pues también a ellos se los objeta, se los expurga y se los cita selectivamente, sometiendo los pasajes que no gustan a una fáctica censura por el silencio. Se les reprocha que contengan «fórmulas de compromiso». Se prescinde de lo que, en los textos, fue presuntamente concesión a posiciones conservadoras.

Los motivos de las distancias respecto del Magisterio eclesial de quienes piensan así se hacen, consideradas a la luz de estos textos, estos análisis y estas consideraciones, lógicos y trasparentes. Se comprende que, desde su óptica, todo lo que sucede en la Iglesia, todo lo que diga no sólo el Magisterio, sino también las mayorías, –«meramente numéricas y no cualitativas» al decir de Segundo–, será juzgado desde el punto de vista de su adaptación –o no– a la modernidad.

Por otra parte, llama la atención la vaguedad que reviste este concepto de modernidad. Juan Luis Segundo no lo define y no es posible imaginar a qué se refiere si no es remitiéndose a la pauta negativa de los «hitos»86 que ilustran los ataques al catolicismo y la defensa de éste. Es obvio, en muchas ocasiones, que Juan Luis Segundo está pensando, no en último lugar, en el marxismo.

El Espíritu Santo, motor y animador de la historia salvífica, es sustituido por un impulso intrahistórico, ciego pero de alguna manera astuto, que gobierna la biosfera. Se toma del Magisterio, del Concilio y del dogma –como se verá en el capítulo sexto– sólo lo que parezca útil o compatible a esa visión y a esa «fe» moderna en la Historia.

Notas

1Carlos Lohlé, Buenos Aires 1968. Se trata de ella más en particular en el cap. 11. 2Véase El dogma que libera, pp. 41-42. Nos ocupamos de este aspecto del

pensamiento eclesiológico de Segundo en el capítulo 9.4.

Allí Segundo lamenta que, al intento de distinguir dos iglesias, una visible y otra invisible «salió al paso la encíclica Mystici Corporis de Pío XII, donde se insistía en la

identidad entre Cuerpo Místico de Cristo e Iglesia-institución-visible, sin dejar espacio para una realidad más amplia». Y también lamenta que «una de las corrientes presentes en el Vaticano II desvió la significación obviamente más amplia de ‘pueblo de Dios’, para darle un sentido más restringido, coextensivo a los miembros visibles de la Iglesia Católica».

Segundo considera que «de poco serviría ya ello después de una afirmación universalista

como la de GS 22», que él usa de espaldas a y en contra de LG 14-16, donde se afirma

explícitamente todo lo que Segundo niega en estas dos páginas.

3Difícilmente puede excusarse esta omisión alegando que el aspecto pneumatológico

de la eclesiología es un tema que no interesa al laico, sino a la teología científica o académica. Volveremos a evaluar su eclesiología en un capítulo posterior.

4El dogma que libera, p. 336. Véase la Lumen Gentium, n. 25: el

oficio de enseñar de los obispos (por la predicación); n. 26: el oficio de santificar (por la plenitud del Orden sagrado, la dispensación de los sacramentos y la oración); n. 27: el oficio de regir.

5Lumen Gentium, cap. III “Constitución Jerárquica de la Iglesia y particularmente del

episcopado”, n. 18.

6El dogma que libera, p. 178. 7El dogma que libera, pp. 178-179.

8Como quien tiene autoridad. Véase DS 1501-1504 [783-784]. 9El dogma que libera, p. 179.

10Este disimulo continuo del desacuerdo de fondo tras la administración de acuerdos

medidos y desacuerdos parciales, dificulta aislar las proposiciones opuestas a la verdad de fe y obliga a hacer trascripciones extensas o proceder a análisis tan fatigosos cuanto minuciosos, tales como los que obligadamente se ha debido relegar a Anexos. Aún así, se ofrecerán aquí ejemplos de sus expresiones.

11El dogma que libera, p. 282. 12El dogma que libera, p. 282. 13El dogma que libera, p. 283.

14Esta crítica no es propiamente teológica sino moral. Se reprocha al magisterio el mal

velados. Es el estilo de Smerdiakov, que afligía a Grigori en «La Controversia», una escena de Los hermanos Karamazov.

15El dogma que libera, p. 172.

16Se refiere a la Bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII, del 18-11-1302, y a los

Dictatus Papae de Gregorio VI, que fueron alegados en el Vaticano I por los obispos

opuestos a la definición de la infalibilidad, como casos de error en la doctrina de algunos Papas.

17El dogma que libera, p. 284. Nuevamente presenta Juan Luis Segundo el dogma

como algo que ha de buscar y encontrar el hombre, y no como la aceptación, exposición y reexposición de lo que le ha sido revelado por Dios.

18El dogma que libera, p. 171. 19El dogma que libera, p. 172. 20El dogma que libera, p. 170. 21El dogma que libera, p. 46 y nota 20.

22La expresión misma es despistante porque, tratándose del Papa, no se trata de «un

solo hombre» para quien lo mira desde la fe, y no con mirada naturalista ajena a su

diferencia específica, que es nada menos que la de sucesor de Pedro. Éste es un asunto de fe obvio para el creyente, a quien jamás se le ocurriría considerar al Papa como un

hombre cualquiera. Juan Luis Segundo está razonando aquí al margen de la fe.

23Juan Luis Segundo omite el San Pío X. Este Papa fue canonizado, y no en último

lugar, por su Magisterio. Ignorar el acto canónico por el que la Iglesia declaró su santidad, es ignorar un hecho teológico de primer orden. La santidad declarada de un Papa cubre con especiales garantías su doctrina.

24El dogma que libera, p. 331-332. En este texto, Juan Luis Segundo subraya las

palabras esencialmente e inigual, cosa que advierte expresamente entre paréntesis al finalizar la cita.

25Ley del gobierno francés de la que informa el próximo número, pues el conocimiento

de la circunstancia histórica de los dichos del Pontífice hacen al esclarecimiento del verdadero alcance de los dichos que Juan Luis Segundo destaca como escandalosos.

26Vehementer, n. 12.

27El absolutismo de estado ha ensayado múltiples recetas para sujetar a la Iglesia y

someterla a sus fines: Iglesias nacionales, Iglesias «que surgen de la base», etc. En todas ellas se apunta a suprimir la autoridad jerárquica establecida por Cristo y someterla a la ley del poder civil, sea autocrático, sea democrático.

28Es contradictorio que lo mismo que en determinado momento se le retacea a la

Iglesia visible, se le conceda de buen grado a una «Iglesia» más amplia, invisible o anónima, que Segundo, ignorando LG 12-16, cree ver aludida por el Vaticano II en una frase de GS 22, cuyo sentido pliega a favor de su argumentación.

29Lo que está en manos de los pobres, no es una teología cristiana sino simplemente

la fe. He aquí otro ejemplo de cómo, de hecho, Segundo confunde fe con teología.

Confusión de pístis con gnosis que es característica del pensamiento gnóstico de todos los tiempos, como lo ha señalado Hans Urs von Balthasar (Gloria, T. I, Ediciones Encuentro, Madrid 1985, p. 127 y todo el capítulo “Pístis y Gnosis”, pp. 123-132). Lo que tiene el pueblo de Dios es la fe. Y ésta, el pueblo creyente la tiene no sólo como un acto aislado de profesión de fe, sino como comportamiento global, como disposición global del hombre que responde por la gracia a la Revelación que lo interpela. Tiene la fe como la entienden Pablo y Juan. El pueblo de Dios no sólo cree con la fides qua, sino que tiene la

fides quae. Es decir, hace actos de fe, porque es creyente. Su ser creyente es anterior a

sus actos. Así como su ser creyente es anterior a su pensar como creyente. La pístis siempre antecede a la gnosis, a la sofía, la hace ser gnosis. Pero no viceversa. La gnosis no es una antesala de la fe, como una especie de preambula fidei que iluminaría al hombre para que pudiese atreverse a creer, o para que su fe fuese razonable. No es la gnosis la que afirma y confirma la fe, sino la fe la que da firmeza y robustez a la gnosis que viene de ella.

30¿Qué mundo? ¿Qué hombre? ¿Qué Dios?, p. 331, n. 4. Juan Luis Segundo

concede a este intelectual un celo por la libertad del pueblo que no le reconoce a San Pío X en su empeño por defender la libertad religiosa de los católicos franceses.

31El dogma que libera, p. 338.

32Con un esquema dialéctico de percepción de la realidad, Juan Luis Segundo ve

enfrentadas a la teología y el magisterio, con una visión ajena a la visión católica que expone la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe Sobre la vocación

eclesial del teólogo del 24-05-1990. Con el mismo esquema dialéctico, Segundo ve

oposición entre el pensamiento de Pío IX y el Vaticano II. En realidad, Pío IX es un pionero, un profeta que se adelantó a las actuales condenaciones del neoliberalismo.

33El dogma que libera, p. 339. De la tergiversación del pensamiento de Pablo VI que

encierra esta cita ha dado cuenta J. H. Nicolas, cuyo comentario recoge este informe en 2.6.

34Monseñor Mariano Soler, Pastoral sobre El deber de la hora presente, Montevideo

1906, pp. 12-13. La pastoral pasa a continuación a proporcionar esa prueba histórica que no se puede incluir aquí. El Arzobispo reproduce la argumentación de La Civiltà Cattolica del 11 de julio de 1906.

35Pbro. Mariano Soler (futuro arzobispo de Montevideo), Discurso inaugural del tercer

curso académico en el Liceo Universitario, del 1-05-1878, Tipografía de «El Mensajero del

Pueblo», Montevideo 1878.

36Monseñor Mariano Soler, Pastoral Reflexiones sobre la propaganda anticlerical,

Montevideo 1906, pp. 197-198.

37El Dogma que libera, p. 338.

38Que ha sido el método empleado hasta esa altura a lo largo de 150 páginas. A la

base de este método está la oposición dialéctica entre Antiguo y Nuevo Testamento, o entre Antiguo Testamento y Constitución jerárquica de la Iglesia.

39El dogma que libera, p. 182.

40Juan Luis Segundo no concede este mismo mérito al pueblo católico que ha

reconocido y aceptado el Magisterio pontificio y conciliar no sólo con pleno asentimiento, sino con adhesión afectuosa.

41El dogma que libera, p. 179. 42El dogma que libera, p. 179.

43Juan Luis Segundo no concede que lo sea, sino meramente que lo pueda ser. 44El dogma que libera, p. 183.

45Es decir, Juan Luis Segundo. 46El dogma que libera, pp. 182-183.

47Lo cual constituye la columna vertebral de la Constitución Dei Verbum. 48El dogma que libera, p. 183.

49El dogma que libera, p. 183. 50El dogma que libera, p. 184.

51El dogma que libera, p. 184. 52El dogma que libera, p. 42, nota 16.

53El dogma que libera, pp. 318-319. Se refiere a la discusión acerca de las «dos

fuentes» de la Revelación. 54DS 3000-3045 [1781-1820].

55¿Qué mundo? ¿Qué hombre? ¿Qué Dios?, pp. 388-389. Aunque aquí Segundo

encuentra negativa la «mezcla» de filosofía y teología, en otro lugar no sólo la aprueba sino que propende a ella. Pero evidentemente, se trata de introducir otra filosofía y además, de borrar los límites propios de la disciplina teológica. «¿Por qué ‘sumar’

Filosofía a Teología?», en: ¿Qué mundo? ¿Qué hombre? ¿Qué Dios?, pp. 14-42.

56¿Qué mundo? ¿Qué hombre? ¿Qué Dios?, p. 42. 57¿Qué mundo? ¿Qué Hombre? ¿Qué Dios?, pp. 390-391. 58El Misterio del Padre, p. 75.

59En: Acción pastoral latinoamericana. Sus motivos ocultos, Búsqueda, Buenos Aires

1972, 130 pp. Cita en p. 100.

60Acción pastoral latinoamericana. Sus motivos ocultos, p. 87.

61Las evitaciones lingüísticas son habituales en Juan Luis Segundo, y son tan

significativas como sus silencios doctrinales. Aquí, como está en pleno contexto crítico, evita usar las palabras «jerarquía» o «magisterio», para disimular la evidencia –que en otros lugares y ocasiones no se guarda de manifestar– de su oposición directa.

62La apreciación, descalificadora y objetivamente agraviante, de que la muchedumbre

del Pueblo de Dios es «masa» recurre en toda la obra de Juan Luis Segundo hasta el fin, y asimismo su desacuerdo y su juicio negativo, que, en la obra aquí en cuestión, arroja sospechas y acusaciones directas sobre los presuntos motivos de la solicitud pastoral de «las autoridades eclesiásticas que se esfuerzan por mantener a las masas en la Iglesia».

63Numerosos pronunciamientos de obispos latinoamericanos precedieron la

Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación de la Congregación

para la Doctrina de la Fe y motivaron sus razones pastorales. Calificar de «motivo fácil e

injusto» el de una decisión de ese magisterio respecto de algunos teólogos que Juan Luis

Segundo no nombra, es desentenderse de la discusión de los motivos de los pastores y banalizarlos, sin dar posibilidad de discusión ni juicio. Para comprender los motivos de los obispos que Segundo descalifica, consúltese por ejemplo: Monseñor Ricardo Durand Flórez, La Utopía de la Liberación. ¿Teología de los pobres?, Obispado del Callao, Perú 1988, 336 pp.; esta obra es un ejemplo de caridad en el disenso del obispo frente al teólogo Gustavo Gutiérrez. Véase también: Monseñor Alfonso López Trujillo, Teología

Liberadora en América Latina, Paulinas, Bogotá 1974, 197 pp.

64Juan Luis Segundo, «Les deux théologies de la libération en Amérique Latine», en:

Etudes 361 (1984), p. 158. La prohibición de enseñar ha sido siempre nominal y motivada

por las expresiones y doctrinas de cada autor.

65No es eso –sin embargo– lo que está en el primer plano de las críticas del

Magisterio, ni en Puebla, ni en la Instrucción sobre la Teología de la Liberación. El impedimento principal está en que se asume el análisis marxista, pero sobre todo la

necesidad de la lucha de clases. Es lo que le reprocha Monseñor Durand Flórez a

Gustavo Gutiérrez (Op. cit., p. 314). Naturalmente tampoco es indiferente a los Obispos que la «adveniente cultura», que es secularista de alma, barra con la piedad del pueblo católico.

66Juan Luis Segundo, «Les deux théologies de la libération en Amérique Latine», en:

Etudes 361 (1984), p. 158.

67Documento de Puebla, n. 545.

68Acta Romana Societatis Jesu (1980) p. 335, n. 14.

69Este silencio acerca de la función del Magisterio en la Iglesia es otro de los

«silencios significativos» en el pensamiento de Juan Luis Segundo a que este informe se ha referido en el capítulo 1.

70Apologético en favor de la modernidad. 71El dogma que libera, p. 42.

72El dogma que libera, p. 43. 73El dogma que libera, p. 43.

74Decir «todas y cada una» parece excesivo y suena a juicio apasionado. 75El dogma que libera, p. 339.

76Véase en el Anexo III el testimonio del agnóstico historiador y sociólogo belga Leo

Moulin.

77El pensamiento de Segundo deja insatisfecha la verdad histórica que conocen los

habitantes del Río de la Plata gracias al revisionismo histórico. Juan Luis Segundo no toma en consideración cuáles fueron los métodos empleados por la Francia y la Inglaterra del «humanismo generoso» en nuestra Guerra Grande, en el bloqueo del Río de la Plata, en el sofocamiento del desarrollo económico de estas incipientes naciones y en la explotación mercantil de estas comarcas. Tampoco toma en cuenta el rol de esas potencias humanistas en la trama de la Guerra del Paraguay y en la masacre del pueblo criollo-católico y más tarde de los indios, sacrificados en aras de la modernización, bajo el lema «Civilización o Barbarie». Ese pensamiento «humanista» es el que inspira desde la destrucción de las reducciones guaraníticas hasta las campañas del General Roca en la Pampa y Patagonia.

78Véase Horacio Bojorge, «A los cien años del Vaticano I», en Víspera 4 (1970), n. 18,

pp. 4-10.

79Horacio Bojorge, art. cit., p. 8.

80El Dogma que libera, p. 338. A eso se refiere y eso mismo dice el Syllabus. 81El dogma que libera, p. 338.

82Monseñor Dupanloup, Obispo de Orléans, El Centenario de Voltaire. Cartas dirigidas

a los Señores concejales de París, Primera Serie, Espasa, Barcelona 1878, pp. 5-9.

83Destino y Esperanzas del Mundo Moderno, Marova-Fontanella, Madrid 1971, p. 14.

Original alemán: Verhängniss und Hoffnung der Neuzeit, Sttugart, 1953.

84Con la intención de dialogar con el mundo, pero no de asimilarse a él, como algunos

parecen haber interpretado.

85El dogma que libera, pp. 293-294. 86Selección de hechos históricos.